—¿De verdad no tienes idea de qué sea esto? —preguntaste mientras agitabas la caja de regalo para escuchar algún sonido y así adivinar su contenido—. Es algo ligero.
—No lo sé —dijo Enyd—. ¿Tus amigos no se molestarán si lo abres?
—Por eso aprovecho.
Probablemente Killua y Leorio serían los que más se enojarían, diciéndote cosas que al final terminarías ignorando, así que decidiste ahorrarte todo eso. Era claro que, tratándose de Straid, no sería nada bueno o agradable. Pese a eso, tú curiosidad era más grande que tu sentido común.
—¿Aprovecharás qué? —La puerta se abrió de un portazo, dejando entrar a los tres chismosos que estaban tras de ésta.
—¿Estaban espiándonos? —preguntaste incrédula—. Ni siquiera permiten que tengamos privacidad.
—La utilizaron para hablar tonterías —dijo Killua—. Pasemos a los asuntos importantes.
Killua, Leorio y Gon tomaron asiento—éste último dándote una disculpa, no teniendo intenciones de dejarlas solas nuevamente. Suspiraste resignada y continuaste intentando adivinar qué era ese supuesto regalo. Blaut por su parte, pensó en usar a los intrusos a su favor. Si tú no querías dar tu brazo a torcer, tal vez tus amigos lo harían.
—Sé que odiarás que lo repita de nuevo —Enyd te observaba mientras continuabas inspeccionando la caja—, pero no descansaré hasta que lo entiendas —Su expresión se tornó seria—. No tienes idea del precio que cobra Tiempo a aquellos que lo desafían.
—El tiempo no es… alguien —dijiste.
—«Tiempo» es el nombre que se le da a la barrera encargada de impedir los mundos paralelos.
—Habías mencionado algo así antes —dijo Gon, recordando la primera vez que ella habló con ustedes—, pero no lo comprendo del todo.
—Verás —Si ella quería que ellos te detuvieran, tenía que explicarles algunas cosas—, cualquier objeto no perteneciente a la línea del tiempo dimensional, puede crear un mundo alterno por la más mínima intervención.
—O alguna especie de paradoja —agregó Killua.
—Sí —afirmó Blaut—. Para evitar eso, los Ancianos crearon Tiempo; una protección dimensional para expulsar a dichos objetos.
—Espera un momento —dijiste, mostrando interés en la conversación—. ¿Estás diciendo que ellos crearon una especie de antivirus en contra de su propia gente?
—Fue una contramedida para apagar la llama de los Guardianes. A fin de cuentas, a nadie le gusta sufrir.
—Antes de que empiecen con tecnicismos —intervino Leorio—, ¿qué hace exactamente esa «barrera»?
Todos se quedaron expectantes a la respuesta.
—No puedo decir con exactitud de qué manera trabaja esta protección, pero…
—Pero… —Apuraste a que hablara, era demasiado suspenso para ti.
—El objeto en cuestión sufre de forma física o emocional —Enyd lo dijo como si estuviera repitiendo las palabras de alguien más—. Es lo que les enseñaban a los niños en el lugar donde vivía. Ahogaban las posibles ilusiones que los pequeños pudieran tener sobre los Guardianes, reduciendo al ser humano a un simple objeto, eliminándolo como si de un cáncer se tratara, a la más mínima intervención a un mundo al que no pertenece.
—¿Estás diciendo que (T/N) morirá? —Gon preguntó con preocupación.
—Es una posibilidad.
—¡No creas lo que dice, Gon! —exclamaste molesta al ver la expresión dolorosa que puso el pequeño—. Sólo lo dice porque quiere que me vaya, eso es todo.
—Lo hago porque me preocupo por ti.
—Quizá no sea tan drástico como morir —mencionó Killua mientras analizaba la información que Blaut les había dado—. No obstante, puede que someta a la persona en un estado de estrés tan grande, que lo obligue a desistir de la dimensión en el que esté involucrado, ¿no es así?
—Es tal y como has dicho —Enyd estaba aliviada de que por lo menos alguien lo comprendiera—. Por eso ella no debe…
—Pues yo no te creo nada —interrumpiste—. ¿Por qué yo sufriría las consecuencias? En ese caso debería ser Straid.
—¿Crees que él no pensó en todo eso? ¿Por qué piensas que te mantiene en tu forma adulta?
—Para evitar que la barrera lo ataque a él.
—¿Qué quieres decir, Killua? —preguntó Gon.
—Si (T/N) fuera una niña —respondió Enyd antes que el albino—, su infiltración en este mundo no sería tan obvia para Tiempo, y atacaría a la energía más influyente, Straid; sin embargo, ese no es el caso.
—Abriré esta cosa para que ya te vayas.
Estabas cansada de escucharla.
—Tal vez deberíamos tomar en cuenta lo que dice —murmuró Leorio al ver tu negatividad. Aunque no confiaba mucho en la muchacha, no parecía que estuviese mintiendo.
—Ustedes hagan lo que quieran —dijiste abriendo la caja y sacando lo que había en su interior—. ¿Un periódico?
—¿Por qué quieres quedarte aquí? —Señaló a los Cazadores—. ¿Es por ellos?
—Si quería darme algo para leer, debió mandarme un libro —Hiciste oídos sordos a lo que la mujer te decía—. Odio leer periódicos.
—¡Debemos salvar a Kite! —exclamó Gon en respuesta a la pregunta de la hechicera.
—¿Kite?
—Es nuestro amigo, se adentró a NGL para investigar a las Hormigas Quimera.
—No lo conozco.
—No me iré hasta que Kite esté a salvo —comentaste mientras hojeabas el periódico. Te detuviste en cierta página que estaba marcada con rojo… Y sentiste tu alma abandonar tu cuerpo.
—¿No quieres regresar a tu hogar? —Enyd insistía—. No puedes seguir aquí, tienes que volver a tu vida normal y tal vez regresar en un tiempo más prudente.
—¿Regresar? —susurraste lanzando un bufido—. ¿A dónde? —Arrugaste el papel y se lo lanzaste en la cara—. ¡¿A dónde se supone que debo regresar?!
Blaut se mostró sorprendida por la ira contenida con la que hablabas. Recogió el papel que le arrojaste y leyó el título del artículo que estaba marcado con rojo: «Accidente en carretera no deja supervivientes».
—Yo no sabía…
—Ahora entiendo. Sí, todo tiene sentido ahora —Era demasiado difícil controlar tus lágrimas, pero la ira que sentías era imposible de contener—. Toda esa preocupación, todas las ganas que tenías de que volviera a mi hogar… sólo eran una burla. Una maldita burla. ¿Les gusta reírse de mí?
—(T/N), yo no sabía…
—¡Lárgate! —gritaste antes de entrar a tu cuarto y cerrar la puerta de un golpe.
—¡Tú…! —Enyd se enfrentó a Straid, quien estaba sentado cómodamente—. ¡Eres el ser más despreciable que he conocido!
—Por tus palabras puedo decir que dijiste exactamente lo que pensé que le dirías —habló divertido el hombre—. ¿Cuál fue su reacción? ¿Qué te dijo? Cuéntamelo todo, querida —Ella no cambió su expresión de odio—. Vamos, no me mires así. Debería ser yo quien esté enojado por saber que mi subordinada conspira para quitarme la diversión.
—Ella no es tu maldito juguete. Y yo tampoco lo soy.
—Por supuesto que no son… simples juguetes. Serán mi obra maestra.
—Elimina la barrera de Tiempo —exigió.
—¿Qué te hace pensar que yo puedo hacerlo?
—Eres el mago con más influencia en el Consejo, y el más fuerte que conozco. No sería difícil para ti.
—Aunque pudiera hacerlo, en este momento no estoy en mi mejor condición —rio—. Estoy usando mi poder en varias cosas, ¿sabes?
—¿Entre esas «cosas» hay un hombre llamado Kite?
—No esperaba escuchar ese nombre de tus labios. ¿Has estado leyendo el manga?
—Contesta.
—Te recomiendo que lo hagas.
Estabas acostada en tu cama, apretando la mandíbula para no dejar escapar ningún sollozo. Igual hacías con tus ojos, no dejando que ni una lágrima saliera. Era absurdo esconder tus propios sentimientos, pero no querías aceptarlos.
«Debe ser un truco.»
La noche ya había caído, llenando de penumbra tu habitación, sin embargo, no se comparaba con la oscuridad que sentías en tu interior. Tan frío y vacío. Sin ganas de nada.
Sin vida.
El remordimiento te sofocaba, ahogándote en el «y si hubiera hecho esto…» o «si hubiera dicho aquello…»
Pero ya nada de eso importaba. No podías regresar el tiempo.
Escuchaste la puerta abrirse lentamente, y un susurro llamándote cortó el silencio sepulcral. Continuaste en tu misma posición, incluso cuando sentiste el colchón hundirse por el peso de Gon. El niño se quedó a tu lado, sin decir una palabra. Acarició tu cabeza, imitando aquel gesto que Mito tenía con él cada vez que una pesadilla lo asaltaba por las noches, haciéndole saber que allí estaría. Sabía que tu pesadilla no desaparecería a la mañana siguiente, pero quería estar contigo en los momentos más difíciles de la noche, cuando los monstruos salían para aprovecharse de la debilidad de cada uno. Aquellos monstruos que se alimentaban con el dolor y el miedo; aquellos que te perseguirían aun en la luz del día, y aquellos que ocultarías. Los destruiría. Acabaría con todos ellos.
Te aferraste a Gon, hundiendo tu cabeza en su pecho.
—Salvaré a Kite… Lo juro… Lo salvaré…
