Buenas noches a todos ._./
¿Algún lector nocturno? No sé por qué se me ocurre actualizar en las noches xD Es cuando la inspiración me llega, supongo. Aunque la verdad, es la primera vez que batallo tanto con un capítulo; lo leía y releía, le quitaba y le ponía y aún así, no quedaba conforme :S Pero pues me dije a mí misma que así jamás terminaría jajaja Y aquí lo tienen, espero que les guste.
De verdad me alegran el día con sus comentarios.
Ponte a estudiar mate Wavywavy xD Yo también me ponía a escribir en vez de hacer mi proyecto escolar jajaja así que te entiendo un poco.
Reader-chan frienzoneando a todo el mundo (excepto a Killua, a él lo manda a la brotherzone, me mataste con eso Tenshinbara xD) Lo del gore es un misterio 7w7 No creo ser muy explícita en ese género (quizá lo entiendan en este capítulo) Pero quién sabe, la oscuridad de mi mente puede salir de repente 0_0
Havanatitiana por Dios! Siempre me pones entre la espada y la pared xD Un beso entre Killua y (T/N)? No lo había pensado. Aunque técnicamente son de la misma edad, sería raro jejeje Por la diferencia de edad actualmente ya sabes. ¡La ONU! Recuerda a la ONU XD Sin embargo, como me gusta escuchar y complacer a mis lectoras, puedo ponerlo a votación :3
Y Sony, siéntete libre de acosarme cuando quieras con tus comentarios xD
Disfruten la lectura
\(^0^)/
Si hubieras dejado que Killua luchara, no habrías podido detener a Gon de intervenir también, aunque él no pudiese utilizar nen. Todo hubiera acabado mal. En cambio, si tú aceptabas ir con ellos, podrías escapar en cualquier momento con uno de tus portales; razón por la cual aceptaste ir por voluntad propia.
Cuando recuperaste la conciencia, estabas atada con tus manos a la espalda. Pensaste que eso significaba que no te consideraban una total amenaza, algo que lastimó tu orgullo de cierta forma. Pero daba igual, era mejor mantener un perfil bajo y actuar con mansedumbre.
«Debo ser más inteligente que ellos, o moriré.»
No hacía falta fingir que estabas asustada, porque en realidad lo estabas. No habían despegado la mirada de ti ni un segundo, analizándote, pendientes de cada movimiento tuyo. Todos esos ojos ejercían tal presión en ti, que controlabas tu respiración como si tratases de ocultarte; sin embargo, era imposible. Estabas atrapada en la red, esperando ser devorada por la araña.
—Debes estarte preguntando qué haces aquí —Shalnark rompió el silencio con su jovial tono.
No respondiste.
—¿No tienes curiosidad?
—Mira cómo está temblando —dijo Phinks con ironía—. De seguro ni puede articular algo coherente.
—Creí que sería más valiente por el modo en que decidió venir con nosotros —Feitan te miró con autosuficiencia.
—¿Qué esperabas? Es sólo una niña —intercedió Nobunaga.
—¿Tengo que recordarte que los otros mocosos también eran unos «niños»? —dijo Machi con desdén.
—¿Sigues molesta por eso?
—Déjame recordarte lo que eso causó.
Mientras Machi y Nobunaga se mataban con la mirada, Shalnark volvió a hablarte.
—Supongo que no hay que explicarte el por qué estás aquí. Ya debes saberlo —Asentiste débilmente—. Eso nos ahorra varias cosas.
—¿Es verdad que vienes de otra dimensión? —Franklin hizo la pregunta a la que todos querían respuesta; la que definiría tu futuro.
Volviste a asentir.
—Se los dije —sonrió Shalnark.
—Si es verdad —comentó Kortopi—, el jefe estará encantado.
—No podemos estar seguros —Phinks se cruzó de brazos.
—¿Por qué no nos lo demuestra? —Añadió Shizuku.
—Muéstranos —pidió Shalnark, y todas las miradas se volvieron a poner sobre ti—. Cómo viajas entre mundos.
«Sé más inteligente que ellos.»
—Yo… no lo sé —contestaste con voz trémula.
—Acabas de decir que venías de otra dimensión —te escudriñó Feitan.
—E-es verdad, pero… No sé cómo —Si decías la verdad, no habría forma de escapar de ellos—. S-si lo supiera, hace tiempo que… hubiera regresado a m-mi hogar.
—Tiene sentido —murmuró el samurái.
—Eso es un problema —mencionó Shalnark con decepción.
—Era demasiado bueno para ser verdad —dijo con monotonía la mujer de lentes.
—¿No estará tratando de engañarnos?
—Siempre eres tan desconfiada, Machi —criticó Nobunaga—. ¿Crees que esté mintiendo? Está muerta de miedo.
—No podemos estar seguros de eso.
—Da igual, ya la tenemos en nuestro poder —dijo Phinks para sosegar la conversación.
—Pero no servirá de nada si no puede abrir portales —comentó Franklin.
—Sólo hay que tenerla aquí hasta que el jefe vuelva.
«Maldición.»
Las cosas no estaban yendo como querías. Si esto continuaba así, no serías capaz de escapar de la telaraña en la que estabas atrapada. Tenías que ser inútil para ellos.
—N-no entiendo de lo que hablan —Reuniste todo el valor que pudiste para hablar—. No entiendo nada… Viajar entre mundos… no sé nada de eso —Aunque odiabas que tu voz temblara, sentías que ayudaba a que creyeran tu historia—. Desde que llegué aquí… he tenido demasiadas preguntas, y ninguna de ella me ha sido contestada —Agachaste la cabeza y mordiste tu labio para evitar sollozar—. Sólo quiero volver a mi hogar…
Tal vez, lo que decías no era una simple mentira. Dentro de ti, en lo más profundo de tu ser, te preguntabas por qué razón estabas aquí; ¿coincidencia?, ¿mala suerte?, ¿destino? ¿Por qué jugaban contigo de esa manera? Deseabas regresar a tu vida normal y a la vez no lo deseabas. Estabas llegando a tu límite poco a poco.
«Tengo miedo.»
—Eso a nosotros no nos importa —Feitan dijo con frialdad—. Dinos la verdad, o tendremos que obligarte.
—¡Es la verdad, yo no sé nada! —dijiste más fuerte de lo que querías— Pero —añadiste bajando el tono de tu voz—, hay un hombre… La persona que me trajo aquí, él debe saberlo.
—¿Quién? —inquirió estrechando sus ojos.
—Se hace llamar Straid —Te sumergiste en una sensación de autosuficiencia infantil, como cuando acusas a tu hermano de algo que hizo y te ríes de su desgracia—. Lo único que sé es que él está detrás de los extraños animales que han estado apareciendo.
—¿Las Hormigas Quimera? —indagó Shalnark.
Antes de que pudieras asentir, Feitan te tomó por el cuello.
—Es mejor asegurarnos de que dice la verdad —Hizo presión en tu garganta, mas no la suficiente para impedirte hablar.
—P-por favor —Cerraste tus ojos suplicando que te soltara—. Es la verdad.
—Suéltala, Feitan —amenazó Nobunaga.
—¿Ahora la defenderás a ella?
—Estás dañando lo que hemos estado buscando por años.
—Te equivocaste con los otros mocosos, ¿estás seguro de querer correr el mismo riesgo? —desafió el de la sombrilla sin dejarse intimidar.
—Si estaba con esos niños —agregó Shizuku—, lo más probable es que conozca al bastardo de la cadena.
—¿Lo conoces? —te preguntó con seriedad el de la katana. Negaste rápidamente ante su mirada amenazante. El hombre se rascó la barbilla confundido, pensando en si confiar en ti o no. Al final suspiró—. Haz lo que quieras.
Lo miraste con horror al darte cuenta que no fue a ti a quien se lo dijo.
—E-espera… por favor… —Tratabas de que Feitan te soltara mientras éste te arrastraba— ¡Por favor! Digo la verdad… Yo… sé algunas cosas de esta dimensión —dijiste en un intento desesperado para que te dejaran ir—. El lugar de donde vienen… sé que pasará algo allí…
Todos se detuvieron un instante, sus miradas volviéndose más frías. Te diste cuenta muy tarde de que habías firmado tu sentencia.
—No vayas a matarla.
—Como si fuera a hacer algo tan tonto como eso.
Era imposible escapar de la araña cuando ya estabas en su red.
—¡¿Cómo demonios pueden estar tan tranquilos?! —Leorio reclamaba a los pequeños Cazadores que se encontraban en el suelo jugando cartas—. ¡Tenemos que buscarla!
—Ella dijo que estaría bien —murmuró Killua mientras esperaba que Gon tomara una carta de su mazo—. Confía en ella.
—Ella puede escapar sin nuestra ayuda —corroboró el pelinegro.
Leorio no se atrevió a replicar, no serviría de nada. Las contestaciones de los niños no eran para él, cada uno de ellos estaba tratando de convencerse a sí mismos. Sus movimientos carecían de emoción y, aunque sus ojos estaban puestos en las cartas, realmente no las miraban. Se arrepintió de sus palabras. Ellos no estaban tranquilos… Estaban a la espera.
Se escuchó un sonido desde la puerta, lo que provocó que Gon y Killua se levantaran de un salto y se encaminaran hacia la entrada con la esperanza de verte; sin embargo, la angustia los inundó nuevamente cuando miraron que se trataba de Palm. La mujer los miró un poco confundida, ajena a la situación.
—Traigo un mensaje de mi maestro.
Controlabas con afán tu llanto. Si bien era imposible evitar que las lágrimas salieran, no permitirías que ningún gemido ni ningún grito salieran de tu boca; más por orgullo que por otra cosa.
Era doloroso, pero era el precio por tu libertad.
—No lo entiendo —susurraste mirando al hombre delante de ti—. ¿Por qué me hacen esto… y después curan mis heridas?
—No te lo tomes como algo personal —contestó Nobunaga sin mirarte, concentrado en vendar las heridas de tus manos, algo complicado a su parecer ya que éstas temblaban demasiado.
—Teníamos que asegurarnos —Shalnark te sonrió; aunque su sonrisa te resultó fastidiosa en esta situación. Más que una disculpa, era una justificación.
«Como si yo hubiese tenido la culpa.»
Temblabas, no sólo por el frío que tú ropa mojada provocaba, sino por la rabia que sentías. Una ira que jamás imaginaste tener.
—Estoy harta de que jueguen conmigo —dijiste con todo el desprecio que sentías—. Ya estoy cansada… de que ese hombre me utilice. Y no estoy dispuesta a tolerarlo más —Nobunaga te miró expectante ante la actitud agresiva que ahora demostrabas—. Quiero respuestas, tanto como ustedes…
—¿Y qué estás dispuesta a hacer para conseguirlas? —preguntó interesado por tus palabras.
Lo miraste directo a los ojos y reíste, aunque tu risa se escuchaba más como un sollozo.
—Si lo capturan yo… haré lo que quieran.
Nobunaga soltó una risa estruendosa.
—¿Vieron eso?
—¿Qué le hace creer que puede poner condiciones?
—No me refiero a eso, Phinks. Miren sus ojos —exclamó con fascinación—. Muestran un odio profundo, pero no está dirigido hacia nosotros. Ni siquiera a ti Feitan, debe ser decepcionante.
—Fue aburrido el que no gritara —respondió sin interés.
—¿Qué es lo que quieres? —te preguntó divertido el samurái.
—Salvar a Kite —musitaste sin vacilación—. Tengo que hacerlo, como agradecimiento por lo que hizo por mí… Él me ayudó mucho y gracias a él conocí a Gon y a Killua… —Continuarías con tu mentira hasta el final—. No sé qué problemas hayan tenido con ellos en el pasado, pero…
—Ahora —habló con firmeza, remarcando la palabra—, ¿qué es lo que realmente quieres?
Te mostraste contrariada durante un momento.
«¿Qué es lo que quiero en este momento?»
Observaste las vendas en tus dedos, que se empañaban lentamente con tu sangre. Sólo podías pensar en el dolor, en todo lo malo que pasaste desde que llegaste.
Y eso nubló tu mente.
—Quiero que sufra… —dijiste con voz gélida—. Todo esto es su culpa. Quiero que Straid sufra todo por lo que yo he pasado… Quiero que grite y suplique piedad… Quiero que se disculpe por lo que me ha hecho antes de que lo envíe a pudrirse en el infierno...
—¿Lo quieres muerto?
—Sí —contestaste tras una pausa.
Ese «sí» tuvo un sabor amargo en tu boca.
—Encajarás perfectamente con nosotros —dijo el hombre satisfecho.
—No puedo quedarme todavía —mencionaste—. Ya se los dije, tengo que salvar a Kite. Está en NGL, así que no me iré de aquí. Podrán encontrarme cuando quieran.
—¿Y por qué crees que haríamos eso? —dijo Machi desdeñosamente ante tu contestación.
—Porque tienen algo más importante que hacer —respondiste—. Una Hormiga se apoderará de Ciudad Meteoro. Si la atrapan… podrán sacarle información sobre el paradero de Straid. Él tiene que ser su prioridad ahora, no yo.
—Tiene razón —habló Franklin.
—Pero no podemos dejarla ir, así como así —dijo Shalnark pensativo.
—Entonces —añadió Shizuku—, dejémoslo a la suerte…
Caminabas con pesadez por las oscuras calles de la ciudad, sin noción del tiempo y con el miedo a tus espaldas. Te vigilaban, lo sentías… O te estabas volviendo paranoica. No obstante, no usarías tus portales por temor a que La Araña estuviera detrás de ti y se dieran cuenta de tu mentira.
Tenías hambre, frío, y todo tu cuerpo dolía; pero, sobre todo, tú alma tenía un peso agobiante que asfixiaba lentamente tu ser.
Al adentrarte a un callejón, no pudiste contenerte más. Te recargaste en la pared, dejando salir sin temor alguno tu llanto y desesperación. Te deslizante con lentitud hasta el suelo. Y gritaste; gritaste para que ese nudo en tu garganta desapareciera. Se entrelazó con cada célula de tu ser, presionándote, ahogándote, torturándote…
Comprendiste muchas cosas mientras el dolor te invadía.
Ya no había hogar al cual volver. Por más que trataras de engañarte, no lo podrías cambiar. Te habías quedado sin nada.
«No, aún no.»
No permitirías que Gon sufriera algo como eso. El perder algo importante, no podías permitir que eso le ocurriera a él; a él y a Killua, porque si Gon sufría, Killua lo haría también. Ellos eran lo más importante ahora, y harías lo que fuera por su felicidad.
«Aunque tenga que sacrificarme.»
Te pusiste de pie después de un tiempo sin pensar nada en particular. Con tu mente cansada y perdida, seguiste avanzando, esperando encontrarte con alguien que te diera direcciones para llegar a tu destino.
Pronto lo encontrarías.
