Adivinen quién terminó su trabajo más rápido que Cheetu... pues yo no xD

Las clases se suspendieron a causa de una tormenta que al parecer durará varios días :S Así que aproveché para escribir :D

Gracias a todas por sus buenos deseos, me esforzaré al máximo en mi tarea.

P. D. Sony, por alguna razón creo que FF te odia xD


—Usaremos mi Hide and Seek como base de suministros. Además —añadió Knov—, recomiendo que el equipo médico se quede a la espera allí. Me adelantaré y marcaré puntos claves para que los demás sean capaces de refugiarse ante cualquier irregularidad.

—Espera un momento —dijo Leorio—, ¿no es mejor que Ponzu y yo nos encarguemos de prevenir a la gente sobre la selección?

—Yo lo haré —intervino Killua—. Soy más rápido que ustedes.

—¿Desde cuándo tú das las órdenes, mocoso?

—Estoy de acuerdo con él —mencionó Ponzu a favor de Leorio.

—¡No es tiempo de envidias!

—¡Eso debería decirlo yo! —contraatacó el médico—. No te quieras llevar toda la gloria. Es mi trabajo el salvar vidas.

—Desgraciadamente no es algo que vayamos a hacer —Knov interrumpió la inútil pelea—. Avanzarán lo más rápido que puedan sin hacer contacto con los ciudadanos.

La reacción negativa de la mayoría no tardó en aparecer.

—¡¿Qué?!

—¡Eso es ridículo! —Leorio gritó molesto—. ¿Nos estás diciendo que dejemos morir a esa gente?

—¡No podemos permitir eso! —apoyó Knuckle.

Knov suspiró.

—En base a la información que nos han brindado, el enemigo hará una contramedida. Al final, será una pérdida de tiempo, el enemigo sabrá de nosotros, y no salvaremos a nadie.

—¡Aun así…! —Leorio apretó sus puños.

—Debemos pensar fríamente para salvar al mayor número de personas posible —comentó Shoot con su pasividad tan característica.

La idea no era para nada agradable, pero no discutirían más en este momento. Había demasiada información que tenían que objetar y analizar para tomar una decisión. Por algo habías hecho que Gon escribiera todo lo que le explicaste, ya que tú no estarías para hacerlo, y habría detalles que todos debían de saber.

.

.

.

—Las cosas quedan así por el momento —dijo Morel después de haber digerido y discutido el cómo procederían—. ¿Alguna queja?

—Demasiadas para mencionarlas —masculló Leorio.

—Bueno, es mejor ir preparándose —Ponzu se levantó y le lanzó una mirada a Leorio para que hiciera lo mismo y dejara de discutir.

Poco a poco cada uno de los presentes se fue retirando.

—¿Qué piensas de esto? —preguntó Morel sosteniendo la libreta de Gon, cuando él y Knov quedaron solos.

—Si el Presidente confía en ella, entonces es una fuente confiable —contestó el de lentes—. Sin embargo, conocer cierta información no siempre hace que las cosas funcionen, muchas veces es contraproducente.

—Tienes razón —rio el hombre—. Pero sí que ayuda bastante en algunos casos.


—¿Crees que alguien la haya visto?

—Si se dirige a Peijing como nosotros, hay una alta probabilidad de que pasara por aquí —Killua respondió aclarando la duda de Gon—. Sólo hay que preguntar a la gente correcta.

Gon empezó a preguntarles a todas las personas que se encontraba si te habían visto por ahí. El albino se dio un golpe en la frente; su amigo a veces era demasiado ingenuo. Sin embargo, notó a alguien un tanto nervioso por las preguntas de Gon. El sujeto trató de evadirlo y tomar otro camino, pero Killua se lo impidió.

—¿Qué sucede? —interrogó con tono inocente.

—N-nada.

—¿Estás seguro que no has visto a nadie parecida a ella? —Gon insistió al darse cuenta de la mentira del sujeto.

—N-no quiero meterme en asuntos que no me corresponden.

—Creo que es demasiado tarde para eso —Killua acercó sus garras al cuello del hombre, que se paralizó por el contacto—. Habla.

—L-la recuerdo p-por el hombre extravagante que iba con ella… Unas cuantas calles más adelante, los m-miré cuando iba hacia mi trabajo. De repente él la atacó… y yo hui del lugar... ¡Es todo lo que sé! —El hombre habló con rapidez al sentir las garras hundirse más en su piel—. M-más tarde lo miré de nuevo, p-pero ya no estaba la chica con él… ¡Lo juro!

—¿Cuándo fue eso?

—T-temprano en la mañana.

—Killua…

—Lo sé —Retiró su mano, no mataría a nadie por más deseos que tuviera de hacerlo. El hombre salió corriendo en cuanto lo hizo—. No era tan complicado decírnoslo.

—Killua… crees que…

—No —lo cortó rápidamente—. Es imposible. Es una ciudad pequeña, un asesinato ya se sabría a estas horas.

Gon apretó sus puños.

—Hay que apresurarnos.

—Bueno, esto podría ser bueno para nosotros —Killua puso los brazos detrás de su cabeza relajado—. Es demasiado lenta, será más fácil para nosotros alcanzarla.

—Mataré a Hisoka… —Si el Zoldyck hubiera estado tomando agua, la habría escupido en toda la cara de Gon. Nunca había escuchado algo tan frío por parte de él—. No lo perdonaré si le hizo daño.

El cuerpo del albino volvió a tensarse.

—Yo tampoco… «No quiero perder a ninguno de los dos.»


Te recargaste en el tronco de un árbol respirando con pesadez. Tu corazón latía con fuerza, y no sólo por haber caminado horas, sino también por el nerviosismo de estar en medio del bosque sola en mitad de la noche. Definitivamente esos no eran tus planes, pero Hisoka tuvo que arruinarlos. O quizá tú fuiste muy susceptible con él.

«Mugre payaso psicópata.»

Te sujetaste el cuello recordando lo que había pasado; todavía te dolía, y sentías la sensación de sus dedos asfixiándote. No necesitabas un espejo para saber que tenías marcas de sus uñas.

Miraste de un lado a otro con ansiedad, asegurándote que no hubiera nadie a tu alrededor. No supiste ni cómo ni cuándo lograste cruzar la frontera sana y salva, pero lo habías hecho. Ahora el problema sería el avanzar. Todo se miraba tan fácil en tu mente: Escapar con Hisoka, luego escapar de Hisoka con alguna patética excusa como que tenías que ir al baño y, finalmente, usar uno de tus portales para llegar a Peijing rápidamente. Las dos primeras fases si las lograste, no como pensaste, pero daba igual. Sin embargo, la última parte no te estaba saliendo para nada bien.

Cuando imaginabas el palacio en base a lo que habías visto en el anime, tu energía no fluía y no se habría ningún portal. Eso mantuvo tu mente ocupada todo el transcurso del día.

Cerraste tus ojos intentando vislumbrar la imagen otra vez. Nada. No pasaba nada. Estabas en un bloqueo total.

«¿Por qué? ¿Por qué no puedo?» —Te lamentaste—. «¿Será porque no estoy segura de ir? No, la primera vez que enfrenté a Straid también estaba indecisa, y aun así pude hacerlo» —Abriste tu mochila y sacaste a Betsy—. Dime la respuesta Betsy.

Tal vez es porque jamás has estado en ese lugar —te contestaste a ti misma con voz más aguda.

—Eso es absurdo… Debe haber otra razón.

Porque eres una idiota.

—Eso sonó a algo que diría Killua… Espera, ¡Killua! —Observaste con detalle al peluche. Era de color azul como los ojos de Killua y, aunque sus ojos eran negros, sentiste una similitud con la mirada aterradora del albino—. Ya no serás Betsy, te llamaré Killua… «Killua bebé».

N-no me gusta ese nombre.

—Entonces «Kil-tsundere».

I-diota —Comenzaste a reír por tu estúpida imitación—. No… solo Killua es perfecto —Entre tus risas se escaparon algunas lágrimas—. ¿Puedo abrazarte?

Antes de que «Killua» pudiera responderte, un sonido te hizo ponerte en alerta. Alguien se estaba acercando. Te pusiste en cuclillas y acercaste tu mano lentamente hacia el arma que sobresalía de la mochila, haciendo el menor ruido posible. Cada parte de tu ser palpitaba a la espera agobiante. Estabas sola. Nadie vendría a ayudarte si algo malo ocurría. Ni Gon, ni Killua, ni Leorio. Los abandonaste, y ahora tendrías que arreglártelas tú sola.

«Respira, (T/N), respira.»

Los pasos se alejaron, dejando de escucharse poco a poco. Suspiraste aliviada.

Pero fue muy pronto para eso.

Algo viscoso se entrelazó en tu tobillo y te arrastró haciéndote gritar de sorpresa. Era una Hormiga Quimera, parecida a un sapo y otro animal que no lograste identificar. Te estaba arrastrando con su lengua hasta sus dientes afilados. Trataste desesperadamente de sujetarte a cualquier cosa; planta, roca, lo que fuera. Pero todo era inútil.

—Estaba muriendo de hambre —lo escuchaste murmurar entre sí.

Tu arma, ¿dónde estaba?

«Allí.»

La divisaste a unos centímetros de ti. Estiraste tu brazo lo más que pudiste para alcanzarla y comenzaste a apretar el gatillo para dispararle a esa cosa; sin embargo, debido a que no habías retirado el seguro, ninguna bala salió.

Te acercabas cada vez más a su boca, estando más cerca de esos colmillos que marcaban tu muerte a un ritmo alarmante. No obstante, a diferencia de dejarte dominar completamente por el pánico, te desconectaste, no sintiendo absolutamente nada; el mundo deteniéndose un instante. Pero no viste tu vida pasar frente a tus ojos. No… Lo que miraste fueron tus manos sujetar con firmeza el arma, quitarle el seguro con maestría y disparar justo cuando llegaste a los pies de la criatura.

La explosión del cañón te aturdió.

El sonido agudo en tus oídos nubló tanto tu mente que no fuiste capaz de sentir cuando el cuerpo de esa cosa te cayó encima. Te quedaste quieta un momento, observando el cielo. Sentiste algo húmedo propagarse por tu ropa.

«¿Estoy muerta?»

El oxígeno inundó tus pulmones. Los sutiles sonidos de la noche te despertaron.

«No.»

Abriste desmesuradamente tus ojos al percatarte del peso sobre ti. Te arrastraste torpemente hacia atrás, liberándote. Observaste el cadáver y unas horribles náuseas te invadieron. Te levantaste después de desechar lo poco que habías comido, tomaste tus cosas rápidamente y huiste de aquel sitio. Lejos del olor a muerte.

.

.

.

.

«No era un humano, no era un humano.»

Limpiabas con histeria tu ropa en un pequeño estanque que encontraste, sin lograr que esas manchas desaparecieran.

«No era un humano, no era un humano.»

Mojaste tu cara para tranquilizarte. No eras una asesina, lo hiciste para defenderte. Esa cosa no era humana.

«Pero alguna vez lo fue.»

Te quedaste quieta, observando las ondulaciones blanquecinas del agua, causadas por la tenue luz de la luna. ¿Qué sentido tenía lamentarse si planeabas hacer lo mismo con una persona de verdad?

«No puedo hacerlo.»

No eras como Kurapika. Por más que odiaras a alguien no podrías arrebatarle la vida. Por más malvado que fuera, no podrías hacerlo. Te diste cuenta de eso.

Te acomodaste en posición fetal cerca de una roca y sacaste la única compañía que tenías.

—Lo siento mucho, Killua. Al final… terminé siendo el «Sasuke» de la historia.

Lo abrazaste y te dormiste, pensando en si así se sentiría recibir un abrazo del verdadero Killua.