Hola queridas lectoras. Espero que les esté yendo muy bien :D ¡Mil gracias por sus reviews, follows y favoritos!

Vaya, cuando menos me di cuenta el capítulo estaba quedando súper largo jeje Así que les subiré una parte primero mientras termino con algunos detalles del siguiente jiji Se preguntarán "¿por qué no lo subes completo y ya?" xD Bueno, es solo mi vano intento por alcanzar los 100 capítulos. Un sueño tan cercano y lejano a la vez :')

En fin, les dejo con el capítulo.

¡OSU!


La brisa nocturna soplaba con delicadeza, colándose en cada rincón y en cada fibra de los seres que eran testigos de lo que ocurría esta noche. Algunos no eran conscientes de la frialdad que el viento llevaba consigo a causa de un estado de somnolencia inducida. Tú, por el contrario, sentías tu piel erizarse; sin embargo, no era a causa del frío. No estabas bajo la hipnosis de Pouf para ignorarlo, más bien, te encontrabas en otra clase de mesmerismo.

—Pensé que Gon no estaría de acuerdo.

Estabas tan perdida en tus pensamientos que el comentario de Killua casi provoca que cayeras de su espalda.

—¿Qu-qué quieres decir? —carraspeaste, tratando de recuperar el balance que, irónicamente, solo tú pareciste sufrir.

—Ya sabes, es demasiado terco —respondió Killua—. Estaba seguro que insistiría en acompañarnos en vez de encargarse de cuidar a esa mujer.

—Oh…

—Aunque no es el único raro —Te miró por el rabillo del ojo—. ¿Por qué estás en esa posición?

—¿Eh? ¡Ah! Es… para ver mejor. Así tenemos un campo de visión más amplio.

Killua se ahorró el comentario de que también estabas extrañamente callada. Había tenido que cargarte para buscar un lugar alto en el cual pudieran observar cuando el Rey y su Guardia se acercaran. Era graciosa la manera en la que te comportabas después de que tú misma habías dado la idea. Por supuesto, a él no le molestaba en lo absoluto, el problema era que tú conservabas tus brazos en sus hombros para mantener lo más alejado posible tu torso de su espalda.

—Ah, ¿sí? —murmuró inexpresivo—. Estás haciendo que pierda el equilibrio. Si estás bien con eso, no hay problema. Podríamos morir, pero no importa, porque tú mirarías al enemigo antes de que se acercase, ¿cierto?

—¡Bien! ¡Tú ganas! —exclamaste con culpabilidad—. A veces eres muy manipulador, ¿lo sabías?

El Zoldyck sonrió de forma gatuna, aunque tú no pudiste verlo.

Rodeaste su cuello con timidez y te recargaste en su espalda. No querías que escuchara el palpitar de tu pecho, seguramente se burlaría de ti diciendo que tenía razón, que tu corazón había latido por su causa y, lo más probable, era que ya no pudieras negarlo. Su cabello te hizo cosquillas en la nariz. Era muy suave y relajante. Aprovechaste para inhalar su esencia, cerrando los ojos para grabarte su olor. Era esa clase de momentos que no sabes que necesitas hasta que suceden. Y de los que terminan tan pronto como llegan.

—Aquí estaremos bien —mencionó Killua, deteniéndose.

Envuelta en un mar de nubes, abriste los ojos lentamente, reticente a abandonar la comodidad en la que te encontrabas y encarar la triste realidad adyacente.

Desde ahí tenían una magnífica vista de la entrada del palacio. Así la llegada del Rey no los tomaría por sorpresa y serían capaces de realizar el primer movimiento. Si no funcionaba, quizás morirían. Pero en tu cabeza no había fallas en esa lógica.

Te bajaste con cuidado de la espalda de Killua poniendo tus pies en el pilar. Un manojo de nervios se estancó en tu estómago.

—Ya casi termina —susurraste mientras contemplabas el horizonte.

—Sí.

—Killua… ¿Crees que… podamos recuperar a Kite?

—¿De dónde viene ese pesimismo? —preguntó, levantando una ceja con intriga.

—No es mi intención, es que… —suspiraste con pesadumbre, guardándote lo que pasaba por tu cabeza—. Olvídalo. Tienes razón —Con un ademán alejaste los pensamientos inútiles—. Debe ser el cansancio.

Te sentaste estirando tus piernas y apoyándote con tus brazos a los costados. Tal vez sí estabas siendo un poco pesimista, pero no querías admitir que el miedo comenzaba a exudar por tus poros. Era normal tener dudas a última hora, de ese modo, estarías preparada para un plan B. Aunque si solo fuera eso, no te preocuparías demasiado. Había algo que te carcomía por dentro, y no podías descubrir exactamente qué era. Si compartías tus preocupaciones con Killua únicamente lo inquietarías en vano. Ya suficiente debía tener encima en estos momentos.

—Descansa lo que puedas —comentó el albino mientras se sentaba a tu lado—. Yo vigilaré.

Frunciste los labios. Una idea fugaz pasó por tu mente.

Sin pensarlo dos veces, apoyaste tu cabeza en el regazo de Killua.

—¡O-Oye! —respingó inmediatamente—. ¡¿Qu-qué haces?!

—Te dije que estoy cansada.

—S-Sí, p-pero…

—Y eres muy cómodo.

—Po-por lo menos avisa la próxima vez.

—¿Eso quiere decir que me das permiso de hacerlo cuando quiera?

—N-No sé —murmuró, rascándose la mejilla—. ¿Qué? —preguntó avergonzado porque lo mirabas fijamente.

—Nada —negaste con la cabeza—. Eres muy lindo cuando te sonrojas. No es que no seas lindo cuando no lo haces, al contrario… Además, desde este ángulo te ves mucho más…

—Cierra la boca —Killua te interrumpió, cubriéndote los ojos para que no lo siguieras observando y diciéndole cosas que lo hacían sentir como un tonto, pero extrañamente feliz.

—Bien, bien. Puedes impedir que te vea, pero no harás que me calle.

—¡Ya ponte a dormir!

Dejaste salir una risa sincera.

—Lo que le dije a tu abuelo fue verdad —dijiste después de una pausa—. Eres una persona increíble. Amable y fiel. Mereces ser feliz más que cualquier otra persona en el mundo. Admiro mucho eso de ti; te mantienes fiel, no solo con los demás, sino contigo mismo. Tu fortaleza se refleja en tus ideales. Y tu familia debe entender que tú tienes tu propio camino.

Las nubes iban despejando el cielo, siendo arrastradas por el viento que se fusionaba con el silencio de Killua.

—¿Te sonrojaste más? —preguntaste.

—Cl-claro que no…

Reíste internamente por sus reacciones tsunderes. Por fin las cosas volvían a la normalidad. Pudiste haber tenido un pequeño desliz anteriormente, dejándote embriagar por los sentimientos de tu, por el momento, vedado enamoramiento. Sin embargo, más que intentar hacerlo sonrojar, querías que supiera lo que significaba para ti; que viera su propia luz, y el cómo esta irradiaba en los demás. Especialmente en ti.

—Nunca imaginé decir esto, pero… eres genial.

Desgraciadamente, o afortunadamente, los papeles no tardaron en cambiar.

—¿Qué? —Intentaste quitarte su mano de tus ojos para poder leer su expresión, pero esta no se movió ni un milímetro—. Deja de bromear —tartamudeaste, presintiendo en tu interior la luz roja de nuevo.

—Lo digo en serio —afirmó Killua—. Siempre sabes qué decir.

La seriedad y tranquilidad con la que dijo aquel cumplido hizo subir tu temperatura. Te dijiste que solo estaba molestándote, devolviéndote tus dobles intenciones; no obstante, no pudiste evitar preguntarle:

—¿Po-por qué lo dices?

—Me pregunto por qué… —susurró al aire, pensativo, antes de encogerse de hombros—. Bueno, la razón no importa. Solo quería decírtelo.

—No es justo… —Posaste tus manos encima de la de él, haciendo una doble fortaleza para que, en esta ocasión, él no pudiera ver tu cara roja—. No puedes decir algo así sin explicarlo…

—¿Por qué? —Killua intentó descubrir tu rostro, aunque no se lo permitiste—. ¿Estás avergonzada?

—Sabes que soy muy curiosa, no podré dormir si no me dices.

—No quiero.

—Yo te expliqué mis razones, es justo que tú también lo hagas.

—No.

—¡Killua! —exasperada, saliste de tu fortaleza, encontrándote con esos bellos orbes azules.

—¿Qué sucede? —preguntó con suavidad.

—Tú eres el que más raro está actuando —Desviaste la mirada al no ser capaz de resistir la ternura que emitía.

—Mmh —Te acomodó algunos mechones de cabello.

—¿Desde cuándo eres tan condescendiente conmigo? —Tu corazón se aceleró.

—¿Desde cuándo te molesta que te dé la razón?

Otro mechón acomodado, otro latido.

—Tus monosílabas no cuentan como darme la razón —dijiste en voz baja, rindiéndote a su tacto.

—Mmh… Por qué será… —Acarició el contorno de tu rostro—. Por muy loca que parezcas, tienes algo que hace que los demás confíen en ti —admitió—. Lo que le dijiste a Knov… Cómo haces entrar en razón a Gon… Creo que es genial. Tú… me das seguridad.

Tus ojos se iluminaron y tú corazón latió salvajemente. El cosquilleo en tu estómago te puso exageradamente feliz que no pudiste frenar la llama que crecía más y más rápido.

—¡Killua! —Esta vez no había sombra de reproche en tu voz. Te incorporaste con rapidez a causa de la descarga de adrenalina que sus palabras efectuaron, quedando cara a cara con el albino, haciéndolo retroceder un poco por la sorpresa—. Hay algo que quiero decirte… «Tal vez no sea lo correcto, pero debo decirle, porque si no…» …Me gust-...

—¡Espera! —te calló rápidamente, poniendo su dedo índice en tus labios. Killua pareció igual de sorprendido que tú por su respuesta—. Yo también tengo que decirte algo importante. Pero no es el momento. Cuando esto acabe, hablaremos… Supongo que… será una charla muy larga… —Deslizó con lentitud su índice por tu labio inferior antes de sostener tu barbilla entre sus dedos.

Sus ojos azules recorrieron tu cara como si estuviera guardando cada detalle de ella, deteniéndose en tu boca durante un segundo cada vez que sus pupilas se posaban allí. Se acercó poco a poco, e inconscientemente hiciste lo mismo. Una fuerza natural parecía querer magnetizarlos sin importarle el caos que ocurría allá abajo. A veces, solo hacía falta un ligero cambio de perspectiva para que, lo improbable, sucediese. Cerraste tus ojos a la espera de aquel roce mágico… Sin embargo, para tu desgracia, nunca llegó. Abriste un ojo para espiar qué sucedía, y preguntarle a Killua por qué demonios estaba tardando tanto.

Killua tenía los ojos abiertos, pero no te estaban mirando a ti.

—Es hora.

Volteaste, siguiendo su mirada y, en definitiva, ya era hora. A lo lejos, una figura se acercaba a gran velocidad. Sin embargo, la figura fue directo en picada hacia la torre oeste.

—Es Pouf —confirmó Killua.

Aunque tu vista no era tan buena para alcanzar a distinguirlo, nadie más volaría en esa dirección.

—Va a buscar a Komugi —agregaste, intentando no sonar decepcionada por el cambio brusco de ambiente.

Killua pareció sentirse igual que tú, sin embargo, él recobró prontamente la compostura.

—Vamos —mencionó, poniéndose de pie—. Hay algo que quiero preguntarle.

—Detente —acotaste, sujetándolo de la muñeca—. No va a escucharte. Si regresó primero es porque quiere esconder las pruebas de la existencia de Komugi. Está desesperado.

El Zoldyck sabía que tenías razón, por lo que decidió regresar a su lugar y esperar. Su impulsividad había sido una reacción en cadena que casi lo hace perder la compostura de una situación espontánea, a otra todavía más inesperada. Sea como sea, indiscutiblemente, ahora la espera sería más asfixiante, aunque con una connotación más placentera.

«Estúpido, Pouf. Acabo de añadir otro motivo para odiarte.»


Leorio: *cruzado de brazos*

Yo: Ahora qué traes ¬¬

L: ¿Yo? ¡¿Qué les pasa a esos mocosos?! Poniéndose todos románticos en un momento crucial. ¡Debería ser ilegal! No, espera… ¡Es ilegal! *echando humo*

Bisky: *arrojándole un bote de palomitas* ¡Cállate y deja disfrutar el espectáculo!

Neon: x2

Senritsu: x3

(T/N): x4

L: ¡Tú no tienes vela en este entierro!

(T/N): ¡Tengo todo el derecho del mundo! ¡Soy la protagonista!

L: ¡Mis polainas son las protagonistas!

(T/N): *estrellándole un jarrón en la cabeza* Respeto tu opinión como secundario, pero reafirmo mi derecho como protagonista al valerme de todos modos.

B: Esto se está poniendo interesante *¬*

N: x2

S: x3

(T/N): ¡Escritora! ¿Cómo puedes hacerme esto? Dame mi beso con Killua… pero haz que él lo haga.

B: x2

N: x3

S: x4

Gon: x5

Killua: ¡Gon!

G: xP

Illumi: ¿Quién quiere un qué con quién?

Todos: 0_0