HETALIA PERTENECE A HIDEKAZ HIMARUYA


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Los nativos habían intentado esconderse en los bosques...Era lo que siempre hacían cuando olían problemas, al parecer, a juzgar por el fuerte que estaban construyendo en el interior del bosque y las señales de fuego que encontraron en la costa, advirtiendo de su llegada. Muy gracioso, viniendo de una nación que, según la leyenda, fue amamantada por una osa antes de ser encontrada por su gente.

Finlandia parecía tan pequeño como Dinamarca, Noruega y Suecia, pero no tenía su aspecto, quizás demasiado maduro para alguien tan joven. Viéndolo esconderse detrás de su caudillo, mirándolos con temor, los pequeños vikingos tuvieron la sensación de que era demasiado blando como para rebanar un cuello, quemar una aldea, saquear un país. Era considerado algo sagrado, algo que debía ser protegido del mundo exterior, y por ello no se le habían dado las herramientas necesarias para que cuidara de sí mismo. Al menos no por el momento. A veces ocurría, lo habían visto en otros lugares. Quizás su llegada y el hecho de que se llevaran más de lo que los fineses estaban dispuestos a dar harían que se volviera más duro, tomara una espada y defendiera lo que era suyo. Así era como sobrevivían las naciones. Y los humanos también. Simplemente era así como el mundo funcionaba. Las naciones no podían permitirse una infancia pacífica. Tan pronto como fueran capaces de sujetar un hacha, una espada, arco y flecha, un cuchillo, debían aprender cómo usarlos, o les comerían vivos.

Suecia observó al pequeño rubito que los miraba con desconfianza, preguntándose si harían como contaban los rumores: destruir el poblado entero hasta los cimientos tan pronto como consiguieran lo que querían, por el simple placer de destruir. Él y su gente les estaban dejando que se llevaran lo que quisieran, por un precio ridículo si eso evitaba discusiones que pudieran llevar a una muestra de su fuerza, o incluso sin pagar. Sabían lo que les ocurría a aquellos que iban en su contra...; después de todo, él, Dinamarca y Noruega habían hecho todo lo posible por que todo el mundo se enterara de ello y animaban a la gente a que se inventara historias horribles sobre ellos.

Si Finlandia hubiera sabido que, aunque ellos habían matado animales y hombres con sus propias manos, lo habían hecho sólo porque no había más remedio y aun así seguían siendo niños como él, que jugaban, hacían tonterías, querían la atención de los adultos...; quizás así no habría tenido miedo de ellos. De él.

Por alguna razón, no quería que su vecino le tuviera miedo.

Suecia miró a esos ojos violetas y pensó...que había veces en que tener tanta mala fama no era bueno. Era difícil hacer amigos, con el mundo temiéndole a uno...A él no le interesaba el grano, la carne, las especias, el metal o las pieles que tenía para comerciar. Habría renunciado a todo eso con tal de eliminar el miedo de su rostro y sentarse a su lado a mirar las nubes, mostrarle sus juguetes, dar largos paseos. Tan sólo oírle hablar.

Dinamarca dio un paso en dirección a Finlandia, sonriendo, listo para pellizcarlo. Finlandia retrocedió aterrado; su líder observó con cautela. Con un gruñido, Suecia lo empujó fuera del alcance de Finlandia antes de que pudiera tocarlo.

— Ey, ¿qué pasa contigo?—se quejó Dinamarca.

Suecia sólo tuvo que fulminarlo con la mirada para hacer que se callara por un segundo y finalmente bufara.

— Idiota...—murmuró antes de volverse hacia Noruega, esperando su apoyo, pero como no lo consiguió porque su compañero estaba demasiado ocupado cuidando al bebé Islandia que tenía en el rebozo a su espalda y que había empezado a lloriquear, se limitó a alejarse del grupo y se distrajo arrojando rocas a la nada mientras los adultos terminaban de hablar.

Suecia se giró entonces hacia Finlandia y él no le agradeció su protección. Nada de lo que habían dicho esos dos tenía sentido para él, era una lengua bárbara; y Suecia lo ignoraba, pero sus ojos eran tan fríos y penetrantes que hicieron temer a Finlandia que se avecinaba para él algo peor que un pellizco cuando lo miró. El pequeño finlandés se estremeció y se aferró a la pierna de su caudillo buscando protección.

Pasando por alto su miedo hacia él, Suecia sonrió. Quizás no en el exterior, pero interiormente sonreía.

Nunca había conocido antes a nadie a quien quisiera conocer, y que le hiciera sentir mariposas en el estómago. Era un sentimiento extraño, un poco incómodo, pero...¡era agradable, aun así! Y la primera vez que vio a Finlandia fue también la primera vez que lo sintió.

Se hizo una promesa a sí mismo. Algún día conquistaría esas tierras. Algún día los fineses y los vikingos no serían sólo socios comerciales, sino algo más íntimos; compañeros de campaña, amigos, incluso. Algún día, cuando Dinamarca no estuviera ahí para fastidiar y Finlandia perdiera el miedo, se atrevería a dirigirle la palabra.

Algún día, Finlandia se convertiría en su mejor amigo.


FIN