Hola de nuevo queridos lectores/as!
Adivinen quién resucitó después de tantos años de hiatus! Siiiiii, actualizaciones locas con su escritora menos favorita xD
Y no, no es otro engaño como la nota de autora de la vez anterior, ahora sí les traigo un capítulo completo wujuuuu
Y como sé que no quieren leer mis excusas pues les dejo con la lectura.
¡OSU!
Sí, sabías que no era correcto mirarlo de esa manera, pero vamos, él estaba enfrente de ti estirando esos músculos tan bien desarrollados para su corta edad. Era culpa de Killua por haberse quitado la camisa mientras hablabas con él, ni siquiera te permitió terminar de decir la primera palabra.
«A todo esto… ¿qué es lo que le estaba diciendo?»
—¿Quieres que te traiga un balde? —El albino interrumpió tu alucinación con una mirada cínica—. Estás babeando.
Te cubriste con rapidez la boca tratando de limpiar cualquier rastro de evidencia; no fue hasta que el Zoldyck comenzó a reír que te diste cuenta que estaba jugando contigo.
—Para tu información no era la única que te estaba viendo —te defendiste intentando cubrir tu sonrojo—, el pulpo también lo estaba haciendo.
—¡No soy un pulpo! Además —comentó Ikalgo mientras se aclaraba la garganta—, mis motivos eran muy diferentes a los tuyos.
—¡¿Qué me estás tratando de decir?!
—Ni siquiera negó que estaba mirándome —murmuró para sí Killua, sonrojándose disimuladamente—. Idiota —Tomó aire antes de gritarles—. ¡Ya dejen de discutir! Hemos perdido bastante tiempo.
—Tú fuiste el único responsable de eso —replicaste cruzándote de brazos —. Si no hubieras luchado contra los hermanos de Aquaman ahorita estaríamos festejando nuestra victoria.
—¡Tú…! —Apretó los dientes y soltó un suspiro de resignación—. Da igual, pongámonos en marcha.
Sonreíste de lado mientras seguías a Killua.
Aunque solo habían pasado unos días, los sentiste como si fueran años por todas las cosas que pasaron una tras otra, sin embargo, ahora que estabas con el albino, parecía que el tiempo no había transcurrido en absoluto. No valía la pena mirar atrás y seguir arrepintiéndose de decisiones o situaciones que ya no podías cambiar, después de todo, aprendiste algo de esas experiencias. Lo importante ahora era concentrarse en el presente y en sus próximos movimientos: salvar a Palm y salir de Peijing antes de que el Presidente Netero y Zeno Zoldyck hicieran su movimiento.
Fácil.
«Ya que estaremos allí debería sacar también a esa mocosa… de cuyo nombre no me acuerdo…»
Hasta el momento no habías prestado atención al hecho de que el Rey mantenía a una humana con él. Con todo el asunto de Straid ya no estabas segura si Komugi había entrado en el juego o no. Su papel era muy importante y ventajoso para los tuyos. Es lo que le daba humanidad a la copia barata de Cell, haciéndolo solo un poco menos incontrolable.
Tu atención volvió de nuevo a Killua. Mantenía una conversación con Ikalgo, al parecer era esa charla de «los amigos no tienen que agradecerse» y blah, blah, blah. Reíste ante la graciosa escena del niño conversando con un pulpo que usaba un gorro y guantes como zapatos. En verdad Killua era amable, y había madurado mucho desde la última vez que lo viste.
Mientras tú te la llevaste arrepintiéndote y llorando de todo, él no descansó hasta encontrarte. Se mantuvo firme, exponiéndose al peligro por tu causa. Una extraña corazonada se incrustó en tu pecho, transformando tu sonrisa en una mueca amarga.
«¿Por qué se siente… como si fuera la última vez que lo vaya a ver?»
Se iba acercando cada vez más. Su respiración haciéndose más pesada con cada paso que daba, sintiendo el mismo suelo temblar bajo sus pies por la adrenalina y el temor fundidos. No debía flaquear, qué clase de Cazador profesional sería si se dejaba acobardar en estos momentos.
Respiró profundamente mientras observaba el palacio a unos pocos metros de él. Se había detenido para analizar cuidadosamente los próximos movimientos que haría, las consecuencias y los riesgos que podría haber. Debía acercarse lo más rápido posible antes de que el radar fuera activado nuevamente. No podía desaprovechar una oportunidad como esta.
—Si sigue por ese camino se va a quedar calvo.
El hombre de anteojos lanzó un ataque con su brazo por la sorpresa de la voz desconocida, sin embargo, antes de que pudiera tocarte, fue detenido por otra persona.
—Estamos en el mismo equipo. Tranquilízate —mencionó Killua mientras soltaba su agarre—. Y tú… —se dirigió a ti con una mirada de reproche—. ¡No hagas eso, puedes salir lastimada! ¿Acaso estás demente?
—Pues cómo tendrá la conciencia para que algo así lo asuste.
—Killua tiene razón —secundó Ikalgo—. Enyd-sama se pondría muy triste si algo le llegara a pasar.
—Enyd-sama, Enyd-sama —articulaste imitando al pulpo.
Knov se acomodó sus lentes y carraspeó para disimular el haber bajado la guardia.
—Veo que al final hiciste lo que te dio la gana —lanzó un comentario mordaz como último recurso.
Killua no solamente había desobedecido a los profesionales, tenía la osadía de aparecerse como si nada hubiese pasado y, si eso no fuera poco, había traído a una Hormiga con él. Aunque, al parecer, no había que preocuparse por eso.
—¿Ahora qué piensas hacer?
—¿Hola? —dijiste con sarcasmo—. Gusto en conocerte, Knov.
El Zoldyck puso sus manos detrás de su cabeza en un gesto despreocupado. Si se trataba de echar veneno él era el mejor.
—No lo sé, ¿el plan ha cambiado? Creí que estarías en la capital.
—¿Y yo acaso estoy pintada?
—El plan sigue en marcha, esta oportunidad es perfecta para abrir los portales que nos llevarán dentro del palacio.
Los dos Cazadores se lanzaron miradas retadoras, ninguno dando su brazo a torcer e ignorándote en el acto.
—Esperen un segundo —interrumpiste las chispas que comenzaban a formarse—, me he dado cuenta de algo horrible.
—¿Qué es?
«¿Ahora sí me presta atención?»
Killua tragó con dificultad. Conociéndote, lo más probable es que algo sumamente importante se te haya olvidado mencionar y hasta ahora se te ocurría decirlo. ¿Algún ataque enemigo?, ¿una trampa? Se puso alerta para cualquier cosa que fuera a suceder.
—¡Soy una copia de Knov!
—¿Eh?
—Sí, solo piénsalo —Te posicionaste al lado del hombre mientras lo señalabas—. Somos iguales, excepto por el peinado de Benito Juárez… ¡Pero ambos usamos portales! ¡Eso no es justo! ¿No se supone que era única y diferente? —dijiste haciendo una rabieta y pateando el tobillo de Knov.
—Qué demonios —exclamó el de lentes.
—No puedo aceptarlo… ¡No quiero quedarme calva!
—Más idiota no puedes ser, idiota —El albino interrumpió tus quejas con un golpe en la cabeza—. ¿Por qué eres así?
—Todo este tiempo he sido la sombra de alguien… Killua… —dijiste con ojos llorosos—, no quiero quedarme calva.
—Hay más probabilidad de que te quedes sin cerebro —murmuró—. Da igual, no hay tiempo para esto ahora. —Le dirigió una mirada completamente seria a Knov, atrayendo toda su atención—. Entraremos al palacio para sacar a Palm, nos reagruparemos después de eso.
El hombre acomodó sus lentes, se había acostumbrado a realizar ese movimiento cada vez que sentía frustración. Era una persona perfeccionista, y cuando las cosas no iban como las planeaba comenzaba a perder la calma.
—El trabajo de Palm es en parte esencial para esta operación. Si interrumpimos…
—Pues ya no es esencial— hablaste restándole importancia.
—¿Disculpa? —El hombre levantó una ceja, escéptico por tu comportamiento—. ¿Y quién eres tú para decidir eso?
Podrías haber brindado información para facilitar, de cierta manera, esta misión. Pero, a los ojos de Knov, eso no te daba el derecho de llegar de la nada y dar órdenes a diestra y siniestra. La actitud sabelotodo de los novatos lo irritaba a gran escala.
—(T/N) —contestaste con simpleza.
El Cazador esperó a que agregaras algo más.
—¿Debo estar sorprendido?
—Mmmm… pues no, solo soy (T/N). Ah, y este es Ikalgo —señalaste a la Hormiga.
—Hola.
A Knov se le empezaba a formar una vena de enojo en la frente. Esto era absurdo. Solo lo estaban haciendo perder el tiempo.
Ajustó sus lentes de nuevo.
—Ridículo. Eres solamente una civ…
Se detuvo a mitad de su frase, al fin notándolo. No podría llamarte una simple civil, no con esa total falta de presencia.
—Al fin te diste cuenta —dijo Killua con una media sonrisa—. Es nuestra mejor carta para una misión de infiltración.
—Esto sí que es decepcionante —mencionó el hombre pelirrojo mientras caminaba entre los miembros descuartizados de lo que fue su oponente—. Primero se me escapa (T/N), después me entero que Illumi no puede unirse a la diversión, y ahora me doy cuenta que las hormigas mutantes no son la gran cosa.
Se giró y le sonrió a los últimos restos de su enemigo, deleitándose ante la magnífica expresión que este ponía.
—¿Debería ir por el Rey?
La cabeza de Rammot solo pudo observar como la silueta de ese humano desaparecía lentamente, al mismo tiempo que su vida se extinguía para siempre.
Leorio: Vaya, parece que sí duraste mucho huyendo de la muerte.
Yo: ¡Leorioooooo! Jamás creí decir esto pero qué gusto verte de nuevo.
L: Eso dicen todas jeje
Y: ¿Tengo que tomarlo como algo bueno?
L: Sí. Pero volviendo al tema, ¿qué demonios te hizo Illumi para que desaparecieras tanto tiempo? Aunque no me quejo.
Y: Ignoraré lo último que dijiste -_- Pues verás... fueron cosas horribles que ni siquiera puedo mencionarlas T_T
Hisoka: No puede mencionarlas porque nunca pasaron :3
Y: ¡No hables Hiso-chan!
L: ¿Hiso-chan? ¬¬
H: Escritora-chan y yo estuvimos de "vacaciones" todo este tiempo ;)
Y: ¬¬
H: Pero volvimos porque me prometió darme más acción.
L: No puedo creerlo, ¡dejaste a todos aquí solo para escaparte con el loco! Por eso ya no habrá lectores aquí, los traicionaste.
Y: T_T Noooooooo, todo menos eso.
Illumi: Realmente estuvo en prisión, pero al parecer no aprendió nada.
L: Genial, ahora los psicópatas están apareciendo de nuevo :(
Y: 0_0 Hiso-chan, defiéndeme.
H: Ya hice lo que pediste :3 Ahora tendrás que darme lo que me prometiste.
Y: Leorio...
L: A mí ni me veas.
Y: *suspiro* Tendré que invocar a las Arañas.
L: Adiós tranquilidad...
