No tengo idea de dónde esté. No siento ninguna parte de mi cuerpo, más que lo abstracto de mi mente. Es un sentimiento relajante; una libertad esporádica; un hecho esotérico. No siento miedo.
No siento nada.
Nunca imaginé que mi vida cambiaría tanto. No creo que nadie en el mundo lo haga. Siempre pensamos que lo extraordinario, lo trágico o lo desconocido les pasa a todos, menos a nosotros. Y cuando algo así te sucede… no sabes cómo reaccionar. Y cuando llega el momento de actuar, te preguntas si eso es lo correcto. ¿Pero lo correcto en base a qué, o a quién? ¿Actúas bajo tu propio juicio o al de los demás? Siempre me dije que hacía lo que yo quería, pero no era así. Y las personas que dicen lo contrario, también están equivocadas.
Cualquier niña es feliz en los brazos de su padre. La sensación de volar, al estar en lo alto de sus brazos mientras giran en la sala, te hace sentir la persona más importante del mundo. Y entre más alto vueles, más dolorosa es la caída.
A los siete años fue la mía.
Esa figura paterna desapareció de golpe, estrellándome en el frío suelo. Pero papá nunca dijo por qué, y tampoco mamá. ¿Quién se tomaría la molestia de explicarle a una niña? Creo que ya no se llevaban bien, jamás estaban de acuerdo en nada, salvo no decirle a su propia hija por qué papá decidía abandonarla.
«Todo estará bien, (T/N).»
No. No lo estuvo.
Nuestras acciones siempre son influenciadas por personas, cercanas o no, desde que somos conscientes.
A los once años mis influencias comenzaron a crecer.
Mamá conoció al reemplazo de papá. No me agradó. Pero mamá era feliz, y yo tenía que serlo también… ¿verdad?
«No te preocupes, todo saldrá bien.»
No. No lo hará. ¿Y sabes por qué?
Porque ya lo viví.
Después del nacimiento de mi primer hermano todo cambió. Mamá me preocupaba. Un día le pregunté por qué dejaba que aquel hombre le gritara, y me respondió que no me metiera en cosas de adultos. Porque era una niña, y las niñas tienen que actuar conforme a su edad. Porque era la hermana mayor, y tenía que actuar como tal. Obediente y discreta. Callada y serena. Porque, aunque no lo quisiera, tenía un nuevo papá. Porque… ¿quién le preguntaría a una niña qué es lo que quiere?
A los quince años entré en mi falsa libertad, creyendo que al fin había desarrollado el valor de expresarme.
Qué equivocada estaba.
Ese valor, era solo el reflejo de mis amigos que continuaban actuando como adolescentes. Seguía sin ser yo. Lo único que cambió en mi hogar fue el nacimiento de mi segundo hermano, y el estrés de no ser una buena hermana.
«Estarás bien. Te pondrás bien.»
No. Cállate. No lo estará.
A los diecisiete me perdí de vista totalmente.
A los dieciocho no tenía idea de qué hacer con mi vida.
A los veinte todo se destruyó.
«O todo comenzó.»
Sentí algo suave y cálido recorrer el lugar donde debería estar mi cabeza.
«Ha sido difícil, ¿cierto?»
Sí. No tienes idea cuánto.
Pero no importa. No importa. Porque a nadie le importa. Y a mí tampoco.
«Ya no estás sola.»
¿Cómo lo sabes?
«Porque yo estoy aquí.»
Poco a poco fuiste perdiendo la insensibilidad que abrazaba tu cuerpo, y sentiste con más claridad las tiernas manos que te sujetaban. Apreciaste la humedad en tus párpados al abrirlos, causada por los ojos café que te observaban de cerca, o por los tuyos propios.
—Perdón… —sollozaste—, por no ser una buena hermana. Por no poder salvarlos… de aquel horrible lugar…
—No… Shhh… Duerme, tienes que descansar.
Gon no se separaría de ti hasta que la medicina hiciera efecto, así que te acompañaría en tu tormento causado por la fiebre.
—Debí hacerlo… pero no quería que pasaran lo mismo que yo…
—Está bien, no te culpamos —Apretó más tu mano y se inclinó para besar tu frente—. Eres la mejor hermana del mundo, ¿lo sabías? —susurró.
—No… —Curvaste ligeramente tus labios, dejándote llevar por el sueño nuevamente— Ahora podré descansar bien…
—Duerme.
—Gon…
—¿Sí?
—Perdóname… por no poder salvar a Kite desde un principio… No me odies, por favor.
—Jamás lo haría.
—Killua… —suspiraste—. Killua…
—¿Sí?
—Me gusta decir tu nombre —sonreíste entre sueños—. Killua… gracias, por estar siempre a mi lado… Te quiero más que a Kurapika, pero… no se lo digas a nadie…
—No te prometo nada —Gon sonrió de igual forma.
Al observar tu semblante más relajado, él también se relajó, pero sin apartarse de tu lado. Habían pasado tanto tiempo juntos, y apenas ahora podía comprender el dolor que llevabas dentro de ti. Los amigos tienen que conocerse, tienen que hablar del dolor que sienten, porque si no lo hacen, entonces ¿cómo podrán ayudarse?
—Lo más probable es que se sienta mejor mañana en la mañana —Meleoron habló desde una de las esquinas de la habitación, trayendo a Gon de vuelta a la realidad—. ¿Por qué no descansas? Me quedaré haciendo guardia.
—No —contestó inflexible—. Así estoy bien.
La Hormiga se encogió de hombros. Al parecer todos los humanos con los que se encontraba eran igual de obstinados. O demasiado fieles a sus creencias.
Las suaves cosquillas en tu cuello te despertaron, y aunque odiabas que lo hicieran, la risa que te provocaban ahogaban todo signo de enojo. Sin embargo, tu risa se detuvo al percatarte que algo estaba sobre tu pecho. El nombre del médico pervertido fue lo primero que cruzó tu mente. Abriste tus ojos como si alguien hubiera lanzado un grito de guerra. Tu vista capturó inmediatamente el techo de madera; después, se trasladó a la persona que estaba a tu lado, el causante de esas cosquillas en tu cuello y el pervertido que estaba tocando tu…
«Oh, solo es Gon.»
Te calmaste al fijarte que era tu pequeño duende el que estaba cómodamente dormido sobre ti.
«Un segundo… ¡¿Gon?!»
¿Qué demonios hacía él allí? Se suponía que debía estar con Leorio y Killua. Te sorprendiste tanto que por impulso quisiste ponerte de pie con un salto; no obstante, las reacciones del menor estaban más desarrolladas que las tuyas, por lo que antes de que pudieras siquiera enderezarte, te volvió a acostar sujetándote por los brazos.
—¿Mmh? ¿(T/N)? —Parpadeó confundido—. Me asustaste —sonrió.
—¿T-te asusté? —dijiste con un ligero tic en el ojo—. ¿Yo?
—Sí —contestó con un puchero—, no deberías despertar a las personas de ese modo.
Antes de que pudieras reclamarle y decirle hasta lo que no por la indecorosa posición en la que estaban, a Meleoron se le ocurrió aparecer.
—¡A-ah, disculpen! —exclamó nervioso—. No sabía que ustedes… ¡No quería interrumpir!
Estaba de más decir que los colores se te subieron hasta el punto de sacar humo por las orejas.
—No es lo que parece —tartamudeaste, arrojando a Gon hasta la pared—. ¡No llames a la policía! Él es el que estaba arriba, no yo.
Meleoron se cubrió los oídos con indignación.
—¡No puedo creer que esté escuchando esto! No quiero saber cómo lo estaban haciendo.
Ahora fue tu turno de taparte los oídos.
—¡Ahhh! ¡No digas eso! Me meterán al bote*.
—Eso fue algo rudo de tu parte, (T/N) —Gon se sobaba la cabeza por el golpe que se dio, no enterándose—como siempre, de lo que hablaban.
—Disculpa que te diga esto, pero no eres muy…
—¿Estás diciéndome gorda? —interrumpiste con un aura asesina mientras te acercabas a la Hormiga.
—No, estaba diciendo que eras muy…
—¿Gorda?, ¿y que por eso no cabría en un bote?
—N-no… quería decir que no eras tan pequeña para… Oye, ¡suéltame! —Meleoron trataba de salvarse de tus golpes—. ¡Niño, tranquiliza a tu novia!
—(T/N) no es mi novia —contestó el aludido, sin comprender aún por qué de un momento a otro estabas tratando de ahorcar al camaleón—. Es la novia de Killua.
Ese comentario tuvo más efecto que si Gon te hubiese sujetado para detenerte.
—N-n-no-novia… —Te ruborizaste a más no poder—. Killua y y-yo no… n-no somos… n-novios.
—¿Eh? Pero si se besaron.
—¿N-nos b-besa...? ¿Eh? ¿Cómo lo…? ¡¿Ehhhh?! ¿Cómo demonios lo sabes?
—Es secreto —Gon respondió poniendo el dedo índice en sus labios y guiñando el ojo.
Te cubriste el rostro con tus manos por la vergüenza. Gon lo sabía, y de seguro le había contado a todo el mundo. Es más, la noticia seguramente ya había llegado a oídos de Kurapika; tal vez primero por los de Senritsu, pero qué importaba, ya todos sabían de tu crimen.
—«Illumi va a asesinarme» —pensaste mientras imaginabas las formas crueles en las que el hermano mayor de los Zoldyck te torturaría por haberle quitado la castidad a su hermanito—. ¡Fue un accidente! ¡Que quede claro que fue un accidente! —Sacudiste de manera violenta a Meleoron.
—¡Y a mí qué me importa! —gritó molesto, alejándose de ti.
Gon dejó salir una carcajada.
—Perdón —dijo al ver tu mirada molesta, al parecer estaba divirtiéndose demasiado para tu gusto—. Es solo que me alegra ver que estás bien.
Desviaste la mirada un poco avergonzada. Te despertaste algo fuera de lugar, así que no le habías dado prioridad a la presencia del joven Cazador.
—¿Qué pasó? —preguntaste para que te explicaran las cosas que habían sucedido, no solo en el lapso que duraste inconsciente, sino desde que te habías separado de ellos.
El primero en hablar fue Meleoron.
—Te enfermaste. Algo lógico a mi parecer, haz estado comiendo puros dulces —No quiso comentar sobre tu desgaste físico y mental, eso era algo que tú comprendías mejor que nadie—. Esta cabaña la usaban como almacén, así que te traje aquí para que descansaras; sin embargo, empeoraste considerablemente —Soltó un gran suspiro—. Créeme, si no me hubiera encontrado con Gon, no sabría qué hubiera hecho contigo en ese estado.
—¿Tan mal estaba?
—Bueno, dijiste algunas cosas… —carraspeó interrumpiéndose a sí mismo—. Los dejaré solos un momento, creo que tienen cosas que hablar —diciendo esto salió.
Te quedaste parada en medio de la habitación observando las cajas viejas que abarcaban casi todo el espacio. Te fijaste que una de las esquinas estaban algunos de tus suéteres en el suelo, como si fueran una especie de sábana. La chaqueta de Gon también estaba tirada, seguramente te había cubierto con ella por la noche.
—Lo lamento —Gon y tú dijeron al unísono—. Tú no tienes por qué disculparte —mencionaste sonriendo ligeramente.
—Te equivocas —respondió mirándote con solidez—. Soy el único que tiene que hacerlo. De no ser por mí… Si no te hubiera presionado tanto, tú no estarías pasando por todo esto.
—Gon…
—No. Escúchame —Te interrumpió antes de que tú lo hicieras—. No me di cuenta de lo que te estaba haciendo. A Killua y a ti los he arrastrado en mis decisiones egoístas. Si vinieron a NGL fue por mí.
—Eso no es verdad, Gon… Bueno, en parte sí, pero… Lo que trato de decir, es que a nosotros también nos importa Kite. Somos un equipo, ¿recuerdas?
—¿Entonces por qué te alejaste?
—Bueno… eso…
No pudiste sostenerle la mirada. Eras como un niño que sabe que merece el regaño de un padre por hacer algo indebido. Les hablaste tanto sobre estar siempre juntos, y fuiste la primera en hacer lo contrario.
—¿O es que no nos consideras tus amigos? —mencionó quedamente.
—¡No! —respondiste rápidamente—. No es eso, ustedes son los mejores amigos que he tenido —Mordiste tu labio, insegura de continuar—. Es solo que… su amistad es tan bonita, que a veces siento envidia… por no formar parte de ella —Parpadeaste varias veces para secar las lágrimas que comenzaban a acumularse en tus ojos. Esto de sincerarse era más difícil de lo que pensabas—. La única egoísta aquí he sido yo, por tener esta clase de sentimiento. Querer salvar a Kite, o a todos yo sola, cuando te había dicho a ti que no pensaras así, solo muestra la horrible persona que soy. Actuando con intenciones ocultas, no queriéndome sentir una inútil. Solo he estado haciéndome la importante.
—(T/N), en verdad eres una cobarde.
—Lo sé —Era duro escuchar esas palabras de él, pero sabías que tenía razón—. Querer quitarles el papel protagónico es estúpido.
—En realidad no quieres ver lo importante que eres para nosotros. Tienes miedo de hacerlo y de tener que lidiar con esos sentimientos —Gon se acercó a ti y entrelazó su mano con la tuya—. ¿Sabes? Killua dice que está molesto contigo, pero sé que realmente está muy triste. Pude verlo en su mirada, así como puedo verlo en la tuya también —Se quedaron en silencio varios minutos, contemplando aquello que se escondía en lo profundo de sus ojos—. Siempre habrá un papel protagónico en nuestras vidas para ti. Deja de negarlo.
—Gon… —Lo abrazaste con fuerza, preguntándote cuántas veces habías llorado frente a él sin sentirte débil. Era como si de alguna forma, te diera la fuerza que necesitabas—. Siempre terminas siendo el que me consuela, ¿en qué papel quedo yo?
—En el de la hermana llorona.
—¿Y ahora eres el bromista?
—Siempre lo he sido —mencionó frotando su nariz en tu hombro.
—No te limpies en mí, no soy un pañuelo.
—Mi cabello tampoco lo es.
—No seas llorón.
Ambos se separaron y unieron sus meñiques, recordando la promesa que hace tiempo habían hecho.
—¿Fierro pariente?
—Fierro pariente.
Chocaron sus puños mientras reían como dos idiotas.
—(T/N) vuelve a escena, motherfuckers —Te limpiaste las lágrimas con tu brazo—. «Apenas, a mis veintiún años, conocí a las mejores personas del mundo… Y no pienso perderlas.»
*En México se utiliza la palabra "bote" para referirse a la cárcel. Aunque aún no me queda claro el por qué xD
Hoy actualicé un poco más temprano yaaay Y con un capítulo un poco más largo que de costumbre, doble yaaay *sonidos de grillos* ¿Alguien ha leído Bajo la Misma Estrella? *(...)* T_T
Leorio: Jajaajajaja nadie te quiere porque no he salido.
Yo: Eso quisieras.
Hisoka: Pienso que faltan más escenas XXX entre (T/N) y Killua.
L: ¿Más? Si no ha salido nada de ellos desde su "beso" JAJAJAJA
Y: ¬¬
H: Algo de sometimiento no estaría mal...
Illumi: Buena idea, sometamos a (T/N) *aura asesina*
Y: *se pone un bigote falso* No le des ideas -_-'
H: Lo siento... :')
Y: *susurrando* Eres un maldito traidor, no te daré ninguna escena.
H: *quitándole el bigote* ¿Decías?
Y: Está bien ¬¬
H: Qué bueno que nos entendamos, tengo toda una lista de sugerencias...
