Gracias por sus comentarios :D
Estaba pensando en hacer un especial de cumpleaños por todas esas personas que cumplieron años estando en cuarentena (sí, yo fui una de las desafortunadas xD) Déjenme saber si les gustaría n,n
Sin nada más que agregar les dejo con el capítulo.
Disfruten la lectura \(^0^)/
Esto tenía que ser una maldita broma.
Ofendiste—nuevamente—a quien sea que haya dicho que esto no podía ir peor.
«¡¿Qué demonios le pasa al universo?! ¿Acaso está en mi contra?»
La copia «hecha en NGL» de Kurapika no debía estar aquí. Se suponía que Knov y Morel se encargarían de él, era imposible que lograra engañarlos a los dos, y menos, cuando éstos ya sabían sus habilidades.
—No. No. Y no. —remarcaste cada palabra—. Tú no tienes, no puedes estar aquí. ¡Hisoka! —Estampaste un pie contra el suelo como un niño haciendo berrinche—. Dile que no dé un paso más o… D-dile lo que haremos si lo hace.
Te cruzaste de brazos para verte amenazante, y esperaste a que Hisoka te secundara.
—No estoy interesado en un clon —murmuró sin muchas ganas el mago, sin moverse ni un ápice de su lugar—. Pero si se interpone…
Su tono amenazante fue muy claro para Pitou.
—Pouf…
Hisoka había sido muy paciente, y sus ganas de pelear estaban desbordándose con lentitud placentera, saboreando cada minuto que pasaba; así que, para disfrutar el tiempo libre que quedaba, jugaría un poco más. Averiguaría si había tomado la decisión correcta al retenerte.
—Es cierto —habló con parsimonia Shiapouf después de una pausa—, soy solo un clon. No represento un peligro —Hizo una ligera reverencia—. Vengo en paz.
«Dos antagonistas en una habitación, esto no puede ser peor… ¡Demonios! Me retracto, no quise decir eso. Que no empeoren más las cosas, por favor.»
Por alguna razón no le creías, quizás eran sus gestos exageradamente falsos, o su voz tan irritante o, tal vez, era porque sabías las verdaderas intenciones de Butterfree.
Dejando eso de lado, lo que más te preocupaba era saber qué estaba ocurriendo allá afuera; ¿Morel y Knov habían perdido? ¿Qué pasó con Knuckle y Shoot? ¿Dónde estaban Killua y Gon? ¿Ikalgo? ¿Meleoron? Tenías que saber la verdad.
—No haré nada —prosiguió Pouf—. Sin embargo, quisiera que Pitou me explicara qué sucedió.
«Cómo si fuéramos a dejarte.»
—Adelante.
«¿Qué?»
Una parte de ti se quedó pasmada por la condescendencia de Hisoka mientras la otra te reprendió por olvidarte de que el pelirrojo no era tu aliado. Viéndolo de otro modo, a Pouf y Hisoka no les interesaba Komugi, en cambio, a Pitou y a ti sí—por distintas razones, pero daba igual. Eso las hacía estar del mismo lado, aunque la Hormiga no lo supiera.
Lo importante ahora era saber cómo lidiar con la presencia de Pouf; si sería bueno que lo mantuvieras allí o era mejor que lo echaras de cabeza con Pitou. Si realmente era un clon, como Hisoka había dicho, no sería un problema tan grande.
«Aunque sería más sencillo si supiera qué sucede afuera.»
Un movimiento en falso, o una palabra incorrecta, y todo podía ponerse en tu contra.
—«Muy bien, (T/N). Tienes tres herramientas delante de ti» —pensabas mientras Neferpitou le relataba lo ocurrido a Pouf—. «Conoces las intenciones de Pouf; sabes el estado psicológico de Pitou, y comienzas a comprender parcialmente a Hisoka. Si logras que las piezas encajen, habrás logrado una victoria».
Tus vasos sanguíneos acrecentaban tu pulso, disminuyendo tu respiración y aumentando tu ansiedad. Era una batalla que tendrías que luchar sola. De solo pensarlo la cabeza te empezaba a dar vueltas.
Pero no. No estabas sola.
Tus amigos todavía estaban luchando, ¿qué importaba que un clon de Pouf estuviera aquí? Ellos aún se estaban esforzando, algo te lo decía. Si algo habías aprendido, fue a confiar en tus compañeros.
Sugar Daddy, Gollum, La Mano Peluda, Gangsta Paradise, Ikalgomón, Meleoromón, tu bro y tu crush eran un equipo, y tu nombre también estaba en ese equipo. Te preguntaste qué apodo tendrías tú.
Ibas a tener que jugártela con la información que poseías e improvisar con tu intuición femenina.
Cuando Neferpitou terminó de hablar con Pouf, éste aceptó esperar por el Rey, aunque te pareció gracioso, ya que en ningún momento Hisoka le prohibió salir.
«Es ahora o nunca.»
Tus palabras tropezaron por la inoportuna aparición de tu burbujeante risa. Comenzó sutilmente a subir por tu garganta hasta convertirse en una carcajada estruendosa, casi como la de un villano o una bruja, provocando que las Hormigas te miraran con recelo y que Hisoka levantara una ceja con curiosidad.
—Lo siento… es que esto es tan… divertido… «Y tremendamente aterrador» —decías entre risas, casi como si hubieras perdido la razón.
Y no estaba muy lejos de la realidad, pero tomaste ventaja de ese momento de locura nerviosa.
—¿Crees que las cosas están saliendo cómo quieres? —preguntaste con ironía a Pouf, conservando los últimos matices de tu risa.
—¿Disculpa?
—Ay, no te hagas el que no sabe… Pouf —dijiste su nombre con burla—. Sabes de lo que hablo.
—No entiendo a qué…
—Yo lo sé todo —lo interrumpiste con énfasis—. Yo lo veo todo. Sé lo que hay en tu interior. Y ¿sabes por qué? —pausaste de forma teatral—. Un pajarito me lo contó.
Te balanceaste sobre tus talones para encaminarte al lado de Pitou, sin despegar tu mirada de Pouf.
—Tú sabes quién —susurraste, para continuar con dramatismo—. ¿Ahora lo entiendes? Straid nunca estuvo de su lado.
El ceño de Pouf se frunció.
«Bien, puedo seguir por ese camino.»
Pusiste tu mano en la cabeza de Pitou con desmesurada confianza. Te inclinaste ligeramente a ella como si fueras a hablarle a un niño.
—Oh, pero no te confundas, no por eso tiene que caerme bien —le comentaste a Pitou, quien destilaba confusión por todos lados—. No me agradan los traidores, así de simple. Por eso hubiera preferido que lo mataran, pero no siempre obtenemos lo que queremos, ¿verdad, Pouf? —Retiraste tu mano de Pitou y la rodeaste, empezando a caminar detrás de ella a paso lento, muy cerca de Komugi—. Para ser honesta, no me interesan las órdenes que les haya dado el Rey. No obstante, ustedes son sus fieles Guardias, ¿no? Cumplirían sus órdenes a cualquier costo; al fin y al cabo, con ese propósito nacieron.
Shaiapouf te seguía con la mirada sin decir ni una sola palabra.
—Mi compañero —señalaste a Hisoka con tu brazo derecho—, quiere luchar con tu compañera —Usaste tu brazo libre para señalar a Pitou—. A él realmente no le importan los factores externos, como a la mayoría que está aquí. Tiene solo un objetivo —Levantaste el índice—. Uno solo.
Llevaste tus extremidades detrás de ti, abriste tu mochila y sacaste el arma que llevabas para, segundos después, apuntarle a la cabeza de Komugi.
—¿Cuál es el tuyo? —determinaste con seriedad.
—¡Espera! —Pitou saltó al instante—. ¡He hecho todo lo que me han pedido! ¡Haré lo que sea!
—No es nada personal, hormiguita —la callaste, sujetando con ambas manos la pistola. Al contrario de tu voz calmada, tus manos estaban a punto de temblar, así que apretaste el agarre—. Pero esto era una fiesta privada, y tu amigo vino sin invitación.
Pitou interpretó tu acción como que no aceptarías más juegos. No entendía nada. Tu aura era tan neutral que no vio venir tu movimiento. Ni hostilidad, ni empatía. Nada. No podía leerte.
—¡Pouf! —imploró con desesperación—. ¡Haz lo que dice!
El aludido no cambió su expresión. Parecía que en cualquier momento se abalanzaría sobre ti, pero, por otro lado, no lucía como alguien que fuera a hacerlo. Un fugaz matiz de sadismo brillaba en su mirada, el cual no hubieras identificado, si Hisoka no lo tuviera también.
En medio de ese circo de locos, el pelirrojo se relamía las ganas de iniciar el show.
—¿Lo harás? —provocó en silencio el mago.
Sonreíste con malicia, tú mirada fija en Pouf.
—Es tu decisión. Vete… y le meteré un tiro en la cabeza. O quédate…—dijiste al encogerte de hombros. Miraste de reojo a Pitou antes de añadir—: Tendrás que atenerte a las consecuencias de tus actos.
Tú y Pouf se retaban sin palabras.
«Vete. Vete. Vete. Vete.»
Los segundos pasaban y el oxígeno empezaba a escasear.
Finalmente, Pouf cerró sus ojos, como si hubiera llegado a una respuesta inequívoca.
—Creo que estás confundida en una cosa —comentó mientras ponía una mano en su pecho—. Es verdad que nuestro propósito es servir al Rey. Sin embargo, nuestros deseos no influyen en lo que es mejor para él. De lo contrario… —Le dirigió una mirada desdeñosa a Komugi, aún inconsciente y ajena de lo que sucedía. Inspiró hondo y extendió su brazo—. Así que, lo que decidas hacer a continuación, será tu responsabilidad.
—Pouf, ¿qué estás…? —susurró Pitou.
Pouf dejó caer su brazo a un costado, sus ojos se pusieron blancos y partes de su cuerpo comenzaron a inflarse como si algo dentro de él luchara por salir.
—No lo hagas…
Haciendo caso omiso a la petición de Pitou, Shaiapouf fragmentó su cuerpo en miles de partículas. Sus «yo» diminutos danzaron en el aire, escapando por las rendijas y riéndose atolondradamente al haber hecho una travesura.
Pitou no lo podía creer. Estaba atónita por la decisión que Pouf hizo, dándose cuenta casi instantáneamente de lo que significaba. Eso la aterró.
—¡Por favor, soy yo a la que quieren! —le rogó a Hisoka—. ¡Haré lo que sea para disculpar lo que hizo mi compañero! Pero por favor…
Se giró para suplicarte, pero tú ya no estabas en ese lugar.
—Bien —exclamaste al saltar y caer al suelo, manteniendo tus manos unidas para que la pequeña cosa que estaba entre ellas no se escapara—. Atrapé un pequeño y feo Pixie.
Pitou observó cómo te inclinabas hacia el mago y le extendías tus brazos con una sonrisa.
—Hisoka, ¿puedes amarrarlo a esta piedra?
El pelirrojo tembló de excitación, dibujando una sonrisa siniestra en su rostro mientras tú le sonreías dulcemente.
—Sabía que no me había equivocado contigo.
Pitou ahora estaba segura, tenía un monstruo delante de ella.
.
.
.
—Ah, por cierto —dijiste como si apenas hubieras recordado algo—, tienes quince minutos menos para curarla.
Te sentiste un poco mal al hacerle eso a la Hormiga, después de todo no había sido culpa suya. Sin embargo, era necesario acortar el tiempo para irte rápidamente de ese lugar y averiguar lo que estaba sucediendo detrás de las paredes que te aprisionaban.
Continuaste jugando con el pequeño Pouf, cuyo pie estaba inmovilizado por la Bungee Gum de Hisoka, unida a la piedra que sostenías.
Pitou arrastró lentamente sus garras hasta formar un puño que reflejaba toda su impotencia. Miró con reproche a Pouf—o a la parte de él que había—mientras éste intentaba zafarse de lo que sea que estuviera pegado.
—No me culpes —recriminó la mariposa, que incluso así mantenía su tono pomposo al hablar—. En estos momentos, la prioridad es la seguridad del Rey.
Neferpitou se abstuvo de responderle. Una parte de ella lo entendía, pero la otra… Ya no podía confiar en él, ni mucho menos, confiarle a Komugi.
—En esta forma no das tanto asco —le decías a la mosca, ignorando su intercambio de palabras con Pitou, mientras lo tocabas—. Puedo decir que incluso eres lindo. Tan pequeño y tierno…
—Suéltame… mujer vulgar…
—Quien lo quiere, quien lo quiere —le hablabas como si fuera un bebé, acariciándole su pancita.
No te podías resistir a esos ojitos y a esa forma tan regordeta. Admitías que Pouf no te caía para nada bien, es más, bailarías sobre su cadáver si tuvieras la oportunidad, sin embargo, no negarías que se miraba terriblemente adorable con su forma de padrino mágico. Así que continuaste jugando con él.
—Basta —Pouf intentaba detenerte con sus pequeñas manos, fallando miserablemente en cada intento. Eso provocó que llorara internamente—. Me siento ultrajado…
«Eso no hará que me detenga.»
Una de las razones por las que no quisiste al Pouf grande allí fue porque no sabías si Pitou lo usaría en tu contra cuando ella hubiera terminado su tarea; con una persona más de su lado, podía encargar a Komugi fácilmente—y arrancarte la cabeza de igual manera—así que, si Pouf revelara sus verdaderas intenciones, Pitou se desmoralizaría.
Por otro lado, esperabas que, por algún golpe de suerte, Pouf pequeño revelara la ubicación de Straid. Algún indicio de lo que estaba ocurriendo, quizá. O mejor, él mismo fuera por el hechicero.
Aún era temprano para cantar victoria. Habías tenido mucha suerte, demasiada a tu parecer, y eso no hacía más que aumentar tu ansiedad. No podías relajarte, todavía quedaba un último paso, el más importante y grande de todos.
Pouf había sido solo un cebo, y su próximo uso sería después de la última fase de tu plan improvisado. Del cual estabas bastante orgullosa, a pesar de todos los principios morales que habías roto a simple vista.
Ahora tenías que pensar a dónde demonios transportar a Hisoka y a Pitou cuando ésta terminara de curar a Komugi.
Debía ser un lugar lejos, donde les llevara mucho tiempo volver al palacio. ¿Peijing? No, demasiado cerca. NGL era buena opción, pero tenías que escoger un lugar vacío, y era bastante complicado concentrar tu mente en algo concreto.
Quizá la habitación de cuatro dimensiones. Riesgoso. No estabas segura si serías capaz de pensar en otro cuarto que no fuera en donde estaban los médicos. Eso sería catastrófico.
—Estás bastante confiada —Pouf interrumpió tus pensamientos. Parecía haberse dado por vencido al ya no intentar escapar—. ¿Puedo hacerte una pregunta?
—La acabas de hacer —respondiste con simpleza.
La Hormiga se quedó pensando en tu respuesta como si fuera lo más inteligente que hubiera escuchado jamás en su vida, o lo más estúpido que alguna vez oyó. Cualquier razón que haya sido, carraspeó sin darle mucha importancia.
—Entonces ¿puedo hacerte otra pregunta? —Levantaste las cejas con diversión, a punto de responderle lo mismo, pero Pouf se adelantó—. ¿Puedo hacerte una pregunta después de esta pregunta?
—Bien dicho —alabaste—. Ya estás aprendiendo el sarcasmo de los humanos.
—¿Cuáles son tus intenciones?
Dejaste escapar una risita por la impaciencia de la Hormiga. Te observaba fijamente, sentándose elegantemente en la roca, con una expresión suspicaz.
—Eso es fácil —dijiste—. Pero para que lo entiendas tendré que empezar desde el principio —Hiciste una pausa—. Por qué quiero ser la protagonista de un manga shonen.
—¿Eh?
Pouf no sabía que había despertado a la bestia.
Yo: *suspiro*
Leorio: Últimamente has estado suspirando mucho.
Y: Es que...
L: Es molesto.
Y: ¬¬
Enyd: Es cierto.
Y: Bueno, eso es porque tengo dos noticias; una buena y una mala.
L: ¿Cuáles?
Y: La buena es que Illumi aún no encuentra a (T/N), la mala... ¡es que ahora ella es cómplice de Hisoka para apoderarse de mi trabajo! *lanzando humo*
L: ¿Y?
Y: ¡¿Cómo que "y"?! ¡Es mi creación, no puede ponerse en mi contra!
E: Te faltó añadir una mala noticia más.
Y: ¿Ahora qué?
E: *extendiendo una hoja de papel* Killua te demandó por hacerlo OOC.
Y: =_=
L: ¿Se puede demandar por eso?
E: Pues... parece que sí.
L: Mmmmm...
Y: Ni lo pienses ¬¬
L: :'D
