Las carcajadas resonaban por toda la habitación. Leorio y tú reían descontroladamente al mirar la foto que anteriormente le habías tomado a Killua, quien los observaba con indiferencia, ya cansado de escucharlos. Llevaban horas riéndose. En cuanto paraban de burlarse, la risa volvía al ver nuevamente la fotografía.

—¿Seguro que fue un entrenamiento? —preguntó el hombre limpiándose las lágrimas provocadas por reír tanto. Y es que la pobre cara de Killua sí que era para reírse.

—¿Qué demonios haces aquí, Liorio? Aparte de burlarte de mí en presencia —dijo la «víctima» en tono despectivo—. Tienes agallas para hacer eso —Le lanzó la mirada más psicópata que pudo, provocando un sudor frío por el cuerpo del estudiante de medicina.

Antes de que pudiera responder, Gon llegó con su típica energía desbordante, como si el día anterior no hubiese gastado todas sus energías en un combate.

—¡Leorio!

—Me alegro que alguien me reciba con entusiasmo —murmuró ganándose una mirada asesina de parte de Killua y tuya—. ¡No me culpes! En cuanto llegué me empezaste a hablar como si nunca hubiéramos dejado de vernos. Ni siquiera un «¿Cómo estás Leorio? Tanto tiempo sin vernos». ¡No! Solo me mostraste esa estúpida fo…to…foto…gra… —Y comenzó a reír nuevamente.

Suficiente. Ya estaba harto, Killua le cortaría la garganta a ese médico de pacotilla. Sin embargo, sujetaste su hombro para que no cometiera tal barbarie.

—Killua, Killua, Killua —meneabas la cabeza con cada palabra—. Deberías estar agradecido que gracias a mí tu cara mejoró un poco —decías mientras estirabas su mejilla—. Claro, no puedo hacer milagros tampoco… ¡Ay, ay, ay, ay! —Dobló tanto tu mano que sentiste que te rompería la muñeca—. ¡Lo siento, lo siento, lo siento!

—Borra esa foto —dijo en tono lúgubre.

—Si no me sueltas no puedo borrarla —Presionó más tu mano—. ¡Está bien, está bien! —Tuviste que borrar tu tesoro enfrente de él—. ¿Contento?

—Sí —dijo al soltarte.

—imitaste su expresión con una mueca de disgusto.

—¿De qué hablan? —preguntó un confundido Gon.

—De nada —contestó Killua—. Gon, no te juntes con estos idiotas.

—¿Ya vas a decirnos qué demonios haces aquí? —preguntaste con mucha molestia a Leorio.

—¡¿Y yo qué te hice?!

.

.

.

.

—¿Estás escuchando?

Pusiste los ojos en blanco, no dándole importancia a las palabras del futuro médico.

—Era la mejor foto en la que salía bien. Y tú la arruinaste.

—¡¿Estás pensando en eso todavía?! —Lanzó un suspiro de frustración—. Yo no fui el que te obligó a borrarla.

—Es bueno que Leorio haya venido a ayudarnos, ¿verdad, Killua? —dijo Gon mientras hacían su entrenamiento de nen. Los resultados eran notorios, ya no se les veía fatigados al mantener su aura por horas.

—Mmm —El albino se encogió de hombros—. No veo en qué pueda ayudarnos.

Leorio estaba que sacaba humo por las orejas. Era increíble que los mocosos no tuvieran respeto por los mayores.

—Como sea —dijo apretando los puños—, agradezcan que vine aquí para ayudar. «Y a darle apoyo moral a ella».

—Jódete, Liorio —murmurabas en silencio.

«Aunque ya me estoy arrepintiendo» —pensó—. Intenté contactar con Kurapika pero…

—¿Kurapika? —interrumpiste—. ¿Quién es ese?

—¿Alguna de tus ex novias? —preguntó con indiferencia el albino.

—Kurapika es Kurapika —dijo Gon con obviedad.

—No lo recuerdo.

—Ni yo.

Leorio se dio una palmada en la frente al ver la actitud antipática que Killua y tú estaban teniendo hacia el joven rubio; no es que no lo entendiera, sin embargo, decidió cambiar de tema para no causar más problemas.

—¿Cuánto tiempo les queda para derrotar a sus oponentes?

—Diez días —contestó Palm detrás de ellos, sobresaltando al joven médico—. Por lo que he visto solo están a uno o dos tercios de su formación para ser lo suficientemente fuertes para hacer que Knuckle utilice toda su fuerza.

—¿Eehh? —replicó Gon—. Eso no es cierto.

Desafortunadamente Bisky no se encontraba para corregirlo de su error.

«Lo más seguro es que ya esté planeando su huida.»

—Todo ha ido empeorando —La mujer apretó fuertemente sus puños, molesta por la ignorancia del mocoso—. No hay tiempo y ustedes no son capaces de derrotar a Knuckle. He intentado controlarme todo este tiempo, sosteniendo un cuchillo, pensando en lo que podría hacerles si no lo consiguen en la fecha límite…

—¿Es mi imaginación o esta mujer los está amenazando? —te susurró Leorio.

—Deben ser imaginaciones tuyas.

—… De seguro los perseguiría hasta matarlos.

—¡No son imaginaciones! Definitivamente los está amenazando.

—No entiendes a las mujeres —reíste con nerviosismo—. Es solo una forma de motivarlos.

—No vamos a perder —habló con cansancio Gon—. ¿Cuántas veces tengo que decírtelo?

—Ya no pueden hacer nada —La mujer lo miró con sus ojos llenos de ganas de asesinar a todos en ese preciso momento.

—¡Vamos a ganar! —El pequeño levantó el dedo meñique—. Lo prometo.

«¡Gon! No hagas eso.»

Pero ya era demasiado tarde, el niño hizo el juramento del meñique con Palm, quien, al soltar la mano del joven Cazador, parecía una colegiala recién enamorada. Algo que te molestó. Nadie te quitaría a tu pequeño duende.

—Quién hubiera imaginado que Gon sería todo un casanova —murmuró Leorio, ganándose una mirada desaprobatoria de tu parte—. ¿Ahora qué hice?

—Nada —Te cercaste a él para que nadie más escuchara lo que ibas a decirle—. Tengo que hablar contigo.


—Gon y Killua perderán —Tus palabras se desvanecieron junto con la suave brisa del atardecer. Leorio y tú estaban sentados en una banca en el parque donde tenían sus enfrentamientos con Knuckle—. Tenemos que hacer algo.

—¿Decirles la verdad?

—Por Dios, Leorio, ¿cuándo se ha ganado algo diciendo la verdad?

—¿Por qué no se los dijiste desde el principio? Dices qué es lo que sucederá y en qué fallarán para que no cometan esos errores, ¡y listo! No más problemas.

—Pensé que sería contraproducente.

—¿Y esta situación qué es?

—¡Tú eres el contraproducente! No me estás ayudando.

—¡Disculpa por no ser un genio y no poder hacer una estrategia de combate en menos de diez días! Además, ¿no sería trampa si nosotros intervenimos?

—El viejo ese no dijo nada, solo nos aventó las dos fichas en la cara.

—¿Fichas?

—Sí, quien consiga las dos fichas de su adversario tendrá el privilegio de ir a NGL… —Y como si los dos hubieran pensado lo mismo, intercambiaron miradas de complicidad.

—Hubieras comenzado por ahí.

—Soy un genio —reíste malvadamente—. ¡Oh! Casi lo olvido. Leorio, ¿puedes quitar agujas de nen? —Al mirar su confusión proseguiste—: Que estén dentro de la cabeza.

—Eso no es muy específico.


—¿Te refieres a la aguja que mi hermano puso en mí? —dijo Killua mientras comían—. Me deshice de ella hace tiempo. Debo admitir que desconfié de ti al principio, pero ¡oh, sorpresa! Fuiste honesta.

—Me alegro —dijiste retorciendo tu comida con el tenedor.

—Es muy lindo de tu parte que te preocupes por mí de esa manera —mencionó con malicia.

Lanzaste insultos que se distorsionaron al decirlos con la boca llena.

—Así que ese era el problema —comentó Bisky.

Es el problema. Killua siempre es el problema.

—Por eso te preocupas tanto por mí, ¿cierto?

—No lo hago. Si te tiraras por un barranco...

—Te lanzarías por mí.

—¡No!

Todos se reían, así que no tuviste más remedio que unirte. Killua te había acorralado, no serviría nada de lo que dijeras. Ya te vengarías después.

La cena continuó entre bromas y risas, descartando por un momento la tensión y el estrés del entrenamiento y la preocupación de ganar. Tendrías mucho que pensar durante los próximos diez días, por eso, dejarías todo para después, ignorando lo malo que podría venir.


—¿De dónde sacaste esa información?

—No sé la fuente exacta —respondió Shalnark con su típica sonrisa—, pero la persona que me lo comentó es confiable.

—Me parece que se burlan de ti o es una trampa.

—¿Qué te hace decir eso Shizuku? —preguntó Nobunaga.

—Llevamos años en busca de portales, me parece imposible que las pistas lleguen de la nada.

—Entiendo tu punto de vista —intervino Machi—, pero si Hisoka está involucrado debemos investigar.

—Sigues molesta con él —mencionó Feitan, provocando que la pelirosa lo mirara fríamente.

—Una mujer que puede viajar entre dimensiones y un traidor —murmuró Shalnark—. Sería un buen regalo para darle la bienvenida al jefe, ¿no lo creen?

El lugar se llenó de discusiones de entre si investigar o no.

—No todos confían en la información —habló con voz fuerte Franklin, haciendo que todos se callaran. Miró a Shalnark y le lanzó una moneda—. Sabes cómo resolvemos las cosas.

El joven asintió.

—Que sea la suerte la que nos guíe.


Chan chan chan... Porque ustedes lo pidieron y lo deseaban (o tal vez no), Las Arañas harán su aparición. Me llegó la inspiración :')

Será un reto para mí el hacerlo pero haré lo mejor que pueda :D Si alguno de ustedes ha escrito algo sobre ellos o está más familiarizado con sus personalidades les agradecería mucho que me guiaran ~

Intentaré subir más capítulos antes de que termine el año, pero si no logro hacerlo les deseo una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo!

De verdad no creí que llegaría tan lejos desde que comencé con esta historia (y todo gracias a un sueño xD), y que además les gustaría a ustedes, lectores. Muchas gracias por continuar leyendo y por su apoyo, que aunque a veces piensen solo leer no es mucho, de verdad les digo que con eso motivan a que continuemos escribiendo. Ya me estoy poniendo emotiva xD

Agradezco especialmente a Sony que me ayudó a mejorar la estética del fic (ya estoy editando los capítulos anteriores) y me halaga ser el primer fic x lector que le agrada (creo xd). Y a Wolf's Mist que hace que mi inspiración fluya x)

Buenas Noches

\(^0^)/