Gracias a todos por leer n,n

Sombra: Leorio ofreciendo un poco de fanservice a la trama jajaja Listo! Envuelta y recién salidita del horno la imagen mental de Leorio especialmente para ti, tendrás que cuidarla muy bien :') Creo que nuestro médico se ha robado el protagonismo esta vez xD

Tenshibara: Jajaja te acabas de ganar el título de Capitán América, entiendes todas las referencias xD Veamos cuántas puedes adivinar esta vez, las escondí muy bien ;)


La brisa nocturna te dio la bienvenida nada más atravesar el portal. Apareciste justo a un costado de la entrada del ala este, donde habías quedado en reunirte con Gon y Killua.

Ahí arriba, junto con el lejano paisaje del horizonte, daba la sensación de ser una noche tranquila, independientemente de las miles de personas reunidas a las afueras del palacio destruido. Al integrar ese factor al panorama, lo hacía lucir tétrico y desgarrador.

Un escenario triste.

Pusiste una mano sobre tu estómago, un aluvión de emociones inundándolo. ¿Por qué sería que en cada momento importante todo lo que sentías se estancaba allí? Siempre te jugaba una mala pasada.

«Más te vale no hacerme quedar mal esta vez.»

Respiraste hondo, esperando que tus amigos llegaran pronto. Te empezabas a impacientar. ¿Qué estaba ocurriendo? Todo estaba misteriosamente silencioso, como si no hubiera una feroz batalla en el pasillo principal, o un mariposón llorando en la sala del trono. ¿Cuánto tiempo había pasado? Tal vez te habías adelantado, o peor, quizá te atrasaste y ya todo había terminado. Imposible, imposible.

¿O sí?

Te empezaste a morder las uñas con preocupación. Killua te había dicho que llegaras un minuto después de las doce, no te habías atrasado tanto, algunos treinta segundos a lo mucho. Nada increíble podría haber ocurrido en tan poco tiempo, ¿verdad? No. Por supuesto que sí, un maldito segundo bastaba para cambiar todo. Eras una experta en ese tema.

Volteaste a mirar la entrada del lugar, subiendo la vista para observar la parte superior destruida. Las probabilidades de que Netero y Meruem siguieran allí dentro eran muy escasas, es más, de seguro no había nadie allí. Negaste con la cabeza. Si no había nadie significaría que Pitou estaba en otro lugar y que pudo haber atrapado a Gon y a Killua, y que la niña ciega no existía y no habría razón para que Meruem siguiera al presidente.

«¿En qué estoy pensando?»

Una descarga de culpabilidad recorrió tu ser. Ya habías sido lo suficientemente egoísta con el asunto de Kite y ahora lo estabas siendo con el tema de Komugi. No tolerarías comportarte de manera tan fría respecto a otra vida humana, sin embargo, ¿valía la pena quebrarse la cabeza por esto? Lo hecho ya estaba hecho, era imposible cambiar algo ya.

Debías entrar para confirmarlo, era información vital.

Detuviste tus pasos a unos centímetros de los escalones aún indecisa.

De nada serviría entrar en pánico y precipitarse, así que trataste de tranquilizarte. Te recargaste en la pared, agudizando tu oído para captar alguna voz. Si en diez segundos tus amigos no aparecían, confirmarías por ti misma qué estaba sucediendo.

5…

Cerraste tus ojos.

4…

Les exigiste a tus piernas que dejaran de temblar, alguien tenía que hacerlo.

2…

—Vamos, (T/N).

Separaste tu espalda de la fría pared, lista para girar y entrar. En cuanto diste un paso, con un sobresalto retrocediste dos.

«¡Su puta madre…!»

Todos los improperios que conocías desfilaron por tu mente.

Meruem estaba pasando por tu lado, tan cerca que podrías tocarlo si no estuvieras congelada. Sentiste el tiempo detenerse cuando te miró por el rabillo de su ojo; un púrpura tan intenso como los ojos de aquel hombre, sin embargo, el color de los ojos del Rey era mucho más bonito y frío.

Un alivio te recorrió cuando pasó de largo y te permitió respirar nuevamente, aunque el consuelo no te duró nada. Cuando las siluetas de Netero y Zeno se hicieron visibles, el Rey había vuelto a clavar su mirada en ti. Había algo en él que te impedía apartar la vista; algo en sus ojos que debías descifrar.

Netero te sacó de tu trance con una palmada en el hombro, con media sonrisa señaló con su pulgar a tu izquierda. Te giraste y pudiste visualizar a Gon en la distancia, siendo alcanzado segundos después por Killua.

Regresaste tu atención al viejo, lista para decirle todo sobre su pelea, pero Netero puso su dedo índice en la boca, en señal de que guardaras silencio. Había muchas formas de interpretar ese gesto y, por respeto a la convicción del hombre, optaste por obedecer.

—Hagan lo que vinieron a hacer.

Las siguientes palabras que el Rey les dirigió a los dos ancianos fueron suficientes para que éstos continuaran con su misión.

Tus ojos se iluminaron de emoción al presenciar el increíble Dragon Head de Zeno. Tus instintos de fangirl amenazaban con salir en cualquier momento. Y cómo no hacerlo, si tenías a los seres más fuertes delante tuyo. Era como la alfombra roja de Hollywood.

Cuando el dragón se perdió entre las nubes, Gon y Killua ya estaban a tu lado.

—Eso fue… intenso —mencionaste tratando de ocultar la emoción de tu voz—. El Rey pasó por mi lado y no morí… y luego…

Gon te palmeó la espalda al saber que no tardarías en explotar.

—¡Fue asombroso! —exclamaste mientras gesticulabas con tus brazos—. ¡Un dragón de verdad salió de su cuerpo y se fue volando! Yo también quiero hacerlo, quiero montar a un Shenlong. ¿Puede hacerlo de nuevo? ¿Puede hacerme volar a mí también?

Escuchaste a Killua burlarse por lo bajo.

Te aclaraste la garganta, poniendo un semblante más serio.

—Quiero decir… hola. ¿Qué tal?

—Hola —Zeno te devolvió el saludo.

Sin contar a Illumi, Zeno era el primer miembro de la familia Zoldyck que conocías oficialmente y estabas causando una pésima primera impresión.

El anciano paseó su mirada por cada uno de los presentes, deteniéndose en su nieto.

—Abuelo.

—Mi misión ha terminado aquí —testificó y comenzó a retirarse—. No sé nada más aparte de la misión que se me encomendó. Puedes sacar tus propias conclusiones de lo que ocurre allí dentro.

—Suegr-… digo, señor Zeno —comentaste antes de que se marchara.

La inseguridad de si verías nuevamente al mayor de los Zoldyck te impulsó a decir lo que tantas veces pensaste.

—Killua es una gran persona —Diste un paso al frente con el deseo de que el viejo pasara tu mensaje a los demás miembros de su familia—. ¡Y no se merecía que le metieran una maldita aguja en la cabeza! —Zeno te caía bien, pero eso no le quitaba culpa por lo que había hecho Illumi—. Eso es todo.

Killua se quedó abriendo y cerrando la boca como pez en el agua, perplejo por tu osadía.

«¿Acaso no lo viste venir?»

Los hombros de Zeno temblaron ligeramente.

—Es una buena chica, Killua.

Y sin más, desapareció.

—¡Bien dicho, (T/N)! —Gon chocó las manos contigo.

—¿Crees que causé una buena impresión?

—Estoy seguro que sí.

—¡Ustedes dos, ya basta! —Killua intentó sonar firme, pero su sonrojo lo contradecía—. Dejen de hablar estupideces.

—Ehh… creo que alguien está avergonzado —te susurró Gon, causándote una pequeña risa en afirmación.

El albino tomó el liderazgo de la situación alegando que dejaran de perder el tiempo y amenazándolos con dejarlos atrás si no se apuraban. Con la diversión plasmada en sus rostros, Gon y tú lo siguieron.

—¿Por qué se retrasaron? —preguntaste.

—Youpi se volvió loco y destrozó todo —respondió Killua.

—Nos obligó a tomar otro camino —complementó Gon.

—Por suerte, eso distrajo a Hisoka.

—Quien no nos quitaba la vista de encima.

—Esperemos que se mantenga ocupado.

Te forzaste a no reír por el hecho de que estuvieran terminando las frases del otro tan casualmente. Y también, porque Killua no mencionó para nada que había ayudado a Ikalgo, tal vez no lo veía como algo especial, pero era muy lindo de su parte.

—Yo creo que tendríamos suerte si Hisoka terminara… —te interrumpiste al contemplar la impactante escena frente a ti—…mal herido.

Komugi estaba en el suelo, con su estómago completamente abierto, mientras Doctor Blythe trabajaba en sus heridas. Automáticamente llevaste una mano a esa zona, imaginando lo doloroso que debía ser, sintiendo náuseas por el olor a sangre y las entrañas de fuera.

Apartaste la vista para mirar a tus compañeros, quienes no se veían mejor que tú. Cada uno con un dilema interno.

La buena noticia era que tendrían ventaja… La mala, bueno, no había necesidad de mencionarla.

Neferpitou se giró lentamente al sentir la presencia de los intrusos, inmediatamente poniéndose en alerta.

Esa fue tu señal para actuar.

—No venimos a hacerte daño… —empezaste indecisa—…todavía… Quiero decir, si cooperas…

«Ya se me olvidó lo que tenía que decir.»

—Tenemos algunas preguntas que hacerte.

Sip, eso que dijo él.

Gracias al cielo, Gon intervino en medio de tus balbuceos. Se acercó con paso firme a la Hormiga.

—¿Dónde está Kite?

Pitou pareció no escuchar la pregunta, puesto que su semblante seguía tenso.

—¿Recuerdas a un hombre de piernas largas… mmm… con boina?

—(T/N), yo haré las preguntas.

«Wow, no acaba de decir lo que creo que dijo, ¿o sí?»

Lo tomaste de la oreja y lo arrastraste sin preocuparte por sus quejidos.

—Gon, creo que se te ha olvidado un pequeñito, pequeñito detalle, muy chiquito tal vez —Le sacudiste una basura invisible de su hombro—. ¡A mí no me hablas así, jovencito!

—Pero no he dicho nada malo —dijo quejumbroso—. Solo parecía que tenías problemas al hablar.

—¡Aunque parezca que tengo problemas, no los tengo, ¿entendido?! ¿Cómo puedes hablarme de esa forma?

—¿Por qué me pegas?

—¿Ya entraste en tu etapa de rebeldía?

Killua puso los ojos en blanco. Ignoró la anticlimática escena que estaban protagonizando y se arrodilló junto a Pitou, quien no le despegó la mirada.

—Escucha, no le haremos daño a ella si cumples nuestras condiciones —Señalando a Komugi, esperó una reacción por parte de la Hormiga—. Es importante para el Rey, ¿no?

No se sentía muy orgulloso de estar actuando como el villano y aprovecharse de la situación, le hacía recordar a su antigua vida como asesino, sin embargo, era consciente que no obtendrían la victoria jugando limpio.

Pitou contestó tras una pausa.

—Haré lo que digan.

«Bingo» —pensó el Zoldyck —. «Ahora solo falta que esos dos idiotas se concentren».

—Killua te está pegando sus malas mañas —continuabas renegando con Gon mientras éste hacia oídos sordos a lo que decías.

«Pensándolo bien, puedo encargarme de esto solo» —suspiró y retomó su atención con Pitou—. Primera condición…

Killua reaccionó un segundo después que la Hormiga ante la terrible aura que se hacía presente.

Gon también la sintió y su primer movimiento fue ponerte detrás de él.

Ibas a seguir regañándolo de no ser por el sonido de alguien acercándose a paso lento y amenazante.

—Pero ¿qué tenemos aquí? —El mago saboreó sus palabras mientras salía de la oscuridad—. Un lindo gatito… no, dos lindas gatitas.

«Ahora sí estamos jodidos.»

—No tienes que estar aquí, Hisoka —acusó Gon—. Tendrías que estar ayudando a Shoot y Knuckle.

—No soy el único que no debería estar aquí, ¿cierto, (T/N)?

—Pues hay una razón muy lógica para esto —comentaste vagamente, tratando de sonar calmada.

La atención del pelirrojo se enfocó en la Hormiga y en la niña tendida en el suelo.

—¿Era ella de quien hablabas? Si es así, déjame decir que has hecho un gran trabajo protegiéndola.

Apretaste los dientes por tal desvergonzado cinismo.

—¿Qué es lo que quieres? —indagó Killua con todos sus sentidos alertas.

—Que seamos honestos entre nosotros —se relamió al clavar su mirada en la Hormiga—. Y una buena pelea, por supuesto.

—¡Espera, por favor!

La súplica de Pitou te instó a plantarte entre ella y Hisoka. Hasta tú te sorprendiste de tu valentía.

—¡(T/N)! —exclamó Gon.

—Hay un pequeño problema, Hisoka gominola… puedo llamarte así, ¿verdad? —dijiste con un cariño disfrazado—. Verás, nuestra amiga Neferpitou, y digo su nombre completo porque me daría risa si solo digo la mitad, está algo ocupada y no puede atenderte en estos momentos… por si no te has dado cuenta —apuntaste hacia la muñeca gigante—. ¿Por qué mejor no regresas con Youpi y liberas todo tu… erotismo con él?

Killua estaba preparado para intervenir en cualquier momento.

Hisoka puso una cara inocente como si estuviera pensado profundamente en la idea, aunque su aura seguía igual de «necesitada» que cuando llegó.

—Ya sé —Preparó una carta dispuesto a lanzarla—. Únicamente tengo que eliminar el estorbo que la retiene.

—¡No! —Te deslizaste a la derecha para volver a detenerlo—. No, no, no, no estás entendiendo…

—¡Haré lo que sea que digan! —gritó Pitou con desesperación—. Solo déjenme curarla.

—Ya la escuchaste —intervino Killua, siendo precavido con sus movimientos—, hará lo que queramos después.

Hisoka expandió su sonrisa, a la par que su lujuria de sangre aumentaba.

—Si tan importante es para el Rey, entonces tendrá que luchar contra mí si la asesino.

—Pero no podrás pelear contra Pitou… Rayos, lo dije.

Contrario a lo que dijiste anteriormente, no te causó nada de gracia. La presencia de Hisoka era intimidante, si no hacían algo pronto, Komugi terminaría muriendo.

—¡Hisoka! —gritó Gon, aumentando la tensión en el aire—. Si te atreves a hacerle daño…

La amenaza de Gon fue interrumpida por el impacto del hueso contra el suelo, el crujido haciendo eco en la habitación.

—Te ofrezco mi brazo izquierdo —tembló la voz de Pitou—. Si no es suficiente, pueden tomar cualquier otra parte de mí —Sudor frío recorría su frente—. Sólo déjenme curarla.

Su acto los dejó paralizados, exceptuando a Hisoka.

—Temo que eso no funcionará —Sus palabras eran como un balde de agua fría—. Aunque… aquí hay otra gatita que podría ayudarte. ¿Qué dices, (T/N)?

En un parpadeo, Hisoka había puesto una carta en tu yugular.

—Si se mueven, le rebanaré el cuello.

Gon y Killua paralizaron sus movimientos, conscientes de que el mago no dudaría en hacerlo.

—¿Quieres saber de qué color es tu sangre? —te preguntó en éxtasis el mago.

—Me gustaría vivir con la ilusión de que es azul —bromeaste, dirigiendo una fugaz mirada a tus amigos para que se tranquilizaran—. ¿Qué tengo que hacer?

—Decirme cómo llegaste aquí.

Pasaste saliva.

—Sencillo, ¿no? —Se inclinó para susurrarte en el oído—: Dímelo, y los dejaré ir.

—¿Cómo sé que puedo confiar en ti? —preguntaste con cautela.

—No puedes.

Era todo o nada. Estabas segura que su juego retorcido no estaba dirigido a ti, sino a los pequeños Cazadores. Tú solo eras el comodín.

—Tú ganas, te lo diré —concluiste—, pero tienes que dejar en paz a la niña ciega también.

Hisoka presionó la carta en tu cuello, incitándote a hablar.

—Puedo abrir portales como Knov —dijiste al sentir una gota de sangre resbalar por tu cuello—. Tiene que ser sobre algo sólido… y debo tener una imagen clara del lugar al que quiero ir —Te mordiste el labio, esperando que fuera información suficiente para satisfacerlo—. Lo demás ya lo sabes.

Cerraste tus ojos, escuchando el latir de tu corazón, aguardando el veredicto final.

Sentiste la carta ser retirada para ser remplazada por la lengua del mago, limpiando la sangre del pequeño corte que te hizo.

—Buen trabajo, gatita —murmuró.

Hisoka te descartó como si nada a un lado y se sentó cómodamente delante de Pitou.

—¿Estás bien? —Killua preguntó con preocupación.

—Quitando el asco de que Hisoka se convirtió en Edward Cullen —respondiste mientras tratabas de quitarte la desagradable sensación—, estoy perfecta —Entrelazaste tu mano con la de él, buscando consuelo, y para quitarle el ceño fruncido que tenía—. ¿Y tú?

—Vámonos —acató, ignorando tu pregunta y dirigiéndose a la salida, haciendo un gesto con la cabeza a Gon para que hiciera lo mismo.

Tendrían que cambiar de planes.

—Alto —El pelirrojo no tuvo que girarse para detenerlos—. Ustedes dos pueden irse... pero ella se queda.

Ofendiste a quien sea que haya pensado que esto no podría ir peor. No decir esa frase era una de las reglas básicas de supervivencia en una situación peligrosa.

—Prometiste que nos dejarías ir…

—Dije que los dejaría ir, más no especifiqué que tú irías con ellos.

«¡Hijo de…!»

—Ya me cansé de tus juegos, Hisoka —Gon se encaminó con lentitud amenazante hacia el mago—. ¡Levántate y resolvamos esto afuera!

—¡Gon!

El llamado de Killua no pareció hacer entrar en razón al Freecss.

Esto estaba mal, muy mal. La cara de Hisoka reflejaba la morbosidad de su juego, extasiándose por las reacciones que estaba recibiendo.

Estaba provocando a Gon, y Gon estaba provocando a Hisoka. Si no intervenías, las cosas no terminarían para nada bien.

—Gon, mi dulce duendecillo —Acunaste su rostro entre tus manos—. Mírame… tienes que controlarte. Está jugando contigo, no le des ese placer… Gon, mírame —Trataste de sonar firme—. Hay algo que vinimos a hacer, ¿recuerdas? Cuando Hizorra se enfrente a Pitou nos reagruparemos, ¿okay?

Gon no te respondió, solo parecía más y más molesto.

Tenías que convencerlo de algún modo.

—¿En cuánto tiempo puedes curarla?

Pitou pareció salir de su trance ante tu pregunta.

—Alrededor de tres a cuatro horas…

—Tiene que ser menos —cortaste.

—…Con una hora podría sanar las heridas críticas.

—¿Escuchaste eso, Gon? —sonreíste ligeramente—. Solo una hora y todo estará bien. Una hora solamente.

El nerviosismo poco a poco se apoderaba de ti. Todos tus esfuerzos por proteger a tu pequeño Gon se estaban desvaneciendo.

—No es justo…

—Lo sé —concordaste al abrazarlo—. Pero esto es solo un interludio, todo estará bien.

Gon se separó de ti y le dirigió una última mirada de furia a Hisoka.

—Si le haces algo… —Apretó sus puños, dio medio vuelta y se llevó todo su enojo con él.

Tu duendecillo tenía razón, no era justo, pero así eran las cosas. La única opción era lidiar con ellas de manera fría, si perdían la cabeza, todo estaría acabado, no solo literalmente.

—Killua, ayuden a los demás. Yo averiguaré todo lo que pueda sobre Kite… ¿Killua?

Él tampoco quería mirarte, pensaste que habías cometido otro error. Lo único que hacías era lastimarlo, por eso no te atreviste a tocarlo.

—Oye, cuida a Gon por mí, ¿sí? —Escondiste lo mejor que pudiste tus inseguridades para que no se preocupara por ti—. Y acuérdate de decir el nombre de tu técnica… el que escogimos juntos…

Killua exhaló ruidosamente.

—Por supuesto que lo haré —Te miró con diversión—. ¿Con quién crees que estás hablando?

Parecía que estaba bien. El problema con esa palabra era que solo parecía estar bien.

Retrocedió unos pasos, viéndote por última vez y, como Gon, se fue sin mirar atrás.


Enyd: Estoy leyendo muchos diálogos reciclados.

Yo: Yo no escribí eso, ¿quién se está metiendo con mi trabajo?

Leorio: Te dije que tuvieras cuidado con Hisoka.

Y: ¡¿Dónde está mi editor?!