Corrías lo más rápido que tus piernas te permitían, bajando las escaleras de la torre y entrando a uno de los tantos corredores del palacio. Tu sentido de la orientación estaba en modo «corre por tu vida» en el juego de las traes nivel mortífero y, como típico cliché de anime, el tropiezo no tardó en aparecer.
—¿Estás bien? —preguntaste automáticamente.
Komugi respondió con un inaudible «sí» mientras de un tirón la ayudabas a levantarse. Rápidamente prestaste atención a tu alrededor, temiendo ver la silueta de Pouf al final del pasillo.
Era imposible pensar enfrentarte a la Hormiga directamente, lo más seguro era buscar un lugar para esconderte y mantener a Komugi a salvo. Por lo menos así Pouf tendría que dividirse, haciéndote ganar un poco de tiempo. Sin pensarlo mucho, abriste un portal en la pared y te adentraste a él con la pequeña niña evangelizadora de cucarachones.
Un segundo después apareciste en la escalera central, o lo que quedaba de ella, puesto que ahora no era más que un espacio destruido, igual que una película apocalíptica. Escaneaste el lugar para ver si habría alguna manera de subir y saber si la Smoky Jail de Morel seguía activada, de ser así, le gritarías que Pouf ya se le había escapado desde hace rato. Pero no, no había manera de subir. Tal vez si le gritabas desde allí… no, demasiado arriesgado, el enemigo podía encontrarte primero. Decidiste buscar otra alternativa.
Tu pecho subía y bajaba con cansancio. No es que hubieras hecho mucho esfuerzo físico, pero el estrés de los últimos minutos había cobrado una factura colosal y, teniendo en cuenta que era la primera vez que usabas en más de una ocasión, y con un lapso de tiempo corto tu habilidad, llegaste a la conclusión de que, incluso tu súper técnica, tenía un límite.
«Me gustaría un power up loco sacado de las nalgas.»
En términos prácticos, nunca le habías dado importancia a qué tanto podías usar tu habilidad en una batalla real. La experiencia más cercana fue cuando te enfrentaste a Rammot y, aun así, no le prestaste la mayor atención.
«¿En qué demonios estuve pensando todo este tiempo? Convertí mi manga shōnen en un shōjo. Te he fallado, Togashi.»
Apresuraste el paso cuando captaste una abertura en la pared más adelante. Un vistazo rápido al exterior te ayudaría a averiguar si la pelea contra Youpi había ocurrido cerca de allí, y si tenías suerte, quizás encontrarías a alguien de los tuyos.
Un pequeño gemido te hizo prestarle atención a Komugi, casi olvidabas que la llevabas jalando del brazo. La niña apretaba sus labios, intentando no dejar escapar otro quejido, y te diste cuenta que estaba descalza, caminando entre las piedrecillas y quién sabe qué otras cosas más, lastimándose los pies.
—Lo siento.
Aunque parecía una simple disculpa, si añadías el remordimiento que aún cargabas por no evitar que saliera lastimada desde el principio, sumando que era invidente y que lucía mucho más cansada que tú, te dejó un sabor amargo en la boca.
—N-no es nada —respondió la niña, tratando de restarle importancia a su condición y verse fuerte—. Puedo conti…
Y vomitó. Lo bueno que ya tenías experiencia con Gon, por eso retrocediste antes de que todo cayera sobre ti.
—Lo lamento, esto no me acurre muy seguido… blergh.
—¡No hables mientras vomitas! —Te pasaste una mano por el rostro—. Cielos, ya entendí, te sientes mal.
Sin otra opción, cambiaste la posición de tu mochila para que quedara alrededor de tu torso.
—Vamos, te cargaré.
—No, no, ya estoy bien —Komugi sacudió con nerviosismo su cabeza.
—Vamos —repetiste con impaciencia—, no podemos quedarnos mucho tiempo quietas.
Komugi terminó aceptando para no causar más problemas. Aún no entendía qué estaba pasando. Estaba en su habitación cuando sintió como si le patearan el estómago, después de eso, todo se había tornado más confuso; diferentes voces la rodearon, hablando cosas difusas. Luego, la extraña que le pidió que confiara en ella la arrastró, para después, de un momento a otro, sentir su cuerpo pesado, como si caminara debajo del agua. Y no estaba segura de qué huían exactamente. Había escuchado a un guardia del Líder Supremo, ¿dónde estaba? Esperaba que no le hubiera pasado nada malo.
—«Me pregunto dónde estará el Líder Supremo» —pensó, cabizbaja.
—No te preocupes —hablaste casi como si le hubieras leído la mente—, haré que te reúnas con el Rey. Pero antes, debo encontrar a mis amigos.
Advertiste un cambio en Komugi, quizá aumentando la confianza de ella, porque se sostuvo con firmeza a ti. Te dio alegría el voto pragmático que depositó en ti, sin embargo, tus piernas no estaban muy contentas con eso. O eras tú la que era demasiado debilucha, o era Komugi la que pesaba más de lo que aparentaba.
«Esto me pasa por ser buena persona.»
Tus piernas temblaban con cada paso que dabas, amenazando con dejarse caer en cualquier momento. A comparación de lo que Gon y Killua, y los demás Cazadores estaban experimentando, cargar a una persona no era nada, no podías darte por vencida por algo tan simple. Inhalaste profundamente y con un ligero brinco acomodaste mejor a Komugi en tu espalda, comenzando a ampliar tus pasos para obtener un ritmo constante.
Llegaste a la pared destruida y te asomaste con cuidado para comprobar que no hubiera nadie. Entrecerraste los ojos al percatarte del enorme agujero que se alcanzaba a distinguir en la distancia; y otros más pequeños también. A menos que al jardinero del palacio se le haya ido la mano al excavar, estabas segura que ese hoyo había sido provocado por Youpi.
Parecía que no había nadie alrededor, y suponías que ya había pasado un tiempo desde la explosión que provocó esa anomalía, porque de no ser así, hubieras escuchado algo.
Te debatiste entre si continuar dentro de los muros, o inspeccionar el exterior. Había espacio suficiente para atravesar la brecha en la pared y salir a afuera a caminar como si nada, teniendo la esperanza de que Killua te encontrara antes que Pouf. Sí, claro. Como si esas cosas pasaran en la vida real. Lo más seguro es que Pouf te hallara y te descuartizara al instante. Quizá si estuvieras sola te arriesgarías, pero con Komugi a tu cuidado, no podías comprometer su seguridad. Te quitaste los pensamientos optimistas y decidiste seguir avanzando dentro del palacio. Actuarías con el peor escenario en mente.
—Debes estar confundida con todo esto —empezaste a hablarle a la niña—. Lamento hacerte pasar por esto.
—N-no tienes que disculparte —Sonabas afligida, y eso hizo sentir abrumada a Komugi, quien no estaba acostumbrada a recibir ese trato—. Generalmente soy yo la culpable.
—No es tu culpa haber quedado envuelta en un complot mundial.
—¿Complot?
—Debes darte un poco más de mérito, eres prácticamente la salvadora de la humanidad.
—¡¿Y-yo?! Eso es imposible.
—Lo entenderás a su debido momento. Por ahora, necesito de tus habilidades de salvadora.
Komugi se puso la mano detrás de su cabeza, entre incómoda y risueña por ser de utilidad.
—¿Qué puede hacer alguien como yo?
—Bueno, debes de tener un mejor oído que el promedio, así que, si escuchas algún ruido sospechoso, tienes que decirme. Yo me enfocaré en… otros sentidos.
—¡H-haré mi mejor esfuerzo!
Parecía que la energía volvía a levantarles el ánimo. Después de unos minutos de estar abriendo y cerrando puertas, y descartando escondites, Komugi exclamó:
—Escuché algo moverse.
Casi te da un infarto.
—¿Dónde? —preguntaste, preparándote para lo peor.
—Alguien movió algo.
—Ah, no. Esa fui yo. Pateé una piedra —Si no la hubieras estado cargando, lo más seguro es que te hubieras caído cómicamente—. ¿Segura que estás prestando atención?
—Mhmm —Se sorbió los mocos en afirmación.
—Espero que no me los esté embarrando —murmuraste para ti—. Escucha, Komugi. Hay que estar atentas, no podemos dejar que nos sorprendan.
—¿(T/N)?
—¡Aahhh!
Contradiciendo tus propias palabras, saltaste asustada, cayendo al suelo sin gracia alguna.
—Te dije que era mala idea aparecer de la nada.
—¿Qué quieres que haga? Me sorprendió a mí también.
—¿Meleoron? ¿Knuckle? —Milagrosamente caíste sobre algo suave, así que no te costó recuperarte y mirar a los responsables de tan bochornosa escena—. ¿Q-qué les sucede? Apareciendo sin avisar —Te incorporaste con toda la intención de destrozarlos—. ¡Pudieron matar a alguien del susto! A mí no, por supuesto… ¡pero Komugi es más sensible…! ¿Komugi?
Al mirar al piso te percataste de que la cosa suave en la que habías caído no era nada más ni nada menos que el cuerpo de la niña, que ahora yacía inerte en el suelo.
—¿K-Komugi…chan? —Empezaste a sudar como puerco. Te giraste robóticamente hacia los culpables—. U-ustedes… ¡Miren lo que hicieron! ¡La mataron!
—¡Nosotros no le caímos encima! —reprochó Meleoron.
—Y-yo… —Knuckle cayó de rodillas—. No quise… ¡Fue mi culpa, maldición!
—¡No te dejes engañar!
—Knuckle es tan amable —sollozaste falsamente—. Tomará la responsabilidad de la extinción de la humanidad.
—¿Esa es la confesión de tu crimen? —susurró Meleoron.
.
.
.
—Solo está durmiendo —comentó Knuckle al recargar en la pared a Komugi.
El golpe que se dio en la cabeza al caer no había sido de gravedad. La humanidad aún tenía oportunidad.
—Quizá sea lo mejor —murmuraste antes de lanzar un suspiro—. ¿Dónde está Killua?
—Eso mismo iba a preguntarte —dijo Knuckle.
—Hace poco nos separamos —secundó Meleoron—. Dijo que iría a buscarte.
Chasqueaste la lengua. De haber sabido que Killua estaba en camino, te hubieras arriesgado a quedarte en la torre. Quién sabe, tal vez te habría rescatado de Pouf como Naruto rescató a Sakura de Sasuke.
—¿Dónde están los demás? —preguntaste antes de perderte en tus fantasías.
Knuckle endureció su semblante.
—¿Qué pasó? —volviste a preguntar, esta vez con preocupación.
—Primero que nada, ¿dónde está el bastardo de Hisoka? ¡Voy a matarlo!
Te sorprendió que ese grito no despertara a Komugi.
—Knuckle… —advirtió la Hormiga—. Entiendo tu frustración, pero no es momento para eso.
—Lo sé, pero… —el Cazador rechinó los dientes. Se miraba realmente molesto.
—Es cierto… Hisoka abandonó a Shoot —observaste—. ¿Él está bien?
Ninguno de los hombres te respondió.
—No me digan que…
—No sabemos cómo esté actualmente —interrumpió Meleoron—. Por lo menos estaba con vida cuando Knov se lo llevó.
Suspiraste con alivio. Shoot te agradaba, era un blanco fácil para molestar. Hiciste una nota mental de ir a visitarlo al hospital después.
—Si te sirve de consuelo —le dijiste a Knuckle—, desaparecí a Hisoka junto con Pitou.
—¿Qué?
—Bueno, los llevé a algún sitio, aún no estoy muy segura a cuál, pero sí sé que fue muy lejos de aquí.
El hombre gruñó, cruzándose de brazos.
—Supongo que puedo conformarme con eso —refunfuñó, no muy convencido.
La Hormiga te resumió los acontecimientos después de que Hisoka dejara desprevenidamente a Shoot en medio de su batalla, quedando este último, terriblemente herido. Knuckle se vio obligado a luchar contra Youpi, motivo por el cual Meleoron se escabulló para pedir ayuda y, por suerte, se encontró a Gon y Killua.
Escuchabas atentamente a Meleoromón, presionándolo para que te contara con lujo de detalles el combate. No era justo. Tú querías estar allí, viendo a Killua usar su Narukami y a Gon suJankenkamehameha. Era tu única oportunidad de verlos en acción y Hisoka te había robado sus momentos badass.
«Ojalá Pitou lo mate.»
Knuckle te contó lo más importante de lo sucedido. Morel y Knov tuvieron éxito en retener a Pouf en la sala del trono. Gon, Killua, Meleoron y Knuckle se enfrentaron a Youpi, apenas conteniéndolo; en un momento de la lucha, se separaron para distraer a Youpi, fue en ese tiempo cuando Knov apareció para llevarse a un herido Shoot. No saben en qué momento pasó, sin embargo, Pouf logró salir de la Smoky Jail, obligando a Morel a deshacerla. Para cuando Knov había regresado, ya era tarde, Morel había sido herido, y habían dejado a Youpi escapar, o más bien, Youpi los había dejado con vida. Cuando Knuckle iba a enfrentarse a Pouf, Killua fue a la torre a buscarte.
—Creí que podíamos entendernos… —Knuckle apretó sus puños, dejando sin terminar su oración. Una parte de él quería comprender a esas criaturas, buscar la humanidad que debían tener, lastimosamente, el rostro distorsionado de Pouf antes de escapar le hizo ver su ingenuidad. No todos eran iguales.
—Momentos después te encontramos —finalizó Meleoron.
Las cosas no se habían desarrollado tan diferente a como las recordabas. No obstante, había algo que no terminaba de cuadrarte.
—Como dijo Knov —mencionó Knuckle, sacudiendo sus dudas y centrándose—, cumplimos nuestro objetivo de separar a la Guardia Real para que el presidente luchara contra el Rey. Reunámonos con los demás y retirémonos.
—Un momento —interviniste—. Todavía falta derrotar a Pouf.
—¿No escuchaste lo que dije? —rebatió el Cazador—. Se fue. Dependiendo de lo que diga la mayoría, decidiremos si quedarnos o no.
—No, eres tú el que no está escuchando —argumentaste—. Todavía queda un clon de Pouf, nos ha estado persiguiendo a Komugi y a mí.
«Eso es lo que me ha estado molestando. ¿Cómo hizo el mariposón para burlar a Morel y Knov tan rápido?»
Antes de que Knuckle pudiera decirte algo, o que llegaras a alguna conclusión, partículas de nen, que no habías notado hasta el momento, comenzaron a juntarse y a tomar forma.
—Es suficiente. Terminemos los juegos —propuso Pouf al terminar de combinarse con sus pequeños clones—. Entréguenme a la mujer.
Si Knuckle se sorprendió, no lo demostró. Dio un paso al frente, encarando a Pouf, listo para enfrentarse a él. Enmendaría su error de bajar la guardia. Miró a Meleoron; la Hormiga asintió hacia su compañero, dándole a entender que sabía lo que tenía que hacer. Aunque revelara Cómplice de dios, tendría que usarlo para protegerte a ti y a Komugi…
—Cuida a Komugi —Pusiste a duras penas a la niña en la espalda de Knuckle, adelantándote a cualquier cosa que tus compañeros fueran a hacer.
—¿Qué haces? —contestó desconcertado el aludido, sosteniendo el cuerpo de Komugi para que no cayera.
—No hay necesidad de un enfrentamiento —insistió Pouf, agriando su expresión—. Los dejaré ir si me dan a la mujer.
—¿Qué es lo que quieres con ella? —exigió Knuckle a la Hormiga. Por otro lado, se mantuvo atento a lo que le decías.
—No vale la pena luchar, te ignorará… —susurrabas.
—Esa mujer es importante para el Rey, no tiene nada que ver con ustedes —determinó el Guardia Real.
—…no descansará hasta matarla. Está más segura contigo.
—Oye, (T/N) —terció Meleoron—, ¿no estarás pensando en…?
—La peor idea del mundo… separarnos.
No esperaste su aprobación y saliste corriendo hacia el exterior, era fácil escabullirse ya que todo estaba destruido.
Bien, admitías que era una pésima idea separarte de tu grupo, pero el hecho de que no estuvieras en una película de terror lo justificaba. Asimismo, Pouf iba tras Komugi, mientras intentara quitársela a Knuckle tú podrías encontrar a Killua y guiarlo para que desapareciera de una vez por todas al terrible mosco.
—¡(T/N)!
A menos que, por alguna extraña razón, Pouf decidiera matarte a ti primero.
Te giraste cuando escuchaste a Knuckle gritar, solo para darte cuenta que Pouf volaba hacia ti con una sonrisa diabólica.
«It was at this moment she knew… she fucked up.»
No fueron las mejores últimas palabras a elegir, pero pasaron inconscientemente en fila india por tu cabeza. Aquí terminaría tu vida. Deberías aprovechar y pensar en algo más productivo—como tener una visión a cámara lenta y hallar la forma de sobrevivir, o pedirle a Kishimoto que te regalara un power up y pudieras darte por bien servida como protagonista—no en desperdiciar tus últimos momentos en un meme que ya nadie recordaba.
Cerraste los ojos por inercia al intuir el impacto que se avecinaba. Tu cuerpo voló por el aire, tus pies dejando el suelo con una delicadeza que no combinaba para nada con la brusquedad con la que debiste ser golpeada.
No había dolor, solo calor que te abrazaba tiernamente. Te preguntaste si esto era el cielo; estar en los brazos de un ser divino que te diría que tu odisea en este mundo había terminado. Sin embargo, la sensación era familiar, así como ese agradable olor que hizo que abrieras tus ojos, despidiéndote de tu ensoñación.
—Killua…
La mirada seria del Zoldyck se desvió a ti, ablandándola al escucharte decir su nombre.
—Por fin logré atraparte… (T/N).
Esto era mucho mejor que el cielo.
¡Gracias por leer!
Sombra: Reader tiene una inteligencia...peculiar; hay talento solo falta apoyarlo xD Aunque cuidado, no vaya a convertirse en una Hisoka 2.0 jajaja
Sonye-San: Jajaja en cada test te sale un tipo diferente? Entonces sí considérate Especialista ;) No te preocupes, yo también tuve que googlear algunos nombres lol Respecto a lo de la reina, esos acontecimientos sucedieron igual que en el anime, por eso no lo agregué, ni lo especifiqué jeje Y el Ryodan... anda por ahí, haciendo cosas de arañas xP Créeme, cuando recién vi a Komugi en el anime, a mí se me figuró que era una adulta (con eso de que nos engañan con las lolis y los trapos jiji), y me quedé con esa idea, pero luego leía comentarios de que era una niña y pues ya no sabía qué creer; una vez pensé: Meruem es un asalta cunas, y después dije: no, es al revés, Komugi es la asalta cunas xD Sigo esperando que saquen la ficha completa del personaje para salir de dudas jajaja Y Reader, bueno, con su personalidad, le diría niña a Komugi aunque fuera más alta que ella xD
Mika: ¡No sabes lo feliz que me puso tu comentario! *sonrojo* Me siento famosa jijiji
Tenshibara: Siempre siéntete orgullosa por entender las referencias xD Daaamn, los test nunca nos dan el resultado que queremos, hagamos los propios con hombrezuelos y galletitas jajaja Los personajes inteligentes me parecen muy atractivos, y Reader tenía que tener su momento brilloso sí o sí *~* ¡Lo sientoooo! Pero es que sí es gracioso decir su nombre, sobre todo en voz alta xP Desgraciadamente Bizeff no murió, aunque me imagino que si Reader lo hubiera encontrado, hubiera terminado el trabajo. Cuando repetí el capítulo donde sale Hina, me pareció la versión femenina de Gon, así que no resistí la tentación de hacerles una escena juntos. Aparte de imaginarme la relación de Gon con las demás Hormigas sin su "ira por Kite" Sonrientes y mortales, muchachos *inserta meme pinguinos* Y quizá tu duda ya se resolvió en este cap xP
¡Nos leemos en el siguiente capítulo! ¡OSU!
Leorio: Espera, espera. ¿Por qué invades mi sección?
Yo: Es mi espacio ¬¬
