Sin darte cuenta los diez días que les quedaban habían terminado y, como los proyectos escolares, dejaste todo para el final; ningún plan en concreto armaste, a quién engañabas, no eras como L o Lelouch, las estrategias no llegaban por sí solas como lo hacían ver aquellos personajes. Dos cerebros piensan más que uno, es verdad, pero ni tu cerebro ni el de Leorio juntos pudieron hacer mucho, y más cuando no prestabas atención a lo que él te decía.

El tiempo se te fue pensando en lo que podías hacer; si sería buena idea comentarle a Killua sobre la habilidad que se supone desarrollaría más adelante, después de todo con la aguja fuera de su cabeza tenías más confianza en que él pudiera derrotar a Shoot y, de paso, ayudarle a Gon.

«Gon.»

Ese niño era otro asunto. Ahora rogabas al cielo que fuera más como Killua, algo que nunca imaginaste que dirías. Su empeño en demostrar su fuerza era tan impasible que no quiso saber sobre las habilidades de Knuckle. Tan grande era su obstinación que se tapó los oídos repitiendo un «No te escucho» cuando tratabas de decirle sobre el monito chupa nen de Knuckle. Incluso cuando hablabas con Killua sobre el asunto, llegaba y se lo llevaba, impidiendo que él recibiera información.

«Mugre mocoso» —pensaste mientras lo mirabas. Volteó a verte con las mejillas infladas como si hubiera escuchado tus pensamientos. Lo escudriñaste con la mirada—. ¡Deja de ser tan obstinado!

—¡No puedes obligarme!

—¡No me respondas así, jovencito! —Se cruzó de brazos y se giró dándote la espalda—. Quieres salvar a Kite a como dé lugar, ¿sí o no?

—¡Lo haré! Ganaríamos con o sin tu ayuda —Llevaste tus manos a tu boca para cubrir la pequeña exclamación de sorpresa que se te escapó. Gon se giró con una ceja levantada—. ¿No fue eso lo que dijiste?

—P-por supuesto —Casi metías la pata de nuevo—. Pero… solo quiero asegurarme por si acaso algo sale mal.

—Déjalo —intervino Killua—. Cuando algo se le mete en la cabeza no hay nada que puedas hacer para que cambie de opinión.

—Entonces le meteré un buen golpe.

—Tú tampoco entiendes —suspiró resignado—. Tranquila, me encargaré de que las cosas salgan como lo planeado.

—Solo espéranos aquí, (T/N) —Gon dio su mejor sonrisa—. Todo saldrá bien.


Todo saldrá bien —arremedaste en tono infantil—. Por supuesto que todo saldrá bien, mocoso. Todo saldrá bien gracias a mí.

—Y a mí —mencionó Leorio que caminaba a tu lado.

—La «L» solo está de adorno en tu nombre, no mereces llevarla.

—¡Estoy ayudándote! No me hagas arrepentirme.

—¡Eorio, Eorio, Eorio! —dijiste repetidamente. Leorio no soportó más, rodeó tu cuello con su brazo y comenzó a frotar su puño en tu cabeza. No era su culpa que estuvieras enojada, podías tratarlo mejor. Intentaste apartarlo sin mucho éxito—. ¡Ya suéltame!

—No, hasta que digas que lo sientes.

—¡Claro que siento tu puño que está despeinándome!

—No escucho que lo digas —dijo ignorando tus palabras.

—Si no me sueltas empezaré a gritar y los policías que deben estar haciendo sus rondas nocturnas te matarán.

—Eso no hacen los policías.

—Pero sí encierran por acoso sexual.

—También por acoso laboral —mencionó al soltarte—. Y por bullying y daño a la moral.

—Ya pues, lo siento.

—Eso no suena a una disculpa.

—Lo siento —Respiraste profundamente y dejaste salir el aire poco a poco—. Tal vez estaba un poco enojada…

—Estás.

Estaba. No me hagas molestarme de nuevo.

—Lo que digas —dijo empezando a caminar.

—Es que… ¡Agh! —Revolviste tus cabellos con las manos—. ¿Por qué es tan terco? Todo hubiera sido más fácil si hubiera puesto un poco, sólo un poco de su parte.

—No eres la más indicada para decir eso —murmuró en voz baja.

—¿Y por qué hay tantos árboles? ¿Es un parque o un maldito bosque?

Mientras lanzabas insultos a cada cosa que mirabas, Leorio se preguntaba qué demonios hacía allí. Un sonido de entre los arbustos hizo que ambos se detuvieran e intercambiaran miradas.

—Debe ser un policía —comentaste. Leorio y tú se miraron nuevamente—. ¡Te voy a demandar! —Saliste corriendo en dirección del ruido, pero el hombre te sujetó antes de que pudieras adelantarte.

—¡Tienes las de perder! Yo te demandaré primero.

—Tengo prioridad por ser mujer —Los dos peleaban por llegar primero, cuando una figura salió de entre el follaje—. Señor policía, por favor ayu…, digo, señor conejo…

—Eso no puede ser un conejo —mencionó Leorio con evidente nerviosismo.

—¿Conejo alienígena? ¿Desde cuándo esto es Alicia en el País de las Maravillas?

—No te muevas —susurró—. Tal vez se vaya.

—Se está acercando —dijiste entre dientes, intentando no moverte.

—Me ordenaron no matar a la mujer —habló por primera vez la Hormiga, provocando que Leorio sudara y susurrara un «Puede hablar»—, pero no me dijeron nada del otro humano.

Su voz hizo que tu corazón se sintiera pesado.

—Leorio…

—¡Corre! —Antes de que dijeras algo te tomó del brazo y comenzó a correr. No entendía nada, sin embargo, cuando escuchó «matar» y «humano», algo hizo click en su cerebro. Esa cosa no era un conejo amigable.

Mientras corrían te preguntabas cientos de cosas. Giraste tu cabeza para ver si los estaba persiguiendo y, para tu horror, lo hacía; su cara mostraba la satisfacción de quien juega con su presa antes de devorarla.

—¿Qué demonios hace el conejo en tanga persiguiéndonos?

—Dudo mucho que sea para un show privado.

—¿Cómo sabes de eso? Ahh, has ido a verlos, ¿verdad? Pervertido.

—¡No es momento para discutirlo!

De pronto, Rammot se encontraba frente a ustedes dispuesto a atacarlos. En un reflejo, Leorio te empujó lejos y apenas pudo proteger su cuerpo con ambos brazos. Dio un grito de dolor por el golpe, se levantó rápidamente y corrió hacia ti.

—¡Leorio! —Reaccionaste lo más rápido que pudiste, tomando su portafolio y huyendo hacia los árboles junto con él. Corrieron varios minutos antes de que se sentaran bajo un árbol asegurándose que aquel monstruo no estuviera detrás de ustedes.

—¿Qué te pasó? —preguntaste preocupada.

—Me rompió el brazo —gimió sosteniéndose el brazo derecho—. Gracias por traer mi maletín. Hay una férula*, ¿puedes sacarla? —No te diste cuenta que tus manos temblaban hasta que intentaste abrirlo—. Esa es —Le ayudaste a ponérsela—. Sujétala fuerte… Oye, ¿cómo piensas que confiaré en ti si tiemblas de esa manera? —dijo bromeando.

—Lo siento —reíste nerviosa—. No puedo creer que estés así de tranquilo.

—Hay que tener calma en estas situaciones.

—Lo dice quien estaba sudando como cerdo hace unos minutos.

—Hay que separarnos —dijo de repente.

Negaste con la cabeza.

—Esa es la peor idea del mundo. Por eso todos mueren en las películas de terror.

—Lo distraeré, así tendrás tiempo para escapar con tu magia esa rara.

«Qué tonta, tengo mis portales, ¿cómo no se me ocurrió antes?»

—En ese caso, los dos podemos huir.

—Gon y Killua siguen aquí, no los dejaré con esa cosa rondando.

—Entonces yo tampoco.

—¡No seas terca!

—¡Tienes un brazo roto! ¿Qué clase de persona crees que soy?

—Alguien que no es odiosa conmigo cuando quiero que lo sea —suspiró—. No me protegí correctamente, fue mi error. No volverá a ocurrir.

—Shhh… —lo callaste. Agudizaste el oído, escuchando el crujir de las hojas al ser pisadas.

—Se está acercando —Leorio susurró con seriedad.

«Piensa, piensa, piensa…» —repetías mentalmente—. «Debe haber algo que pueda hacer además de portales para escapar» —Las pisadas se escuchaban cada vez más cerca. Cerraste los ojos con fuerza. Otra pisada. Una idea—. Leorio, tienes una navaja, ¿verdad?

.

.

.

.

—Sé que estás aquí —dijo Rammot—. Puedo olerte perfectamente.

—No apesto —murmuraste oliendo tu axila—, ¿o sí?

—Te encontré, humana —Asomó su cabeza por el árbol donde estabas escondida.

—Llegas tarde a tu cita, conejo —Clavaste la navaja en el pie de Rammot, quien lanzó un grito al sentir la cuchilla clavarse en su piel. Leorio aprovechó la oportunidad y empujó a la Hormiga hacia el árbol, que estaba cubierto por tu portal. En menos de un segundo, Rammot había desaparecido en la oscuridad—. Saluda a Alicia de mi parte —dijiste con una sonrisa.

—No puedo creer que funcionara —Leorio se recargó en el tronco aliviado—. ¿Llegas tarde a tu cita?

—¿No fue genial? —dijiste emocionada.

—En otra situación me hubiera parecido ridícula, pero estaré de acuerdo contigo por esta vez.

—Pensé mucho en qué frase utilizar. Estaba entre «¡Ponte un poco de ropa!» o, «Ve a bailar el tubo a otro lado» o, «¡No queremos ver miserias!».

—Sí que te esfuerzas en esas cosas —Te miró como si fueras un caso perdido—. En fin, busquemos a… ¿(T/N)? ¿A-a d-dónde mandaste a-al conejo?

—No sé —Te encogiste de hombros—. ¿Importa?

—C-creo que de verdad piensa darle sus saludos a Alicia —Lo miraste como si se le hubiera salido un tornillo de la cabeza—. Corre, Alicia.

Miraste a donde te apuntó y entonces entendiste a qué se refería. Desafortunadamente no era el conejo con traje y reloj que deseabas ver, sino una Hormiga Quimera con el rostro deforme por la rabia. Rápidamente abriste otro portal para que Leorio y tú escaparan de ese feroz animal. Aparecieron por la senda donde caminaban antes de que todo esto sucediera.

—¡¿Tan poca distancia puedes abarcar?! —Leorio te sacudió con el brazo bueno que tenía.

—¡Claro que no! —Su actitud te puso más nerviosa de lo que ya estabas—. Pero he visto puros árboles, es lo primero que se me viene a la mente. ¡Y no estás ayudando a concentrarme!

—Ya basta de juegos —Antes de que pudieras reaccionar a la furiosa voz, sentiste un golpe en tu abdomen.

—¡(T/N)!

La patada de Rammot te lanzó al piso. Tu garganta hizo un sonido gutural al intentar que el aire entrara a tu sistema; sentías tu consciencia desvanecerse en cada intento fallido.

—… ni siquiera tus gritos de dolor serán suficientes para calmar mi furia…

Apenas entendías lo que pasaba a tu alrededor.

«No. No puedo perder la consciencia ahora.»

—Respira —Leorio acariciaba tu espalda—. Tranquilízate. Respira.

El oxígeno inundó tus pulmones lentamente. Una vez que fuiste capaz de respirar normalmente las náuseas se hicieron presentes, haciéndote toser y escupir sangre.

—Los humanos son tan débiles —dijo la Hormiga con la cara extasiada—. No he usado toda mi fuerza y ya ponen esas expresiones tan fascinantes.

—Irónico… que sigas las órdenes… de seres tan débiles —Ni siquiera el dolor impediría hacer tus comentarios mordaces. Era claro quién estaba detrás de todo esto.

Rammot estaba a punto de abalanzarse sobre ti otra vez cuando unos aplausos lo detuvieron.

—Fascinante. Excelente actuación. Siempre es un placer ver cómo actúas de esa manera tan… Heroica, querida —Abriste los ojos con asombro, y no por Straid, que ahora tenía la apariencia de un adolescente, sino por la persona que estaba detrás de él—. ¿Lo grabaste?

—Sí —respondió secamente la mujer.

—Buen trabajo, Rammot —Straid hizo un ademán para que retrocediera, acción que la Hormiga obedeció con una mirada llena de odio—. Te premiaré como lo prometí.

—Eso espero.

—Pero ¿dónde están mis modales? —El adolescente se puso en cuclillas frente a ti—. Déjenme presentarlas: (T/N), ella es Enyd, el reemplazo de Togashi. Enyd, ella es (T/N)… mi juguete más preciado —dijo sosteniendo tu barbilla. Miraste a Blaut aún sin poder creerlo—. Oh, ¿ya se conocían? —Observó a ambas con fingida sorpresa—. Lo hubieran dicho antes, así no me hubiera tomado la molestia de presentarlas —rio.

—¿Quién demonios eres tú? —preguntó Leorio apartando bruscamente la mano del hombre.

—Straid, un placer —Extendió su mano hacia él.

—Debemos irnos —Enyd cortó las presentaciones.

Ante el claro rechazo de Leorio, Straid se levantó y te sonrió.

—Espero que encuentres el camino hacia mi castillo, (T/N). Te estaré esperando.

—¿Quiénes eran esos sujetos? —preguntó Leorio después de que desaparecieran.

—Los villanos, Leorio —respondiste mirando hacia la nada—. Los villanos.


—La próxima vez que desobedezcas, me encargaré de ti personalmente.

—No eres nadie para darme órdenes.

—Enyd, no seas tan dura —mencionó Straid con diversión—. Las mejores cosas son las que no se planean. Rammot, puedes retirarte.

La Hormiga miró de manera fulminante a la mujer antes de salir.

—¿Por qué no la trajiste con nosotros? —mencionó—. Era tu oportunidad.

—Creí que no la querías aquí. ¿O ahora piensas que estará más segura si tú estás cerca?

—Ya me tienes a mí, ¿por qué te empeñas con ella? —Lo miró fijamente—. ¿Por qué la deseas tanto?

—No lo entenderías.

—Jamás entenderé a los traidores como tú.

—Se bienvenida entonces —Dio un paso hacia ella—. Porque ya eres como yo.


*Tablilla o molde flexible y resistente que se emplea en el tratamiento de fracturas para inmovilizar un miembro y mantener el hueso roto o dañado en una posición fija.

Ni yo esperaba subir un capítulo tan pronto xD Tal vez han sido estos días lluviosos que me han inspirado, de verdad, no ha parado de llover desde hace dos días. Así que aprovecharé, ¿a alguien más le fascinan los días lluviosos?

Gracias a todos por sus reviews :')

No leeremos pronto

\(^0^)/