Tu corazón latía con fuerza, el calor se agolpaba en tus mejillas y tu garganta parecía un desierto. Tus manos se deslizaban lentamente por el barandal de las escaleras mientras las subías. El suave sonido de tus pisadas daba punzadas en tus oídos, cada vez acercándote más a tu destino. Giraste el pomo de la puerta que conducía a la azotea, y la suave brisa nocturna te recibió.
Allí estaba, de espaldas a ti. Su cabellera blanca era inconfundible.
Respiraste profundamente antes de avanzar. No es como si jamás se te hubiesen declarado, no entendías por qué estabas tan nerviosa. Es más, no podías considerar eso una declaración, ¿verdad?
Te pusiste a su lado, sin despegar la vista de la ciudad. Si tenías planeado decirle algo, en ese momento todo se te olvidó. Quedaste completamente en blanco.
—¿Qué se siente enamorarse? —preguntó en un susurro.
Te tomó por sorpresa. Su voz envió una corriente eléctrica por tu cuerpo, provocando que tu corazón latiera más rápido. Lo miraste un momento y después regresaste la vista al frente.
—No lo sé —respondiste quedamente—. Nunca lo he estado.
Silencio.
—Yo… no sé si esté enamorado de ti —murmuró—. Es decir… Disfruto estar contigo y con Gon… Pero, a veces, es diferente cuando estoy solo contigo.
—Bueno… es… normal eso. No puedes sentir lo mismo por dos personas, siempre habrá algo diferente.
—Entonces, ¿no es algo extraño?
—Claro que no. Por Dios, creí que iría a prisión —suspiraste aliviada—. Cuando tienes una amistad con alguien del sexo opuesto, a veces se confunden las cosas.
—¿Es eso?
—Sí, ya sabes... ese tipo de cosas se pueden confundir. Son algo complicadas.
Killua no lo comprendía. Era cierto que era confuso y complicado. Y tú solo parecías querer terminar con la incómoda situación lo más pronto posible, sin tenerlo en cuenta. Eso le molestaba, tenía que haber algo más.
—¿Y si estuviera enamorado de ti? —Frunció el ceño insatisfecho con tu contestación—. ¿Qué pasaría?
—¿Eh? —Lo miraste sin creer lo que escuchabas.
—¿Qué harías… —Te miró con timidez—… si estuviera enamorado de ti?
—Ah… yo… —Apartaste la mirada de esos orbes azules que te absorbían lentamente, haciéndote perder todas tus fuerzas. ¿Qué es lo que harías? ¿Cómo demonios ibas a saberlo? Era una pregunta demasiado difícil. En este momento Killua tenía catorce años y tú veinte. No podías pensar en otra cosa que no fuesen números. Sin embargo, si en este momento tú tuvieras doce o, si lo hubieras conocido en tu tiempo normal y el tuviera veintidós… ¿qué es lo que harías? ¿Dejarías de verlo como un niño, o seguirías sin una respuesta? Pero Killua no esperaría tanto, él quería tu respuesta aquí y ahora; y no te dejaría evadirla. Suspiraste—. ¿Eso te haría feliz? ¿Amarme… te haría feliz?
—Es una pregunta estúpida —bufó con ironía.
—Sólo mírame —dijiste exasperada, deseando no ponerte a llorar en ese mismo instante—. ¿De verdad te haría feliz? Soy… una persona horrible… Mentirosa, egoísta, caprichosa…
—Ya me haces feliz —te interrumpió con suavidad—. Me alegro de haberte conocido.
Te quedaste sin palabras. No podías creer que Killua estuviera siendo tan honesto, a diferencia de ti. Y eso te hizo sentir la peor persona del mundo.
—Maldición —murmuraste, moviéndote de un lado a otro sin saber qué hacer. No hallaste más remedio que mirarlo. Él se mantenía en su misma posición, impasible, y con un ligero sonrojo adornando sus mejillas—. ¿Cómo puedes ser tan adorable?
—N-no soy adorable.
—Lo eres —dijiste acercándote más a él—. Eres tan lindo y amable. Todo lo contrario de mí. Ahora entiendo por qué escapaste de tu casa —Acariciaste su cabello—. Killua, eres una gran persona.
—No lo soy —contestó desviando la mirada.
Lo era. Eso lo sabías muy bien. Killua siempre se preocupaba por el bienestar de sus amigos. Se menospreciaba, y no se daba cuenta de lo maravilloso que era.
¿Amor? No podrías contestar eso ahora, no de la forma en que él quería. No eras experta en el tema; pero lo cierto era, que de verdad lo querías. Más de lo que podría imaginarse.
—Para mí, tú eres mi luz —susurraste, acercando tu rostro para besar su mejilla. Killua se giró para mirarte al escuchar tus palabras.
Y sus labios se encontraron.
Un pequeño roce de emociones.
Un cúmulo de sentimientos.
Te separaste lentamente, sintiendo su respiración chocar contra la tuya. El tiempo se detuvo en sus ojos. Ni el murmullo del viento, ni los ruidos de la ciudad debajo de ustedes llenaron sus oídos, sólo el latir de sus corazones.
—Killua, (T/N) —La voz de Gon los devolvió a la realidad—. Leorio dice que se disculpa por lo que dijo —Realmente no escuchaste lo que Gon decía. Tartamudeaste un «buenas noches» antes de salir lo más rápido que pudiste—. ¿Mmh? ¿Qué pasó? —Gon los miró confundido, ¿llegó en mal momento?—. Killua… ¿por qué estás cubriendo tu cara?
—Gon… Es demasiado vergonzoso…
—«¡¿Por qué me siento como una violadora?!» —Golpeabas tu cara contra la almohada—. «Él tuvo la culpa por voltearse cuando no debía» —Era demasiado para ti. Una cosa era haber pasado unas horas con Hisoka y, otra muy diferente, era empezar a actuar como él—. «Y lo peor es que… me gustó» —Tocaste tus labios y luego hundiste tu rostro en la almohada por el sentimiento de culpa—. ¡No! —susurraste—. No es tiempo de pensar en eso. Tengo que prepararme.
Ignoraste momentáneamente esas molestas mariposas en tu estómago. Tenías que cambiarte y hacer los últimos preparativos antes de marchar. Te irías cuando todos estuvieran dormidos.
Habías escrito una carta con anterioridad, cuidando cada detalle y tratando de hacer algo legible. La leíste nuevamente antes de meterla y sellar el sobre. Sabías que no se merecían algo así, pero ya no había vuelta atrás.
.
.
.
Ya era tiempo.
Tendiste tu cama y pusiste la carta encima de ésta. Agarraste a Betsy, el peluche que Killua te había regalado, pensando en dejarla junto a la carta. La sostuviste, y preferiste dejar tu celular en su lugar que, aunque era inservible, contenía todas las fotografías que habías tomado a lo largo de sus viajes.
Se molestarían.
Los lastimarías.
Apretaste tus manos con fuerza, sintiendo unas fuertes ganas de llorar. Dudaste y, sin embargo, la imagen de Gon al borde de la muerte y de Killua sufriendo, te hicieron continuar.
No hubo necesidad de salir por la puerta principal, en un abrir y cerrar de ojos ya estabas fuera del hotel. Observaste el edificio mientras una lágrima se deslizaba por tu rostro.
«Lo siento mucho.»
Y corriste sin mirar atrás.
¿Yo subiendo un capítulo temprano? Creo que lloverá xD
Aproveché que no tuve clases para ponerme a escribir. La verdad no esperaba hacerlo tan pronto, pero la idea surgió mientras iba redactando, y cuando menos lo esperé ¡pum!
Si me desaparezco, lo más probable es que el FBI me tenga encarcelada jajaja Así que esperaré a que me saquen T_T
Illumi: °_°
Leorio: No creo que desaparezcas a causa del FBI
Yo: ¡Me entregaré, por favor no me mates! *huye por su vida*
