—¡(T/N)! —Gon corrió hacia ti y te abrazó en cuanto te vio llegar—. Estaba muy preocupado.
—Lo siento —dijiste correspondiendo su abrazo.
—Nunca permitiré que hagas algo como eso de nuevo.
Sonreíste con dulzura, reconfortándote al abrazarlo y sentir su calor. Después de todo lo que había sucedido, ahora estabas más segura y firme en lo que debías hacer.
Leorio se acercó y te despeinó mientras te lanzaba un sermón como si fuera tu padre, y te pareció gracioso hacer esa comparación, ya que jamás habías recibido una reprimenda por parte de tu verdadero papá. Tal vez era mejor compararlo con un hermano mayor, preocupándose por su hermanita que sale de fiesta toda la noche. Pero tú no querías a ningún padre ni a ningún hermano. Eras la hija mayor en tu familia y, precisamente por eso, no iba contigo ser protegida por nadie.
Killua se mantuvo al margen, sólo observándolos, sintiéndose ligero de las emociones que hace poco lo turbaban; estando dispuesto a olvidarse de todo e irte a buscar. Por fortuna, llegaste junto con los primeros rayos del sol, aliviándolo un poco. Te analizó, buscando que todo estuviera bien y no te hubieran hecho daño alguno, y se relajó al no ver nada fuera de lo normal. En un momento sus miradas se encontraron. Tú seguías abrazada a Gon, y le sonreíste de tal manera que lo hiciste estremecer. Su cuerpo se movió ligeramente al intentar avanzar, sin embargo, decidió permanecer en su sitio.
—Tardaste demasiado —Fue lo único que atinó decir, sin tener el valor de acercarse. Siempre se mostraba reticente cuando se trataba de exponer sus verdaderos sentimientos. O cuando se trataba de ti.
—Bueno… —dijiste mientras te separabas de Gon—. Alguien me acompañó.
Los Cazadores te miraron con confusión, y sus mandíbulas casi cayeron al suelo cuando vieron entrar a Hisoka por la puerta y posicionarse a tu lado.
«No esperaba que se sorprendieran tanto.»
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—… y eso fue lo que pasó —Terminaste de decir con una sonrisa, ocultando ciertos detalles para evitar preocuparlos; y otros, por la presencia del mago.
Te encontraste con Hisoka en plena madrugada, cuando no tenías idea de hacia dónde te dirigías. Por las cosas interesantes que te contó, se podría decir que te ayudó a descubrir lo que tenías que hacer.
—¿Y de verdad piensas que él se encontró por casualidad contigo? —preguntó con sarcasmo Killua, sabiendo que las personas como Hisoka nunca eran honestas.
—No fue una casualidad —respondió éste—. No los he perdido de vista desde la última vez que nos vimos —Hizo una pausa y recargó su barbilla en su mano—. Y pienso que Illumi tampoco —murmuró, haciendo que los demás se tensaran.
—¿Dónde está?
—No soy su niñera —Disfrutaba demasiado las expresiones de los niños ante sus respuestas, llenándose de placer ante la esperanza de una buena batalla. No obstante, era demasiado pronto todavía—. ¿Quieren saber cómo fue que esos rumores llegaron a los oídos de los Zoldyck y del Genei Ryodan? —. Eso fue suficiente para llamar la atención de todos. Hisoka tomó su silencio como un «sí», así que continuó—. Un niño, bastante interesante, fue quien los comenzó. Una persona como tú —Te miró—. Imposible sentir su presencia. Pero, así como llegó desapareció. Creí que manteniéndome cerca de ustedes podría volver a encontrármelo. Y bueno, lo demás ya lo saben.
Hisoka te había dicho todo eso antes, a cambio de que tú le dijeras la verdad, pues ya no creía que eras una simple adivina. Le contaste sobre Straid, quien te había traído a este mundo, y la persona a la que Hisoka buscaba. No fuiste tan estúpida para decirle sobre tu verdadera habilidad, pues ya eras demasiado susceptible.
—¿Por qué crees que haya hecho algo así? —preguntó Leorio, haciéndote volver a la realidad.
—No hay ninguna razón para ese hombre —contestaste—. Sólo quiere joderme la vida.
Una de las cosas que le pediste a Hisoka fue que ocultara tus heridas, por lo menos las más visibles. Querías evitar que se preocuparan.
—Es tiempo de retirarme —dijo el hombre mientras se levantaba.
—Espera —Lo detuvo Killua—. ¿Qué es lo que buscas al decirnos esto?
Hisoka sonrió.
—Nos veremos pronto —mencionó antes de salir y mirarte por última vez.
—¿Qué? —dijiste cuando Killua te lanzó una mirada de reproche—. Ya sé que es sospechoso, pero no sabía cómo llegar aquí. Soy mala en geografía.
—Eres una idiota —suspiró—. Y jamás dejarás de serlo.
—Esperaba una fiesta de bienvenida, ¿y lo único que recibo son insultos? —mencionaste con ironía—. Qué buenos amigos tengo.
—Tenemos algo mejor que eso, (T/N) —comentó Gon con emoción—. Knuckle y Shoot regresaron.
Estaban en la plaza de la ciudad esperando con mucha impaciencia a los demás Cazadores, especialmente tú. Los nervios impedían mantenerte quieta. Y no era para menos, con Straid no podías estar segura de nada. Aunque una parte de ti sabía que Kite era lo único que Straid tenía para hacer que tú continuaras en su juego, no descartarías la posibilidad de que tuviera más trucos.
—Gon —saludó Knuckle. Casi te abalanzas sobre él bombardeándolo con preguntas, pero antes de que lo dejaras responder, te fijaste en las dos personas, aparte de Shoot, que estaban detrás de él—. Los encontramos en NGL, deben escucharlos.
—Ponzu y… Pako —susurraste.
—Es Poku —te corrigió Killua.
—¡Pokkle! —exclamó Gon, dejándolos en vergüenza y ganándose una risa burlona de parte de Leorio—. Y Pozu.
—Ponzo —corrigió Leorio.
—Pozo... digo, Ponzu, inútiles —mencionaste.
—¿Qué hacen aquí? —dijo Killua antes de que ustedes siguieran dejándose en ridículo.
—Cuando escuchamos sobre los misteriosos animales decidimos investigar —comenzó a relatar el arquero—. Nunca imaginé encontrarme con tales monstruos —Apretó sus puños con fuerza.
—Estábamos con más personas —comentó Ponzu con un deje de tristeza—. Ninguna sobrevivió.
«Ignoraron muy bien los sobrenombres.»
—Nosotros hubiéramos sufrido el mismo destino de no ser por Kite. Knuckle nos contó que querías ir a NGL para encontrarlo —Gon asintió—. Después de que nos ayudara, él continuó. Quería acompañarlo, sin embargo… —Ponzu puso una mano en su hombro, dándole consuelo—. Me di cuenta que sigo siendo débil.
—Kite… ¿llegó al nido de las Hormigas? —preguntaste después de una pausa.
—No lo sabemos —respondió Shoot—. Cuando llegamos sólo quedaban unos pocos soldados leales a la Reina.
—Desafortunadamente nuestro equipo médico no pudo salvarla —añadió Knuckle—. ¡Lo lamento mucho, Gon! —Inclinó su cabeza—. ¡No cumplí nuestra promesa!
—No te preocupes, Kite sigue con vida.
—Por supuesto —corroboraste—. ¿Cuál es el plan ahora?
—Tendrán que entrenar y demostrarnos si son capaces de acompañarnos —Knuckle les sonrió ampliamente por su espíritu de lucha.
—Déjenme ir también —habló Pokkle—. Por favor.
—No creo que sea buena idea —dijiste rápidamente. Pero todos te ignoraron.
Los ánimos parecían estar en pleno apogeo. Observaste la emoción de los hombres, especialmente la de tu pequeño duende. El límite de tiempo para mejorar eran los días que le faltaban a Gon para recuperar su nen. Knov y Morel estaban interesados en lo que él y Killua podrían hacer, y tú los ayudarías lo más que pudieras; porque, después de todo, serían los últimos días que pasarías con ellos.
Ya habías tomado una decisión.
