Espero que estén teniendo una excelente noche, preciosas lectoras nocturnas ;)
Mika99: ¡Bienvenida! No esperaba tener nuevas lectoras :') Muchas gracias por comentar y me encanta que te encante n,n
Sonye-san: ¡Tú también resucitaste yaaay! Aunque yo renací como un zombie que no puede dormir xD El BROTP de Gon y Killua nunca morirá MUAJAJA Y lamento lo de tu corazón, pero diré una cosa: No puedo detenegme :*
Tenshibara: Ya lo dijiste, no te puedes retractar ahora, si la ONU me lleva vendrás conmigo también jajaja Confieso que agregué la escena de los médicos porque me fascinan las series de hospitales xd Quise reflejar la personalidad de cada médico a través de su perspectiva del amor, aunque al final todas resultaron unas pervertidas xD y los hombres que nunca escuchan jaja No te preocupes, haré que duermas bien (o quizá no) solo diré que Reader parece adolescente :3 KnovxReader! Que no te escuche Palm o va a querer matarla XD Ahora seré yo la que no podrá dormir al imaginármelos juntos. BASTAAAA TENSHIBARA
Sombra: ¡Escóndete, que Illumi no te encuentre o se acaba el fic! jajaja Amo a Kurapika, no puedo evitar mencionarlo en cada oportunidad, aunque eso genere que se enciendan las llamas lol (gusto culposo) Y no desesperes, el duendecillo aparecerá más pronto de lo que crees ;)
Disfruten la lectura \(^0^)/
Una sombra de soledad la había acompañado durante toda su vida, como el amor incondicional que te proporciona un ser querido; a veces lo olvidas por momentos, cuando las cosas te están yendo bien, y otras, lo sientes más fuerte que nunca.
En la penumbra de su habitación, presenciaba a esa sombra arrastrarse lentamente a ella, clavándose y plantando sus raíces en cada rincón, amenazándola con no volver a dejarla ir. Era tan familiar para ella que no dudó en abrazarla nuevamente.
La única descendiente de los Blaut había sido amada, de eso no tenía duda. Sus padres la amaron y estaba orgullosa de ellos por haber dado la vida por lo que creían justo, dejándole una última enseñanza que se quedaría grabada en su alma. Su abuelo le dio una nueva familia con Kilian y Aledis que la trataron como a su propia hija. Nunca lamentó la muerte de sus padres. Su legado la acompañó en los largos días; las letras escritas con tinta la arrullaron en las noches. Sin embargo, era imposible no sentirse sola aun con todo el amor que la rodeaba. Necesitaba descubrir quién era; cuál era su propósito; buscar sus propias respuestas. Y así lo hizo.
O eso creyó.
Sin darse cuenta, su mente había sido envenenada.
Sabía de memoria cada palabra escrita en los libros de sus padres y, apenas ahora, comprendía lo que querían decir. Lo que deseaban transmitirle a su hija.
Ese maldito libro.
Los lazos del destino se entrelazaban de maneras muy peculiares. En su estado de monotonía y conformismo, un hilo invisible se enredó en su muñeca, tan delgado y flexible, que no le tomó importancia cuando esa fibra la atrajo hacia ti. No eras asunto de ella, se repitió en más de una ocasión. No obstante, el lazo ya estaba hecho. Sería excesivo llamarlo fatalidad del destino. Simple curiosidad la motivó.
Su incredulidad creció cuando reparó en todas las leyes que estabas quebrantando solo con tu presencia. Una simple mortal yendo en contra de todo lo establecido por aquellos que se hacían llamar deidades era completamente absurdo. Enyd había sudado sangre para que la dejaran en paz. No tenía sentido; acciones sin valor alguno.
Pero lo más horrible de eso fue darse cuenta que ella misma actuaba como los hechiceros que tanto despreció.
Ese bendito libro.
Cada vez, el vínculo se hacía más visible, aunque no lo suficientemente fuerte. Ya tenías a tus dos compañeros, no la necesitabas a ella. Y con ese pensamiento se marchó. Creyó que sería suficiente para terminar de romper ese lazo, sin embargo, la habías despedido con una sonrisa. ¡Una sonrisa! Quizá, pensó, había hecho una amiga.
Pero de una forma u otra la fatalidad las unía. Ahora con un nombre. Pese a eso, no la odiaste, y ella tampoco te odió. Su vínculo estaba tomando forma… Todo para ser destruido de nuevo.
Más eso no la volvería a detener. Para conservarlo, había un precio que pagar. Repararía el lazo desde la distancia y, cuando fuera el momento, se desprendería de la sombra que la perseguía.
Ese maldito libro.
Así había decidido vivir. Sin embargo, la crueldad del hado la estrelló fríamente contra la dualidad de su existencia.
El legado de sus padres o lo que ella deseaba.
Dentro de poco, ya no habría vuelta atrás. Estarías entrando a la boca del lobo y, conociendo lo que te había hecho, Enyd estaba segura de que no la escucharías.
Dejaría que la soledad la acompañara una vez más.
Y lo peor de todo, era que lastimaría a una amiga.
Ya casi era la hora.
Abriste tu mochila y sacaste el arma que te había salvado la vida.
«A cambio de quitar una…»
Se sentía más pesada de lo que recordabas. Quizá porque ahora entendías mejor lo que conllevaba el portarla y, sobre todo, el significado de utilizarla.
—Guarda eso o le sacarás un ojo a alguien.
—Puede hacerte algo mucho peor, Leorio —sonreíste con malicia mientras le apuntabas.
—Muy graciosa —Apartó el arma con la mano y se sentó a tu lado—. Así que sí fuiste tú quien acabó con esa cosa. Aunque no creo que esta vez te ayude mucho.
—No voy a usarla contra las Hormigas.
—¿No estarás pensando en…?
—Relájate. Será una medida de emergencia por si tengo que ponerme ruda, nada más. No pienso utilizarla de nuevo —mencionaste, comprobando que el seguro estuviera puesto—. Cambiando de tema, ese uniforme te queda bastante bien.
—Por supuesto —sonrió, inflando su pecho con orgullo.
Reíste ante su vanidad justificada. Te encantaría estar con Leorio en su graduación de la escuela de medicina, aunque eso solo era un sueño lejano para ti.
—Respecto a lo que dijiste antes… —Te señaló victorioso—. ¡Sabía que algo había pasado entre ustedes dos! La próxima vez pídeme consejo a mí en vez de divulgar tu vida privada.
—Bueno, si te no hubieras burlado de mí en cada oportunidad que tenías, haciéndome sentir peor de lo que ya estaba, tal vez lo hubiera hecho.
—No te lo tomes todo tan en serio —rio entre dientes mientras te revolvía el cabello.
Leorio tenía agallas para usar tus frases en contra tuya. Normalmente lo apartarías de un manotazo, sin embargo, esta vez te dejarías querer un poco. Agradecías haberlo conocido primero que nadie. Quién sabe qué tan diferentes hubieran sido los acontecimientos de no ser así.
—Vaya, es muy extraño cuando no eres agresiva —comentó después de darte unas últimas palmaditas en la cabeza—. Es de mal augurio.
—Por esa clase de comentarios no tienes novia.
—En este momento tus ofensas no tienen efecto —canturreó, posando como si fuera un Power Ranger—. Dime… ¿Qué piensas hacer con Killua?
—¿Qué quieres decir?
—No te hagas la desentendida. ¿Vas a decirle?
Te quedaste contemplando un punto fijo en el suelo. Era un hecho que te sentías más ligera, como si un peso se te hubiera quitado de los hombros, y la euforia de tu confesión se mantenía revoloteando en tu estómago. Ganas no te faltaban de mandar todo al carajo y ser una prófuga de la justicia.
«Me tientas, me tientas… pero no.»
—No te aproveches de mi nobleza —dijiste balanceando el arma de un lado a otro cerca de su cara—. Me siento liberada por decir mis sentimientos, sí. ¡Sin embargo! Y escucha bien esto, Leorio: no porque me haga sentir bien, significa que le hará bien a Killua.
El hombre trataba enormemente de escuchar tus palabras y no prestarle atención al arma que sacudías frente a él.
—¿Segura que sabes usar eso?
—¿Me estás escuchando? —Hundiste el cañón en su mandíbula.
—¡Fuerte y claro! —saludó cual soldado.
Leorio soltó un suspiro de alivio cuando dejaste de apuntarlo. Entendía tu preocupación y, a la vez, se compadecía de su pequeño amigo. De por sí ya era un asco enamorarse, y hacerlo de alguien de otro mundo era doblemente peor. Aunque ganas no le faltaban de mofarse de él por todas esas veces que lo había humillado. Por no hablar de la novela que Leorio se había inventado, imaginándose el pobre corazón roto de Gon si Killua y tú iniciaban una relación.
—Esto apesta.
—Creí que había sido uno silencioso —susurraste.
—¡Estaba hablando de tu situación! —exclamó asqueado—. No entiendo cómo Killua se fijó en ti.
—Pues yo tampoco —musitaste ofendida y arrugaste la frente—. Además, es algo natural del cuerpo. Tú como estudiante de medicina deberías saberlo mejor que nadie.
—Estoy de acuerdo, no hay nada de malo —comentó pensativo—. Son reacciones corporales.
—Y no se pueden evitar.
—Las hormonas pudieron influir bastante.
—¿De verdad? Creí que era el intestino, ya sabes… para liberar tensión.
—Bueno, sí se libera tensión después de… ya sabes —gruñó—. El cuerpo masculino es sensible ante la presencia femenina —habló con aire intelectual—, supongo que por tanto que convivieron, fue inevitable para sus hormonas… Aunque, aquí entre nos, pensé que Gon sería el que haría un movimiento primero…
—¿De qué demonios hablas? —lo interrumpiste con escepticismo.
—¿De qué hablas tú? —preguntó mirando hacia los lados.
Levantaste una ceja.
—¿De los gases?
Leorio quedó con tres puntos suspensivos en el aire.
—Sí, claro —rio nervioso mientras sacudía su uniforme como si tuviera calor—. De los gases que salen por el cuerpo humano.
—Sí, sí. Algunos que son provocados por las hormonas, ¿verdad? —sonreíste.
—Exacto. ¿De qué más podríamos estar hablando?
Los dos empezaron a reír.
—Ahora sí te mato.
—¡Espera! —Detuvo tu brazo antes de que le apuntaras con el arma—. No puedes culparme, ustedes tres siempre estaban juntos, es común pensar en un triángulo amoroso.
—Por estas cosas no te pido consejo de nada —Inflaste los cachetes—. Es como decir que entre tú y yo podría haber algo, ¡sería incesto! Ustedes dos son como mis hermanos. ¿Qué clase de pervertida crees que soy?
—Ya, ya, admito que esta vez fue mi culpa —dijo para evitar que le metieras un tiro entre las cejas—. A veces olvido lo volubles que son tus pláticas.
Ahora sí estaba totalmente perdido, el joven estudiante creía que no deseabas lastimar a Gon y que por esa razón estabas tan decidida a no decir tus sentimientos. En medio de tus gruñidos llegó a una respuesta más acorde.
—¿Es por la edad? —preguntó y se aventuró a responderse él mismo—. Porque si es por eso, solo espera a que crezca y ya, o pídele a ese villano que te devuelva tu cuerpo de niña.
—No es solo eso —suspiraste ante la terquedad del hombre, poniendo un semblante melancólico—. Le dije a Killua que regresaría a mi hogar, y le pedí que me esperara… Metí la pata… No debo volver a hacerlo. Él apenas está creciendo, tiene muchas experiencias que vivir, personas que conocer… No puedo atarlo a una promesa de tal magnitud.
Leorio guardó silencio.
Se sentía ridículo, primero reclamándote que le pidieras consejo, y justo cuando debía decirte algo, se quedaba en blanco. A pesar de tu locura, a veces salía a relucir una madurez poco ortodoxa que le costaba digerir. Olvidaba por completo lo sensible que eras a veces, siempre poniendo a los demás por delante.
Inspiró hondo y dejó salir el aire con lentitud.
—Sería magnifico que por lo menos dos de mis amigos encontraran la felicidad.
—Leorio…
—Mira —se rascó la cabeza al sentirse muy sentimental—, tu situación es demasiado complicada. Desde que te conocí en aquella cama de hospital había algo colisionando dentro de ti, no lo has tenido fácil, lo sé, pero has estado haciendo un gran trabajo y poniendo todo tu empeño en mejorar. Sin embargo, debes saber mejor que nadie que Killua tampoco lo ha llevado bien. El chico no ha vivido una vida normal, me gustaría que por lo menos experimentara algo común como el amor.
—Eso lo lastimaría más.
—Confía en él —declaró—. Se merece la verdad.
—Entiendo lo que dices… pero… —dejaste la frase colgando en el aire.
—¿Qué hay de ti? —Leorio te miró con seriedad—. Nada me alegraría más que verlos felices. ¿Estás dispuesta a dejarlo ir, así como así? —Chasqueó la lengua y continuó al ver tu confusión—. ¿Qué harás, si cuando regreses, Killua ya tiene a alguien más?
Meditaste un poco ante la idea. Naturalmente sentirías celos; de solo pensarlo ya los sentías quemando tu esófago. No era nada agradable imaginarlo con otra persona. Insultaste mentalmente a Leorio por hacer una jugada tan sucia.
—Pues es obvio. Primero me aseguraría de que no sea una zorra cazarrecompensas, ni que le esté haciendo alguna clase de amarre, o que esté saliendo con él para darle celos a su ex —relatabas cada opción con tus dedos—. Después tendría una plática muy seria con ella. Y después… Después... —Hiciste una pausa y sonreíste con tristeza—. Lo dejaría ir.
Leorio exhaló con resignación para luego sonreír con ternura.
—De verdad lo quieres.
—Tú qué crees —Limpiaste con tu brazo las lágrimas que se acumularon en tus ojos, usando un poco de fuerza por el dolor que te causó esa imagen—. Pero si resulta ser una zorra, entonces tomaría el lugar que por derecho me pertenece —agregaste con firmeza—. ¿Sabías que a los ojos de su familia estamos comprometidos?
—No abuses de tu imaginación, mocosa.
—¡Es verdad! —replicaste—. Incluso retomamos nuestros votos en un hospital clandestino, pregúntale a Ikalgo.
Leorio se quedó congelado por tal confesión.
—¡¿Eehhhhh?!
No esperaba para nada que el Zoldyck fuera tan serio con este asunto.
—Tienes razón, Killua necesita tener más experiencias para tomar una decisión tan grande —mencionó después de recuperarse del shock.
—¿Verdad? —Asentiste repetidamente hasta que te diste cuenta de lo que trató de decir—. ¡Oye!
Gon se levantó ante el aviso de Morel junto con sus demás compañeros. El momento había llegado.
—«Espera un poco más, Kite» —pensó al apretar sus puños.
El pequeño Freecss observó de reojo a Killua. Tenía esa expresión analítica en su rostro y percibió que detrás de su mirada de determinación había algo oculto. Por el momento no indagaría más, conociéndolo, si presionaba el asunto no obtendría una respuesta.
Si algo bueno había aprendido contigo—sí, Gon sabía la mala influencia que eras en ciertas ocasiones—fue darle espacio a sus amigos para que se sintieran cómodos al hablar; eso sí, evitando que se escaparan y se guardaran todo. Odiaría que sufrieran en silencio, porque ya había experimentado esa sensación antes y no era para nada agradable.
Encontraría a Kite y vencería a sus enemigos, no dejaría que nadie más se interpusiera en su camino. Sintió en su espina dorsal la sed de sangre que Hisoka emanaba justo como en el examen de Cazador. Lo terrible de esa aura era el hecho de que no estaba dirigida a nadie en particular; un depredador esperando devorar lo primero que se cruzara en su camino.
Gon endureció su mirada. Esta vez protegería a todos.
Se distrajo momentáneamente de la presión por el estornudo de su amigo.
—¿Estás resfriado, Killua? —preguntó con curiosidad.
—Imposible —respondió el aludido, limpiándose la nariz—. Alguien debe estar hablando mal de mí.
—«¿Por qué precisamente tiene que ser malo?» —pensó con una gotita en la nuca.
—Las doce en punto —dijo Leorio al mirar su reloj—. ¿Lista?
—Nací para esto.
Sacudiste tu cuerpo como si fueras un boxeador.
—Bien, Makunouchi Ippo, antes de que les muestres tus puños de hierro al mundo, quédate quieta.
Leorio trataba de ajustar tu mochila, tarea que sería fácil si no estuvieras brincando y golpeando a un enemigo imaginario.
—Empezaré con un «Liver Blow» y después los noquearé con un «Gazelle Punch» —lanzaste un grito karateka.
Maldición, se sentía como un padre preparando a su emocionado hijo para irse de campamento.
—Bien —Terminó de acomodar tu arma para que fuera más sencillo sacarla de la mochila.
Le agradeciste mientras practicabas tus movimientos al estilo de John Wick.
Leorio confiaba en que estarías protegida con Gon y Killua, sin necesidad de utilizar esa arma tan peligrosa. Te mirabas tan frágil y pequeña que rezaba para que los enemigos no te tomaran en cuenta.
Observó cómo te despedías de Palm y del personal médico con la mano.
El hombre sonrió ante la imagen distante que se proyectó en su mente. Los cinco de ustedes reunidos en algún lugar pacífico, pasando el rato sin preocupaciones; Killua y tú tomados de la mano como dos personas normales; Gon hablando con Kurapika, éste sonriendo sin la sombra de venganza que lo atormentaba; y él, Leorio, portando orgullosamente su bata de médico y una sonrisa de satisfacción.
La chica sin nombre que conoció hace poco más de un año estaba a punto de adentrarse a una guerra para proteger a las personas que amaba y recuperar lo que había perdido.
—(T/N) —te llamó antes de que partieras—. Estoy orgulloso de ti.
—La edad ya te está afectando, Leorio.
Le diste la espalda para ocultar tu vergüenza. ¿Qué le sucedía? Diciendo ese tipo de cosas solo para ponerte sentimental a ti también.
Retomaste tu atención en el muro frente a ti para abrir el portal, imaginando el lugar destino. El hormigueo subió por tu brazo y se expandió al tocar la punta de tus dedos.
—Leorio… —te giraste a él en el último momento—. Serás un gran doctor —El hombre se vio un poco perplejo por tu alago—. No necesito leer el manga para saberlo.
Una sonrisa se dibujó en su rostro y levantó el pulgar.
—Me ofendería si no lo creyeras.
Le devolviste el gesto y Leorio te observó desaparecer en la oscuridad.
Leorio: Soy tan guapo y genial :')
Yo: ¬¬
L: Soy el verdadero protagonista, ¿qué esperabas?
Y: Si Illumi llega a encontrar a (T/N) a ti te voy a matar.
L: Yo me preocuparía más por Hisoka.
Y: ¿Qué quieres decir?
L: :3
Y: ¡Dime!
Enyd: Solo está haciéndote enojar.
L: ¡Tú qué haces aquí!
Y: En estos momentos odio a Liorio, pero también me sorprende verte.
E: Bueno, todos han hecho su aparición aquí. Creí que después de 74 capítulos ya era mi turno.
L: Pues esfúmate, me ha costado ese número tener este espacio para mí solo.
E: *limándose las uñas*
L: ¿Me estás ignorando?
Y: *suspiro* El karma...
