Primero que nada una disculpa enorme por la demora. Creo que no había tardado tanto en publicar un capítulo... He estado lejos de FF por un tiempo y no hay excusa que valga la pena mencionar xD

Pero en fin, ¡he vuelto! Aunque no sé con cuánta frecuencia pueda actualizar, tengo algunos problemas en cómo desarrollar la historia de aquí en adelante, y no por falta de ideas, al contrario, mi cerebro sufre una saturación de información jajaja Hay muchas cosas que quisiera poner, al principio pensaba hacer este fic de pura comedia... no entiendo desde cuándo puse tanto drama jeje Y todas esas ideas ya no sé cómo ponerlas por esa misma razón, así que sí me tomo mucho tiempo pensando en cómo desarrollar los siguientes capítulos y por eso me he tardado tanto T_T

Por cierto, te deseo un súper feliz cumpleaños Ashiya-chan (súper atrasado también, perdón por eso T_T) Gracias a todos los lectores/ras por comentar y darme su apoyo :')

Espero disfruten el capítulo \(^0^)/

P.D. No soy muy buena en el romance xP


Acariciabas el cabello blanquecino de Killua, recargada en la cama con sábanas igual de blancas. Mientras él respiraba tranquilamente con un rostro relajado, tú no dejabas de estar preocupada por su estado. Ya había caído la noche y él todavía no despertaba.

Habías dejado a Gon y a Meleoron atrás, dejándote llevar por la horrible escena de Killua desangrándose. Hubieras preferido no presenciarla. La imagen de su cuerpo debajo de un charco de sangre que cada vez se expandía más y más te dejó inmóvil. Los pensamientos negativos que te inundaron en ese momento te hicieron susurrar un «no» sucesivo.

Él no podía morir.

Y, aunque sabías que no lo haría, el inservible «y si…» no abandonaba tu mente. No estarías completamente tranquila hasta que abriera sus ojos.

Dirigiste tu mirada hacia la esquina donde se encontraba Ikalgo durmiendo. Fue de gran ayuda. No hablaron de muchas cosas por la repentina situación en la que se encontraron, pero te contó sobre la batalla de Killua.

«Y dices que yo soy la imprudente… Aún hay cosas que debes aprender.»

En esa habitación llena de camillas de hospital y demás pacientes, solo escuchabas la respiración de Killua junto a la tuya.

Solo tú y él.

No importaba que el mundo entero se estuviese destruyendo allá afuera, porque en ese pequeño espacio y en los pocos centímetros que los separaban, todo estaba bien. Y de cierta forma era extraño. Extraña la manera en la que te sentías estando a su lado.

El papel de hermana mayor te lo tomabas muy en serio; a veces exagerabas y otras lo ignorabas por completo, pero siempre lo mantenías muy en claro cuando alguien quería pasar tu autoridad. En especial Killua. Siempre peleando entre ustedes y queriendo tener la atención de Gon. Sin embargo, ¿desde cuándo comenzaron las palabras bonitas y amables, y los sutiles contactos físicos?

«Tal vez despierte si le doy un beso como en La Bella Durmiente.»

Al instante enrojeciste. ¿Desde cuándo habían comenzado esa clase de pensamientos? ¿Desde que Gon dijo que eras novia de Killua? ¿Desde su pequeño incidente aquella noche? ¿Desde que Leorio mencionó que Killua estaba enamorado de ti? ¿O desde antes?

Culpaste a todos, menos a ti.

«Esto no es justo, tienes que despertar para que también te sonrojes, tonto. No se siente bien si soy la única que lo hace.»

Lo culpaste a él, por tener esa mirada tan penetrante que parecía ver tu interior, cada parte de ti que tratabas de ocultar. Notaste cómo cambió con el tiempo; de sospechosa a sarcástica, y de preocupada a tierna. Pero, ¿tú habías cambiado en algo?

Sí. Lo habías hecho.

«¿Qué me hiciste?»

Una lágrima se deslizó por tu mejilla mientras depositabas un suave beso en Killua.

No entendías por qué llorabas. No es que estuvieras triste, pero tampoco llorabas de felicidad. ¿Había un nombre para ese sentimiento entre la alegría y tristeza? Melancolía, tal vez. Pero… ¿por qué?

Quizá la respuesta estaba escondida muy dentro de ti, sin embargo, no te atrevías a dejarla salir. No aún. Querías seguir actuando como su hermana un poco más. Si desnudabas tus sentimientos por completo, no tendrías el valor de confrontarlo directamente, mucho menos controlar el nerviosismo de tu corazón.

«¿Por qué esto tiene que ser tan malditamente difícil?»

Delineaste con lentitud los rasgos del Zoldyck, bajando desde su frente hasta la punta de su nariz y deslizando tu índice hasta sus labios. Sonreíste al ver su nariz arrugarse por ese gesto. Por lo menos comprobaste que seguía vivo, estaba tan quieto que por un momento te hizo pensar otra cosa.

—Killua —susurraste—, ¿estás despierto? —Esperaste, pero no hubo respuesta. Soltaste un pequeño suspiro y volviste a acariciar su cabello—. Está bien… Duerme.

—No tengo sueño… —Si el lugar no hubiera estado en absoluto silencio, no habrías sido capaz de escuchar su voz.

Tu respiración se detuvo por un momento. Levantaste tu cara para mirar sus ojos azules. Deseabas tanto volver a verlos.

«Sigue dormido».

Volviste a tu posición anterior un poco decepcionada, tal vez estabas imaginando cosas. Sin embargo, ese extraño sentimiento de deja vú no desapareció.

—No volveré a irme —murmuraste.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo —Cerraste tus ojos con una sonrisa dibujada en tu cara.

«No estoy imaginando nada.»


Killua despertó de golpe junto con aquella sensación de haber dormido más de la cuenta. Sostuvo su cabeza con su mano. Había soñado contigo o, mejor dicho, recordó la primera vez que desapareciste y volviste aquella noche, cuando le prometiste que no volverías a irte. Quizá por eso lo había sentido tan real, pudiendo sentir la calidez de tu mano todavía en él.

Un ligero sonrojo pintó sus mejillas. Empezaba a alucinar. Juraría que antes de perder la conciencia te había visto venir corriendo hacia él.

—¿Cómo te sientes? —preguntó Ikalgo, sacándolo de su ensoñación.

El albino volvió en sí, recordando el tiempo límite que tenían para la selección.

—Pulpo, ¿cuánto tiempo he estado inconsciente?

—¡No me llames pulpo! —Ikalgo bufó molesto antes de recuperar la compostura—. Casi dos días.

—Tengo que irme —dijo levantándose—. Debo continuar con el plan.

—Espera —La Hormiga intentaba detenerlo mientras Killua se quitaba el catéter de su brazo—. Aún no te has recuperado completamente, casi mueres allá. Te trajimos a este hospital clandestino para tratarte.

—¿Mhn? —Un gesto de confusión se plasmó en su rostro—. ¿Trajimos? —murmuró el Zoldyck mientras miraba al pulpo con una ceja levantada—. ¿Quiénes?

—Tu…

—Ya le he dado mucha sangre, ¡¿acaso quiere matarme?!

Killua abrió los ojos al reconocer tu voz. Se dirigió con rapidez al sitio de donde provenía la riña que al parecer estabas teniendo.

Talló sus ojos con sus nudillos para comprobar que no estuviera soñando.

Allí estabas, a un costado de la mesa llena de recipientes, discutiendo con algún trabajador del hospital.

—Toda la sangre que donaste la utilicé en tu amigo —reprochaba la mujer con cabello de coco—. Si no tienes dinero para pagar los gastos médicos, entonces tendrás que llenar todos estos frascos con tu sangre.

—¡Son demasiados! —Te quejabas mientas mantenías doblado tu brazo derecho—. Moriré antes de poder llenarlos.

—Empieza a tomar líquidos.

—No es culpa mía que Garu nunca te haya hecho caso, Pucca. No te quieras desquitar conmigo solo porque soy joven y bonita.

—Cambié de opinión —dijo la doctora con una vena de enojo—. Me quedaré con tus órganos.

Antes de que pudieras decir algo, la mujer desvió su vista al niño que estaba en la puerta.

—No los dejaré ir hasta que hayan pagado en efectivo o con su cuerpo.

—No creí que esto fuera un prostíbulo —dijiste frunciste el ceño y siguiendo con la vista a la doctora mientras salía. Sin embargo, tu mirada se quedó fija en el par de ojos azules que te observaban fijamente—. Killua…

—(T/N).

Un silencio incómodo se formó entre ustedes dos. Paseabas tu mirada por la habitación pensando en qué decir. Era más fácil hablar con él cuando estaba dormido.

Cerraste tus ojos con fuerza.

—Yo… asesiné a alguien —Tus palabras salieron cargadas de culpa. Al mirar la expresión de Killua te diste cuenta que no se esperaba para nada esa confesión, ni siquiera tú imaginaste que eso sería lo primero que saldría de tu boca; una disculpa hubiera sido lo más normal. Sin embargo, era algo que tenías que dejar salir—. Sé que… era una Hormiga y que lo hice para salvar mi vida, pero… también sé que era un humano. Tal vez suene ridículo, pero no puedo ver a un animal hablando y no pensar que es humano. Dios, yo… pensaba también matar a Straid… a ese bastardo inhumano, pero… siempre hay «peros».

Apoyaste ambas manos en tu cuello intentando calmarte y hablar lo más claro posible. Si le contarías todo debías hacerlo con total sinceridad y sin enredos.

Al ver de nuevo a Killua te fijaste que este mantenía su vista en algún punto de la pared. No pudiste descifrar su expresión, y por un momento pensaste que sería mejor guardar silencio.

«No. Me escuchará, aunque tenga que obligarlo».

Respiraste profundamente para desaparecer el nudo que se empezaba a formar en tu garganta por el miedo.

—Mentí… acerca de Hisoka y de Las Arañas. Estaba asustada. Mucho. Y cuando… ellos me lastimaron pensé: «¿Por qué yo soy la que tiene que pasar por esto? Debería ser Straid el que esté sufriendo, no yo». Así que mi miedo se transformó en odio, y eso me hizo hacer un trato con ellos: Si mataban a Straid… yo los ayudaría.

Killua apretó su mandíbula, pero se abstuvo de hacer algún comentario.

—Fue estúpido, lo sé. Pero no podía pensar en nada más —Hiciste una pausa antes de continuar—. No quise… No quería preocuparlos. No quería que vieran el estado en el que estaba. Y encontrarme con Hisoka fue… No sé, la respuesta para escapar del desastre que había hecho. Él me dijo todo lo que Straid estaba haciendo, poniéndome en la mira de todos… Y eso me molestó aún más. Sabía que lo que estaba pensando no estaba bien, que ustedes jamás aceptarían que hiciera algo así —Deseabas que por lo menos te mirara, que hiciera alguna señal de que no te odiaba del todo—. Así que… Por favor, Killua, solo dime algo… lo que sea. Oféndeme, grítame… Si quieres que diga que es la peor decisión que he tomado, lo haré. Si quieres que te diga que han sido los peores días de mi vida, también lo haré… Porque es todo lo que siento. Estoy hablando con total sinceridad.

Estabas al borde del llanto y la desesperación por no obtener ninguna reacción por parte de él. ¿Y si ya era demasiado tarde para enmendar las cosas?

—En verdad eres una idiota.

El corazón casi se te sale de la emoción por esas simples palabras que te dirigió.

—¡Sí! —Asentiste con furor—. Lo soy, y también soy torpe e infantil y…

—Eres una idiota… —murmuró, acercándose más a ti con cada palabra que decía—. Una mentirosa… —Te obligó a retroceder hasta que tu espalda chocó contra la mesa, y al fin levantó su vista para encontrarse con la tuya—. Y una asesina.

Tu sonrisa se desvaneció al instante.

—Ah… S-sí… —susurraste.

Sentiste una punzada en el pecho. Bien, no esperabas un recibimiento con flores y chocolates… más esto era demasiado doloroso.

—Pero yo soy peor que tú —Tomó con delicadeza tu mano y recorrió las vendas que cubrían tus dedos—. Por más que me esfuerzo… jamás puedo protegerte.

Killua había dicho que esta vez no te perdonaría, no obstante, era a él mismo al que no podía perdonar. No era capaz de evitar que salieras lastimada.

—Creo que los dos somos un desastre —sonrió ligeramente, una sonrisa que reflejaba el dolor que sentía.

Él no te odiaba, se odiaba a sí mismo.

Y no permitirías que se sintiera así.

—Killua —Sujetaste con fuerza sus manos, haciéndolo mirarte con sorpresa—. No quiero que te esfuerces por protegerme. No quiero que intentes serme útil —dijiste poniendo tu mano en su mejilla—. Solo quiero que estés a mi lado para siempre.

Varios murmullos y gritos ahogados de sorpresa se escucharon. Volteaste a la puerta y miraste que tanto enfermeras como pacientes estaban amontonados observando la escena.

—Qué romántico.

—Nunca había visto a una mujer pedir matrimonio.

—¿Esto es legal?

—Estamos en un hospital clandestino, eso aquí no importa.

Ambos enrojecieron a causa de los comentarios y se separaron de inmediato.

—N-no lo dije d-de esa f-forma —decías mientras negabas con las manos.

Incluso Ikalgo los observaba con lágrimas de felicidad.

—¡Pulpo! —Killua lo señaló con molestia—. Sácalos de aquí.

—Entiendo —Ikalgo asintió con ojos brillosos—. Quiere privacidad para darle una respuesta.

—¡No es eso!

La Hormiga logró sacar a los quejumbrosos espectadores, dejándolos solos. Aunque el ambiente era ahora más incómodo.

—¿Vas a darme una respuesta?

—No empieces.

—Lo digo en serio —Te cruzaste de brazos.

«Después lo molestaré con este tema, pero por ahora quiero una respuesta.»

—Tú no tienes la culpa de lo que a mí me pase, no quiero que sientas que tienes esa responsabilidad.

—¡¿Ah?! ¿Escuchas lo que estás diciendo? —mencionó molesto—. Siempre diciendo cosas como esas, y al final eres tú la que te contradices. Qué tiene de malo que quiera protegerte… O acaso, ¿crees que soy un estorbo?

—No —contestaste con firmeza—. A eso me refiero, piensas cosas como «ser de utilidad» cuando lo único que tienes que hacer es estar a mi lado. No quiero que arriesgues tu vida por mí.

Killua lanzó un bufido de frustración.

—Eres tan… ¡Tan egoísta!

—Si es la manera en la que puedo tenerte a salvo seré lo más egoísta que pueda ser.

No querías que ninguno de ellos arriesgara su vida por ti. Mirar a Killua al borde de la muerte te hizo darte cuenta que de entre los cinco, tú eras la más débil, no solo físicamente.

—No quiero perderte…. —Las lágrimas comenzaron a acumularse en tus ojos—. Si algo malo te llegara a suceder, yo… no podría…

—¿Y crees que yo sí? —Apretó sus dientes antes de golpear la pared lanzando una maldición.

¿Por qué eras así con él? Lo desarmabas totalmente. No podía lidiar con tantas estupideces y darte la razón en todo. Deseaba tanto gritarte que estabas equivocada, que el querer protegerte no era tan simple como «ser útil» y tampoco era un acto altruista. Él era mucho más egoísta que tú.

—Bien, ¿quieres una respuesta? —murmuró, alejándose de la pared y acercándose a ti—. Está bien, me quedaré a tu lado… —Jaló del cuello de tu camisa para que quedaras a su altura—… Solo si prometes quedarte conmigo y no alejarte jamás.

La intensidad de su mirada no te permitió apartar la vista. El peso de sus palabras no te dejó alejarte. Lo único que pudiste hacer fue quedarte inmóvil, sintiendo el calor recorrer tu cuerpo hasta agolparse en tus mejillas.

—¿Eso fue un sí? —Se escuchó susurrar a alguien.

—Es el mejor sí que he escuchado en la vida.

—Shhh… no quiero perderme la escena del beso.

—¡Ahhhh! ¡Pulpo, ¿qué demonios te dije?!

Mientras Killua se encargaba de todos los imprudentes, tú te quedaste al margen, no pudiendo aplacar ese cálido sentimiento que burbujeaba en tu interior. Tal vez podrías ser completamente honesta desde ahora.

«Solo con él».


Nobunaga: ¿Cuándo volveremos a salir nosotros? Hemos estado en la banca por mucho tiempo...

Yo: No tengo idea, ustedes eran solo personajes extra.

N: ¡¿Qué demonios dijiste?!

Y: ¿De relleno...?

Feitan: ¿Sabes que podemos matarte?

Kurapika: Ustedes serán los únicos que morirán

Y: ¡Kurapika! Hace tiempo que no te veía, ¿viniste a rescatarme del Ryodan y de Illumi?

K: En realidad venía a preguntarte por qué no había aparecido en la historia.

Y: -_-'

Leorio: JAJAJAJAJA ¿Qué se siente que yo tenga más protagonismo?

K: Qué infantil.

L: ¿Qué dijiste, Kukaracha?

K: Infantil y sin imaginación.

Machi: Prepárate a morir, bastardo de la cadena.

Y: Wow, espera. Aquí están prohibidas las peleas.

K: La única que morirá eres tú.

L: ¿Es lo único que sabes decir? ¬¬

Hisoka: ¿Alguien dijo pelea?

Y: No -_-

Illumi: ¿Alguien dijo muerte?

Y: *huye por su vida*