Aoi sabe que su familia, no es perfecta. No es la familia que alguna vez soñó o fantaseó tener.

No es nada de eso, pero es eso mismo, lo que la hace perfecta, hermosa y maravillosa.

No tiene un marido perfecto, pero, sí que la ama, la respeta y la cuida. Que aunque sea imprudente, brusco o malhablado, es la mejor persona para ella, para estar a su lado; incluso aunque Inosuke nunca o casi nunca, le diga abiertamente que la ama o que la quiere.

Con las bellotas que le trae, el cómo la cuida o vigila –cuando él cree que ella no lo ve–, el cómo la ayuda a llevar las cosas que compran o también, cómo cuida que los hombres no se sobrepasen con ella.

(Aunque muchas veces, tuvo que intervenir por la vida de esos hombres.

Pues no quería al padre de su hijo tras las rejas o ejecutado)

Bien dice la frase que: Las acciones dicen más que las palabras.

Y su hijo, tampoco es perfecto, pero puede presumir que es el niño más lindo que ha visto en su vida. Y no, no lo dice por ser mamá zorra, lo dice en serio; su pequeño Inoichi, es idéntico a Inosuke.

Aunque no está muy segura si también en personalidad. Que sí, a veces hace travesuras y que muchas de esas, causan estragos en la casa –que ha tenido que reprender con mano dura, siendo Inosuke un silencioso espectador pues, Aoi molesta, y dándole nalgadas duras, le aterra–. Sin embargo, Inoichi, cuando se lo propone, logra ser de ayuda y un buen hijo; por lo que, Aoi le recompensa, preparando Tempura.

Que resulta ser también el favorito de su hijo.

Y si Aoi Hashibira debe ser honesta, su familia no es perfecta a los ojos de los demás. Pero para ella, es perfecta, es maravillosa y, es todo lo que necesita. Y se permite regodearse de ello.

Y sonríe cuando los hombres de su vida la reciben al volver de los mandados, en un cálido abrazo. Porque ellos, siempre serán su hogar también.