Los días pasaban normalmente, aunque para ti eran más como una cuenta regresiva.
Le explicaste a Killua lo mejor que pudiste—tratando de sonar genial, su Kanmuru, ya que tu celular había muerto a causa de no encontrar un cargador que le quedara. Quemaste tus neuronas tratando de recordar la teoría de su habilidad, pero siendo sinceros, al final terminaste dándole una explicación demasiado corriente.
—Pues no me acuerdo bien de la teoría —le decías—, pero era algo así como que te electrocutabas el cerebro y eso hacía que te movieras a la velocidad de la luz… Espera, ¿la velocidad de la luz es igual a la del rayo?
—Wow —dijo inexpresivo—, nunca espero nada de ti y siempre terminas decepcionándome.
Esa no era completamente tu culpa, parte de ella era de él que no leía entre líneas tus geniales explicaciones. A fin de cuentas, Killua tuvo que arreglárselas con eso.
Al contrario de lo que querías, casi no pasabas tiempo con ellos debido a que entrenaban exhaustivamente. Leorio se había tomado muy en serio lo de «hacer lo que quieran fuera de tu vista», porque sólo lo mirabas a la hora de la cena. Era eso, o Pokkle estaba asustado de ti. Pensaste que debía tratarse de la primera opción.
—Tengo una duda… hipotéticamente hablando —le preguntaste una noche a Leorio, aprovechando que Gon y Killua aún no regresaban—. Si a alguien, por así decir, se le arranca alguna uña por algún golpe, o algo así... Hipotéticamente… ¿qué cuidados necesitaría?
—¿Hipotéticamente hablando? —Levantó una ceja extrañado por tu pregunta.
—Sí, verás… es que me acordé que una vez… al primo de un amigo le pasó, y me quedé con esa duda, porque no supe qué hacer en ese momento.
—Bueno, no es algo muy complicado —explicó—. Sólo hay que detener el sangrado y limpiar la herida para que no queden residuos de algún fragmento.
—¿Y después? —insististe al ver que ya no continuaba—. ¿Qué cuidados hay que tener?
Leorio te miró como si estuvieras ocultando algo.
—¿Te golpeaste?
—No —respondiste mostrando tus manos, pero cuidando que no las tocara—. Ya te dije que es por curiosidad. A veces se me vienen este tipo de preguntas a la mente y no puedo dormir hasta no saberlo.
—Debe ser difícil ser tú —Negó con la cabeza—. Lo único que se tiene que hacer es cambiar los vendajes, pero es recomendable utilizar algún ungüento para evitar infecciones.
No hiciste más preguntas por temor a que Leorio indagara más.
Esa noche tuviste pesadillas.
Aprovechaste las veces que te quedabas sola para guardar en tu mochila todo lo que considerabas necesario para salir de excursión, en especial comida y agua. Pensaste en irle robando a Leorio poco a poco cosas de su botiquín, sin embargo, preferiste no hacerlo hasta el último día; no fuera a ser que se diera cuenta y comenzara a hacer preguntas.
Investigaste sobre la República de Gorteau en cada oportunidad que tenías, tratando de calcular el tiempo que harías para llegar a Peijing. No obstante, no lograste mucho, apenas pudiendo conseguir un mapa no muy detallado.
—«Algo es algo» —pensabas mientras regresabas al hotel, sosteniendo dos bolsas con los ingredientes que utilizarías —. «Será la última vez que cene con ellos, tiene que ser especial».
—Oye, Killua —preguntó Gon mientras regresaban de su entrenamiento—, ¿cuándo me mostrarás tu habilidad especial?
—La verás a su debido tiempo —respondió éste con cara gatuna.
—Eso no se vale… ¡Oh, Leorio! —Gon interceptó al joven médico al final del pasillo—. ¿Cómo les está yendo?
—Creo que vamos bien —dijo mientras se acomodaba los anteojos—. ¿Y a ustedes?
—Killua no quiere enseñarme su jankenrayo.
—¡Así no se llama!
—¿Mmh? —Gon se interrumpió y comenzó a olfatear en el aire—. ¿Qué es ese olor?
Cuando el niño abrió la puerta, los demás pudieron percatarse a lo que se refería. El olor a comida recién hecha inundó sus fosas nasales, despertando sus estómagos hambrientos. Sus ojos se abrieron con sorpresa al ver la habitación ordenada y arreglada sutilmente como si de un restaurante se tratase; hasta la pequeña mesa del centro tenía un arreglo floral.
—¡Ya llegaron! —Saliste de la cocina y los recibiste con una enorme sonrisa—. La cena casi está lista, vayan sentándose.
Los tres Cazadores retrocedieron rápidamente.
—E-está u-usando un v-vestido —señaló Leorio con la mano temblorosa.
—Y verde… —añadió Killua sin poder creerlo.
—Es el que me dio Gon —dijiste sin entender su comportamiento—. No lo usaría solo una vez.
—Y está cocinando —comentó Gon, haciendo que los otros dos asintieran como si fuera lo más extraño del mundo.
—Ya sé que les dije que odiaba cocinar, pero…—dijiste con un pequeño sonrojo, posicionando tus manos detrás de ti en un acto de timidez—. Ustedes se han estado esforzando tanto y, pensé que tal vez, se merecían algo mejor que comida instantánea. Además, yo… —Mordiste tu labio antes de exhalar. Lo habías ensayado tanto en tu mente, pero era tan difícil decirlo en voz alta—. Yo… estoy muy orgullosa de ustedes.
—Killua, esto ya está asustándome —dijo Gon tratando de esconderse detrás del albino.
—¡¿Quién eres tú y qué le hiciste a (T/N)?!
—¡Envenenó la comida! —exclamó Leorio imitando el gesto de Gon—. ¡Nos asesinará y ocultará nuestros restos en la hielera! Y después nos comerá…
—¡Váyanse a sentar! —gritaste molesta.
«Una no puede ser amable porque rápido piensan mal.»
.
.
.
Después de que casi los amarrabas a las sillas para que no se escaparan, continuaste normalmente con la cena, tratando de no perder los estribos.
Si te pusiste el vestido verde que Gon te compró fue porque querías que supiera que sí lo apreciabas. Si habías cocinado a pesar de que lo odiabas, fue porque Killua estaba cansado de comer lo mismo y, si habías sido amable, fue porque Leorio siempre decía que los tratabas mal.
«Ni que nunca fuera linda con ellos.»
Sólo querías hacerlos feliz esta última noche, y ellos te miraban como si fueras una psicópata.
—Le ayudaba a mi mamá a cocinar… de vez en cuando —dijiste mientras les servías—. Así que recuerdo algunas recetas.
—¡Se ve delicioso! —A Gon le brillaron los ojos cuando le serviste.
—Es mi platillo favorito —comentaste en un susurro—. Mi mamá no lo hacía muy seguido… Y a mí me daba flojera hacerlo —Cambiaste de tema rápidamente al percatarte que estabas apagando el ambiente—. De verdad espero que les guste, me esforcé mucho en hacerlo.
Los niños fueron los primeros en dar el primer bocado.
—Esto… —mencionó Killua sorprendido—, de verdad está bueno.
—Sí —asintió Gon.
Y comenzaron a comer como si estuvieran compitiendo. Excepto Leorio.
—Sigo creyendo que estos son restos humanos —Lo golpeaste con la cuchara—. ¡No puedes culparme por pensarlo! Esto es demasiado extraño —Entrecerró los ojos buscando algún indicio malvado en tu mirada.
—No seas paranoico —Te sentaste comenzando a comer también—. Deberías estudiar para ser detective, te queda más por todos los interrogatorios que haces.
—Esa es buena idea, Leorio —dijo Gon con la boca llena.
—Jamás dejaré mi facultad por nada en el mundo —Movió y olió la comida buscando algo extraño en ella.
—Si no te lo vas a comer dámelo a mí —propuso el albino—. Sabe mejor de lo que pensé.
—¿Ves, Leorio? —dijiste con el orgullo a tope—. Deberías ser más como Killua.
—Sólo lo dice porque está enamorado de ti —masculló el médico.
Killua y tú casi se atragantan por el comentario de Leorio.
—C-cualquiera se e-enamoraría de mí —tartamudeaste—, ¿v-verdad, Killua? —Esperabas escuchar un comentario negándolo, sin embargo, silencio fue lo único que recibiste—. «¿Verdad?» —Miraste a Killua. Estaba completamente rojo y tenía una expresión que no lograste descifrar. Frunció ligeramente el ceño antes de levantarse e irse.
Todos se quedaron en silencio.
«Oh, no.»
Leorio: ¿Por qué después de tanto tiempo su celular apenas se descarga?
Yo: Se podría decir que su celular estaba congelado cuando llegó aquí, por eso tenía acceso a Internet ;) Ya después que el tiempo fluyó normalmente, su teléfono igual.
L: ¿Y por qué no lo explicaste antes?
Y: Se me olvidó :p
L: -_-'
