Título: Incómodos y reconfortantes segundos.
Personaje: Saitama.
Autora: Tiranosaurio.
Si su destino hubiera sido diferente, no le costaría deshacerse de ellos, pero, por alguna razón que no quería pensar, no lo haría. Desenfocó la vista y se mantuvo estático.
OoOoO
One shot.
—¡Saludos! ¡Soy Lagartomán! ¡Ríndanse ante mi po...!
La explosión no se hizo esperar.
Ningún monstruo destrozaba sus bolsas con las compras y vivía lo suficiente para contarlo.
Ahora las tripas del monstruoso reptil chorreaban por su traje hacia el piso en donde también yacían lo que unos segundos atrás habían sido sus preciados víveres. Genial, era la despensa de una semana y una buena carne a buen precio. Vaya desperdicio lamentable.
La gente entre la explosión no tardó en aparecer con rostros severamente indignados. No es que fuera la primera vez, pero, por alguna razón que no quería pensar, ésta vez el sentir la pesadez del ambiente le retorció ligeramente las entrañas.
No tardaron en llamarlo "impostor", "charlatán" o cualquier otro insulto creativo hacia su brillante calva. Nada del otro mundo, pero en serio eso se sentía mal.
Mirando un poco a su derecha se dio cuenta de que en el suelo estaban un par de grandulones fisicoculturistas hechos bosta, ¿cómo se llamaban? estaba seguro de que había algo familiar especialmente en el que tenía las cejas a rayas.
Así que estaba acaparando el crédito de otro héroe, concluyó lógicamente.
Fácilmente podía darse la media vuelta e ir a casa para encerrarse en su apartamento a releer alguno de sus viejos mangas o entretenerse con alguna mala película al azar, pero se quedó inmóvil sintiendo el peso de los alaridos malagradecidos. De alguna forma que no quería pensar, sentía vagamente la decepción hacia sí mismo, un autodesprecio que no sentía desde que sus emociones empezaron a atenuarse.
O quizá siempre estuvo ahí, sólo que era bueno ignorándose incluso a sí mismo.
El eco de las voces le hizo doler la cabeza. Si fuera otra persona estaba seguro de que ya habría pasado al bando de los villanos y nadie lo habría parado, podría haber acabado con toda esa bola de ingratos. Finalmente, era el ser más poderoso en ese planeta y seguramente en muchos otros más. Sin embargo, no podía, no tenía el corazón (no irónicamente) para dejar de lado esa empatía por la humanidad que era de lo último que lo aferraba a ser uno de ellos.
Tan ensimismado estaba entre su extensa y poco habitual línea de pensamientos que no prestó atención a la figura que salía entre la muchedumbre alborotada. Sus ojos seguían el movimiento, él no.
No observó cuán delicada era aquella figura infantil. No al menos hasta que la tuvo a un par de metros y se dignó a enfocar la vista.
El niño se acercó más hasta encontrarse a una distancia que ya invadía su espacio personal. Su rostro pareció intimidarse ante su inexpresivo semblante, pero no detuvo su marcha y se prendió de su torso con una sinceridad que sólo los niños no saben esconder.
Percibió una tenue fuerza que no correspondió durante esos segundos que se sentían reconfortantemente incómodos.
El infante se separó, le dedicó una mirada más tranquila, hizo una torpe reverencia y salió huyendo por algún lugar que su mirada nuevamente perdida no se molestó en seguir, para cuando quiso darse cuenta, incluso la muchedumbre había atinado a callarse por fin. O al menos algo parecido a su paz interior había anulado cualquier cosa que sus oídos captaran.
Decidió obedecer sus pensamientos iniciales. Dio media vuelta y se dirigió a su hogar.
—Estoy en casa.
—Bienvenido, sensei.
Si su compañero de piso fuera un poco más impresionable, se habría inquietado al verlo bañado en tripas de kaijin y sin las compras que se supone que había ido a hacer. En su lugar sólo regresó a la cocina y observó a su maestro atravesar el apartamento hacia el armario para buscar ropa limpia, y luego encaminarse a la ducha.
—¿Pasó algo nuevo hoy, sensei? —preguntó el adolescente anticipando que seguramente no recibiría una respuesta.
Saitama desde el umbral de la cocina lo miró asegurándose de enfocar correctamente.
—Tal vez.
OoOoO
Tiene... ¿dos años? Tal vez tres que no subo algo, pensé genuinamente que jamás iba a volver a escribir aquí, pero encontré éste anime y empaticé bastante con el personaje de Saitama, quizá lo suficiente como para no resistirme a redactar algo una vez más.
Y es que la verdad pobre de mi buebo. Es demasiado adorable para éste mundo y lo tratan dlv. Así que la idea me vino a raíz de la escena donde se pasea por la ciudad luego del metorito y un fancomic en donde una niña lo llama calvo y luego le muestra que ella también lo es. No sé, pienso que sólo los niños no ven esas estupideces con que nos encanta a los grandes (y todavía más grandes) discriminar.
Quise reflejarlo y espero que haya quedado más o menos bien. Es decir, soy nueva en el fandom, todavía no me familiarizo con ciertas cosas.
En fin, lector desconocido, ojalá haya valido la pena que lo leyeras.
Tir.
