¡Hola de nuevo! El tiempo se pasa volando cuando juegas un juego nuevo xD Pero sé que eso no es lo que quieren leer jaja así que les dejo con el capítulo :D

Mika99: Yo también quería que Killua ya apareciera! Sí, pobre Komugi, no se entera de nada jajaja Esperemos que la traten mejor de ahora n adelante, ya sabes lo valiosa que es xP

Sonye-San: "Y aquí pondría un Óscar, ¡si tuviera uno!" Amo los memes de los padrinos mágicos xD Aparte de que debería sacar las fichas de muchos personajes, lo que realmente debería hacer es continuar el manga T_T ¡Lo necesitamos con ardor! Un poco de amor propio Kishi- digo, Togashi jajaja la costumbre xP Tú pregunta todo lo que quieras n,n

Tenshibara: No te preocupes, es completamente normal que haya hecho "doki doki" x) Hablando de eso, cuando escribí esa parte estaba escuchando el opening de Sakura Card Captor, tal vez por eso salió esa línea jaja

Wolf's Mist: Ya no puedes echarte para atrás, ustedes me obligaron a escribir esto xD Sacaremos nuestro lado romántico juntas hasta el final ¡OSU!


Una corriente eléctrica recorrió tu cuerpo desde la coronilla hasta la punta de tus pies. Y no fue exactamente por la electricidad de Killua.

Tu corazón martilleaba tu pecho, amenazando con atravesarlo y desprenderse de toda ley física solamente con sentir el calor de su piel. Ya no te importaba ser la protagonista de nada, ni siquiera te molestaría ser una damisela en apuros; es más, cambiarías el género de tu historia si eso significaba estar en sus brazos.

Tus pies volvieron a tocar el suelo, sin embargo, continuaste contemplando embelesada al responsable de tus cavilaciones. Sentiste que el tiempo se detuvo cuando lo tuviste frente a frente. Él en verdad estaba aquí; había venido a tu rescate.

«¿Será que ahora tengo un nuevo poder y se cumple todo lo que pienso?»

Sus labios se curvaron ligeramente hacia arriba, divertido por la expresión que estabas poniendo, pintando el aire a su alrededor de un tono mucho más fascinante del que ya era.

—Quédate detrás de mí —dijo con gentileza antes de endurecer sus facciones y encarar a Pouf.

Dejaste que te guiara a sus espaldas sin decir una palabra. El cambio físico obviaba por su nen activado, especialmente en su cabello, que ahora lucía como una versión esponjosa del de Gon. No sabías con exactitud, pero había algo que lo hacía parecer una persona completamente diferente.

Killua se dirigió a Pouf. Su voz tan filosa y letal como una espada atravesó el silencio que se había formado.

—Si haces algún movimiento… Te mataré.

Shaiapouf mordió su labio haciéndolo sangrar. Cada vez llegaban más y más estorbos. Planeaba matarte primero para después ir tras la odiosa mujer. Ya no le importaba sacarte información; los de tu especie eran peligrosos. Lo había presentido con Straid, y tú se lo habías confirmado.

El problema ahora sería lidiar con varios oponentes sin contar con toda su fuerza. Giró su torso para buscar a Komugi y calcular el tiempo que le tomaría llegar a ella; no obstante, su visión quedó anulada súbitamente.

—Te dije que no te movieras.

De un ágil movimiento y con una precisión mortal, Killua arremetió contra la Hormiga, destrozando la parte superior de su cabeza.

«¡¿Electricidad?!» —El choque chispeó paulatinamente, dejando entrever la potencia del ataque—. «¿Cuándo fue que…?» —Antes de poder pensar en algo más, el gancho al hígado propiciado por Knuckle obligó al Guardia a desintegrarse.

Los clones restantes de Pouf salieron en direcciones contrarias dejando un ambiente oscilante en los presentes.

—¿Deberíamos ir tras él? —inquirió Knuckle.

—No es necesario —contestó Killua mientras desactivaba su nen—. Aunque sea un clon, si quemo sus células no podrá regenerarse. Probablemente vaya a reunirse con su cuerpo principal, pero también es posible que deje algunos clones para vigilarnos. Bueno, cualquier cosa que sea, es mejor que te mantengas escondido, Meleoron.

El camaleón asintió con furor. Ahora que el Guardia Real lo había visto sería tratado como un traidor, y seguramente lo querrían matar como a la niña que cargaba.

—Potclean está activado —mencionó Knuckle al ver el nerviosismo de Meleoron—. Será fácil rastrear al original. Por el momento, los pequeños no nos darán más problemas, ¿cierto?

—Sí —confirmó Killua—. Podría tratar de buscar a los restantes, pero sería muy agotador y casi imposible.

Aunque ganas no le faltaban para darle caza a Pouf, el Zoldyck sabía que era irracional ir tras la Hormiga estando dividida. Se tragó su ira y se enfocó en lo que realmente le importaba.

—¿Estás bien? —preguntó acercándose a ti—. No te lastimaste, ¿verdad?

Todo había pasado tan rápido que apenas estabas terminando de procesar los hechos. Sí, otro cliché. Pero al diablo.

—Eres como un imán… —murmuraste, hipnotizada por el azul de sus ojos.

—¿Qué?

—¿Qué? —repetiste la pregunta como si hubieras salido de un bucle temporal.

Parpadeaste tres veces. Y volviste a la realidad.

Los colores se te subieron al rostro. Podías decir lo que quisieras en la seguridad de tu mente, pero decirlo en voz alta era totalmente lo opuesto. Ahora tenías que encontrar una explicación no-romántica para su acto heroico, y por haber cumplido una de tus tantas fantasías secretas. Gracias al cielo no se te había escapado algo más inapropiado.

Killua se inclinó hacia adelante con una ceja levantada. Eso no hizo más que aumentar tu sonrojo.

«Por favor, que no me lea la mente.»

—Será que… —Te inspeccionó con lentitud. Su expresión inocente cambió por una sagaz sonrisa—. ¿Hice latir tu corazón?

—¿Qué? Pfft... —reíste nerviosamente sacudiendo la mano como si espantaras una mosca—. No seas tonto… es… No puede dejar de latir o moriría… lo correcto sería decir que lo detuviste durante un… Q-Quiero decir… lo que t-trato d-de decir…

Cada vez era más complicado articular con normalidad; respirar; mantener tu espacio personal intacto, y respirar. ¿Ya habías mencionado respirar?

«Corto circuito… ¡Corto circuito!»

—¡Estoy bien, mira!

Te hiciste hacia atrás y diste una vuelta completa para que dejara de torturarte. Aunque en vez de girar con la gracia de una bailarina pareciste un robot a punto de descomponerse por el sobrecalentamiento.

—Sí, ya lo confirmé —Te dio un ligero golpe en la frente—. Deja de pensar incoherencias.

Killua podía parecer indiferente, pero por dentro estaba regodeándose, haciéndote pagar por cada vez que le hiciste lo mismo. Quizá no era el momento, pero vamos, no dejaría pasar la oportunidad. Se percató que cuando él tomaba la iniciativa tú ya no actuabas tan intrépida, y eso le generó un sentimiento indescriptible. Sin embargo, cuando tu sinceridad se coló en medio de tus balbuceos, él también sintió su corazón detenerse un instante. Pero de eso jamás te enterarías.

Por tu parte, estabas a punto de vomitar arcoíris por todas las mariposas que, más que revolotear en tu estómago, estaban teniendo una batalla campal en él. Pusiste tu cabello detrás de tus orejas, a ver si así le entraba algo de oxígeno a tu cerebro para que volviera a funcionar. Rayos, jurarías que había pequeños Pouf a tu alrededor disfrazados de Cupido.

«Me he dejado influenciar por Palm.»

—¡Killua! ¡(T/N)!

Para tu suerte, Gon apareció en el momento adecuado, dirigiendo la atención de Killua y de tu pequeño público en otra dirección. El Freecss los saludaba desde arriba del edificio.

—¡Gon! ¡Ikalgo! —llamó Knuckle, aliviado de ver que sus compañeros restantes estuvieran a salvo.

—¿Tuvieron suerte? —les preguntó Killua.

Te cubriste el rostro tratando de apaciguar tus sentimientos mientras los demás se reunían. Por poco y decías algo importante en un momento inoportuno.

«¡Ahh, que vergonzoso!»

Te alegró la imprudencia de Gon. Generalmente era un mocoso que hablaba de más poniéndote en aprietos, pero esta vez no pudo llegar en mejor momento. Suspiraste tus preocupaciones y te fijaste en tu pequeño duendecillo, lista para ir a agradecerle con un fuerte abrazo.

La mandíbula casi se te cae al mirar el estado en el que se encontraba. Corriste inmediatamente a su lado, exclamando con preocupación:

—¡Gon! ¡¿Qué le pasó a tu brazo?!

—Se rompió —contestó con simpleza, sacándote la lengua.

—¡Eso ya lo sé! —recriminaste por su falta de interés —. Esto no… ¿Cómo fue…? ¡Una herida así tiene que tratarse con cuidado!

Su extremidad colgaba a un costado de él, ni siquiera molestándose por tenerla estable. Te horrorizó tanto que creíste que se le desprendería en cualquier momento. Imaginándotelo yendo de aquí para allá, herido de esa manera, hizo bombear tu sangre con angustia.

—Por eso lo obligué a buscar a Ikalgo —Con las manos en su cadera, Killua se unió a regañar a Gon—. Su imprudencia hubiera terminado matándolo. ¡Estúpido!

—¡Inconsciente!

—¡Idiota!

—¡Testarudo!

El pequeño Freecss solo atinó a rascarse la nuca con su brazo bueno. Tenerte a ti y a Killua reprochando sus acciones como si fueran sus padres era tanto abrumador como cómico.

—Killua, (T/N) —intervino Ikalgo, al que Gon agradeció internamente—. Hay algo que debemos discutir.

—¿Podría ser adentro? —propuso Meleoron—. Presiento que estamos bastante expuestos aquí.

—Pienso lo mismo —concordó Knuckle.

Y así se dirigieron dentro de los muros.


—Déjame ajustarlo por aquí —Utilizaste tu suéter como una férula provisional para el brazo de Gon, amarrándolo alrededor de su cuello—. No puedes andar corriendo por ahí con una herida así. ¿Y si hubieras perdido el brazo? ¿Acaso quieres que vaya a Greed Island por la carta del Arcángel? —comentaste con sarcasmo.

—Estoy bien, (T/N). Ni siquiera me duele.

Contuviste un suspiro para no pegarle por imprudente.

—No sigas mis malos ejemplos, Gon —admitiste—. Sé lo que un hueso roto duele.

Mientras terminabas de acomodar el brazo de Gon, escuchabas atentamente lo que decía Ikalgo, a pesar de que no te agradaba lo que oías.

—Es imposible que no estén aquí —Killua plasmó tus pensamientos en palabras—. Me encontré con Enyd anteriormente. Tiene que estar en alguna parte.

No querías admitir que sus esfuerzos habían sido en vano. Era incongruente pensar que todo lo que Straid había hecho fuera para nada, teniendo en cuenta lo obsesionado que parecía estar contigo.

—Yo tampoco quiero creerlo —dijo Gon—. Pero Ikalgo y yo revisamos todo el sótano.

—También interrogamos a Welfin y Bizeff —aportó la Hormiga—. Ninguno los miró en las últimas veinticuatro horas.

—Debe haber un lugar en el palacio que no hayamos revisado… O destruido —divagó el Zoldyck.

Terminando tu trabajo con Gon te sentaste a su lado, acariciando su cabello mientras te mantenías pensativa.

A pesar de que por fin habías recordado tu primer encuentro con Straid, gracias a tu acto temerario contra Hisoka y Pitou, parecían faltar más y más piezas para completar el rompecabezas en el que estabas. Y temías que el tiempo jugaba en tu contra.

—¿Qué piensas, (T/N)? —Killua preguntó, aun cuando su expresión hacía ver que conocía la respuesta.

No podías aceptarlo. Straid no dejaría pasar esta oportunidad. Pondrías tus manos al fuego a que el mago había planeado meticulosamente todo el asunto de las Hormigas Quimera. Era su mayor prueba para ti, y estabas segura que el premio era Kite.

—Esto aún no termina —murmuraste con seguridad—. Hay algo que quiere que haga.

—No le daremos lo que quiere —Gon abalanzó sus palabras para hacerse escuchar—. No te intercambiaremos por Kite.

—Eso no está a discusión —concordó Killua.

Sonreíste con dulzura.

—Por supuesto que no.

—Lo digo en serio, (T/N) —exclamó Gon con insistencia—. Sé que, si se da la oportunidad, tú la tomarías sin pensar. ¡Y es por eso que no puedes hacerlo!

Puede ser que antes lo hayas pensado muy seriamente, con tu realización de no poder asesinar a Straid, teniendo que usar otra alternativa; sin embargo, esa idea se había ido hace mucho tiempo. Querías cimentar la confianza con tus amigos. Aunque no por eso dejarías de ser cuidadosa, quién sabe qué otras cosas tenía el hechicero planeadas.

—¿Es irónico que sea yo la regañada? —bromeaste. Frotaste la espalda de Gon para tranquilizarlo—. Ya lo había decidido, recuperaremos a Kite sin ninguna pérdida. Pero gracias por recordármelo.

Gon asintió satisfecho.

—No lo estoy entendiendo muy bien —Manteniéndose de pie y con los brazos cruzados, Knuckle se incorporó a la conversación—. Pero creo que ya hicimos todo lo que podíamos.

—En efecto, nuestro trabajo aquí está terminado.

Todos se giraron a la nueva voz que se hizo presente.

Acomodando sus lentes como era costumbre—y caminando como si fuera el dueño del lugar—Knov apareció entre las sombras.

Rodaste los ojos por su presuntuosa introducción, y por cortar tu inspiración.

—Ejecutamos la misión principal —continuó el hombre—. Aun cuando los sucesos no fueron como previamente nos informaron.

—Lo dice por mí, ¿verdad? —Entrecerraste los ojos al percibir su sarcasmo.

—Eso comprueba que la información no es confiable —dijo, ignorándote olímpicamente—, incluso viniendo de aliados.

Killua te sujetó antes de que intentaras golpear al cuatro ojos.

—¿Seguro que quieres discutir esto ahora?

Knov exhaló.

—No… —Relajó su expresión y suavizó su voz, como si con ese suspiro hubiera desaparecido su estrés—. Solamente quería avisarles que cumplimos nuestra misión. Killua, tu equipo puede regresar con nosotros y descansar mientras deciden qué hacer.

Muy bien, quitando el hecho de que Knov era un fisgón, te sorprendió su amabilidad. No obstante, te diste cuenta que todos estaban olvidando algo muy importante.

—Tiempo fuera —mencionaste como árbitro de la NBA—. En primer lugar, amo a su seiyuu; tiene una voz muy atractiva. En segundo, yo soy la líder del «equipo Killua». Y en tercer lugar… el Rey no se ha muerto, y seguramente ya viene en camino.

Los rostros de todos se desencajaron.

—¡¿Por qué dejas lo más importante al final?!

—Porque ya tiene un pie en la tumba, Meliorio —respondiste con el cansancio de alguien que ha repetido lo mismo varias veces.

—¡¿El Presidente perdió?! —exclamó Knuckle.

—Sí y no —respondiste meneando la cabeza.

—¿Podrías ser más específica? —Knov estaba tratando de no perder la paciencia.

—Estoy segura que le dije a Gon que lo anotara… ¿o no? —murmuraste para ti.

—¿Puedes explicarlo? —persistió Knov.

—Bueno, da igual. Sé que no nos caemos bien —acentuaste, poniéndote de pie e intentando ser lo más madura posible—, pero voy a necesitar que confíe una última vez en mí —Knov te miró con recelo, pero en vez de cohibirte, te hizo continuar con ahínco—. El Rey morirá, de eso no hay duda. La muerte del Presidente Netero no será en vano. Pero… para que todo salga bien, tenemos que proteger a Komugi.

Tomaste aire para pensar en tus próximas palabras. De cierta manera querías poner en su lugar a Knov y dejarle en claro que solo podía haber un usuario de portales, y de paso hacer que te respetara un poco. A pesar de eso, tu lado sensible se apoderó de ti en un momento de debilidad a causa de la imagen de Netero ofreciendo su vida por la humanidad. Y de un Kite destrozado, y quizás también, de un Gon furioso, sacrificándose a él mismo. Deseabas con fervor que eso no ocurriera.

—Perdóname, Knov —dijiste con franqueza—. No negaré que fui egoísta, y que les he causado más problemas que soluciones, y que tampoco soy muy confiable. Sin embargo, de verdad quise que nadie muriera. O que salieran heridos… Al final no cambié nada, y por eso lo lamento. Mis fantasías fueron infantiles. No salvé a las personas que quería salvar. Tampoco detuve lo que quería evitar. Entiendo tu desconfianza hacia mí, no he manejado con prudencia la información. Y es verdad, tienes razón. Ya no es su obligación quedarse, su trabajo original terminó. Lo que quedan son daños colaterales de los que yo debo encargarme —Dejaste que tu mirada se paseara por el brazo de Gon—. Ikalgo, Meleoron… Ya no le deben nada a Enyd, y mucho menos a mí. Es mejor que se vayan también, junto con los heridos.

—Espera, (T/N). Yo no voy a irme.

—Gon, tú serás el primero en la fila —reiteraste—. Irás con Leorio a que te cure ese brazo.

—Pero Leorio aún no es doctor —contraatacó.

—Buena esa. Por desgracia para ti, tengo más amigos doctores.

—¡No es justo! —infló las mejillas con enfado—. ¡Sólo quieres quedarte a solas con Killua!

—¿Q-Qué estás diciendo? —Le cubriste la boca con ímpetu, como si así fuera a tragarse y borrar sus palabras—. No le hagan caso —comentaste a los demás antes de susurrarle furiosa a Gon por el bochorno que te estaba haciendo pasar—. ¡Estás arruinando mi momento de gloria!

—Yo me quedaré—mencionó Ikalgo con su tono honorable—. No lo hago por cumplir una deuda o un deber. Es lo que hacen los amigos.

—Ikalgo… —susurró Killua.

—Ni piensen que voy a rendirme ahora —exclamó Knuckle—. No podría mirar a mis camaradas a la cara si me retirara cuando aún quedan cosas por hacer.

—Oigan, espero que no se estén olvidando de mí —Con su brazo doblado como si pidiera permiso para hablar, Meleoron dio su punto de vista—. Considero que mi habilidad puede seguir siendo útil.

—¿Estás seguro, Meleoron? —preguntaste casi incrédula.

—¿Por qué te sorprendes? Yo también he hecho buenos amigos.

Una calidez envolvió tu corazón, conmoviéndote por la solidaridad de tus compañeros.

—Ya los escuchaste —mencionó el Zoldyck—. Entonces, ¿cuál será el plan… líder?

Knov carraspeó.

—Es verdad que nuestro primer encuentro no fue el más… agradable. Pero ayudaste a Palm, y ella confía en ti. Así como un alumno confía en su maestro, es el deber de un maestro confiar en sus alumnos.

Ahora sí que estabas sorprendida.

—No sé qué clase de hechizo habrá usado Palm… pero gracias por el voto de confianza.

—No te confundas, aún hay muchas cosas que tienes que explicar —El Cazador sonrió de lado, conservando su personalidad altanera—. Por el momento, alguien debe encargarse de la Asociación. Hagan lo que tengan que hacer, y asegúrense de no morir.

—¡Osu! —lanzaste tu grito de guerra, y te pusiste a explicarles a los demás los hechos que ocurrirían.

Antes de marcharse, Knov te observó. Gracias a Killua y a Palm había decidido darte una oportunidad. Debía admitir que eras diligente, y que te acoplabas con facilidad.

—(T/N).

Ante el llamado le prestaste atención, sintiéndote rara escucharlo decir por primera tu nombre.

—Podrías ser un buen Cazador.

—¿Eh?

—¡Es cierto, (T/N)! Pasarías el examen con facilidad.

—¿Tú lo crees, Gon? Yo no estaría tan segura.

Knov acomodó sus lentes por última vez esa noche. Te agradecería apropiadamente luego, después de todo, habías devuelto sana y salva a Palm. Y, con ese pensamiento, se retiró.

«Okey, eso fue extraño.»

No esperabas que el poder evangelizador viniera en el paquete de protagonista, ya que el tuyo parecía sacado de una tienda de segunda mano. Pero ya qué, aceptarías la oferta.

Intercambiaste una mirada de complicidad con Killua, éste se encogió de hombros, y ambos echaron a reír.

—Muy bien, «equipo Killua» —exclamaste con un puño en alto—. ¡En marcha!

—¿Podríamos cambiarle el nombre? —murmuró Killua con una gotita en la nuca.