¿Pero qué es esto? ¿Doble capítulo? :0
Sus ojos no los engañan, indudablemente es capítulo doble! \(^0^)/
Un agradecimiento especial a todas aquellas que comentaron, me alegra saber que aún andan por ahí como yo jeje
Disfruten el capítulo n,n
Y esperen muy pronto el siguiente ;)
No necesitabas un espejo para darte cuenta que tu cara seguía roja. Aunque si era por vergüenza u otra cosa, de eso no estabas tan segura.
Era verdad que te gustaba mucho hacer enfadar a Killua, y más que eso, amabas hacer que pusiera cualquier tipo de expresión. No eras una pervertida como Hisoka, por eso no te daba pena admitirlo. Podría considerarse una especie de juego inocente. Muy inocente.
—Él es un mocoso precoz, cómo se atreve a decirme eso —Te cubriste la cara con tus manos mientras negabas con frenesí—. Bueno, ya sé que le dije algo parecido, pero en mi defensa le especifiqué que lo haría si estuviésemos solos.
No podías evitar que el corazón te latiera a mil por hora al recordar las palabras del albino. Sí, lo más seguro es que te lo haya dicho para ganar la discusión, sin embargo, ¿por qué estabas tan ansiosa?
—Además, ni siquiera lo hubiera hecho.
Una cosa era que tú jugaras a decirle que lo besarías, pero que él dijera que lo haría delante de todos si no le obedecías ya era sobrepasarse.
Tal vez ya habías cruzado una línea de la cual no podías retroceder para evitar ese tipo de situaciones y lo único que quedaba era hacerse la idea de un Killua más abierto. No obstante, ¿era lo correcto?
—¡Aaargghh! ¿Por qué siempre pienso tantas cosas a la vez? Si sigo así terminaré volviéndome loca.
—Creo que la mayoría ya piensa eso.
La voz tranquila de Palm te hizo recordar dónde estabas. Parpadeaste un par de veces para acostumbrarte a la oscuridad, pudiendo detectar las demás siluetas que te observaban con confusión. No las podías culpar, en un sitio tan tranquilo como aquel camión que las transportaba, que de repente alguien comenzara a divagar en voz alta, espantaría a cualquiera.
—¡Palm! —exclamaste como si apenas hubieras reparado en su presencia—. Pero qué gusto me da verte, bueno, distinguirte, realmente no te veo claramente. ¿Alguien podría encender una luz?
—Estoy por acá.
Te posicionaste rápidamente a su lado para disimular tu error.
—¡Paaaaaaalm!
—¿Qué sucede?
—¿Qué haces aquí? —lloriqueaste, limpiándote los mocos en su regazo.
—Yo debería preguntar eso —contestó sin inmutarse por tu comportamiento.
—Me conmueve mucho que hagas todo esto por mí —comenzaste a hablar mientras tratabas de ver sus ojos en la oscuridad—, pero es demasiado peligroso. Sé que eres una Cazadora fuerte, sin embargo, hay cosas con las que no podrás lidiar tú sola allí dentro. Aunque en verdad valoro que te arriesgues de esta manera por mí sin habernos conocido por tanto tiempo, ahora te puedo llamar mi mejor amiga…
—¿De qué hablas? —cortó tu inspiración la mujer—. Mi maestro me pidió personalmente esta misión, me dijo que era la única que podía hacerlo. Él es tan increíble y guapo…
Los corazones comenzaron a llenar el camión. Sí, esa era la Palm que conocías.
«La traición, la decepción, hermano.»
—¡No puedo creer que me cambies por un hombre!
—¡¿Aahh?! ¡Knov-sama no es cualquier hombre!
La tranquilidad empezaba a desaparecer poco a poco a causa de su absurda discusión. Ikalgo, quien se había mantenido al margen—como la mayoría del tiempo, se dispuso a intervenir para continuar con la misión que Killua les había dado.
Porque en ojos del pulpo, Killua era el jefe por ser el más apto de todos ustedes.
—Señoritas —carraspeó—, creo que estamos a punto de llegar a nuestro destino.
El movimiento del camión se detuvo, corroborando las palabras de la Hormiga.
No lo consideraste una situación de vida o muerte, ya que no sería una Hormiga Quimera lo que te encontrarías del otro lado. Aun así, el repiqueteo de tu corazón sonaba en tus oídos. Tenías que pensar en algo rápido.
Te levantaste de golpe y corriste hacia la puerta que estaba por abrirse. Por un momento captaste todo en cámara lenta: la puerta abriéndose; las reacciones de las demás mujeres dentro del camión; Ikalgo percatándose de lo que estaba sucediendo y, por supuesto, la cara de sorpresa de aquel anciano pervertido cuando le estrellaste tu rodilla en su cara.
El grito de Bizeff resonó por todo el lugar, sin embargo, no te diste cuenta de lo que había sucedido hasta que una de las chicas gritó también.
—¡Bizeff-sama!
El sujeto se revolcaba de dolor en el suelo, sujetando su nariz que no paraba de sangrar.
Observaste la escena con algo de indiferencia.
«¿Yo hice esto? Maldición, ahora tendré que golpearlo hasta que se desmaye.»
Te quitaste un zapato y le diste un golpe en la cabeza. Luego otro. Y otro.
—¡¿Qué demonios?! ¿Por qué no se desmaya?
—¡Espera! —Ikalgo te sujetó por la espalda—. Si continúas así lo vas a matar.
—Este no era el plan —Palm se arrodilló junto a Bizeff y le puso un pañuelo en la nariz. A los pocos segundos el hombre perdió la conciencia—. Por lo menos, no como sugirió mi maestro —suspiró.
—¿Por qué me miras de esa forma? —reprochaste con un ligero tic en el ojo— ¿Por qué parece que yo soy la mala aquí?
—No todo se trata de ti.
Definitivamente habías hecho enfadar a Palm, aunque no estabas segura del por qué. Preferiste mantenerte callada y observarla. Mientras la mujer intercambiaba algunas palabras con las demás chicas, Ikalgo intentó consolarte.
—Fue una buena patada.
—Por alguna razón no me siento orgullosa.
—Bueno, tenemos que movernos deprisa —meditó la Hormiga—. Viendo el lado objetivo, nos ahorraste bastante tiempo.
—Supongo —susurraste mientras seguías con la mirada los movimientos de las demás personas a tu alrededor. Al parecer Palm les había dado algunas instrucciones a las mujeres—. Solo que… no sé por qué me precipité tanto.
Antes de que Ikalgo pudiera responderte, Palm se acercó de nuevo.
—Logré tranquilizarlas —Hizo un gesto con la cabeza para que la siguieran—. La droga durará un par de horas, por lo que tenemos tiempo suficiente.
—Espera, espera —Diste un par de zancadas para alcanzarla—. ¿Vamos a dejarlas aquí?
—Este lugar es el sitio más seguro en todo el Palacio, por el momento.
—Pero, ¿qué pasará cuando ese tipo despierte? Puede lastimarlas. Es mejor que las llevemos a…
—(T/N), el respeto y el miedo son conceptos muy abstractos en este continente. No puedes obligar a las personas a ser salvadas.
—Eso no…
No era algo que pudieras entender. Por alguna razón, Palm estaba actuando muy maduramente, lo cual te llevaba a sospechar un poco de las palabras que estaba diciendo.
—Palm —Te detuviste para que ella hiciera lo mismo—. Vine por ti, y no me iré sin ti.
Aún de espaldas a ti, la mujer murmuró.
—Entre todas las personas, estaba segura que tú me entenderías.
—No puedo entender si no me explicas.
Cuando Palm se volvió a ti, no pudiste describir lo que se reflejaba en su mirada.
—Es por amor.
—¿Qué haces?
Killua miraba con confusión a Knov, que se iba escondiendo en cada rincón mientras avanzaba.
—Se le llama ser precavido —murmuró el Cazador ajustando sus lentes—. ¿No les enseñan eso a los Zoldyck?
El hombre aún emanaba esa tensión que tenía cuando se lo encontraron en las afueras de Peijing.
—(T/N) dijo que solo había un extra, no hay nada de qué preocuparse.
El albino se encogió de hombros y continuó caminando como si estuviera de paseo.
—¿Y le crees?
—¿Por qué no?
—¿Tanta confianza le tienes?
—No es como si nunca se equivocara —mencionó mientras ponía los brazos detrás de su cabeza—, pero cuando se lo propone puede ser muy confiable.
—¿Es eso? —dijo Knov con escepticismo.
—Ahora te toca a ti responder mi pregunta —El albino miró fijamente al hombre mayor—. ¿Por qué le tienes tanta desconfianza?
Knov repitió el gesto que ya estaba tan acostumbrado a hacer.
—Pensé que tus razones estaban justificadas, teniendo en cuenta que la acababas de conocer —El Zoldyck continuó hablando mientras se adentraban en la puerta principal—. Sin embargo, al pensarlo detenidamente me di cuenta que hay más razones a favor que en contra. Lo que me lleva a formular mi pregunta anterior.
El pelinegro se vio internamente descubierto. En verdad había subestimado a Killua. Si a esa edad era tan perceptivo, no se sorprendería si en unos años más lo superase. Poco probable, pero posible, pensó. De eso se trataban las nuevas generaciones, ¿no? Aunque la culpa había sido de él por bajar la guardia, compensaría su razonamiento con la verdad.
—No puedo confiar en alguien que no evoca ningún sentimiento —susurró más para sí mismo, recordando tu presencia—. Es como estar observando la nada. Un oscuro vacío que te hará perderte entre más tiempo pases mirándolo.
Killua comprendió un poco a lo que se refería Knov. Esa no-presencia que poseías podía ser abrumadora para los que podían sentir el aura de los demás. No obstante, el hombre solo describía lo negativo de tu esencia. Había mucho más que solo vacío y oscuridad en ti.
—Si le tienes miedo a lo desconocido, claro que se verá de esa forma.
La suavidad con la que se expresó el albino reflejó un lado de él desconocido por la mayoría. Al contrario de lo que siempre reflejaba, era un ser humano lleno de temores e inseguridades y, al ser tú alguien que se lo recordaba constantemente, trató de luchar contra eso desde el principio. Sin embargo, no pudo ganar. Si Gon era la luz y él era la noche, tú vendrías siendo el crepúsculo que lo unía. Aunque fuera solo por un momento, podía ser alguien normal. Aprendió la importancia de aceptar, primeramente, sus propios sentimientos. Que aún le faltaba mucho por crecer, sí. Que eras un desastre, absolutamente. Y por ello, te estaría eternamente agradecido.
—No puedo confiar en algo como eso.
Por esa razón, le molestó tanto el comentario de Knov.
—No es algo. Es (T/N).
No tuvo necesidad de voltearse para hacerle saber al Cazador que si continuaba hablando así se olvidaría completamente que era su superior.
Knov suspiró.
—Si no te gustará la respuesta, la próxima vez no preguntes.
Killua desvió la mirada avergonzado al darse cuenta que exageró un poco su reacción. Aunque no es como si se arrepintiera totalmente.
Terminaré mi misión por amor.
Debía ser una especie de broma.
Okay. Sabías que Palm adoraba a su maestro, y resultaba bastante cómico todas las interacciones y actitudes que ella mostraba. Así que ahora que lo afirmaba de una manera tan seria, la sentías completamente fuera de personaje. Y, sobre todo, que proclamara que tú, entre todas las personas, la comprenderías al cien por ciento.
—¿Por qué te entendería?
—¿Por qué más? —Te miraba con genuina confusión—. Tú también estás enamorada.
—No, Palm —Te sobabas las sienes al repetir por tercera vez esa conversación—. Yo no estoy enamorada. Para empezar, ¿de quién podría…? No estoy… no puedo estar… es imposible que yo… No. No. Es una locura.
Ante la mirada de obviedad de Palm, al insinuar a ese quién, no pudiste más que tropezar con tus palabras.
«Es imposible, no puedo estar enamorada de…»
—Estás enamorada de Killua.
«¡Se atrevió a decirlo!»
—¡Sssshhhhhh! —Te abalanzaste sobre ella—. ¿Te das cuenta de lo que estás insinuando?
—No es una insinuación, es un hecho.
—¡Bastaaaaa! Es un asunto delicado, ¿qué no te das cuenta? —susurrabas para evitar que Ikalgo escuchara—. Al decir eso, sugieres que me gusta alguien muchísimo menor que yo, ¿ahora comprendes?
—Para el amor no hay edad.
—¡Ese no es el punto!
—No hay nada de malo en aceptarlo.
Si continuabas con esa conversación, lo más probable—no, era seguro que perderías. Así que era tiempo de hacer lo que hacías mejor que nadie. Huir.
—Muy bien, Palm. Tú ganas. Hagamos tu castrosa* misión y volvamos con los demás, ¿entendido?
Diste terminada la discusión y emprendiste camino hacia el elevador.
.
.
.
Nadie había dicho una sola palabra desde que las puertas del elevador se cerraron.
Ese pequeño momento de silencio te hizo reflexionar en lo que había sucedido. Por más que trataras de negarlo, las palabras de Palm habían tenido un profundo impacto en ti.
Habían sido días con muchas emociones juntas. Especialmente los que implicaban a Killua.
Sabías que él sentía algo por ti, y era obvio que tú también, mas no estabas segura de cómo nombrarlo.
Un sentimiento tan puro y desconocido que te causaba temor.
«¿Está bien actuar sin medir las consecuencias?»
Ya no estabas segura qué tanto debías avanzar con Killua. O peor aún, no estabas segura qué tanto avanzaría Killua. Dos caras de la misma moneda.
Tenías muy en claro que no jugabas con él, solo actuabas naturalmente a su alrededor. No lo pensabas, simplemente sucedía. Desde el inicio hasta ahora, no habías fingido nada.
«Bueno, tal vez sí llegué a fantasear más de una vez, pero cualquiera lo hubiera hecho si convive con sus personajes favoritos.»
De lo único que te sentías culpable era que a veces, solo a veces, seguías viéndolos como seres surrealistas. Por más tiempo que llevaras en este mundo, en una parte recóndita de tu mente continuaba ese horrible pensamiento de que nada era real. Que pronto despertarías.
Cerraste tus ojos, tratando de alejar esas improductivas ideas.
«Concéntrate en el presente.»
Por supuesto que enfrentarías todas tus dudas cuando fuera el momento, pero por ahora, tenían que salir de esta situación.
El ascensor llegó a su destino, abriendo sus puertas y revelando un largo pasillo.
Era momento de actuar.
*Castroso: Algo o alguien demasiado molesto e irritante.
Yo: *suspiro* Se siente bien publicar de nuevo n,n
Leorio: ¬¬
Y: ¿Qué?
L: ¿Todavía preguntas?
Y: Sí.
L: Si no salgo yo no se siente bien, ¿cuándo tendré el protagonismo?
Y: Emmmmm... deja lo pongo a votación.
L: ¡¿Qué?! Eso no es necesario. ¡Me lo merezco!
Y: Si sigues molestando no lo haré -_-
L: Ohhhhh... ya veo jujuju
Y: ¬¬
L: Solo es otra de tus estrategias para recuperar a tus lectores. Ya vi tus negras intenciones, pero déjame decirte algo: si no me das protagonismo, nadie regresará.
Y: T_T Déjame en paz, sé que todavía están por ahí, en algún lugar.
Kurapika: No le hagas caso a Leorio, solo quiere llamar la atención.
L: Oiloooooo
K: Ignoraré tu vulgaridad.
Gon: A mí por lo menos me mencionaron :D
L: ¬¬
K: -_-
Y: Gon, a veces sueles ser muy cruel xD
