Buenas noches a todos ._./
Una disculpa por no haber actualizado, pero tenía demasiados trabajos por realizar. Tenía planeado subir este capítulo cuando terminara el siguiente, sin embargo no quería dejarlos abandonados más tiempo xp
Espero lo disfruten, cada vez nos acercamos más al final T_T
¡Osu!
Gon te había contado el estado actual, los movimientos y planes que habían realizado desde que te separaste de ellos. En este momento estaban divididos. Knuckle, Shoot, Ponzu y Pokkle se encontraban al Este de Gorteau; su misión principal era acabar con la Hormiga Libélula y con Cheetu, pero ya que Gon no se había comunicado con ellos, no tenía idea de su situación. Morel y Knov se habían adelantado para tratar asuntos políticos en la capital; este último les abriría una puerta que condujera directamente al palacio, aunque la fecha en la que lo haría no era conocida por el pequeño Cazador. No te sorprendía, no era de las personas que prestaban mucha atención a los detalles. Por último, se suponía que el equipo conformado por Gon, Killua y Leorio avanzaría por el Oeste; su principal objetivo era recaudar información y derrotar al mayor número de Hormigas que se cruzaran en su camino antes de reunirse con los demás. Sin embargo, algunas cosas se habían salido de control.
—¿Entonces de qué sirvió todo lo que les dije? —Te cruzaste de brazos molesta—. Si les dejé toda esa información fue para que salvaran a la gente de aquí, no para que fueran a pelear contra el Rey.
—Fue decisión de Knov y Morel —comentó Gon—. No podíamos desobedecer sus órdenes… Por lo menos al principio.
Lanzaste un bufido, era increíble que incluso con tus increíbles «predicciones» no te hubieran hecho caso. Bien, admitías que tal vez no estaban muy bien respaldadas, pero jamás mentirías ni inventarías cosas así. Era indignante que no te tuvieran confianza.
Aunque la culpa era en parte tuya. Pensabas acabar con todo rápido y que ya no hubiera más heridos, pero como ya habías comprobado, las cosas no siempre salen como se tienen planeadas.
—Y ¿dónde están Leorio y… Killua? —preguntaste un poco nerviosa, más por las reacciones que el segundo podría tener. ¿Y si ya no quería hablar contigo jamás?
—¡Oh, es verdad! —exclamó el niño mientras sacaba el celular de su bolsillo—. Tengo que avisarles.
—E-espera —Lo detuviste antes de que marcara algún número.
—¿Qué pasa? —Te miró confundido; luego soltó una pequeña risa al darse cuenta de tu temor—. No te preocupes, se alegrarán cuando se enteren de que estás bien.
Agachaste la mirada, aún con esa angustia de haberlos abandonado.
—Si no quieres continuar —Gon prosiguió con tono dulce—, lo entenderé. Nosotros te protegeremos.
Lo meditaste por un momento. Podías quedarte detrás de ellos, sin hacer nada más que esperar y rezar que las cosas salieran bien. Sin embargo, no querías volver a ser la misma cobarde de siempre, y aunque fuera difícil dar el primer paso, y sobre todo arreglar el desastre que habías causado, seguirías hacia adelante.
—Aunque es una oferta muy, muy tentadora, no pienso retroceder —Retiraste con lentitud tu mano para que Gon pudiera hacer la llamada—. No voy a huir. Enfrentaré las consecuencias de los actos que he realizado.
—Lo harías tarde o temprano.
—Prefiero tarde… —murmuraste, pensando en lo que le dirías a Killua una vez que lo vieras—. Haz esa llamada ya, antes de que me arrepienta —Lo apuraste sacudiendo tu mano.
Gon obedeció, marcó el número y lo puso en altavoz para que pudieras escuchar. Los primeros tonos que hacían saber que la llamada estaba en proceso te hicieron morderte las uñas. ¿A quién había marcado primero? ¿A Killua? ¿Leorio?
La voz que se escuchó al otro lado de la línea calmó un poco tus nervios.
—Estaba a punto de llamarte.
—¡La encontré, Leorio! —mencionó con emoción el niño.
Las exclamaciones que realizó el médico seguramente te hubieran dejado sorda si el teléfono hubiera estado en tu oído.
—Puedo escucharte fuerte y claro, Leorio —dijiste a modo de queja—. Y, por cierto, me encuentro perfectamente bien, gracias por preguntar.
—¿Sabes todos los contraataques que podría hacer en este momento? Tengo mucho material para ganar las batallas verbales… ¡¿De qué estoy hablando?! ¡No es tiempo para esto! —suspiró con pesadez. Algo te decía que no estaba para bromas, o por lo menos, algo serio mantenía su mente más ocupada—. Pásame a Gon.
—Está escuchando.
—¿Qué sucede? —inquirió el Cazador, lanzándote una mirada de intriga.
Leorio exhaló ruidosamente, como si no encontrara las palabras para hablar. Una ligera punzada te recorrió.
—No puedo comunicarme con Killua.
—E-espera, espera, espera —Ikalgo agitaba sus tentáculos en un intento desesperado por hacer retroceder al niño con intenciones asesinas—. Solo espera un momento.
—¿Por qué? ¿No era tu intención hacerme comida de tus amigos? —dijo con sarcasmo, señalando ligeramente con su cabeza la fosa de agua donde nadaban varias Hormigas a la espera de carne fresca—. Por cierto… ¿No eres un pulpo?
—¡Dije que soy un calamar! Soy Ikalgo, el calamar —recalcó con molestia.
—¿Cuál es la diferencia? —comentó el albino mientras arrojaba al suelo los tentáculos que le había cortado a la Hormiga con anterioridad—. Los dos tienen tentáculos y nadan en el océano.
—Hay un gran margen de diferencia. No me tomaré la molestia de explicártelo.
—No es necesario… porque pronto dejarás de hablar.
—¡Quitarme mis tentáculos fue venganza suficiente por haberte disparado! —Un sudor frío le recorrió la sien mientras hablaba—. Debía llamar tu atención de alguna forma.
—¿Y eso por qué?
—Eres uno de los humanos que vienen a derrotar a Straid, ¿verdad? —Al darse cuenta que había llamado la atención del niño prosiguió—. Estás con (T/N).
—¿Dónde está? —Habló por impulso, y se reprendió mentalmente por eso. Si se mostraba desesperado frente al enemigo, este tendría ventaja sobre él—. Si mientes, no dudaré en asesinarte —agregó, en un intento de recuperar el control de la conversación.
—¡Sí! —Ikalgo afirmó como si su superior le hubiese dado permiso para hablar—. Para serte sincero, no la conozco personalmente, sin embargo, Enyd nos pidió que nos reuniéramos con ella. Mi compañero y yo hemos tratado de juntarlos.
—No fue eso lo que pregunté —El celular de Killua no dejaba de vibrar, así que en un arrebato lo sacó de su bolsillo y lo aplastó. Miró a la Hormiga de tal forma que le hizo saber que no aceptaría más distracciones—. ¿Dónde está?
Ikalgo sudó frío por el aura tan tenebrosa que lo rodeaba.
—E-está con Meleoron, mi compañero. Te llevaré con ellos.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Nosotros podemos comunicarnos a través de telepatía. He estado al tanto de sus movimientos todo este tiempo. Tú amiga está bien.
Los hombros del albino se relajaron un poco. Estabas a salvo. Pronto te volvería a ver.
Chasqueó su lengua al fijarse cómo había dejado su teléfono. Ahora no tendría forma de comunicarse con Gon o con Leorio. Soltó un suspiro; eran raras las veces que actuaba sin darse cuenta.
—Si se trata de una trampa, te mataré al instante, ¿entiendes?
—Tienes mi palabra —mencionó la Hormiga con sinceridad.
Killua supo que podía confiar en Ikalgo, no solo por la referencia que tú les habías dado sobre las Hormigas que posiblemente se pondrían de su lado, sino por la pureza en su mirada. Algo que admiraba en secreto. La pureza que tú, Gon, e incluso Leorio poseían, y la cual Kurapika perdía. Eso que hacía que desviara la mirada por no sentirse digno de esa cualidad; aquello que quería proteger, al no ser capaz de poseerlo.
—Conozco un atajo por el cual podremos salir de aquí —decía Ikalgo mientras caminaban entre las estalagmitas de la cueva.
—¿Por qué me trajiste aquí? —preguntó de forma casual el albino— Pudiste hablarme con normalidad allá afuera, en vez de dispararme. Eso dolió.
—B-bueno… Estaba algo nervioso —rio con nerviosismo—. Además, no podía arriesgarme a que alguien más nos mirara. Se podría decir que hay una lucha de poder interno.
—¿Qué quieres decir?
—Las Hormigas leales al Rey son solamente su Guarda Real. Hay quienes miran al Rey como un títere de aquel hombre.
—Straid.
—Lo he visto una sola vez… Y no me quedaron ganas de volver a hacerlo. Hay algo inquietante en ese hombre.
—Supongo que lo siguen por temor. ¿Acaso es más aterrador que su propio Rey? —inquirió Killua, interesado en la información. No se había puesto a pensar mucho en lo que había detrás de tu llegada a esta dimensión. No podía ser una simple casualidad.
—No es una clase de temor que alguna vez haya sentido… Necesitas experimentarlo en persona.
—Bien, ya llegará el momento —Decidió terminar ese asunto al intuir que no sacaría más información—. ¿Quién más está peleando por el poder? ¿La traidora de Enyd?
—Realmente ella quiere destruir a las dos potencias.
—¿Nada más? —preguntó con sarcasmo—. ¿Quiere ser la nueva «Rey Demonio»? —Comenzó a reír por usar una de tus raras referencias, sin embargo, se calló al ver que Ikalgo ponía un semblante muy serio—. ¿Qué pasa?
—Solo nos tiene a Meleoron y a mí —Se posicionó frente a frente con Killua—. Salvó a alguien muy importante para él y para muchas otras Hormigas, pero la mayoría de ellas decidieron retirarse después de la muerte de la Reina. Es una persona solidaria. Le dio a alguien como yo esperanza.
—Yo conozco un lado diferente —Frunció el ceño—. ¿Por qué la sigues? ¿Por qué no huiste como las demás Hormigas?
Ikalgo cerró sus ojos, y los abrió después de un momento, observando al pequeño albino que estaba frente a él.
—Porque… me prometió que me haría renacer como un calamar.
—«¿Tan siquiera eso es posible?» —pensó con una gotita resbalando por su frente.
—Los calamares son hermosos, magníficos, casi divinos —decía la Hormiga con ojos brillantes—. Me dijo: «Ikalgo, si me ayudas, te haré renacer como el calamar más hermoso de todos. Ya no tendrás por qué sentirte avergonzado» —Se limpió las lágrimas que se formaron en sus ojos—. ¡La seguiré a donde sea, Enyd-sama!
—«No creo que lo haya dicho de forma literal… Como sea.» —Killua se encogió de hombros.
—Casi lo olvido —El pulpo recobró la compostura y le extendió un papel perfectamente doblado al albino—. Me pidió que le entregara esto al «chico de cabello blanco y mirada aterradora».
—Es un apodo demasiado largo —murmuró tomando la hoja. Sus ojos azules se abrieron con sorpresa al leer el contenido. Si lo que estaba escrito allí era verdad, entonces… Las cosas podrían volver a la normalidad—. Lo que dice aquí… ¿Ella te comentó algo?
—No. Solo me pidió que te lo entregara —Hizo un ademán de que había recordado algo más—. Mencionó en que eras el único en poder comprenderlo.
El Zoldyck arrugó el papel. Por supuesto que lo entendía, demasiado bien para su gusto. No sabía si agradecerle u odiarla por eso, pero de lo que sí estaba seguro era que esa mujer no le agradaba para nada.
Estaba a punto de guardar la nota en su bolsillo, cuando un sonido digital resonó en su cabeza. Casi al instante, su mano fue perforada por una especie de pez espada.
—«¿Qué demonios…?» —Antes de que pudiera pensar en algo más, otro pez se incrustó en su abdomen—. «¿Qué está pasando?»
—Los hermanos Ortho… —murmuró Ikalgo—. ¿Nos descubrieron?
—Vaya, vaya —Killua escuchó una voz, sin embargo, no pudo identificar al dueño—. Así que Ikalgo era un traidor. Rammot tenía razón.
—¡¿Dónde estás?! —gritó el albino.
—Tranquilo, niño. No hay forma de escapar de mi juego. Una vez termine contigo, seguirá ese asqueroso pulpo.
—Killua —Lo llamó Ikalgo tratando de ganar su atención—. No te muevas, conozco la habilidad de ellos y…
—Espera pulpo… Déjame esto a mí —sonrió de lado—. «Es hora de probar mi nueva habilidad.»
—¡Estoy tranquila! ¿Qué no miras?
—¡Solo puedo escucharte, y suenas bastante histérica!
—¡No me hables así, Liorio! Tú eres el único histérico.
—Cálmense los dos —intercedió Gon al ver como tú y Leorio perdían los estribos por no tener noticias de Killua—. Gritar no resolverá nada. Killua dijo que él se comunicaría con nosotros si algo importante pasaba, debe estar ocupado si no lo ha hecho.
Se escuchó un gruñido del otro lado de la línea.
—Tienes razón, Gon. Lo lamento.
—Sí, Gon, tendrías toda la razón si no supiera que algo malo pasa cuando Killua no responde —dijiste subiendo la voz con cada palabra que decías.
—(T/N) —habló Leorio—, tranqilízate. Así no podrás pensar bien.
—¡No hay nada que pensar! —Te levantaste y empezaste a caminar como león enjaulado—. Si mi presentimiento es correcto…
—Killua no es impulsivo como ustedes dos, sin ofender Gon —El aludido se rascó la cabeza dándole la razón—. No hay que imaginar el peor escenario, no es momento para alarmarse.
La puerta de la cabaña fue azotada, trayendo tu mirada y la de Gon al camaleón que entró por esta. En su tez verdosa se lograba identificar su palidez.
—¿Es momento de alarmarme?
En cuanto Meleoron dijo lo que temías, saliste corriendo, ignorando los gritos de todos. Lo único que invadía tu mente era el sitio donde Killua debía estar y, sin más vacilación, dejaste que la oscuridad inundara tu alrededor.
