Sombra: ¡Abrazos virtuales! No pude responderte por mensaje privado, así que perdón por la demora :') Muchas gracias por comentar y seguir por estos rumbos *corazóncorazón* Y sí, concuerdo contigo, Reader-chan está loca loca XD ¿Será capaz de mantenerse cuerda?

Sin más que decir, ¡disfruten el capítulo!


Se habían alejado lo suficiente del palacio para estar a salvo de la amenaza latente de las Hormigas. Mantenías los brazos cruzados mientras movías con impaciencia tu pie libre, en un intento de verte molesta con el par de ojos azules que te miraban sin parpadear.

—Les dije que no se acercaran tanto.

Las gotas de lluvia se combinaban con el sudor que rodaba por tu frente.

—Knov tiene que estar en perfectas condiciones, ¿qué haríamos sin él?

Killua continuó impasible.

—Okay, la culpa fue de Palm, ¿contento?

—¡No te preocupes, Killua! ¡Yo evitaré que lo haga! —mencionó Ikalgo con avidez.

—Tú qué, pulpo —Sacudías tu pie para quitártelo de una vez por todas. En el peor momento se le había ocurrido hablar—. ¡Ya suéltame!

—¡No, hasta que cambies de opinión!

—¡Pero si ya estamos fuera del palacio!

Y así empezaste una enardecida pelea contra Ikalgo. A su costado, se encontraban Knov y Palm, esta última disculpándose con su maestro. Una escena bastante cómica pese a la situación en la que se encontraban.

Killua suspiró.

—No me sorprende —murmuró—. Ya me esperaba algo así —Puso las manos en sus bolsillos y caminó hacia Knov—. Vayamos con los demás.

Golpeaste por última vez a Ikalgo antes de mirar extrañada a Killua. No te había regañado como pensaste que lo haría y, aunque no era del todo negativo, te dejó una mala sensación. Sobre todo, cuando notaste la breve mirada que Knov te dio.

«¿Qué le pasa al cuatro ojos?»

Lanzaste un bufido, molesta. Aun cuando no lograste descifrar esa mirada, te pareció que el hombre se burlaba de ti. Admitías que tu inteligencia no estaba a su nivel, sin embargo, tenías otros puntos fuertes como…

«Hacer enojar a Killua. Espera, no es algo de lo que debería sentirme orgullosa.»

Mientras golpeabas ligeramente tu frente con tu puño tratando de controlar tus pensamientos, los demás se preparaban para ingresar al Hide and Seek de Knov.

«Concéntrate, (T/N). No es tiempo de pensar en por qué Killua no te regañó. No es como si quisiera que lo hiciera.»

Tu mirada pasaba por lo presentes mientras iban desapareciendo en el portal del Cazador.

Si bien sabías que preocuparte por esas nimiedades no importaba ahora, era imposible hacerle entender a tu mente. De algún modo, Killua siempre lograba infiltrarse en ella en los momentos menos oportunos.

Y ahí fue cuando un presentimiento explotó.

«¡Va a vengarse!»

—(T/N).

Mordiste con preocupación tu pulgar. Ya había dado señales, su expresión corporal, sus gestos, su voz… Solo era cuestión de que encontrara el momento perfecto.

—(T/N).

Y estabas segura de qué es lo que haría, ya te había amenazado antes…

—¡(T/N)!

—¡Aún no podemos! —exclamaste, tropezando con tus propias palabras.

—¿Ah? ¿De qué estás hablando? —Killua levantó una ceja—. Eres la última, entra.

Parpadeaste confundida, dándote cuenta un segundo después que el muchacho estaba esperando que entraras al portal.

—Los llevaré a ciudad Mandai con los demás —intervino Knov con voz neutral—. Morel y yo nos reuniremos luego con ustedes para acomodar los últimos detalles.

Miraste con recelo a ambos hombres y murmuraste un «está bien» con desdén antes de adentrarte a la habilidad de tu copia barata.


No entendías por qué la desgracia te perseguía. ¿Era una coincidencia o un plan maquiavélico perfectamente elaborado? Cualquiera que fuera la respuesta, lo cierto era que se presentaba constantemente en personas que no planeabas volver a ver. Como aquel molesto compañero de clases, o la chismosa vecina de tu antiguo vecindario o, en el peor de los casos, en Hisoka.

Ni siquiera escuchabas lo que Leorio te decía, la sonrisa siniestra del payaso no se había despegado de ti desde que llegaste. Le devolviste la sonrisa tratando de ocultar tu nerviosismo, a la vez que te posicionabas detrás de Killua por si al psicópata se le ocurría hacer algún movimiento.

—Me alegra verte bien, (T/N) —dijo el pelirrojo con tono seductor—. Hubo un pequeño malentendido entre nosotros, pero ahora todo está bien, ¿verdad?

Instintivamente tocaste tu cuello, frunciendo el ceño por su comentario tan cínico y ligeramente amenazador.

—A mí también me pone los pelos de punta —susurró Leorio inclinándose a tu altura—, pero no tenemos otra opción.

Killua se acercó a Hisoka.

—¿Estás de nuestro lado?

«Directo al grano» —pensó el pelirrojo con una sonrisa—. Tenemos los mismos objetivos.

La habitación se sumergió en silencio por unos momentos.

—Bien.

Fue lo último que dictó el Zoldyck antes de volver a su posición original. No había nada más que pudiera hacer, aunque lo quería lejos de ti, tener ayuda extra no estaba mal. Solo había que mantener un ojo sobre Hisoka por cualquier cosa.

Las siguientes horas las pasaron repasando el plan de ataque, realizando modificaciones por los nuevos elementos de batalla y por la nueva información proporcionada. Aunque al final no pudiste confirmar si Komugi estaba en el palacio, llegaste a la conclusión de que, de no ser así, Neferpitou no hubiera desactivado su En.

—Pero no podemos dejarla ahí —mencionó Gon en medio de la conversación.

—Si es cierto lo que dijo (T/N), es una pieza clave contra el Rey —razonó Shoot—. Además, no podemos seguir desviándonos del objetivo principal.

—No seas tan severo. Gon tiene un punto importante —intervino Knuckle—. No es correcto que una civil quede entre el fuego de batalla.

—Sigue siendo una preocupación inútil.

—¡Oye, Killua! —gritó Leorio con enfado—. Acabas de llegar y ya estás diciendo tonterías.

—Solo piénsalo, anciano. Gon dirá lo que debemos hacer, pero no aportará ningún plan sobre cómo realizarlo —Y añadió—: Lo mismo va para (T/N).

Leorio se rascó la sien, pensativo, mientras Gon y tú se vieron descubiertos.

—Aunque… podríamos esconderla en el sótano. Allí estaría a salvo.

El comentario de Palm quedó suspendido en el aire. Pese a que su misión había fracasado, su convicción como Cazadora seguía intacta, lucharía y se mantendría fiel a sus ideales hasta el final, buscando una manera de poder ayudar.

Estabas a punto de apoyar su plan cuando la voz del pelirrojo te detuvo.

—¿Y en qué momento piensan hacerlo? Dijeron que la pequeña estaba siempre con el Rey, ¿en qué momento planean ir por ella?

El tono jocoso que utilizó solo te puso de mal humor.

—Bueno…

—Si es una pieza importante, no creo que debamos moverla.

—No es un objeto, es…

—¿Están dispuestos a tomar ese riesgo?

Apretaste tus puños con impotencia al ser interrumpida. En el fondo Hisoka tenía razón, la mirada de la mayoría lo confirmaba. Sabías mejor que nadie que Komugi siempre estaría con Meruem, a excepción de un corto periodo de tiempo cuando la mandaron a su habitación. El problema era que no tenías conocimiento del horario exacto. Tal vez la oportunidad ya había pasado. No obstante, no podías simplemente aceptarlo.

—Yo podría…

—¿Tú podrías?

Hisoka se inclinó ligeramente hacia adelante. Ese pequeño movimiento fue suficiente para apagar tu racha de valentía.

—(T/N).

El susurro de Killua llevaba una connotación de advertencia. Hisoka aún no sabía nada sobre tus habilidades.

—…intentarlo… —murmuraste finalmente—. Puedo intentarlo.

—Mmmm… —Meleoron puso la mano en su barbilla pensativo—. Si nos distraemos, aunque sea un segundo, podría causar que la operación fracase.

—Pero si se planea bien podría funcionar —comentó Ikalgo.

—Cambiar algo pequeño, implica cambiar lo demás.

—Entiendo lo que tratas de decir, Shoot —Knuckle golpeó su pierna en un gesto robusto—. Pero, ¿no estás siendo algo cobarde? Dejar morir a una niña es…

—No empieces a llorar.

—¡No estoy llorando!

Hisoka empezó a jugar con su mazo de cartas mientras los demás seguían discutiendo.

«Pensé que me divertiría un poco más, pero solo encontré aperitivos» —Volteó la carta que sostenía entre sus dedos revelando al comodín—. «Supongo que tendré que esperar.»

Fijó su mirada en ti. Se moría por descubrir cómo habías logrado escabullirte tan fácilmente de él ahora que el destino los volvió a juntar. Irónico. Sus presas siempre volvían a él en un punto u otro. Su vista recorrió de pies a cabeza tu cuerpo. Hallaría la manera de hacerte hablar muy lentamente. Humedeció sus labios con la lengua, no solo por los pensamientos que cruzaban su mente, sino por la mirada que estaba recibiendo de la persona a tu lado. Oh, cómo se divertiría.

—¿Por qué no dejamos que (T/N) lo decida? —Apenas pudo controlar el éxtasis que sintió al ver tu cara de confusión—. Después de todo, es ella quien lo intentará.

Maldijiste internamente a Hisoka. Había logrado que las miradas de todos se clavaran en ti. Desde el inicio estaba ejerciendo presión sobre ti, la cual alcanzó la cúspide en este momento. La atención de tantas personas caía en tu ser, analizándote y preparándose para debatir cualquier decisión que tomaras; trayendo malos recuerdos. Casi podías sentir los ojos de La Araña en ti. Esperando. Esperando.

—Bueno… no es como que vaya a morir —empezaste diciendo con voz temblorosa volteando a ver a Gon, quien estaba a tu derecha—. De hecho, a causa de eso, Pitou estará ocupada.

Giraste tu rostro para enfocar a Killua sentado a tu izquierda, aunque este mantenía su vista en Hisoka. Escuchaste a Leorio suspirar a tus espaldas.

—Bien, entonces prosigamos con lo demás —declaró Shoot, dando por terminada la situación.

Te encogiste en tu asiento con una mueca. La decepción en el suspiro de Leorio influyó e inmediatamente te sentiste culpable por decir algo así. Gon aceptaría cualquier decisión que tomaras, Killua estaba a favor de no tomar más riesgos, así que Leorio era la voz de tu conciencia que evitaba hacerte sentir conforme.

Los pensamientos pesimistas te acompañaron hasta que finalizó la reunión.


—Auch, auch —Te quejaste de dolor cuando Leorio jaló de tu oreja para separarte del resto—. Ya entendí, suéltame.

—Deja de lloriquear —refunfuñó antes de soltarte.

—Perdón —dijiste con un puchero mientras te sobabas la zona afectada—. Son muy sensibles.

El hombre suspiró con resignación.

—No voy a darte un sermón, Gon ya se encargó de eso —Extendió su mano y lo miraste confundida—. ¿Cómo están tus heridas?

—Mmh… supongo que Gon también te contó eso —contestaste extendiendo tus brazos—. ¿Para eso me trajiste aquí?

—En parte. Necesito que te quites lo que traes encima.

Te quedaste perpleja por la forma tan natural en que lo dijo, como si estuviera dando la hora.

—Pervertido.

—Tengo que examinarte. Es mi responsabilidad que todo el equipo esté en las mejores condiciones.

—Vaya, qué amable resultaste.

—Sí, sí, lo que digas —mencionó, ignorando completamente tu sarcasmo—. Solo la parte superior, no estoy pidiendo que te desnudes.

Aunque el lado profesional de Leorio te dio confianza, obedeciste con un poco de vergüenza.

La luz del día se colaba por las ventanas, iluminando las motas de polvo en el aire. Tu respiración profunda y silenciosa se mezclaba con el sutil sonido de los movimientos de Leorio. Cerraste los ojos relajándote. Era lo más cercano a la tranquilidad que habías experimentado en estos días.

Tras unos minutos escuchaste al joven médico murmurar.

—Entiendo que no dijiste nada para no preocuparnos, sin embargo… si te hubiera tratado antes…

—No me molestan las cicatrices —Sonreíste con suavidad—. Sacrificaría mi cuerpo entero si así evito que sufran.

Leorio te dio un zape.

—¡Idiota! Los golpes de la vida nos ayudan a crecer como personas. Los seres humanos aprendemos de nuestros errores, no de lo que nos cuentan. Así que no nos subestimes.

—Pfft…

No pudiste evitar lanzar una carcajada.

—¡Cállate! —se quejó el hombre sorbiéndose la nariz.

Realmente la profesión que había escogido Leorio le quedaba como anillo al dedo. Era imposible burlarte de él en estos momentos. Su trato afable y apoyo incondicional era innegable. Hasta podías afirmar que era el más maduro del grupo. Y por eso lo querías mucho.

Ignorando sus reclamos, continuaste platicando con él mientras terminaba con la revisión médica. Le preguntaste por la pareja P.P. (Pokkle y Ponzu) porque no los habías mirado, a lo que te respondió que se encontraban en el apartamento de cuatro dimensiones de Knov. Ponzu cuidaba de él, después de la herida que Cheetu le dejó, su pierna había quedado prácticamente inservible. Preguntaste también por Hisoka. Al parecer había llegado cargando el cadáver de Furatta, la Hormiga libélula, por lo que automáticamente lo reclutaron.

—Maldito payaso —renegabas mientras acomodabas nuevamente tu ropa—. Es como ese amigo en el grupo que nadie quiere y te sigue a todos lados.

—Creí que esa eras tú —Lo golpeaste, ganándote un quejido de su parte—. Hablando en serio, me alegra que hayas superado tu etapa de fangirl.

—No es eso. Pero lo que tiene de sexy lo tiene de impredecible.

De todos, era el que más te preocupaba por aquella charla que tuvieron antes de que escaparas de él. Si se atrevía a ponerle un dedo encima a Killua o a Gon no dudarías en hacerle daño.

—Olvida eso —Después de guardar sus cosas, Leorio se sentó frente a ti—. Hay algo más importante que tenemos que hablar.

—¿Qué sucede?

Modo serio otra vez. Al ver que tenía toda tu atención, se acercó un poco a ti susurrando.

—¿Qué pasó entre Killua y tú?

—¿Eh?

—Vamos, no te hagas la tonta. Estuvieron mucho tiempo solos.

—¿Q-qué? Qué t-tonterías estás diciendo, no pasó nada.

Leorio rodeó tus hombros con su brazo en complicidad.

—Es obvio que algo sucedió, los dos han estado actuando raro.

Ahora que lo mencionaba, era cierto que Killua estaba raro. Tu rostro enrojeció al recordar el motivo por el que el Zoldyck podría tener esa actitud.

—Dime, ¿hizo alguno de los movimientos que le enseñé?

Su cara de pervertido te estaba dando náuseas. Lo empujaste con un manotazo.

—¡Siempre serás un pervertido! —exclamaste roja de vergüenza—. ¡Perveorio!

Lo señalaste acusatoriamente antes de salir dando un portazo.

—Si vas a negarlo, al menos hazlo con una expresión convincente —masculló sobándose la mejilla.


Leorio: ¡Siiiiiiiiiiiiiiiiii! ¡LEORIO-SAMA ENTRA EN ESCENA!

Yo: *mirando cómo corre de un lado a otro*

Kurapika: ¿Ahora qué le pasa?

Y: Disfruta sus 5 minutos de fama.

K: ¬¬

Y: ¿Qué?

Hisoka: También quiere salir.

L: ¡Ja! Pues la rubiecita tendrá que esperar su turno.

H: Dudo mucho que llegue.

L: Pienso lo mismo jajajaja.

Y: Vaya, quién diría que después de tanto tiempo se harían amigos, ¿verdad, Kurapika?

K: *temblando*

Y: ¿Kurapika?

K: *preparado su nen*

Y: ¿Pika-pika? :')

L: JAJAJAJA… Espera… Kurapika, cálmateaghashabdha

H: Sí, esto es mucho mejor :*

Y: ¡Tranquilos, chicos! *tratando de separarlos*

H: *uniéndose a la pelea* ¿Puedo matarlos, Escritora-chan?

Y: Noooo, Hiso-chan T_T

Illumi: Genial, una pelea. Matemos a la escritora 0_0

Y: *huye del lugar* ¡Ya bastaaaaaa!

Gon: -_-'

Killua: -_-'