Lo primero que sentiste al recuperar la conciencia fue un terrible dolor de cabeza. No habías abierto los ojos aún y los rayos del sol ya te estaban matando. Lanzaste un gruñido mientras te estirabas, no teniendo ganas de levantarte. Escuchaste una voz que, aunque era suave y trataba de hablar lo más bajo que podía, te molestaba de sobremanera. Gruñiste de nuevo para darle a entender a quién sea que estuviera hablando que se callara de una vez por todas.
—Apestas a alcohol, deberías darte un baño —habló la voz, ignorando tus claros gruñidos de molestia—. Vine anoche y me dijeron que estabas algo… indispuesta. Ya comprendo la razón. ¿Qué te hizo ponerte así?
—Ni siquiera sé por qué estoy viva —murmuraste con voz ronca y sin abrir los ojos—. ¿Qué demonios quieres?
—¿Sabes quién soy?
—Si eres mi conciencia, de una vez te digo que no me arrepiento de nada.
Tu conciencia rio.
—(T/N), despierta.
Cuando abriste tus ojos, tardaste un momento en acostumbrar la vista. Te diste cuenta que estabas en tu habitación y, al parecer, no había nadie más.
—¿Habrá sido un sueño?
—No lo fue.
Te giraste, pero la luz que entraba por la ventana apenas te dejó distinguir una cabellera rubia.
—Agh… Cierra la cortina —dijiste lanzando un quejido y tapándote completamente con la cobija.
—En serio necesitas un baño.
—No quiero.
—Levántate —Te destapó.
—Dije que no quiero, tengo frío —Al intentar cubrirte de nuevo, miraste bien a la persona que te hablaba, y no pudiste evitar decir con desilusión—: Creí que eras Kurapika.
—¿Sólo porque soy rubia?
—Y actúas como una madre… Ahora —Trataste de quitarle la cobija a Enyd de sus manos—, déjame dormir.
—¿Tengo que recordarte que técnicamente tienes doce años? —Entre las dos peleaban la cobija—. No estás en edad para beber.
—Cierra la boca.
—¡¿Otra vez tú aquí?! —gritó Leorio al entrar a tu habitación y mirar a Enyd allí. Se acercó con paso firme y la muchacha no tuvo más remedio que retroceder. Ante sus gritos, Gon y Killua llegaron corriendo—. ¡Anoche fui muy claro contigo!
—Yo también.
—¡¿Tú de nuevo?! —Señaló el albino.
—¿Pueden callarse? —decías mientras cubrías tus oídos—. Siento que mi cabeza va a explotar.
—Toma esto —Leorio te acercó un vaso de agua y unas pastillas—. Y báñate, estás asquerosa.
—Es lo que le estoy diciendo —La rubia se encogió de hombros—. No sé por qué hacen tanto escándalo.
—Tú cierra la boca.
Todos comenzaron a discutir y a hablar al mismo tiempo que no podías ni escuchar tus propios pensamientos.
—¡Ya cállense! Las pastillas no hacen efecto tan rápido —Agachaste la cabeza y fue cuando te diste cuenta del estado de tu ropa—. ¿Qué demo…? —Saliste corriendo al baño a causa de las náuseas.
—Te lo dije —Blaut te siguió hasta la entrada del baño.
—¿Me vomité encima y ninguno fue capaz de cambiarme de ropa?
—Agradécele a Killua —mencionó Leorio con sarcasmo—. Cuando quise quitarte la ropa casi me arranca el brazo.
—Gracias por defenderme del pervertido, Killua —dijiste desde el baño, echándote agua fría en la cara para despejarte. El albino le dio una sonrisa burlona a Leorio—. ¿Y qué hace ella aquí?
—Quiero hablar contigo.
—No me trago esas palabras, villana —comentó con molestia el hombre.
—No me importa lo que pienses —le respondió de igual forma.
—Leorio —dijo Gon—, Enyd no es una mala persona.
—Pero ¿qué dices, Gon? —exclamó Killua—. ¡Ella está del lado del enemigo!
—Yo no lo siento de esa forma.
—Muy bien todo el mundo, me meteré a bañar y cuando salga, no quiero ver a nadie aquí —No estabas de humor para participar ni escuchar más discusiones—. Y no quiero que la corran —Amenazaste antes de cerrar la puerta del baño.
—¿Cómo te sientes? —preguntó Gon al darte una taza de té.
—Como mierda —respondiste con sinceridad—. Este es el comportamiento que jamás tienes que seguir de los adultos, Gon.
—Eso te mereces —comentó Killua—. Si supieras los problemas que nos hiciste pasar anoche. Deberías darnos una disculpa.
—Por primera vez concuerdo con él —dijo Leorio cruzando sus brazos—. Tuve que cancelar mi noche perfecta sólo porque estos mocosos no dejaban de llamarme para pedir ayuda, ¡por tu culpa!
—Ni que hubiera hecho algo malo —murmuraste.
—No la culpen de todo —mencionó Gon en tu defensa—, después de todo, ustedes también le escribieron cosas a Kurapika en el mensaje.
—¿Ya ven? Gon es el único… —Te quedaste estática procesando sus palabras—. «Kurapika. Mensaje. Escribieron. No es lo que creo que es, ¿cierto?». ¿Q-qué q-quieres decir c-con eso, Gon?
—¿No lo recuerdas? Tú y Palm comenzaron a enviar mensajes —Empezó a explicarte el niño—. En un momento mientras escribías te quedaste dormida; fue cuando Killua tomó el teléfono y dijo algo sobre darle su merecido; después, cuando Leorio llegó, hizo lo mismo, diciendo que no importaba mientras ellos no pusieran sus nombres. Entonces, cuando te despertaste, los tres se arrebataban el celular para escribir. Ese es el resumen de lo que pasó —Gon puso su mano en su barbilla, en un gesto pensativo—. Aunque no recuerdo si lo enviaron.
Basta decir, que hasta la cruda se te bajó por lo que acababas de escuchar.
«Jamás en la vida vuelvo a tomar.»
Killua y Leorio desviaron la mirada como si no hubieran hecho nada.
—Eso debe ser… vergonzoso —murmuró Enyd, rompiendo el incómodo silencio que se formó.
—No, no siento vergüenza —dijiste con neutralidad—. Sólo ganas de morir. Mátenme. Mátenme, por favor.
—Eso sucede por emborracharte —Leorio te recriminó, librándose de toda culpa.
—Ustedes… ¡¿Qué hicieron?! —Te sujetaste la cabeza con ambas manos—. ¿Dónde… dónde está ese teléfono?
—Debe tenerlo Palm —contestó Gon—. Pero ella salió desde la mañana.
—¿Desde la mañana? Pues qué hora son.
—Son las cuatro de la tarde —respondió Killua—. Dormiste prácticamente todo el día. Deberías sentirte avergonzada.
—¡Ja! ¿Yo? —exclamaste roja de la ira por tal desfachatez de su parte—. Debería darte vergüenza el dejar a una dama como yo sola por la ciudad.
—Ninguna dama dice ni hace cosas como tú las hiciste.
—No quieras lavarte las manos. Qué hubiera pasado si me hubieran secuestrado o violado, ¿eh?
—Disculpen… —Enyd intentaba que le prestaran atención, tenía asuntos que tratar contigo.
—¿Violado? ¿A ti? —Killua dijo con burla—. Tú los hubieras terminado violando a todos, en especial si fueran rubios. ¿Quieres que te recuerde las obscenidades que escribiste anoche? Pervertida.
—… ¿Podrían dejarme…
—¡El único pervertido aquí es Leorio!
—… hablar con…
—¡¿Por qué me metes a mí en su discusión?!
—… (T/N) un momento? —Blaut seguía insistiendo penosamente a que le prestaras atención. Aunque ella no lo deseara, tenía que cumplir un deber—. (T/N). (T/N) —Tú seguías peleando con Leorio y Killua, ignorando a la mujer; y ella, seguía insistiendo—. (T/N). (T/N). (T/N).
—¡¿Qué?!— gritaron los tres ante la insistencia de la mujer.
Enyd suspiró y colocó una caja de regalo en el centro de la pequeña mesa. Ésta era blanca y estaba atada con un listón rojo y un enorme moño como decoración. Todos, a excepción de Gon, saltaron a la parte trasera de los sillones, como si trataran de protegerse de algo.
—¡¿Qué demonios?! —gritaste—. ¿Ahora te hiciste terrorista y gritarás allahu akbar?
—¿Aluak qué? —preguntó un confundido Gon.
—¡Escóndete, Gon! —gritó Leorio desde su «fortaleza».
—¡Sabía que no podíamos confiar en ti! —acusó el albino.
—Si pensaran de verdad que es una bomba —comentó Enyd—, no se hubieran protegido en lugares tan patéticos. Ahora, déjenme leerles el mensaje con el que viene el obsequio —Sacó una tarjeta de entre sus mangas, se aclaró la garganta y comenzó la lectura—. «Querida (T/N), aunque sea difícil de creer, esto no es una bomba. Confía en mí, no mataría la diversión que tanto me costó obtener. Tómalo como una motivación o un pequeño incentivo para venir a mí con todos tus buenos deseos. Estaré esperándote. Con amor, Straid».
—Qué asco —murmuraste—. ¿Acaso se cree una colegiala? Si quiere mi amor debería mandarme su cabeza en medio de un ramo de flores.
—Eso es de psicópatas —dijo Leorio—. Ya veo por qué no tienes novio.
—¿Cuál es el punto de todo esto? —preguntaste a la mujer.
—No lo sé —respondió arrojando la tarjeta—. Tengo órdenes estrictas de no regresar hasta que lo hayas abierto.
—Entonces no pienso hacerlo. Así tendrás tiempo de explicarme qué demonios haces del lado de ese sujeto.
—Me parece bien.
—Un segundo —intervino Leorio—. ¿Piensas hablar con ella, así como si nada?
—Emm… sí. ¿Algún problema con eso?
—Creo que debo recordarte que ella estaba cuando nos atacaron y no hizo nada para ayudar.
—No es mi culpa que hayan roto tu brazo por ser débil —dijo Blaut fríamente.
—¡Hija de…!
—¡Ya basta! —Te levantaste y abriste la puerta—. ¡Déjennos solas!
—Pero nosotros no hemos hecho nada —Gon y Killua se quejaron, sin entender por qué los corrías a ellos también.
—Hablaremos cosas de mujeres —Los empujaste para que salieran—. Y eso se ganan por escribirle cosas a Kurapika en mi nombre.
—Pero yo no escribí nada.
—Pero no los detuviste, Gon. Estás al mismo nivel que ellos —dijiste y cerraste la puerta en su cara.
—Los quieres mucho —mencionó Enyd al verte sonreír con ternura.
—Me recuerdan a mis hermanos —dijiste con un poco de nostalgia.
—Hablas como si ellos estuvieran…
—No es eso —Negaste con la cabeza ante su siniestra insinuación—. Los veré de nuevo, de eso no hay duda. Es solo que… tengo que hacer cosas aquí antes.
Enyd frunció el ceño, no le agradaba la idea de que tú continuaras en esta dimensión. Pero no empezaría por ese tema.
—Verás, conocía a Straid desde que era niña —La miraste con sorpresa—. En ese entonces utilizaba otro nombre, por eso, cuando hablabas de él, no tenía la menor idea de quién era realmente —Hizo una pausa antes de continuar—. Era el mentor de mi padre, pero sobre todo… era su mejor amigo. Y fue el primero en darle la espalda.
—¿Te amenazó?
—Es irónico —rio con amargura—. El hombre que traicionó a mis padres, fue el primero en estar a favor cuando pedí mi libertad y, ahora, está cobrándome por eso.
—Es un bastardo.
—Sin embargo, esa no es excusa por lo que estoy haciendo —Agachó la mirada avergonzada—. Sólo soy una cobarde.
—Lo eres —murmuraste—. Al igual que yo. Hay cosas que no quiero aceptar… Y siento que a veces estoy corriendo en círculos, sin llegar a un destino en particular.
—Hay un sitio al que todavía puedes regresar. Yo no puedo escapar, pero tú sí —dijo mirándote suplicante, no sintiéndose con el derecho de obligarte—. Si te marchas, es posible que puedas liberarnos de las ataduras de ese hombre.
—No pienso huir —dijiste con firmeza—. Haré las cosas a mi manera. Straid no es el único que disfruta de una buena partida.
—Esto no es un juego.
—¿Entonces qué es?
—Te está manipulando.
—La única que hace todo lo que él quiere has sido tú. No me vengas con juegos mentales.
—Nunca escuchas lo que te dicen, ¿verdad?
—No.
Enyd no podía creer que fueras tan cerrada. Pensó que quizá tú no querías regresar a tu mundo, y eso era bastante peligroso para ti. Pero, tú no entendías, o no querías entender las consecuencias que provocaría el quedarte más tiempo aquí; y ella no se iría hasta hacértelas comprender.
—Por cierto —comentó después de un breve silencio—, ¿quién es tu amigo?
—¿Quién? —dijiste un poco confundida por el cambio tan brusco de tema—. ¿Leorio?
—Es lindo —murmuró desviando la vista.
—Oh, no. No me digas que estoy atrapada en un mundo paranormal —Simplemente no podías creer que Leorio tuviera suerte con las mujeres de un día para otro—. ¿Estás segura? ¿De verdad miras bien? Ya no está usando esa peluca rubia.
—¿Qué tiene de malo?
—Que es Leorio, ¿estás bien con eso? Se la ha llevado gritándote todo este tiempo. No eres masoquista, ¿o sí?
—¿Qué demonios están diciendo? —Leorio trataba de hacerse un espacio entre los dos niños para poder escuchar tras la puerta.
—Shhh… —Lo calló Killua—. No dejas que escuche.
—Creo que le gusta Leorio —dijo Gon, que había puesto un vaso entre la puerta y su oído para escuchar mejor—, y el masoquismo… Killua, ¿qué es eso?
—Es cuando a alguien le gusta sufrir.
—¿Y a quién le gustaría eso?
—A alguien que le guste Leorio.
—Aunque sea mala, no es fea —El médico no le prestó atención al comentario de Killua. En cuanto una mujer mostraba interés en él, todo se le olvidaba—. Podría darle una oportunidad.
—Ya lo perdimos —murmuró el albino.
—¡Oh! —mencionó Gon—. Están diciendo algo más… ¿Qué es BDSM*?
—«¡¿Qué clase de conversación es esa?!» —Killua le arrebató el vaso a Gon para que no siguiera escuchando ese tipo de cosas y se lo arrojó a Leorio, quien ya tenía todo un río de sangre saliendo de su nariz.
Omake:
El Presidente Netero, Morel y Knov, se encontraban planeando su siguiente estrategia en contra de las Hormigas Quimera.
—¿Mmh? —El hombre de anteojos sacó su celular al escuchar el sonido de un nuevo mensaje.
—¿Qué sucede, Knov? —preguntó Morel al mirar cómo su compañero guardaba molesto el artefacto en su bolsillo.
—Incoherencias —respondió acomodando sus lentes—. Hablaré seriamente con Palm por la mañana.
—¿Qué te dice?
—Menciona algo de quedarme calvo y ser la reencarnación de «gollum». No imagino en qué estado de ebriedad pueda estar para inventar tales disparates.
—Si fuera tú —comentó el anciano—, no ignoraría ese mensaje, jojojojo.
A fin de cuentas, Palm no se encontraba con alguien normal en esos momentos.
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Kurapika caminaba por los pasillos de la mansión con una mezcla de indignación, perplejidad y molestia. Había recibido un mensaje bastante extraño y ofensivo—por no decir vulgar, y lo peor era que no tenía idea de quién era el remitente y, por supuesto, no se tomaría la molestia de averiguarlo. Sería ponerse al mismo nivel de su agresor.
—¿Qué sucede Kurapika? —Senritsu lo interceptó.
—Al parecer hay personas que disfrutan hacer bromas pesadas —Le mostró su teléfono para ver si la Cazadora podría conocer el número.
—Parece que fue redactado por varias personas.
—Eso parece.
—Y una de ellas parece que no sabe escribir muy bien —dijo Senritsu con una ligera sonrisa—. ¿Conoces a alguien así?
Kurapika se detuvo.
—Ahora todo tiene sentido.
—¿Crees que esté bien?
—Lo suficientemente bien para que Leorio y Killua se aprovechen de ella —Dicho esto, emprendió su marcha nuevamente.
*BDSM: Término creado para abarcar un grupo de prácticas y fantasías eróticas.
Bueno, a petición de Wavywavy hice este pequeño omake xD espero haya sido de su agrado.
Un pequeño aviso (tal vez bueno, tal vez malo): Es posible que el final esté cerca 0_0 Pueden ser menos de 10 capítulos o quizá más, no estoy segura; dependerá del como vaya redactando la historia o las ideas vayan surgiendo. Quería avisarles por si me agarra la loquera y termino esto de un día para otro (que espero que no) xD para que no les tome por sorpresa.
No saben lo feliz que me pone leer sus comentarios jajajja
Gracias a todas por su apoyo :)
