Hola!
Esta historia fue parte del TodoBaku Big Bang 2020, y venía con arte de luvniverse. En mi perfil voy a dejar el link, porque no puedo acá no puedo. Uhh no recuerdo qué más decir(?
Advertencia: muchas groserías(?, probablemente OoC, hay drogas, pero son relevantes en la trama(?).
Los personajes no son míos, si lo fueran, sería un todos con todos.
Disfruten.
Hace buen tiempo. ¿Buen tiempo? ¿Es idiota? Bueno, sí es idiota, pero cómo puede ser eso buen tiempo si hacen tres putos grados. Ya casi no siente los dedos. Se sorbe los mocos y gira a él, que está tirado en la nieve, como si de una cama se tratase.
―Perdedor ―llama, empujándolo con el pie―, levántate de ahí, te vas a enfermar.
Shouto bufa, siempre arrogante, siempre creyendo que sabe todo.
―Ah, chispita ―Katsuki frunce el ceño, porque nunca entendió porqué lo llamaba así―, podrás haberme vencido, pero sigues sin ser el número uno. Te falta experiencia.
Se levanta de un salto, se sacude la nieve apenas y camina hacia la cueva, su cueva. Con pasos pesados y molestos, Katsuki lo sigue.
―Sí, claro, siéntete como en casa ―masculla Shouto, sarcástico.
―¿Casa? Por favor ―bufa, irritado.
―Sé a lo que vienes, chispita, y no, no voy a volv-
―¿Quién dijo que te queríamos de vuelta? ―da una mirada general a la cueva y cuando ubica una manta, no tarda nada en envolverse en ella―. ¿Manta térmica-? ¡Maldito, con razón no la encontraba!
Shouto levanta una ceja―, ¿viniste por tu manta?
―No te voy a mentir, venía a destruir tu racha, señor héroe número uno que jamás fue derrotado, pero como veo que no te dolió, tendré que destruir tu paz.
Shouto gira veloz a él, frunciendo el ceño.
―No te atreverías.
―Sorpresa, hijo de puta ―abre su mochila, revelando una muda de ropa y tuppers con comida.
El rostro de Shouto siempre es inexpresivo, excepto cuando está con Katsuki. Ni con su madre, ni su hermana, jamás había mostrado el rango de emociones que Katsuki puede sacarle en cinco minutos. Como ahora, comenzó indiferente, luego burlón, contrariado, confundido, enojado… ah, ahora, dolido.
―No. Eso… No. ¡Mierda, Katsuki! ¡Claro que no! ―camina hacia él y trata de quitarle la manta―, vete. Regresa a casa.
―¿Por qué no? ―usa un tono ingenuo, como si de verdad no supiera, cosa que sabe que él odia.
―No me hagas esto.
Sonríe―, ¿hacerte qué?
Shouto entorna los ojos, molesto, y vuelve a tironear de la manta.
―Vuelve a casa.
―¿Por qué?
―Porque es mi montaña. Búscate la propia.
―Ah- ―no había pensado eso, pero se encoge de hombros―, suena razonable. Me quedaré aquí mientras busco bienes raíces de montañas.
―No eres- ―tira una vez más de la manta y Katsuki la suelta, haciendo que caiga al suelo, sentado―, gracioso.
―Creo que sí lo soy.
―Katsuki-
―Mira ―se acerca a él y le extiende una mano―, hay dos opciones: o bajas conmigo, o me quedo contigo.
No hace falta que diga que es en serio, porque ambos lo saben bien. Shouto sigue en el suelo, no quiere mirarlo ni tomar su mano.
―Ni siquiera entiendo la necesidad que tienes de hacer todo esto, quiero decir- puedes hacer exactamente lo mismo que aquí en cualquier otro lugar, solo que sin la parte de morirse congelado.
―No hace tanto frío… ―murmura, abrazando sus piernas. Katsuki se sienta frente suyo, mirándolo fijo―, no me mires así.
―Es la única mirada que tengo para los perdedores-cabezadura que les gusta preocupar a su familia como pasatiempo.
No es pasatiempo, quiere decir, pero le parece para nada negar solo eso de todo lo que dijo. Es difícil. Es…
―Es doloroso ―confiesa, con un hilo de voz―, no puedo ni imaginarme cómo decirle a mis hermanos lo que descubrimos… Mierda, no sé cómo ver a mi madre, después de eso. Cómo desearía no haberlo descubierto. Si tan solo- si tan solo hubiéramos llegado segundos después- no sé, tal vez habría sido peor. No puedo dejar de pensar en todo lo que pasó, en cómo hubiera podido ser distinto, en qué hubiera podido hacer-
―Shouto ―le pone las manos en las mejillas―, suficiente. No puedes seguir pasando en lo que hubiera pasado.
Bufa―, es fácil decirlo-
―¡Pues, tampoco será fácil hacerlo con esa actitud de mierda! ―se levanta de golpe, soltando sus mejillas algo brusco―, ¡tienes veinte años, no puedes seguir yendo de un lado a otro llorando por el pasado! ¡Madura, idiota!
Shouto lo sigue con la mirada mientras se acaricia las mejillas, con un pequeño mohín.
―¡"Ay, no, no puedo volver con mi familia porque no sé hablar como una persona normal"! ¡"Ay, supongo que tendré que irme a vivir por seis meses a una puta montaña a la cual solo escaladores profesionales pueden acceder"! ¡"Por cierto, no llevaré un puto celular, porque quiero que mi familia se preocupe y crea que estoy muerto"!
Katsuki respira agitado, el calor del enojo reemplazando el frío calador de la ventisca afuera. Shouto tiene el ceño fruncido y una mirada conflictiva.
―Yo no hablo así…
―¡Ah, por favor! ―Katsuki levanta las manos, harto y vuelve a girar a él―, ya estuvo, a patadas te voy a bajar de aquí.
Shouto se levanta rápido, porque sabe que él no bromea. Tiene sus manos listas para tomar sus puños, en caso de que decida golpearlo de sorpresa.
―Es-está bien, admito que no estuve bien, ¿sí? ―baja la mirada, conflictivo―, y sé que fue una mala idea no traer un celular, pero-
¿Pero? ¿Tiene alguna forma de justificarse?
―Pero no estoy listo para volver ―murmura.
Katsuki lo sujeta del borde de la camiseta, tomándolo por sorpresa, no tanto el movimiento, sino por su altura. Porque, de verdad, pasaron seis meses completos, donde se alejó de todos de la nada, sin explicación, sin aviso.
―No me importa ―sisea. Lo empuja, haciendo que caiga de vuelta al suelo. Se sienta sobre él; Shouto lo mira confundido, hasta que ve en la parte trasera de su cinturón, un pequeño estuche abrochado, de donde saca una jeringa.
―¡No te atrevas! ―exclama y se retuerce queriendo escapar de agarre―, ¡no estoy listo, Katsuki, por favor!
―Lo siento, Shouto ―tiene la jeringa en la mano, a punto de clavarla en su brazo―, pero no me importa que me odies.
Nunca podría odiarte, es lo último que piensa antes de que la droga le haga efecto. Se duerme pensando en él, recordando cómo se habían conocido, el primer día que había llegado a su provincia. Recuerda a Katsuki, de quince años, tan alegre y enérgico, guiándolo por todo ese pueblo, mostrándole su poder y sus movimientos, queriendo enfrentarse a él todo el tiempo. ¡No siempre nos visita el número uno del país!, decía a cada rato. Era su fan. Piensa que ya no lo debe ser, después de todos esos años, después de seis meses de distancia.
Luego de conocerse, no se habían separado. En un principio, Katsuki no lo había permitido, se le pegaba como pegamento. Pero después, no tanto después, Shouto se descubrió añorando su compañía.
Tres años de ser inseparables hasta ese día.
No recuerda bien cómo había sido todo, porque hay una única escena que se repite a la perfección en su cabeza todo el tiempo. Ambos estaban en la capital, el hogar de Shouto. Recuerda a Katsuki comentando que escuchó en las noticias que un villano se había escapado de la prisión de máxima seguridad de ahí. Se acuerda de haber preguntado ¿no deberíamos ir?, pero Katsuki había negado, porque ya había héroes que habían tomado el caso, y que sería injusto que él se involucrara. Shouto se había encogido de hombros, pero la infame escena que se repetía en su cabeza era apenas después de eso. Él había girado a Katsuki, pensando en hacer un comentario, pero antes de abrir la puerta de su casa, un grito había resonado. ¡¿Pero eres estúpida, Rei!? ¡Cómo me voy a entregar!, había abierto la puerta de golpe. Su madre con el rostro mojado, mirando hacia él.
―¿Qué...? ―no había podido terminar la pregunta.
―Shouto, hijo, no-
―Shouto ―el hombre, con heridas a medio curar, había girado a él. Sonreía, la misma sonrisa vacía que le había mostrado cada vez que se habían enfrentado antes―, hijo-
―¡Cierra la boca! ―había gritado su madre, pasando de largo de Enji con un pequeño empujón―, Shouto, no es lo que parece-
Estaba más que seguro que sí lo era.
―Shouto ―la voz de Katsuki es suave y agradable a sus oídos―, estaría genial que despertaras porque estamos por llegar.
Se mueve apenas, pero es difícil. Se da cuenta que está al lado de Katsuki, apoyado sobre su hombro.
―¿Dónde…?
―Tren ―dice, aunque no responde mucho―, lo sé, ¿cómo hice para que nadie se diera cuenta que llevo al desaparecido Ice Hot drogado en mis brazos? Clases de teatro por créditos extra, amor.
―Amor… ―repite, porque sigue adormilado, y saborea la palabra en su boca porque había olvidado cuánto le encanta que Katsuki lo llame así―, dilo otra vez.
―Amor ―suspira en su oído y un escalofrío recorre su columna―, estamos en casa.
El tren se detiene y abre los ojos. Está oscuro, es de noche, pero reconoce la estación de tren a tres calles de la casa de su madre a la perfección. De golpe, se da cuenta de qué sucede, de qué hizo, y su primera reacción es un nudo en la garganta. Katsuki lo levanta en su espalda, porque aún no puede caminar, y él aprovecha para abrazarlo con fuerza.
―No te vayas, por favor ―suelta, y es una estupidez, porque seguro que Katsuki lo había pensando tantas veces luego de que él lo había abandonado.
―Jamás ―dice, en cambio.
Vuelve a dormirse en su espalda. Cuando despierta, está en su habitación. Por una milésima de segundo, piensa que nada pasó, que esos seis meses en la montaña fueron una pesadilla y que el despiadado Endeavor no es su padre. Pero, entonces, Katsuki entra, descalzo y trayendo comida.
Shouto se endereza un poco, con dificultad, pero lo logra.
―¿Mi mamá…?
―No está. Tampoco los demás ―responde. Se sienta en la cama, respaldado en la pared, toma un sándwich del plato y le pasa el otro―, están con tus abuelos, me tomé, ah, la libertad de traerte aquí sin que lo sepan.
Shouto frunció el ceño, contrariado.
―¿Tienes llaves? ―Katsuki asiente―, ¿las mías?
―¿Cómo voy a tener las tuyas, si las llevaste contigo?
―Oh.
―Oh ―repite con un bufido―, no, tengo mis propias llaves, Shouto, en realidad, estuve tratando de usurpar tu vida.
―¿Ah, sí?
Katsuki hums mientras come. Shouto mira el sándwich, y a pesar de que no tiene hambre, no recuerda cuándo comió por última vez. Eso nunca es buena señal. El sándwich está delicioso.
―Con tu repentina desaparición, el lugar del número uno quedó vacante, así que fui a patear traseros ―Katsuki habla como si no fuera la gran cosa, como si ese no fuera el sueño de toda su vida―, creí que sería más difícil.
―Felicitaciones.
―Vete a la mierda ―murmura, dando otro bocado, y continúa, con la boca llena―. Luego, tomé tu lugar de hermano mayor, porque irme estaba fuera de la mesa. Oh, Fuyumi tiene novio.
Se atragantó con el sándwich y Katsuki frunció el ceño.
―No te atrevas a escupir.
―¿N-novio?
―Un perdedor que aspira a periodista.
―¡Pero tiene dieciséis!
Katsuki frunce el ceño.
―Primero, eso fue terriblemente anticuado, segundo, empezamos a salir cuando tenía quince, idiota.
Él niega apenas, tratando de asimilarlo, y termina suspirando.
―¿Algo más que deba saber?
Katsuki se encoge de hombros.
―Muchas cosas, Shouto ―le duele escucharlo, pero tiene razón―. Fuyumi sabe que te fuiste, pero no sabe porqué. Nos escuchó hablando a mí y a Rei-
―¿Rei? ―levanta una ceja, queriendo molestarlo. Katsuki frunce el ceño y se ruboriza apenas.
―Como decía- ella sabe, pero Touya y Natsuo no. Creen que fuiste a entrenar o algo. Todos los medios creen eso.
―¿Qué debería hacer con los medios? Me comerán vivos cuando me vean.
―¿Me ves cara de publicista? Qué mierda sé yo ―da otro bocado al sándwich y sigue, con la boca llena―, oh, y nadie sabe que fui a buscarte, así que, se llevarán una buena sorpresa cuando regresen.
―¿Y eso cuándo será?
Katsuki ríe apenas y Shouto frunce el ceño.
―Por supuesto que no te diré.
―¡Oye!
―Te conozco lo suficiente como para saber que, si te lo digo, vas a huir, maldito.
Shouto entorna los ojos, pero deja el tema. Termina el último bocado del sándwich y mira por la ventana para no mirar a Katsuki.
―Oye- ―traga y toca apenas la pierna del otro para llamar su atención―, ¿no es ese el auto de mi mamá?
―Puta madre ―Katsuki salta a la ventana, confirmando que lo el otro dijo. Se aleja y corre fuera de la habitación, pero vuelve―. Tú, uhh, no huyas.
―Claro ―murmura. Está nervioso y siente no uno, sino, como veinte nudos en el pecho.
Katsuki cierra la puerta tras él y baja a la sala, justo cuando el resto está entrando.
―Bienvenidos, uh- ―Natsuo y Touya pasan de largo de él, subiendo a su habitación. Se acerca a Rei y a Fuyumi, ayudándolas con su equipaje―, eso me ahorra palabras… tengo, ah, noticias de Shouto.
Ambas se detienen y lo miran, alarmadas y preocupadas. Katsuki no había pensando bien esto, creyó que tendría más tiempo para pensarlo o algo por el estilo, pero su regreso se adelantó bastante.
―¿Está…? ―Fuyumi murmura apenas, tapándose la boca, pensando en lo peor.
―¡No! ¡No, no, son- son buenas noticias…! ¿Creo? Ah, seré, franco, está arriba.
―¿Arri-? Katsuki, no bromees, por favor ―dice Rei, cerrando la puerta tras ella, no queriendo ilusionarse.
―No estoy-
―¡Shouto! ―se escucha el grito al unísono de Touya y Natsuo, y después un golpe, seguro porque se le habían tirado encima.
Ambas corren escaleras arriba y Katsuki las sigue, más tranquilo. Quiere darles espacio para que hagan su emotivo reencuentro después de seis meses.
Su plan original había sido, cuando resolviera lo de Shouto, volver a casa. Había hecho pequeños viajes en esos meses, para ver a sus padres y a sus amigos, usualmente para los cumpleaños. Le daba cargo de conciencia irse del todo.
Cuando Shouto desapareció, nadie supo a dónde fue. En un principio, creyó que solo era un berrinche o algo por el estilo, a pesar de que eso fuera impropio de él. Los medios no lo cubrieron por un buen rato hasta que fue imposible de ignorar su ausencia. Comenzaron a preguntar y hostigar a los Todoroki. ¿Cómo podría irse, viendo por lo que pasaban?
Hacía un mes había escuchado a un escalador decir que lo había visto en la cima de una montaña. Y bien era ridículo, estaban hablando de Shouto, si él no quería que lo encontraran, se aseguraría de eso.
Durante esos seis meses, estuvo furioso con él. Pensaba en todo lo que diría, en cómo patearía su trasero por haberlo hecho preocupar a él y a su familia, pensó tantas cosas que, después de patear su trasero, dejaron de ser importantes. ¿De qué servía recriminarle cómo rompió su corazón? Todo eso iba más allá de él, no se trataba de Katsuki y Shouto; era solamente Shouto.
Nunca fue una persona empática, siempre le costó ponerse en el lugar de los demás, pero después de largas noches de pensarlo sin parar, ¿qué haría él si descubriera que su padre, la persona que más había idealizado en su vida, resultaba ser el villano más ruin existente? Katsuki pensaba que tampoco lo tomaría muy bien.
Su padre había sido su ejemplo, la imagen que Rei había inventado para él y todos ellos había sido lo que había llevado a Shouto a ser héroe.
Katsuki había concluido que, teniendo todas esas cosas en cuenta, lo mejor que podía hacer era estar, ser paciente, dejar de lado su dolor para ayudarlo con el suyo. Suponía que él mejoraría lentamente, porque ya lo tenía de vuelta.
―¿Está bien que durmamos juntos? ―Katsuki levanta una ceja.
―¿Prefieres que duerma con tus hermanos?
―¡No! ―dice veloz y se arrepiente, porque Katsuki lo mira con una mueca arrogante―, mierda, quiero decir, mi mamá…
―¿Oh? ―se pone una mano, tapando su boca, burlándose―, ¿temes que tu madre descubra que salimos? Pues, te tengo noticias…
―Deja de burlarte de mí ―Shouto se tira de espaldas en la cama, riendo apenas―. No sé si pueda dormir ahora…
―¿Por qué no? ―Fuyumi está en el umbral de la puerta, su cabeza apoyada y sus brazos rodeándose.
―Es por la droga, ¿no? ―pregunta Katsuki mientras tironea las mantas debajo de Shouto y él asiente―, no pensé en eso-
―¿Droga? ―su voz es un poco alarmada, tanto que hace que ambos la miren―, ¿lo drogaste?
Katsuki ríe apenas, como, no entendiendo el problema―, uh, ¿sí? Fuyumi, no es la primera vez-
―¿¡No es la primera vez!? ―exclama en un susurro y ambos se levantan de la cama, Shouto pasa su brazo por sus hombros y Katsuki cierra la puerta, para que los demás no oigan―. ¿De dónde sacas esas cosas?
―Pues, de muchos lugares ―responde Shouto, sentándose con ella en la cama.
―Como, farmacias ―acota Katsuki, sentándose del otro lado de ella―, hospitales.
―Almacenes con droguería.
―Algunas tiendas.
―Parques después de las diez.
―Callejones oscuros.
―Si eres muy bueno ―Shouto levanta un dedo, para llegar a su punto―, puedes hacerlo tú misma.
Fuyumi se queda, mirándolo, porque no puede distinguir si está bromeando o no.
―Estos meses te hicieron mal, ¿huh?
―Como sea, no es tan grave, Fuyumi, no te preocupes. No es la primera vez que me ―los ojos de Shouto caen en Katsuki, que está negando con mucha fuerza, pero no deja de hablar―… drogan…
―Idiota, no es algo que tenga que saber ―le reprende. Quita su brazo del hombro de ella y Katsuki pone el de él, recibiendo la atención de la chica también―, era necesario, Fuyumi, pero no es algo que se vaya a repetir.
―A menos que vaya a desaparecer otra vez ―acota Shouto.
―¡Cierra la boca! Uno de los efectos secundarios es que no deja de ser un imbécil.
―Me voy a dormir ―se levanta y sale veloz de la habitación.
―¿Es verdad eso? Porque sí siento que hablo de más.
Katsuki lo mira, frunciendo el ceño―, no, por desgracia, eres así todo el tiempo. Ahora, ve a hablar con ella o algo.
―¿Qué le digo?
―No lo sé, Shouto- ―está exasperado, pero no está seguro porqué. Seguro por el cansancio―, estuvo preocupada, ¿sí? Esto no es como, volviste y todo volvió a la normalidad, no para ellas.
Shouto asiente y va a la habitación de Fuyumi. Katsuki desarma la cama y la vuelve armar, porque no puede quedarse quieto. Ni siquiera sabe porqué está así. Le molesta tener que decirle qué hacer a Shouto, pero no soporta el no saber qué le dice. Salta de extremo en extremo.
Se acuesta. Cierra los ojos. Quiere dormir, dejar de pensar, relajarse, lo que sea.
Abre los ojos cuando escucha la puerta abrirse, pero no se mueve. Shouto apaga la luz y se acuesta casi encima suyo.
―Creí que te moverías.
―Suena razonable.
Se arrastra apenas contra la pared y ambos quedan, lado a lado, mirando al techo. Katsuki está cansado, lo siente en todo su cuerpo, pero sus ojos están abiertos, mirando las escasas luces que los autos producen al pasar por la calle. La respiración de Shouto es suave, pero sabe que está despierto. Se siente natural, se siente como una de las tantas veces que durmieron juntos, pero también siente que sería raro actuar como si fuera una noche cualquiera.
―¿Deberíamos… hablar?
―Hasta mañana ―dice veloz y gira de cara a la pared.
Despierta antes que Shouto, como siempre. Se baja de la cama sin preocuparse por despertarlo, aunque sabe que eso nunca sucede. Toma sus cosas y se da una ducha que debió haber hecho la noche anterior, pero ya qué. Cuando termina, baja a la cocina. Es lunes, primer día de clases, luego del receso de invierno. Le gusta cocinar, le gusta que en esa casa siempre haya alguien listo para comer cualquier cosa que preparara. Esa debe ser su parte favorita de estar ahí.
Cuando entra en la cocina, Rei es la única ahí. Una mueca se le escapa, pero por suerte, ella no la ve. Está mirando su teléfono, muy concentrada. Katsuki da algunos pasos, queriendo anunciarse.
―Buenos días.
―Ah- Katsuki, buenos días ―responde con una sonrisa, dejando el teléfono al costado―, ¿cómo dormiste?
―Bien ―responde apenas, sentándose frente a ella―, ¿tú?
Ella sonríe, pero es evidente que no ha dormido bien, que hace bastante que no lo hace.
―¿Puedo preguntarte algo? ―Aquí vamos...―, no tienes que responder si no quieres.
―Claro, dime.
―¿Shouto está enojado conmigo?
Katsuki frunce el ceño, no muy seguro de cómo responder. Abre la boca y justo, justo, por suerte, Touya y Natsuo bajan las escaleras, corriendo. Él aprovecha para evadir la pregunta y se acerca a la heladera, para preparar el desayuno.
―Buenos días, mis soles ―Rei los abraza y los besa, ruidosamente, mientras ellos tratan de escaparse.
―¿Ya bajó Shouto? ―pregunta Natsuo.
―Ugh, no, solo está Katsuki ―responde Touya, libre de su madre.
―¡Oye! ―exclama, molesto―, perdiste tus privilegios de alimento.
―No seas muy duro, Katsuki ―sonríe Rei y toma su chaqueta de la silla―, me voy al trabajo, tengo un maravilloso día, todos.
Katsuki dice adiós, al igual que los demás, pero no la mira.
Los dos, Natsuo y Touya, están dando vueltas alrededor de él, en parte por estar aburridos, en parte por hambre.
―¡Salgan de encima! Vayan a hacer algo productivo o algo.
―Bruh, siempre amoroso, Katsuki.
―Estás en el top tres de las personas más dulces, justo debajo de mi padre ausente.
―Mierda, déjenme en paz, vayan a despertar a sus hermanos.
Ambos se miran y gritan a la vez―, ¡yo despertaré a Shouto!
Seguido de eso, corren escaleras arriba, empujando y golpeándose.
―¡Oigan! ¡No se caigan por las escaleras, otra vez!
Un rato después, Shouto baja, sobándose el estómago.
―Veo que lograron despertarte ―dice Katsuki, con burla.
―Se tiraron encima mío.
Shouto se acerca a él, lo abraza por atrás y apoya su cabeza en su hombro. Katsuki está lavando lo que usó, son pocas cosas, pero tarda más de lo necesario en hacerlo. El cuerpo de Shouto se siente cálido contra él y le gusta mucho, siempre le gustó, pero ahora no puede evitar estar tenso. Sospecha que él sigue dormido, porque nunca solía actuar así, aunque también puede ser porque lo haya extrañado.
Espera que haya sido así.
―¡Arghh! ¡Mis ojos! ―exclama Touya, ya que es el primero en entrar a la cocina.
Shouto suelta Katsuki y se echa en la mesa.
―¿Y los demás? ―pregunta sin girarse.
Touya se encoge de hombros, mirando su celular. Quedan un momento en silencio, los tres, hasta que Katsuki se gira, enojado.
―¿Qué te dije de encogerte de hombros? ¡No puedo verte!
―¡Diablos, eres peor que mamá!
―¿Eres peor que mamá? ―Shouto se estira y lo mira, curioso.
―Tú ―lo señala―, pon la mesa, y tú, ve a llamar a tus hermanos.
―Ughhh ―Touya se arrastra, quejándose y asegurándose que Katsuki lo escuche.
―¿Touya siempre fue así de…? ―pregunta Shouto, a su lado, cuando el otro desaparece.
―¿Adolescente? ―Katsuki bufa―, fue tan gradual que, cuando nos dimos cuenta, era tarde.
―¿Y Natsuo? ¿Está igual?
―¿Igual a qué? ―cuestiona él, entrando a la cocina. Ninguno contesta y él frunce el ceño―, bueno, disculpen mi intromisión cuando hablan de mí.
―Nah, es más como tú ―dice Katsuki y Shouto asiente, dándole la razón.
Natsuo los mira con sospecha, pero no dice más porque le agrada lo que escuchó. Un rato después, Touya y Fuyumi bajan y los cinco desayunan. Katsuki nota el cambio de ambiente que hay, porque pasó mucho tiempo con ellos solos, pero ahora, la presencia de Shouto hace un mundo de diferencia. ¿Cómo? No está seguro, porque todos discuten como siempre, Fuyumi sigue mirando su celular sin parar, Natsuo y Touya se patean bajo la mesa, y él está en silencio, pensando en Shouto, solo que en este momento, lo tiene a su lado, y él apoya su mano en su pierna y su cabeza en su hombro.
Y ronca.
―¡Puta madre! ¡Deja de dormir!
A las ocho en punto, todos se van a la escuela, dejándolos solos. Katsuki da vueltas de un lado a otro porque quedarse quieto está fuera de la mesa. Shouto lo sigue, de un lado a otro, porque no sabe bien qué hacer. Llega un punto en que Katsuki tampoco sabe qué hacer y terminan los dos en la sala. No entiende qué le pasa, porqué la idea de estar a solas con él lo pone tan consciente de sí mismo y nervioso, como también lo enoja apenas.
―¿Vemos una película? ―Shouto lo mira, esperando su respuesta. Katsuki gira despacio, indignado de que le pregunte eso.
―No ―se levanta del sofá―, tengo que ir a clases.
Shouto lo mira confundido, pensando por un segundo que Katsuki ya se lo había mencionado, pero que él no lo había escuchado, hasta que se da cuenta que es la primera vez que lo dice.
―¿Clases? Creí que querías ser héroe ―el nivel de confusión de Shouto es tal que sorprende a Katsuki, pero él solo frunce el ceño.
―¿Y? No seré héroe para siempre.
―¿Por qué no?
La primera respuesta, la que más veloz en llegar a su cabeza, es porque no. Le sale natural llevarle la contra a Shouto, aunque no tenga tanto sentido. Lo mira a los ojos, debatiéndose en sí explicarse o no.
―Llegaré tarde ―dice en cambio, corriendo escaleras arriba. El otro no tarda en seguirlo hasta su propia habitación.
―Actúas raro ―se para en el hueco de la puerta. Mira su espalda, cruzado de brazos, mientras él guarda unos libros que hay en el escritorio.
―Claro que no ―responde Katsuki, frunciendo el ceño, cerrando la mochila.
―Claro que sí. ¿Es por-?
―Por supuesto que es por eso ―masculla. Se pone la chaqueta, la mochila en la espalda y lo mira―, y no quiero hablar ahora.
―¿Luego?
―Sí, nos vemos luego ―responde, haciéndose el tonto.
Sale de la habitación, dejando a Shouto solo. Se tira en su cama, sobre su cara. La casa está en silencio. Tan. Tan. Silenciosa.
Está aburrido. ¿Qué solía hacer en la montaña? Pues, el frío constante amortiguaba los pensamientos. ¿Quería pensar ahora? Pues, piensa todo el tiempo. Pero, ¿quería pensar ahora? No.
Todavía no.
Pasado el mediodía, Natsuo llega. Shouto sigue echado en la cama y, cuando lo ve pasar, se levanta de un salto.
―Bienvenido ―dice en la puerta. Él se está sacando los audífonos y da un salto cuando su hermano habla.
―Creí que no había nadie.
―¿Cómo te fue en la escuela?
Se encoge de hombros―, bien.
―¿Los demás?
―Fuyumi con su novio y Touya… ―se encoge otra vez―, por ahí, supongo.
Shouto asiente. Natsuo está mirando su celular, escribiendo un mensaje, ignorando a su hermano.
―Así que… ¿tienes hambre?
―Ah, Shou- ―mira su celular otra vez, escribe otro mensaje y luego gira a él―, voy a salir, en realidad. Vine a dejar la mochila. ¡Nos vemos luego!
Natsuo toma su chaqueta de salida a la puerta y Shouto lo sigue.
―¡E-Espera! ―su hermano gira a él y Shouto se toma un segundo para pensar que debió pensarlo mejor―, uh, tú, uhh, ¿cenarás aquí?
―No lo sé, luego te aviso.
Se queda al principio de las escaleras mientras su hermano baja y se va, dejándolo solo otra vez. Shouto suspira y vuelve a echarse en la cama.
Katsuki llega poco menos de una hora después de que Natsuo se fuera. Sube, y tira su mochila sobre Shouto.
―Ow ―Katsuki se vuelve cuando escucha el quejido.
―¿Te desperté?
―Puede ser ―se gira en la cama a él―, ¿qué tal tus clases?
Tiene sus brazos abiertos, esperando a que Katsuki se acueste con él. Bosteza y sus ojos están cerrados, por lo que se pierde la expresión de duda de él. Antes de que los abra de vuelta, se tira sobre él, quitándole el aire de los pulmones.
―Eran tutorías.
―¿Recibes tutorías? ―lo mira confundido y Katsuki levanta la cabeza para mirarlo molesto.
―Las doy, tonto ―vuelve a acostarse y bufa―, recibir tutorías, hmp.
―Bueno, lo siento ―ríe apenas. Un brazo de Katsuki está entre sus pechos y el otro, caído sobre su cintura, mientras que una mano de Shouto está debajo de él y la otra acaricia su espalda despacio―, ¿qué tal las tutorías, entonces?
Él gruñe, cansando.
―Los adolescentes no se esfuerzan en nada.
Katsuki suspira la última palabra con molestia y el silencio los envuelve. La mano de Shouto deja de moverse y él sospecha que se quedó dormido otra vez, pero eso no es suficiente como para que se levante. Siempre le pareció curioso cómo podían pasar horas en esa posición y que Shouto nunca se quejara de que su brazo se había dormido.
―¿En qué piensas? ―murmura él, tomándolo por sorpresa.
―En… ―frunce la nariz, desechando sus pensamientos―, nada. ¿Tienes hambre?
―Podría comer.
Tardan un poco en bajar porque tienen flojera de levantarse. Entran en la cocina y Shouto se sienta sobre la encimera mientras Katsuki se asoma dentro del refrigerador. Está algo vacío, tendrán que hacer compras pronto.
―Sabes, Natsuo fue el único que vino y se fue cinco minutos después ―Katsuki hums―, ¿suele estar tan vacía la casa?
―¿Tal vez? ―se encoge de hombros―, tienen sus propias rutinas, supongo.
Katsuki saca unos huevos del refrigerador y los pone junto al otro, mientras recoge el resto de cosas que necesita. Este silencio, cree Katsuki, es el primero normal que tienen. No es incómodo, no es molesto, es su silencio, de cuando él no tiene ganas de hablar y Shouto no tiene nada qué decir.
―Te extrañé ―suelta, entonces, en voz tenue, sin mirarlo―. En la montaña, no podía pensar en… nada, pero siempre pensaba en ti.
―¿Algo interesante? ―se mofa.
―¿Quieres que entre en detalles? Pues ―balancea las piernas y mira al techo―, cuando despertaba, pensaba en que no tendría frío si estuvieras ahí; cuando me acostaba, en si ya estarías durmiendo; cuando tenía hambre-
Katsuki lo mira, con una ceja levantada en curiosidad y Shouto lo mira de vuelta, pensando lo mismo.
―No me interrumpas, por favor ―se adelanta y él sonríe y asiente―. Cuando tenía hambre, pensaba "oh, seguro Katsuki le pondría más picante".
―Eso te habría mantenido caliente ―murmura, una sonrisa en su rostro, guardándose el comentario de que seguro que su comida había sido una mierda.
Shouto sonríe, complacido, porque él ya no tiene su rostro tan serio. Se pregunta si debería esperar más tiempo antes de seguir hablando, pero piensa que, si lo hace, nunca más lo dirá.
―Tienes que regresar ―susurra, mirándolo de costado, para parecer convincente y no que lo dice a la fuerza.
―¿A dónde? ―frunce el ceño, confundido.
―A tu casa. Tus padres te extrañan.
Katsuki deja lo que hace y gira por completo a Shouto, quien mira más allá de él.
―¿Quieres que me vaya?
―Pues-
―Porque no lo haré ―se cruza de brazos, queriendo mostrarse firme, probando si de verdad quería que se fuera.
―Se nota que llevas demasiado tiempo aquí ―se baja de la encimera, parándose frente de él y le pone las manos en los hombros―, I mean, claro que no quiero que te vayas, pero-
―Ven conmigo ―escapa de los labios de Katsuki, sin tiempo de pensarlo. Frunce el ceño de inmediato y suspira―, no quise…
―Me encantaría ir ―pero no puedo, no hace falta que lo diga en voz alta.
Shouto lo abraza. Rodea su cuello con sus brazos y Katsuki se derrite en su hombro. Siente cómo le acaricia la espalda, haciendo círculos. No es descabellado lo que dice, extraña a su familia y a sus amigos, pero siente, en lo más profundo de él, que si se va ahora, las cosas cambiarán.
Revuelve la salsa, otra vez, cuando Fuyumi entra.
―Ya llegu- ―frunce el ceño apenas―, ¿hay olor a quemado?
Shouto suspira y apaga la cocina.
―Sabe bien ―murmura para él, encogiéndose de hombros, y le pone la tapa, después gira a ella―, bienvenida.
―Gracias. ¿Estás haciendo la cena? ¿Y Katsuki?
―Se fue ―pasa de largo de su hermana hasta la alacena, buscando un paquete de fideos. Cuando se vuelve, ella lo mira, asombrada.
―¿Pelearon? ―él niega―, ¿estás bien?
―Claro, ¿por qué lo dices?
―Tienes- tienes un paquete de harina en las manos ―él entorna los ojos, mirando el paquete como si fuera su culpa su equivocación―, como sea, invité a un… amigo a cenar.
―¿Tu novio? ―regresa a la alacena y saca un paquete de fideos. ¿O tal vez debería usar dos?―, ¿un paquete alcanza para todos, o debería sacar otro?
Fuyumi no responde y Shouto se vuelve, con los dos paquetes en la mano. Tiene el teléfono en la oreja, escuchando un mensaje de voz.
―Lo siento, ¿qué decías? ―Shouto levanta los dos paquetes y ella se encoge de hombros―, no lo sé, pregúntale a Katsuki.
Shouto frunce el ceño―, no voy a llamarlo para preguntarle eso.
―Envíale un mensaje.
―No voy a preguntarle, puedo hacerlo solo ―Fuyumi suelta una risita y él gira a ella, frunciendo el ceño―, ¿qué? Puedo hacerlo solo.
―Claro que sí, Shou ―ríe un poco más y comienza a irse.
―Ah, ¡Fuyumi! ―asoma la cabeza por el umbral―, ¿a qué hora viene tu… amigo?
Ella entorna los ojos, molesta y avergonzada, pero responde―: en un rato.
Son casi las siete y media, es temprano para la cena. Su madre debe estar por llegar. Se encoge de hombros, ¿cuánto tardan los fideos en cocinarse? La verdad es que tiene hambre, por lo que, deja el agua en la cacerola lista, sin prender el fuego, y pone la mesa. Un plato para su madre, otro para él, Touya, Natsuo y Fuyumi, y uno para Kat- el amigo de Fuyumi. Genial. Perfecto. Tenedores, vasos… ¿qué más va a la mesa?
Escucha las llaves en la puerta, su madre. Deja lo que hace y pone los fideos, ambos paquetes.
―Bienvenida ―dice cuando ella pasa por el umbral de la cocina. Se devuelve y entra.
―Hola, cariño ―ella le deja un beso en la sien mientras Shouto revuelve los fideos―, ¿tú estás cocinando? ¿Y Katsuki?
―Se fue ―repite y pone la tapa en la olla. Se cruza de brazos, mirándola a su madre, pero luego entrecierra los ojos, sintiendo que olvidó algo. Se vuelve a la cocina, veloz, y revisa el quemador, que está apagado―, mierda.
―Ay, Shouto, cariño, tenías que poner los fideos cuando el agua hirviera…
―Oh ―murmura, pero se encoge de hombros―, ¿quieres té?
―Claro ―se quita la chaqueta y se sienta en la mesa―, entonces, ¿se fue Katsuki? ¿Pasó algo?
―Le dije que debería volver a su casa.
Rei va a decir algo, pero suenan otras llaves en la puerta. Es Touya, acompañado de otra voz que no es Natsuo. Antes de que ellos lleguen al umbral de la cocina, Fuyumi está corriendo escaleras abajo.
―Keigo ―Shouto y Rei se miran, sorprendidos del tono moderado (restrained tone) de ella―, no sabía que vendrías con Touya.
―Pues, Fuyumi ―ambos fruncen el ceño, porque el tono es muy impropio de Touya―, nos cruzamos cuando terminaron las actividades de club y me contó que vendría a cenar a casa, cosa que no tenía idea yo.
―Esto- ¿esto está tenso? ―murmura Shouto a su madre y ella ríe apenas.
Se siguen escuchando los cuchicheos desde la cocina, pero ni Rei ni Shouto prestan atención. Ella está sentada en la mesa, esperando el té; Shouto mira olla, tratando de recordar las indicaciones que Katsuki le había dado más temprano. El agua del té hierve y antes de pensarlo dos veces, Shouto se asoma a la entrada.
―¿Alguien quiere… té?
Sus hermanos giran de inmediato a él. Touya tiene el brazo encima de los hombros de chico y Fuyumi tiene su mano sobre su muñeca. Las dos manos de él están en sus bolsillos.
―No ―responden Fuyumi y Touya al unísono, en tono molesto. Shouto mira al muchacho del medio, Keigo, y él se encoge de hombros, sonriendo.
―Claro, suena bien.
Shouto asiente y regresa a la cocina. Rei pone la tapa a la cacerola y Shouto entorna los ojos.
―Yo estoy cocinando.
―Lo siento, lo siento ―ríe y regresa a sentarse―, pero creo que va a sobrar comida.
―¿Mucha? ―ella hace un gesto de más o menos―, bien, tendré almuerzo, parece.
Fuyumi y Keigo entran en la cocina y se sientan en la mesa; Shouto no lo ve, pero escucha los pasos de Touya corriendo escaleras arriba, luego el thud de su mochila siendo tirada a la mierda, y ya está de vuelta. La mesa de la cocina es redonda, Fuyumi está sentada junto a su madre, como siempre, y Keigo junto a ella, en el lugar de Natsuo. Cuando Shouto va a sentarse, ve que su propio lugar está ocupado por Touya, al lado de Keigo. Le deja una taza de té al invitado y frunce el ceño apenas.
―¿Quién eres tú? ―Katsuki hubiera reprendido esa pregunta tan grosera, pero, en su defensa, Katsuki no está y eso lo vuelve impune.
―¡Shou! ―reprenden sus hermanos, curiosamente defensivos de Keigo.
Él se levanta, las mejillas apenas rosadas de la vergüenza, pero no pierde la fachada de confianza. Se inclina hacia Shouto y luego lo mira a los ojos.
―Keigo Takami, soy amigo de… uhhh… ―alterna la vista entre Touya y Fuyumi, y se vuelve a él, sonriendo no tan seguro―, ¿amigo de Natsuo?
Fuyumi rueda los ojos y Touya bufa.
―Oh, ¿y Natsuo? ―murmura mientras revisa su celular.
Ninguno de los presentes responde y Rei frunce el ceño, preocupada y ansiosa, a pesar de que trata de ocultarlo.
―¿Nadie lo vio hoy?
―Yo, pero dijo que no sabría si vendría a cenar…
―Está en la escuela ―responden Touya y Fuyumi al mismo tiempo, luego de algunos segundos. Él abre la boca, para seguir, pero ella se adelanta―, tenía actividades extras.
Shouto los mira con detenimiento y descubre, con horror, que ya no puede discernir si sus hermanos mienten o no.
La verdad es que Natsuo sabía qué pasaría esa noche, por lo que fue inteligente y dijo, no, señor, yo valoro mi salud mental. Había ido a cenar a la casa de otro amigo, pero se había olvidado de avisar.
Shouto preparó fideos para siete y resultaron ser cinco. Bastante bien para ser su primera vez. Bien en eso solo, porque los fideos estaban remojados y no hervidos y, créeme, eso hace mucha diferencia. Sumado a eso, tenían el bello tinte de la salsa ligeramente quemada. En fin.
No fue tan malo.
Keigo era una persona interesante y simpática, algo que sorprendió a Shouto porque ya olvidó lo que es interactuar con una persona nueva por primera vez. Le pareció notar a sus hermanos… raros. Fuyumi no era madura, como siempre, y Touya no era pesado, como siempre. Actuaban como adolescentes normales- ¿o tal vez ya actúan así? Luego le preguntaría a-
Sí. Luego le preguntaría Katsuki.
―Es un niño simpático Keigo ―murmura Rei. Los tres están arriba, jugando con los videojuegos, mientras él lava los platos y su madre lo ayuda―, ha venido otras veces, le trae la tarea a Touya o la acompaña a Fuyumi.
―Ah- ¿crees que esté saliendo con Fuyumi? ―Rei ríe y Shouto la mira, sin entender.
―Creo que es un poco más complicado, cariño.
Quedan en silencio. Se escuchan los gritos de arriba y el chapoteo del agua mientras él lava. Se pregunta porqué su mamá sigue ahí, de seguro está cansada por el trabajo, pero la respuesta llega cuando se aclara la garganta.
―Lo que pasó esa vez- es complicada la situación ―la mira de reojo, ella seca los platos que él deja escurriendo y los guarda―. Trato de hacer las cosas bien, de solucionar todos los errores que cometí, pero…
―Es difícil ―murmura Shouto y Rei suspira con una sonrisa.
―Es difícil. Lamento lo que pasó, pero la verdad ya no sé si fue algo malo o bueno.
Si se pone en el lugar de su madre, supone que es algo bueno para ella, porque ya no tiene que cargar con ese secreto. Y si se pone a pensarlo aún más, también se daría cuenta que lo peor que pudo haber pasado, ya pasó, porque a quien más le dolería descubrir que su padre es un villano es a él. Por más que no quiera admitirlo o aceptarlo, sus hermanos siempre lo vieron a Shouto como un ejemplo a seguir, pero el ejemplo a seguir de él siempre fue la ilusión de su padre.
A sus hermanos no les importa su padre. Lo bien que hacen.
―¿Crees que-?
―No ―interrumpe―, ¿decirles la verdad? No me parece…
No le parece relevante, le parece que eso seguirá alterando y afectando las vidas de todos. Lo que odia de saber, es que se encuentra en esos dilemas. No sabe qué es lo mejor para ellos, no tiene idea cómo reaccionarán, no sabe si van ignorarlo, si van a enojarse, si van a huir, no sabe si saber les arruinará la vida o si la ignorancia sea peor. Después de todo, estando de vuelta en casa, ¿le gustaría nunca haberse enterado y seguir como siempre?
Nunca creyó en el destino ni en que las cosas pasan por una razón. Las cosas pasan y ya, a veces aprendemos, a veces no, y eso es todo. Saber que su padre es una persona horrible no le enseña nada. ¿No seguir los pasos de su padre? Lo más probable es que no lo hubiera hecho, aunque él resultara ser la persona más honorable en la tierra, porque es su vida.
―No lo sé ―sus palabras quedan en el ambiente. Se sigue escuchando el ruido arriba, el agua correr y el choque de la vajilla, todos sonidos suaves, pero él se siente susurrar, usar una voz calmada porque la situación ya no lo enfurece ni le despierta ninguna emoción trascendental―. No quiero decir que no me importa tu vida, porque no es así, pero ya no… ya no me incumbe, mamá. Creo que todos somos grandes y puedes tomar decisiones pensando en lo que tú quieres.
No está seguro de lo que dice, no sabe tampoco si eso es lo que ella quiere escuchar, no sabe si él mismo cree todo eso, pero es lo que le sale; lo que logra formular del que antes era un torbellino de pensamientos e ideas, pero que ahora está en la mismísima calma.
―Si me preguntan, les responderé con la verdad, lo que sea.
Termina de lavar y cierra la llave del agua. Gira a ella, pero Rei no lo mira.
―No estoy enojado contigo, ni tampoco creo que debas pedirme perdón. Entiendo que trataste de hacer lo mejor que pudiste.
Nunca le gustó hablar. Esas charlas corazón a corazón, siempre las odió, porque le resulta difícil identificar y expresar lo que siente y piensa. Siente que esa conversación salió bien, pero todavía no termina de procesar sus propias palabras, de si lo que dijo era verdad o si solo fue un rejunte de cosas que escuchó en la televisión que su cerebro estrelló juntas.
Nunca le gustó hablar porque después siente angustia, sentimiento que tardó mucho en reconocer y darle un nombre, y que aún no logra entender porqué lo siente.
―Hola.
―Hola ―responde, cerrando la puerta de su habitación y tirándose en su cama―. ¿Llegaste?
―Hace algunas horas ―la voz de Katsuki es suave, seguro sus padres ya están acostados. Siempre le sorprendió lo temprano que cenan y duermen ahí―. ¿Qué tal la cena? ¿Quemaste la cocina?
―No, solo la salsa. Diría que excepcional, para mis estándares.
―Qué envidia ―responde con sarcasmo.
―Mis hermanos invitaron a alguien a cenar, uh, ¿Keigo? ―Katsuki hums del otro lado―, fue raro. Buen niño, pero rara cena. Todos preguntaron por ti.
―¿Ah, sí?
―Sí, y tampoco me tenían fe para preparar la comida. Natsuo se la perdió. No sé a dónde habrá ido, pero creo que Fuyumi y Touya lo encubrieron. O tal vez, estaba de verdad en la escuela. Estaban buenos los fideos, un poco quemada la salsa, pero buenos. Debería pensar en qué preparar mañana. ¿Tal vez debería dedicarme a esto? Es decir, a estar en casa y esas cosas. Podría hacer un curso por internet para aprender a cocinar.
Odia esto. La angustia crece más y más, y la voz en su cabeza que, en un principio, era un murmullo, ahora retumba casi tan alto como su propia voz. Lo peor es que solo está posponiendo todo. Tiene que hablar, tiene que decir las cosas, y la avalancha de tonterías que suelta ahora son su recurso desesperado para evitar llegar a eso.
Pero lo peor-peor de todo es que Katsuki lo sabe. Lo conoce y su silencio es para darle lugar a que hable cuando esté listo.
Katsuki nunca lo presionó. Siempre fue paciente con él, y si bien él era el mayor, Katsuki cambió tanto para ser el maduro de los dos. Le parecía curioso, porque cuando lo había conocido, no le había dado esa impresión. Era ruidoso y malhumorado, y saltaba de la efusividad a la furia en dos segundos, pero ahora no. Se pregunta cuándo cambió tanto y la respuesta es todo el tiempo. Cambió, pero a la vez, no. No lo entiende, no puede entender ni explicarlo, es- Katsuki cambió como todos lo hacen, como él también lo hizo y seguirá haciendo. Podría decir que su cambio más grande, que todas dificultades para hablar y los sentimientos negativos que tiene son por su padre. Eso marcó un antes y un después en él, pero no. Nunca supo hablar. Siempre tuvo sentimientos negativos. Lo que es ahora, siempre lo fue, pero tal vez lo tenía muy enterrado dentro suyo como para darse cuenta.
¿Se habría dado cuenta Katsuki?
Cierra la boca y respira profundo. ¿Cuándo fue la última vez que lloró? ¿Cuándo se sintió así de abrumado? ¿Cuándo sintió todo tan… claramente?
¿Claro? ¿Es esa la palabra?
―¿Shou…? ―Katsuki llama, tentativo. No debe saber que está llorando, tal vez se lo imagina, tal vez no.
―Te amo.
―No debí haberme ido ―responde de inmediato y siente la ansiedad en la voz del otro y se siente reír apenas.
―Es-está bien, Katsuki. Está bien. Es… hablé con mi mamá un poco, sobre lo que pasó. Y no sé- es decir ―suspira y cierra los ojos―, no sé. Antes, mi cabeza estaba llena de ruido, constante, pero ahora, está en silencio, y no sé qué decir, ni qué piensar.
―¿Estás bien?
―Sí.
―No me mientas, la puta madre.
Ríe suave―, estoy mejor.
―¿Quieres que vuelva?
―Por supuesto ―es como suspirar después de haber aguantado la respiración por mucho tiempo. Es tan fácil decir lo que siente, que no recuerda porqué pensaba que era mala idea―, claro que quiero que vuelvas, pero cuando tú quieras volver.
Se pregunta qué expresión estará haciendo. ¿Estará preocupado? Bueno, él siempre se preocupa. ¿Estará molesto? Bueno, siempre está molesto.
―Me refiero a que vuelva antes, tonto ―masculla. Molesto, parece―. No tengo nada qué hacer aquí, y me atraso en las tutorías, de todas formas.
―Son excusas ―sonríe apenas―. No te preocupes, estaré aquí cuando vuelvas.
Siempre lo ponía nervioso hacer cosas que nunca antes había hecho, por el simple hecho de que no se imaginaba en lo más mínimo en cómo hacerlo. Odiaba- y odia, hablar porque no sabe cómo se hace, no hay una reglamentación ni guía de Cómo Hablar. Pero la forma más fácil de hacerlo es simplemente soltar lo que tiene y hacerlo, y si se equivoca, intentarlo otra vez. Lo descubrirá en la marcha, está seguro.
Se fue porque no sabía cómo lidiar con eso, y se equivocó, y Katsuki lo trajo de vuelta para que lo intentara otra vez. Sigue sin saber qué hacer, pero lo va descubriendo en la marcha.
Y, ahora, descubrió que cuando no tienes la más mínima puta idea de qué hacer, solo tienes que decirlo, porque alguien más te podrá aconsejar.
―Promételo, bastardo.
―Lo prometo, chispita.
¡Gracias por leer!
Si les gustó, pueden mirar mi perfil, porque tengo más tdbk(?)
Saludos.
