Hola, hola queridos lectores :D Me entra algo de nostalgia saber que ya estamos en la recta final (ahora sí) de esta historia, me recuerda a cuando dije que se prepararan para el final unos 30 capítulos pasados xD Pero ahora sí es 100% true, no fake :( Así que será un honor estar con ustedes hasta el final n,n
Wolf's Mist: ¡Oficialmente te doy la bienvenida por estos rumbos! Sabía que regresarías a mí un día de estos ;)
Tenshibara: Todos tus memes de "se tenía que decir y se dijo" son muy acertados xD Reader-chan resultó ser muy manipuladora, quizá por eso le caiga bien a Hisoka jaja Eso me llevó a una pregunta: ¿qué tipo de nen tendrían ustedes en el mundo de HxH? A mí me gustaría ser Materializador para invocar a un Kurapika cada vez que me sintiera sola jajaja (lástima que un test que hice en internet me salió que sería Potenciador T_T). Me imagino a Hisoka como el meme de Michael Jackson comiendo palomitas xd
Sombra: Wow, falta muy poco para tu cumple :0 Bueno, espero tenerte una sorpresa ese día n,n Eres genial, no lo olvides, linda ;)
Mika: Gracias por comentar :D Nuestra protagonista tiene que verse genial de vez en cuando jajaja ¡Poder otaku al máximo!
Sonye-San: El secreto, mi querida Sony, es muuuucho tiempo libre y noches de insomnio xP No sé, Zeno se me hace que es igual de convenenciero que todos los miembros de la familia Zoldyck, así que quién sabe si T/N se lo echó a la bolsa xD Oh, oh, notaste el detalle del libro? jeje
Disfruten la lectura \^0^/
—Y es por eso que la mayoría de los personajes femeninos son mediocres —hablabas exhaustivamente, tratando de explicarle a Pouf las incongruencias y lo alejadas de la realidad que estaban los símbolos femeninos en las obras de manga—. Y no te he contado sobre los shōjo, algunos se salvan, pero la mayoría son…
Pouf parpadeaba con lentitud, esperando que en cualquier momento dijeras algo relevante. Los últimos diez minutos no habías dicho más que disparates. Se preguntaba si tan siquiera respirabas; ¿cómo podías decir tantas palabras por minuto sin pararte un poco a tomar aire? Asqueroso, lanzabas saliva por doquier. Eras un ser repugnante. Aunque, a pesar de eso, admitía que lograste sorprenderlo. Creía que matarías a Komugi una vez él se marchara de la habitación; pero no, habías ignorado a la mocosa cuando lo atrapaste y habías estado diciendo locuras que no le importaban, escondiendo muy bien tus verdaderas intenciones. Sin embargo, tomaría eso como una ventaja. Que una parte de él estuviera aquí era suficiente para indagar más en el asunto que realmente le interesaba.
—¿Estás escuchándome? —le reclamaste en medio de tu magnífico discurso—. No me gusta que me ignoren, me hace quedar como una tonta. ¡Y nadie ignora al personaje principal!
—Nada de eso —contestó con educación—. «Estoy sobrestimándola, su mente es bastante simple».
Decidió cambiar su comportamiento, a fin de cuentas, se atraían más moscas con una gota de miel que con un barril de hiel.
—Pero creo que no entendiste mi pregunta —aclaró—. Cuando pregunté por tus intenciones me refería al motivo por el que estás aquí.
Te quedaste contemplándolo inexpresivamente.
—¿Quieres verme la cara de estúpida?... «¡No tenía idea! Me dejé llevar por mi alma otaku. Trágame tierra, aviéntame un rayo o lo que sea»… Por supuesto que ya lo sabía —Sudaste frío.
—«¿Me equivoqué?» —La cara de Pouf no reflejaba sus pensamientos internos—. «Puede que su mente sea más compleja de lo que creí. Está ocultando su verdadero ser. Ella… es más peligrosa de lo que…».
—¡A eso estaba llegando! —continuaste con brío—. Estaba a punto de decirte mis verdaderas intenciones.
—«No. De verdad es tan simple como Youpi» —aseguró con superioridad al analizarte—. «Yo nunca me equivoco».
—Un segundo —lo escudriñaste—. Yo soy la que tiene que hacer las preguntas. Quieres distraerme, ¿no?
—Te aseguro que esa no es mi intención —Se levantó y flotó para quedar a la altura de tus ojos—. Se ve que eres una persona razonable, me gustaría llegar a un entendimiento mutuo.
—¿Qué clase de entendimiento?
Pouf llegó a la conclusión de que, debajo de esa actitud despreocupada, te dejabas dominar por tus impulsos. Sería fácil utilizarte si se comportaba de la manera adecuada.
—Respecto a lo que dijiste anteriormente —habló en voz baja para que solo tú lo oyeras—. Lo que verdaderamente deseo.
—Te escucho —murmuraste con interés.
—Para ser justos —prosiguió—, es necesario que me digas lo que realmente quieres. Así ambos conseguiríamos ganar.
—Mmm… continúa.
—Si está en mis posibilidades, te ayudaré, siempre y cuando tú me ayudes a mí.
Dejó que meditaras su propuesta.
—Un intercambio equivalente, ¿eh? —murmuraste para ti misma. Le echaste una rápida mirada a Komugi y luego dirigiste tu vista de nuevo hacia Pouf, haciéndole saber que entendías lo que quería—. Un traidor por otro «traidor».
Por lo que Pouf conocía de los humanos, todos eran seres egoístas y codiciosos, sus instintos los orillaban a buscar el beneficio propio en cualquier ocasión. Eran desleales y soberbios. Así que no se sorprendió cuando aceptaste su oferta.
—Me guiarás hacia Straid —puntualizaste, tajando el asunto para que no hiciera más preguntas—. Y me dirás dónde están mis compañeros.
—Te doy mi palabra —afirmó—. En cambio, tú…
—Me haré cargo de tu problema —le guiñaste un ojo.
Ambos estrecharon sus manos—tú usando el meñique—cerrando el trato.
Pouf pensó que las cosas habían ido sin complicaciones. Te habías ofrecido en bandeja de plata, creyendo que te llevarías algo de aquí, cuando en realidad lo único que obtendrías sería una muerte instantánea. Su interior se retorció con deleite. Eliminaría los obstáculos del Rey sin necesidad de mover un dedo.
—«Qué ingenua» —pensó la Hormiga.
—«Qué tonto» —reíste internamente.
—«Qué le hace creer que le ayudaré» —pensaron al mismo tiempo.
—«Yo soy…»
—«Yo soy…»
—«¡Leal al Rey!»
—«¡La justicia! Ah, diálogo equivocado».
En cuanto se separaron atrapaste de nuevo a Pouf para jugar con él.
—Argh… creo que hay que poner unas cuantas cláusulas en nuestro contrato.
Gon corría por los pasillos del palacio. Sus heridas no le impedían moverse con agilidad entre los escombros que obstruían su camino.
Se había separado de Killua en cierto punto del combate para distraer a Youpi. Por más que había estado en desacuerdo con el albino, al final terminó cediendo.
Un quejido le hizo regresar sus pasos de su trayectoria original y desviarse hacia un pasillo a la derecha. Bajo un montón de rocas había alguien pidiendo ayuda.
—Por favor… Alguien…
El dueño de la voz era un viejo en traje, quien se calló al ver a Gon. Dudó en si pedirle ayuda o no, ya que intuía que era uno de los responsables del ataque anterior.
—¿Puedes ayudarme? —Al diablo con quien fuera, Bizeff no quería morir—. No puedo sentir mis piernas.
Gon lo observó con curiosidad para después dar una gran sonrisa.
—Tuvo mucha suerte —dio por hecho mientras levantaba la roca con su brazo bueno, liberando a Bizeff—. Debería tener más cuidado lo próxima vez.
—S-sí, supongo… —bufó el hombre, tragándose las ganas de culpar al mocoso que lo había ayudado, y que seguramente era el culpable en primer lugar.
—¡Oh, es el secretario Bizeff!
Una voz cantarina llamó la atención de Gon y del viejo. Era la compañera de Leol, Hina, acompañada por la silenciosa Shidore. Hina se detuvo al percatarse de la presencia de Gon.
—Bueno —comentó, poniendo un dedo en su barbilla—, ¡ya nos vamos!
—¡Espera! —Bizeff suplicó—. Ayúdame.
—Pero acabo de ayudarte —murmuró Gon con un signo de interrogación encima de su cabeza.
La Hormiga se encogió de hombros con indiferencia.
—Lo siento, pero no quiero problemas. No sé dónde están Leol-sama ni Flutter, y no conozco al Rey. No tengo nada más que hacer aquí.
—¡Él… él es un enemigo! —Bizeff señaló a Gon en un desesperado intento para que la Hormiga lo asesinara. Si la Federación se enteraba de su paradero estaría totalmente muerto, o peor aún, pasaría su vida en prisión.
Hina miró al niño de pies a cabeza, sin mucha importancia.
—Yo no soy su enemigo —dijo Gon con simpleza.
—¿Ves? Dice que no es tu enemigo —afirmó Hina en tono infantil—. Llévate bien con él —Se despidió con una mano mientras se daba la vuelta y empezaba a irse.
—¡H-hay mucho dinero en el subterráneo! —insistió Bizeff—. Serás recompensada si me llevas ahí.
—¿Dinero?
—¡Sí! Más allá del refugio del Líder Supremo hay una zona donde administro el tesoro. Te daré todo lo que quieras.
—Todo lo que quiera… —repitió Hina, pensativa.
—¿El subterráneo? ¡Oh! Yo también me dirijo hacia allá —intervino Gon, entusiasmado—. Podemos ir juntos.
Bizeff casi se ahoga por su comentario. Nadie lo había invitado a unirse.
—¡Perfecto! —aprobó la Hormiga, chocando su mano con la de Gon como si fueran amigos de toda la vida—. Más te vale cumplir tu promesa —le mencionó a Bizeff—, o te mataré.
Gon y Hina sonrieron de la misma manera al hombre, lo que le provocó un escalofrío.
—Odio mi vida… —susurró Bizeff cuando Shidore lo puso en su espalda.
Ikalgo estaba atrapado en el subterráneo, más precisamente, en el cuarto de seguridad. El cuerpo de Brovada se reflejaba en la imagen del monitor.
Había sido descuidado en su misión y ahora pagaba las consecuencias.
Las lágrimas caían como ríos por sus ojos. No había sido capaz de matar a sangre fría, ni siquiera para proteger a sus camaradas. Era un cobarde y se lamentaba por su debilidad, pero simplemente no pudo. No tuvo el corazón para disparar.
La sola idea de pensarlo le revolvía el estómago. Podría ser incongruente con sus acciones pasadas, sin embargo, nunca había estado tan cerca de una vida, todavía latente, y ser capaz de quitarle el último aliento. La osadía de tal barbarie se la dejaba a los monstruos de verdad. Él no tenía el derecho ni el poder de decidir quién debía vivir y quién no. Aunque eso significara sentirse un traidor.
Si Enyd lo mirara en este momento, ¿qué le diría? Su encuentro con ella lo había marcado a profundidad. Le hizo comprender que su sueño de renacer como un calamar podía ir más allá de lo físico, que podía trascender a través de los límites impuestos. Le abrió un camino, y él lo había tomado.
Él era Ikalgo. Era libre.
Alguien le había mostrado bondad. No iba a avergonzarse de sus decisiones.
Se limpió las lágrimas con sus tentáculos, mostrándose decidido.
—Todavía quedan cosas urgentes por hacer.
Debía decirles lo que había encontrado.
—Se acabó el tiempo —Hisoka se levantó.
Lo imitaste con un sobresalto, tirando a Pouf en el proceso.
No eras la mejor calculando el tiempo, pero te era imposible creer que los cuarenta y cinco minutos que tenía Pitou para curar a Komugi ya hubieran pasado.
Y, para ser sinceros, todavía no estabas preparada.
«Maldito Pouf, me distrajo.»
Pitou desvaneció su Doctor Blythe al verse descubierta por tratar de ocultar el progreso que llevaba. Se levantó con lentitud y encaró a Hisoka.
—«Es tu oportunidad, Pitou» —instó Shaiapouf desde su posición.
Neferpitou entendió lo que Pouf trataba de decirle. Era su oportunidad para acabar con los enemigos del Rey. Te vio a ti a unos pocos metros más atrás y se preguntó a cuál de los dos debía atacar primero. Su garganta estaba seca. Cualquier opción sería demasiado riesgosa. Dejaría desprotegida a Komugi; tenía que encontrar la manera de acabar con ambos de un solo golpe. Pero tampoco podía arriesgarse demasiado. Si eliminaba a sus objetivos, pero perdía a Komugi, le habría fallado al Rey. ¿Qué debía hacer?
—Excelente —interrumpiste dando una palmada en el aire—. Ya pueden pelear fuera de aquí.
Te acercaste a ellos, cada paso retumbando en tus oídos. Una cosa era rondar cerca de una Pitou desprovista de nen y de intenciones para atacar y, la otra, era sentir tu vida pender de un hilo con tan solo respirar el mismo aire de una Neferpitou con ultra instinto nivel dios. Añadiendo a un Hisoka con cara de Bob Esponja de «no la necesito» a punto de abalanzarse contra lo primero que se moviera.
En ese preciso momento, sentiste el verdadero terror.
«Nunca había estado tan de acuerdo con esa frase.»
Antes de que pudieras agregar algo más, la tensión se cortó momentáneamente por la voz de Komugi.
—¿Q-qué sucedió? —preguntó desorientada, apenas levantándose.
Pitou se dio cuenta de lo inútiles que habían sido sus dudas. Lo primordial era la seguridad de Komugi.
—Quisiera…
La Hormiga se interrumpió abruptamente por el aura de Hisoka. Hasta tú sentiste que en la habitación bajó la temperatura.
—Ya no esperaré más tiempo.
Comprendiste enseguida que el pelirrojo estaba al límite, y si Pitou no le daba lo que quería, estabas segura que ni siquiera tú saldrías ilesa.
—¡Desde este momento ella es nuestra rehén! —expusiste con lo último de valentía que te quedaba—. Si haces todo lo que diga te la devolveré sin problemas —Señalaste a la salida—. Ahora vayan afuera.
Si esto no funcionaba ya no sabrías qué más hacer.
—¿Y-yo? —Komugi se apuntó a sí misma—. L-lo siento, no quiero causar problemas.
—No te preocupes —Te acuclillaste junto a la niña, aunque sentiste que te irías hacia el frente porque tus piernas comenzaban a temblar como gelatina—. Todo va a estar bien —dijiste lo último más para la propia Pitou.
Intentaste darle un poco de confianza a la Hormiga. Vamos, no eras tan desalmada como te hiciste ver, solo había sido una medida de defensa. Esperabas que no se lo tomara personal, y pudiera dar un salto de fe. Uno muy grande.
—«¿Qué haces?» —presionaba Pouf—. «Es tu oportunidad, Pitou».
Pitou decidió ignorar a Pouf y siguió a Hisoka.
Era el momento. Dejaste de respirar inconscientemente, centrando tu mente en la tarea que debías realizar. Sentiste el temor apoderarse una vez más de ti, parecido a la vez que te encontrabas sola en el bosque. Nadie vendría a ayudarte.
—«¿A dónde los llevo?» —pensaste, impaciente. Cada paso que daban era tiempo desperdiciado. La espalda de Hisoka. Se alejaban cada vez más. La espalda de Pitou. Sus pasos se ralentizaron —«Lejos. Sólo envíalos lejos. Donde no puedan volver» —Tu mente empezaba a entumecerse, hormigueando como si algo caminara por dentro, presionando tus lóbulos frontales—. «Sólo desaparezcan».
No parpadeaste, ni siquiera cuando tu visión se oscureció.
Una especie de ola negra se expandió desde el suelo y cayó sobre Hisoka y Pitou, tan veloz, que lo único que visualizaste fueron sus rostros de sorpresa antes de ser devorados por la oscuridad.
En cuanto desaparecieron, inhalaste como si apenas lograras sacar tu cabeza a la superficie, tosiendo como si te hubieras estado ahogando. Dejaste caer ambos brazos en el suelo, respirando con dificultad, y notaste que estabas temblando.
—Ah… ¿s-sucedió algo?
No le contestaste a Komugi, no porque la estuvieras ignorando, simplemente porque no podías. Tu cabeza se estaba partiendo en dos. La sujetaste con una mano mientras apretabas con fuerza los ojos y los dientes, intentando mantenerte consciente.
En medio de tus dolencias, una clase de deja vu se coló, transportándote nuevamente a la carretera donde habías colapsado por primera vez. Una sombra. Alguien persiguiéndote. Las luces blancas. Y luego, nada.
Abriste tus ojos, pero ya no había rastro de ese camino pavimentado, sólo el frío suelo de mármol en una torre destruida.
Poco a poco el dolor disminuyó, permitiéndote enderezarte y respirar con normalidad. Te sentiste fuera de lugar, como cuando despiertas de un sueño muy vívido y te cuesta procesar dónde estás.
«No es momento para tener mis epifanías.»
Le diste una rápida mirada al lugar, confirmando que Hisoka y Pitou no estuvieran.
—Todo… todo está bien —dijiste, recuperando el aire. Volteaste para mirar a Komugi—. Soy (T/N).
—M-mi nombre es Komugi —respondió, inclinándose humildemente.
Asentiste repitiendo su nombre, reprendiéndote por haberlo olvidado todo este tiempo.
—Eres muy linda, Komugi —sonreíste por la acción de la niña. Nadie era tan educado con su supuesto captor.
—A-ah… ¡muchas gracias! No merezco tal alago —Se inclinó varias veces antes de poner un brazo detrás de su cabeza, apenada—. Puedo decir que tú también eres muy linda, no porque pueda verte, sería una grosería de mi parte… Pero tu voz es muy agradable.
«¿Por qué es tan tierna? Ahora me siento mal por haberle apuntado con mi arma.»
—Escucha —dijiste con amabilidad—, no voy a lastimarte. Te cuidaré hasta que Meru-… ejem, el Rey regrese —Casi arruinabas uno de los mejores momentos del anime—. Confía en mí.
Te levantaste con un poco de dificultad; ligeras punzadas se mantenían presentes en tu cabeza todavía. Tomaste la mano de Komugi para ayudarla a ponerse de pie.
—S-sí —respondió sin más opción. Seguía confundida por lo que estaba pasando, sin embargo, no podía hacer más.
La guiaste rumbo a la salida, dispuesta a salir lo más rápido posible y reunirte con Gon y Killua.
—Un momento.
—Oh, casi me olvido de ti —Te detuviste y recogiste, sin mucho cuidado, la piedra donde Pouf seguía atrapado—. Ahora es cuando cumples tu parte.
Empezaste a bajar las escaleras, llevando a Komugi con una mano y a Pouf en la otra. Este último se miraba molesto por la brusquedad con la que lo estabas tratando, no importándote que su cuerpo rebotara una y otra vez por el vaivén de tus pasos, impidiéndole decir una frase completa.
—Si me permites —protestó la Hormiga cuando llegaron al primer piso de la torre—, debo decir que primeramente tienes que cumplir tu parte del trato.
Saliste de la torre e inundaste tus pulmones con aire fresco.
—¿De qué estás hablando? —dijiste mientras disfrutabas el olor a libertad—. Estoy cumpliendo mi parte. Me estoy haciendo cargo de tú problema —le guiñaste un ojo.
—Esa voz… —murmuró Komugi—. ¿Es uno de los guardias del Líder Supremo?
—¡Sí! ¿Lo reconociste? —exclamaste con alegría—. Es el metiche que siempre estaba contigo y el Rey. Ya sabes, la tercera rueda de la relación.
—A-amm… muchas gracias por cuidar de mí —La niña hizo su reverencia al aire, ya que Pouf estaba del otro lado.
—¿No es adorable? —le dijiste a la Hormiga—. ¿Cómo puede caerte mal?
Pouf trató de ocultar su ira, pero era bastante claro que estaba humillado por tu juego de palabras. Y no solo eso, te había subestimado. La forma en que te habías deshecho de Pitou y del otro hombre fue algo que no se esperaba. Probablemente habías visto a través de su plan y tomaste las medidas necesarias para ponerlo en jaque. Pero no dejaría que te salieras con la tuya.
—Así que ahora tratas de ir en contra de Su Alteza —La cara de Pouf se desquició. El tipo de cara que pones cuando harás algo malévolo—. ¡Es una pena que cuando el Rey regrese, vaya a…!
Usaste el cuerpo de Pouf como si fuera una pelota, y la piedra como si fuera una raqueta. La pobre mariposa rebotó una y otra vez, hasta quedar con los ojos en forma de espiral y balanceándose de un lado a otro por la Bungee Gum.
—No pondrás a Komugi en mi contra, maldito insecto —aclaraste, con todo el estilo de Vegeta—. Sabía que ibas a traicionarme, pero no esperé que fuera tan pronto.
—Tú… tú me traicionaste primero —espetó Pouf, recobrando la compostura—. Haré que pagues.
—¿Y qué vas a hacer? —te jactaste—. ¿Acusarme con tu mamá?
Tu risa burlesca se fue apagando cuando miraste a lo lejos que algo iba tomando forma y se estaba dirigiendo a toda velocidad hacia tu ubicación.
Mamá Pouf se había enojado.
—¡Debiste pensar dos veces antes de mostrar tu verdadera naturaleza!
Seguiste el consejo de mini Pouf, esta vez no pensaste dos veces en arrojarlo por la borda—lo que debiste haber hecho desde el principio—y correr de nuevo al interior de la torre para escapar con una Komugi que no sabía qué rayos ocurría.
Yo: *limpiándose las manos* Al fin me deshice de todos.
Leorio: No esperaba que llegaras a este extremo.
Enyd: ¿Qué haremos con los cuerpos?
L: ¡Lo haces sonar como un asesinato!
E: ¿No lo fue? :0
Y: Pronto lo será ;)
L: Estoy rodeado de lunáticas :S
