Pedido de: ClaulizaRechoa

Temática: Comedia

Tiempo de la relación: 3 años (Josuke tiene 21 y Rohan 25)

Descripción: Josuke fue ese niño a quien nunca le dieron permiso de adoptar un perrito; Rohan estaba en contra de tener animales en casa; por más extraño que suene, Jotaro fue la solución a sus problemas y no, no adoptaron a Jotaro.

Palabras: 1185


PUERTA II

—No.

—Pero, Rohan…

—¡No!

—Será por un tiem...

—¡He dicho que no, Higashikata!

La estúpida escena consistía en Josuke empapado, quien sostenía un cachorrito negro y mojado entre sus manos. Lo encontró a mitad de una tarde lluviosa, abandonado dentro de una caja en plena calle.

Decidió arrodillarse con la vaga esperanza de ablandar el gélido corazón de Rohan.

—Por favor.

—Llévatelo a casa —habló sin remordimiento alguno.

—Eso quería —explicó—. Es más, llamé a mi madre desde un teléfono cercano y me dijo que no quería animales en casa. Que si lo llevaba para allá sería él o yo el que sería echado a patadas.

—Ese no es mi problema —una venita de molestia se hizo presente sobre una de sus sienes. No tenía tiempo para cuidar mascotas, suficiente hacía con soportar a Josuke de novio; lidiar con otro animal sería problemático.

—Por favor.

—¡Qué no! —una parte de él estaba muy molesta, la otra se divertía porque tanto Josuke como el perro tenían los mismos ojos de cachorro y azules para variar—. Dáselo a Okuyasu o lo que sea.

—También lo llamé. Al inicio él lo iba a cuidar, pero después temimos que Stray Cat pudiese herirlo.

—Koichi.

—Sus hermanas ya tienen un gato.

—Tonio.

—Dijo que sería antihigiénico tener perros en el restaurante.

Ahora Rohan sentía un tic sobre su ceja izquierda. ¡¿Es que ese delincuente se había puesto en contacto con todo el jodido Morioh menos con él?!

—Puedes dárselo a cualquiera de tus amiguitas —se cruzó de brazos, haciendo referencia a las fans que seguido se arremolinaban sobre su chico de camino a la escuela.

«No de nuevo» rodó los ojos. Quería evitar tocar ese tema ahora; en su lugar, lo ignoró.

—Mira será temporal en lo que consigo a alguien que lo adopte. Yo me encargaré de todo.

Rohan enarcó una ceja. Después, observó al perro y a Josuke estornudar al mismo tiempo. Se apretó un brazo con la mano para evitar reír en lo mínimo ante eso.

—¿Seguro que serás capaz de encargarte de tu bolsa de pulgas?

—¡Te lo aseguro! —dejó al cachorro en el piso y sacó de su maletín escolar un sobre de croquetas, una correa y shampoo para cachorro—. Se llama Black Hayate, y ya compré las cosas.

Rohan podía ver ese brillo en sus ojos que anunciaba en todas direcciones que se lo quería quedar.

—Una semana —antes de que el otro pudiera decir algo lo señaló con el índice para condicionarlo—. Si después de ese tiempo no le has conseguido dueño, lo llevaré directo a la perrera, ¿entendiste?

—¡Sí! —no vaciló en tomar sus pertenencias, perrito incluido, e ir escaleras arriba para lavar y secar al animal, además de darse una ducha rápida y cambiarse la ropa.

Rohan se sobó el puente de la nariz con una mano y negó con la cabeza.

Odiaba tener como debilidad a esos ojos de cachorro que Josuke le dirigía cuando le suplicaba por algo y si había otra cosa que podía con él más que esa estúpida mirada, era tener al chico con el pelo abajo, ¡mojado aparte! El idiota lucía incluso más apuesto así y Rohan no podía recriminar la belleza natural. Después de todo, era un artista, ¿y qué clase de artista desprecia el arte?

Los días pasaron y Rohan encontró cierta gratificación al ser perseguido de un lado a otro por un pequeño animal, aunque odiaba era que jugara con sus zapatos italianos exclusivos, lo cual arregló haciendo uso de Heaven's Door. Es más, quizá contaba como hacer trampa, pero descubrió que podía hacer uso de su Stand para escribir algunos comandos y hacer que Black Hayate obedeciera.

«¿Quién te conoce, encantador de perros?» Podría considerar quedárselo, pero retractarse con Josuke era…

«Ugh, qué fastidio».

No obstante, comenzó a tener problemas respiratorios, por lo que consultó a un médico y tras una serie de pruebas se dictaminó que era alérgico a los animales (con pelo); como si el polen no fuera suficiente.

En fin, le comentó a Josuke de eso y el mismo día lo sacó de la casa junto con el perrito. Casi para caer la noche, el muchacho le fue a llorar sus penas a Jotaro, quien más o menos le prestaba atención cada dos o tres berridos.

—¡Y ahora Black Hayate no tiene casa! —soltó, después de estampar el vaso que bebía sobre la mesilla de madera—. ¡No lo quiero dejar en la calle, sabes!

—Sería un problema —todos los animales callejeros lo eran. Un momento, ¿Black Hayate? Qué nombre más feo para una mascota.

Por otro lado, la actitud de borracho en taberna que tenía el chico le preocupaba a Jotaro. Cada tanto veía el cartón de jugo de naranja que reposaba a un lado, preguntándose si en verdad eso era lo que contenía o si guardó algo más alcohólico allí por tratarse de un recipiente práctico.

—Jotaro.

El nombrado atendió a la mención de su nombre, topándose con un Josuke de ojos vidriosos que sostenía frente a sí al animalito. Le recordaba a una nutria mostrando a su cría para generar la compasión de algún depredador.

Se quitó el cigarro de los labios y exhaló con pesadez, antes de apagarlo en el cenicero.

—Dame un respiro.

Luego de eso, se levantó del asiento y tomó al animalillo entre sus manos para examinarlo. Parecía no tener ningún problema físico evidente.

—Tal vez pueda hacerme cargo —si no recordaba mal, su madre le comentó sobre adoptar una mascota. Cierto programa de televisión le cambió la percepción sobre dar un nuevo hogar a animales rescatados en lugar de adoptar a los de raza pura. Lo mejor del todo es que el perro ya veía con una "configuración" práctica gracias a Heaven's Door.

—¡¿De verdad?! —el semblante le cambió de manera repentina.

—Sí —antes de escuchar alguna clase de agradecimiento, golpeó a Josuke en la cabeza, no le hizo con fuerza, pero sí como reprimenda—. Y deja de causarle molestias a otros.

—Auch —llevó las manos a su cabello, para arreglar su maravilloso pompadour—. Ok, ok.

Luego de varios minutos en los que Josuke no dejó de jugar con su exmascota sobre el sofá, agregó algo más.

—Será duro no tener a Black Hayate en casa —la tristeza se le notaba en el rostro.

«La casa de Rohan no es tu casa» dijo Jotaro para sus adentros.


Rohan escuchó alguien llamando al timbre de la puerta y al encontrarse en la planta baja, no tardó en abrir. Chasqueó la lengua por la molestia cuando abrió y vio a Josuke sosteniendo una pecera como de cuarenta litros, con un pececito, mientras Crazy Diamond fungía como soporte.

—Déjame adivinar —se cruzó de brazos antes de proseguir—. Te lo encontraste en la calle abandonado.

—Me lo regaló Jotaro —anunció con una gran sonrisa—. Se llama Black Hayate II y es un pez beta.

Rohan le azotó la puerta en la cara; sin embargo, el nuevo y acuático amigo se convirtió en la mascota oficial de la pareja por los siguientes cinco años.