Suspiró cansado, luego de haber tratado sus heridas y tomado un baño –sosteniendo actualmente una toalla en su cintura–.
Ciertamente en Hellsalem's Lot, antes Nueva York, cada día era nuevo e inesperado. Incluso desastroso.
No sólo para sus habitantes y residentes, sino también para los miembros de Libra.
– ¿Ah? ¿Qué haces ahí?
Y una de esas cosas nuevas, inesperadas y desastrosas, era su relación. Entre él, Zapp Renfro y Chain Sumeragi; quien yacía sentada, con las piernas flexionadas hacia ella, cabizbaja.
Chain no se inmutó, ni alzó la mirada ante su pregunta. Zapp suspiró, esta vez, frustrado –. ¿No vas a mirarme, Chain?
Sin esperar una respuesta a sabiendas de que no la tendría, dio dos pasos con la intención de acercarse. Aunque eso fue en vano, pues ella de inmediato comenzó a desvanecerse.
Su mala costumbre cuando se enojaba con él, o quería huir de la situación.
- ¿Qué de…? ¡Chain, vuelve aquí!
Apresurando sus pasos al mismo tiempo que sostenía la toalla en su cintura, se dirigió al cuarto de la mujer lobo –que comenzaba a ser de ambos– y abrió la puerta. Encontrándola, sentada en la cama, con la misma posición de antes, sólo que abrazando sus piernas y ocultando su rostro esta vez.
Sigiloso, entró a la habitación, cerrando la puerta para después dirigirse a donde, nuevamente, ella estaba. Sintiéndose aliviado al ver que no huía o desaparecía.
Se sentó en la cama, a un lado y la miró, interrogante –. ¿Y ahora qué tienes? Has estado extraña desde la misión que acabamos de tener – acercó su rostro a donde ella tenía el suyo, escondido, frunciendo ligeramente el ceño –. ¿Podrías decirme, Chain?
Ella tembló ligeramente, algo que le preocupó y asustó, un poco. Pues a pesar de estar ellos, en una relación de pareja –algo inimaginable en el pasado–, ella seguía siendo una sádica.
Aunque el silencio terminó, cuando ella finalmente habló –. Eres un mono idiota.
A Zapp se le hinchó una vena así como un tic nervioso le daba en la ceja izquierda, molesto. Pues él todavía se dignaba a preocuparse por su novia, y esta, lo insultaba –. Tú…
- Eres un idiota – volvió a decir, encogiéndose de hombros mientras hundía más su rostro entre sus piernas –… Siempre te lastimas.
Suspiró, exasperado –. Es parte del trabajo mujer, y es algo que no…
- ¡Cada vez que sales herido de gravedad, me haces llorar! – finalmente lo encaró, frustrada. Algunas lágrimas estaban presentes en sus ojos.
Zapp la miró incrédulo, borrándose toda molestia de él –. ¿Tú lloras cuando me lastimo?
- M-Me preocupo por ti – quiso corregir y aclarar, avergonzada. Sintiendo sus mejillas arder –. E-Es raro porque antes no pasaba… ¡Aunque sigues siendo un presuntuoso en el campo de batalla, estúpido!
- ¡Pues no todos somos hombre lobo o tenemos la habilidad de desaparecer y salir ilesos, Sumeragi!
- ¡Sigues siendo un grandísimo mono estúpido! ¡Y…!
Zapp, sin ganas ya de pelear o seguir discutiendo, estrujó sus mejillas –sin ser tan brusco– y la miró fijamente a los ojos –. ¡Me esforzaré en no lastimarme o ser un "presumido" en las misiones! ¿Está bien?
Chain frunció el ceño, recelosa, alejando ligeramente sus manos de sus mejillas –. ¿Me lo prometes?
- Joder, sí.
- … Entonces te creeré.
- Tienes un raspón en la mejilla – señaló, acusadora. El moreno exhaló, cansado.
- Esa cuchilla no la vi venir, y aunque sea, sólo fue la mejilla y no algo más. ¿No crees que es algo bueno?
Chain frunció el ceño, cruzándose de brazos, mirándolo fijamente y en silencio. Hasta que finalmente suspiró –. Bueno, tienes razón… Aun así, hay que curarla.
Zapp sonrió, pícaro –. ¿Vas a tratarme mi herida, Chain~?
Chain lo miró, con aparente indiferencia para luego agregar –: O también podemos ir al hospital si quieres.
- Le quitas lo divertido a la vida, Sumeragi.
Ella sólo se encogió de hombros, dándose la vuelta, para que no viese la pequeña sonrisa que se le había formado.
Definitivamente su relación era inesperada y algo desastrosa, no obstante, también era algo con lo que ambos, se sentían bien.
Nota: Sólo quiero decir que, viva el ZapCha y, que los amo.
