¡Hola queridos lectores! Hoy les traigo un especial de cumpleaños para todas esas personitas que cumplieron un año más de vida en esta cuarentena prolongada n,n

Una felicitación especial a Sombra que hoy cumple años \(^0^)/ Te deseo un excelente día, acompañada de tus seres queridos y amigos.

¡Espero les guste!

Advertencias: Como es costumbre, humor sin sentido, y un ángel maldiciendo. Quedan advertidos.


El sol apenas comenzaba a salir, colándose entre las cortinas que adornaban la ventana de tu cuarto de hotel. Todo pronosticaba que sería un día estupendo, perfectamente soleado y tranquilo…

—¡Adivinen qué día es hoy!

Saltaste en la cama donde dormían Gon y Killua con una energía poco común en ti, especialmente en las mañanas. Casi siempre eras la última de los tres en levantarse, siendo arrastrada en la mayoría de las veces por Killua, quien tenía que sacarte—lo que consistía en arrojarte literalmente—fuera de la cama.

—¡Adivinen, adivinen!

Brincabas como niño en la mañana de Navidad, tirando a un adormilado Gon, que sorprendentemente no se despertó por el golpe que se dio al estrellarse contra la alfombra. Killua te aventó una almohada, haciendo que acompañaras al pequeño Freecss en el piso.

Te levantaste como si su ataque no hubiera tenido efecto.

—¿Ahora qué? —preguntó con molestia el albino; y es que no dejabas de mirarlo impacientemente, como si esperaras que él pudiera responder a lo que sea que estuvieras preguntando—. ¿Cuáles serán tus últimas palabras antes de morir? —amenazó.

—Vamos, Killua —insististe—. Por lo menos has el intento.

—¿Qué sucede, (T/N)? —Gon bostezó, tallándose uno de sus ojos—. ¿Tienes hambre?

—Seguramente se comió otro insecto mientras dormía —mencionó Killua, entre divertido y hastiado por haber sido despertado tan temprano—. Sea lo que sea, será una tontería.

No esperaste más y alzaste los brazos como si anunciaras la venida del mismísimo presidente.

—¡Es mi cumpleaños!

Sí, una tontería, pensó el Zoldyck antes de taparse con la cobija e intentar dormirse otra vez.

—¡¿Ehhh?! ¿Por qué no lo dijiste antes? —Gon exclamó, contagiándose con tu buen ánimo y despertando por completo—. ¡Felicidades, (T/N)!

Gon saltó y te abrazó. Pusiste cara de autosuficiencia mientras te dejabas querer por tu duendecillo. Nunca te cansarías de repetir lo adorable que era y de preguntarte por qué Killua no podía ser más tierno como él.

—Vamos, Killua —repetiste por segunda vez, destapándolo para llamar su atención—. ¿No tienes que decirme algo?

—¿Por qué tengo que felicitarte por nacer? —retó, atrayendo con fuerza la cobija hacia él. Iniciando una pelea de tira y afloja.

—Vamos, de todos modos, eso no es lo importante —Te diste por vencida, nada arruinaría tu buen humor—. Hablando de regalos…

—Nadie ha dicho nada de regalos.

—… ¡quiero una fiesta sorpresa!

—No es sorpresa si la pides a los cuatro vientos.

—Estaré en la librería —continuaste, ignorando los comentarios malhumorados del albino—. Estaré allí toooodo el día. No es necesario que ustedes me acompañen el día de hoy, pueden tomarse un descanso. Tendrán tiempo suficiente para que, no sé, preparar algo, como una fiesta, o algo sorpresa.

—Ahora intentas ocultarlo…

—¡El punto es que no tienen que hacerme nada si no quieren! —A pesar de la frase pesimista, fallaste en esconder tu emoción. Danzaste con alegría hasta la puerta—. No me apareceré por aquí —reafirmaste—. Pueden hacer lo que quieran. Lo que quieran —susurraste, cerrando lentamente la puerta sin despegarles la vista.

Cuando al fin desapareciste, Killua se dejó caer en la almohada, dando un largo suspiro de cansancio.

—¡Ah! —exclamó Gon de repente—. La librería no la abren hasta las nueve.

Killua miró el reloj. Faltaba un cuarto de hora para las seis. Si cumplías tu palabra—lo cual dudaba—tendría unas tres horas de sueño en paz.

—Como dije… fue una tontería.


Habías estado caminando por las calles de Nimeth, un sitio bastante grande para llamarlo pueblo, pero no lo suficientemente grande para llamarla ciudad. No era un lugar exactamente turístico, como el pueblo que se encontraba más al sur, sin embargo, su aspecto rústico le daba un aire acogedor. Por esa razón te la llevaste explorando el lugar hasta que la librería abrió. Y porque no querías que Killua se burlara de ti por no cumplir tu palabra, junto con la razón más importante: no querías arruinar tu sorpresa.

Sabías que el Zoldyck solo se hacía del rogar, al fin y al cabo, siempre terminaba siguiendo a Gon. Así que, con tus ánimos al tope, entraste a la librería para hacerte tont-… digo, buscar pistas importantes en libros antiguos.


Killua esperaba a Gon afuera de una de las pastelerías que habían visitado durante la mañana. Quedaba de más decir, que en ninguna habían tenido éxito. Gon no había tenido éxito, recalcó el albino.

El lugar donde se encontraban era muy raro, casi no había gente por las calles y todo olía a viejo. Y lo más raro de todo era que la mayoría de los establecimientos estaban cerrados.

Suspiró con pesadumbre.

Gon lo había traído de aquí para allá buscando quién sabe qué cosas. No entendía por qué eran tan especiales los cumpleaños. Era solo otra fecha en el calendario que, probablemente, las madres recordaban con mucho dolor.

—Tampoco tienen aquí —Gon salió desilusionado del local—. Al parecer el proveedor se retrasó esta semana, y los que tienen fueron hechos por pedido.

—¿Acaso todas las tiendas tienen el mismo proveedor? —preguntó Killua, empezando a caminar junto con Gon.

—El dueño dijo que no eran fechas muy concurridas.

—Eso explica algunas cosas —Se encogió de hombros—. Bien, lo que mal empieza, mal termina. No hay nada que se pueda hacer.

—Killua —reprochó Gon, inflando sus mejillas—. Es un día especial.

—¿Qué tiene de especial?

—Mito-san siempre hornea un enorme pastel en mi cumpleaños y me deja comer todo lo que quiera. Además, me canta muchas canciones.

Killua rodó los ojos.

—Lo único bueno es el pastel y, como ya viste, será imposible conseguir uno.

Gon se cruzó de brazos, dispuesto a no rendirse. En eso, una pregunta cruzó por su mente.

—Oye, Killua, ¿cómo celebras tu cumpleaños?

—¿Mmh?… no muy diferente al tuyo —Puso las manos detrás de su cabeza y miró hacia arriba, como si pudiera visualizar su recuerdo—. Mi mamá preparaba un pastel; aunque solo me emocionó la primera vez —relataba con indiferencia—. Después de descubrir que estaba envenenado dejó de parecerme genial.

—Eso suena… —Gon se rascó la mejilla, inseguro de qué palabra utilizar. Entonces recordó algo—, ¡de la verga!

Killua casi se tropieza, mejor dicho, casi se le sale el alma por la exclamación de Gon. Y es que escuchar a su mejor amigo, al inocente y puro Gon, decir una frase tan vulgar de una manera tan casual, era simplemente irreal.

—¡Gon! ¿Q-quién…? ¿De d-dónde escuchaste eso?

—(T/N) —respondió con una de las sonrisas más radiantes del mundo.

—¿Sabes lo que significa?

—¡Sí! —Gon exclamó como si hubiera descubierto el One Piece—. Es parte de los veleros, aunque (T/N) me dijo que tiene muchísimos significados más, ¿no es increíble? Pero solo debo usarla en momentos en los que no estoy seguro qué decir. Oh, pero me dijo que no te dijera, así que no le digas que te dije.

«Ahora sí la mato» —Killua gruñó como perro rabioso—. Escucha, Gon, lo que te haya dicho es mentira —Se acercó a su amigo para susurrarle al oído el verdadero significado de aquella palabra.

La hermosa sonrisa de Gon fue desvaneciéndose poco a poco, hasta quedar con una expresión neutral.

—¿Eh? ¿Estás seguro? —le preguntó a Killua cuando éste se alejó.

—Muy seguro —afirmó el albino.

—Oh…

—¿Qué pasa?

—Con razón me corrieron del primer lugar a donde fuimos.

—¿Qué quieres decir? —Killua preguntó temeroso al intuir la respuesta.

Gon se rascó la nuca, sonriendo de manera nerviosa.

—Nada, nada —le restó importancia—. ¡Sigamos buscando, Killua!

El Zoldyck se dio una palmada en la frente antes de correr junto con Gon.


Volviste a tu habitación al atardecer, emocionada por saber qué sorpresa te tenían. Sabías que una fiesta sorpresa perdía su encanto cuando ya sabías que te harían una. Sin embargo, si no decías que querías una fiesta sorpresa, nadie te haría una fiesta sorpresa. Y tú querías una fiesta sorpresa. La sola idea de imaginar que habría globos, comida y pastel esperándote—y personas queridas aguardando tu regreso, por supuesto—era supercalifragilisticoespialidoso.

Pegaste tu oreja en la puerta para escuchar qué sucedía detrás de ella. Silencio. Tal vez ya estaban preparados. Sonreíste. Diste tres golpes en la puerta para anunciar tu llegada, y entraste sin esperar respuesta.

La habitación estaba vacía.

—Ya llegué —cantaste, alargando la «e».

«Deben estar jugando a las escondidas.»

Miraste debajo de la cama diciendo un «¡boo!». Nada. Le diste una rápida mirada al baño y tampoco había nada.

—Son buenos —murmuraste, acercándote lentamente al armario—. ¡Pero no subestimen mis habilidades! —Abriste la puerta del mueble, solo para descubrir que estaba vacío.

Te dejaste caer en tu cama. No podían estar escondidos en otro lugar, la habitación era pequeña. A menos que hayan descubierto cómo encogerse y estuvieran en uno de los cajones del mueble que separaba tu cama con la de los niños.

Cerraste el cajón, decepcionada.

Ahora que te fijabas bien, todo estaba desordenado, justo como lo dejan siempre después de levantarse.

«Algo anda mal…» —pensaste, sintiendo que en cualquier momento te echarías a llorar—. «¿Fui muy molesta con ellos?»

—¡(T/N)! —Gon llegó como un ser de luz para iluminar tu camino—. Quería sorprenderte en la librería, pero te adelantaste.

«¿En qué estaba pensando? Por supuesto que no soy molesta. Soy adorable.»

Pusiste tu cabello detrás de tus orejas mientras ponías cara de indignación.

—Bueno, supuse que aquí sería la sorpresa… De la cual no tengo conocimiento.

—Eso sería muy predecible —sonrió Gon, acercándose—. Iremos a otro sitio.

—¿A dónde? —preguntaste con interés mientras Gon cubría tus ojos con un pañuelo.

—Es sorpresa.

—Me encantan las sorpresas.

Y así, te dejaste guiar por tu pequeño duende.


Gon era muy caballeroso, aunque le quitarías algunos puntos por hacerte caminar por más de veinte minutos. Por otro lado, estabas tremendamente entusiasmada por descubrir a qué lugar te llevaría. Seguramente Killua los estaba esperando con algo súper genial.

—Bien, llegamos —anunció Gon—. ¿Lista?

Asentiste con emoción.

El niño te quitó la venda de tus ojos, y lo que estaba frente a ti… no era una fiesta sorpresa.

Era un campo de flores, o eso creíste, ya que ninguna parecía haber florecido aún. Sus tallos eran tan grandes como girasoles, sin embargo, carecían de color vivo. No querías ser grosera, pero el lugar se miraba bastante decrépito.

—Ah… es…

De verdad intentabas con todas tus fuerzas no verte desilusionada.

—No tienes que decir nada —dijo con suavidad Gon—. La sorpresa todavía no empieza. Hay que esperar a que anochezca.

Nuevamente, Gon te guió, esta vez hacia una pendiente, donde se podía apreciar todo el campo de flores muertas.

—¿Qué tal tu día? —Gon se sentó en el césped.

Un tic se apoderó de tu ceja. Querías reclamarle a Gon que el sitio era horrible, pero su linda carita te lo impidió, por lo que optaste por imitarlo y sentarte a su lado. Si bien no era lo que esperaste con impaciencia durante todo el día, la compañía de Gon era más que suficiente.

—Emocionante —dijiste con un suspiro, contemplando el atardecer—. Y lleno de símbolos raros.

—Supongo que no encontraste un libro interesante.

—No, pero sí me pasó algo muy curioso. Cuando fui a buscar algo de comer me topé con un tipo raro. Al principio lo ignoré porque pensé que era un acosador, pero después dijo algo como: «Tú vienes con ese niño grosero, ¿no es así? Ofendió mis queridos pasteles» —hiciste la voz más grave, fingiendo ser un hombre.

Una gota de sudor resbaló por la nuca del niño.

—Jeje… y ¿q-qué le dijiste?

—Que no tenía idea de qué hablaba y luego me fui corriendo —Hiciste un ademán, restándole importancia—. Pero después entendí que se refería a Killua. De seguro le hizo un comentario típico de él.

—Quizá… «Lo lamento, Killua».

—Imagino que no está aquí, esperando sorprenderme, ¿verdad? —susurraste.

Gon se quedó confundido unos segundos antes de comprender a lo que te referías.

—No pienses mal de él —mencionó, siendo condescendiente con el albino—. Tiene una forma diferente de hacer las cosas.

—Lo sé. Tampoco es que esté triste porque no haya venido. Es solo que…

Abriste los ojos con sorpresa y te levantaste deprisa.

El sol se había ocultado, dejándole a la luna alzarse majestuosa en el cielo nocturno. Su luz se esparcía lentamente por el campo, haciendo florecer a las supuestas flores muertas; los capullos se dejaron bañar por el hálito lunar, expandiéndose como si recién despertaran, mostrando los pétalos blancos que poseían. Cada flor brillaba de un magnífico blanco, y eran tan grandes como la palma de un ser humano.

—Es como un mar de estrellas —murmuraste.

—Son Novia Estelar —explicó Gon—. Forman parte de la familia Flor Lunar que florecen solo dos veces al año. A diferencia de las otras flores lunares, esta flor se abre en cada luna llena.

—Es…

Te quedaste sin palabras. La manera en la que centelleaban con ligeros parpadeos de luz creaba una atmósfera inmersa en azul.

—Perdón por no poder hacer una fiesta sorpresa, (T/N) —comentó, apenado—. Espero que esto sea suficiente.

—¿Bromeas? Gon… esto… es lo más hermoso que me han dado.

Abrazaste a tu duendecillo, conmovida por su maravilloso detalle.

—Feliz cumpleaños, (T/N).

—Gracias…

Había palabras que no alcanzaban el grado que se merecían. Y sorpresas que no podías imaginar.


Estabas sentada en una banca, balanceando tus pies y tarareando una de las tantas canciones que Gon y tú cantaron anoche, esperando a que regresara para dirigirse a su próximo destino.

No habías mirado a Killua desde ayer, tal vez regresó en la noche, pero como te dormiste, no supiste si volvió o no.

Para ser sincera, estabas algo deprimida el día de ayer, pensando en que sería el primer cumpleaños que pasarías lejos de tu familia; a las cosas que estabas acostumbrada. El cambio siempre era difícil de asimilar, sin embargo, no por eso era malo. Ganaste algo increíble. Por un momento fuiste dueña del paisaje más sublime que jamás habías visto. Qué importaba que no hubiera habido regalos, o pastel, o fiesta sorpresa; lo verdaderamente valioso no se podía comprar. Lo que Gon te había dado quedaría inmortalizado en tu memoria por toda la eternidad.

—Atrápalos.

—¿Qué…? —Casi dejas caer la caja que cayó de un momento a otro en tus manos.

—Los encontré por ahí —comentó Killua, tan campante como si ayer no hubiera desaparecido.

—Pero… son Chocorobot, tus favoritos —dijiste incrédula—. Te los acabaste todos y nunca me quisiste dar uno. Y luego me reclamaste que por mi culpa te los habías tenido que comer rápido.

—¡Por eso dije que me los encontré por ahí! —Te dio la espalda—. Ya están caducados, así que te los puedes comer.

De no ser por las letras escritas en la caja, se los hubieras arrojado en la cara. Podrías no ser muy diestra con su alfabeto, pero comprendiste lo que esa escritura apresurada quería decir.

—Te daré el juguete —murmuraste mientras una sonrisa se dibujó en tu rostro.

—Lo que sea —apuró, empezando a caminar—. Gon consiguió que un anciano nos llevara al siguiente pueblo. Vamos.

Decidiste no avergonzar más a Killua esta vez. Después de todo, cada persona tenía su manera de expresar sus buenos deseos. Algunos con palabras, muchos otros con acciones, y otros pocos… con letras.

Feliz cumpleaños.


¡Y ese fue el especial!

Se los advertí en el principio xD

La verdad fue puro capricho poner a Gon utilizando un lenguaje tan soez, pero ya llevaba rato imaginando una escena, así que no resistí la tentación lol Espero no haya quedado demasiado raro jaja

Como dato curioso, me basé en la flor lunar de Plantas vs Zombies para crear la atmósfera del regalo, pero después de investigar más, descubrí que sí hay una Flor Luna :0 Tal vez muchos ya lo sabían, pero yo no tenía idea xD

Por último, si alguna vez hago otro especial, me aseguraré de poner a Leorio y Kurapika :P

¡Nos vemos!