Pedido de: ClaulizaRechoa
Temática: PWP/Lemon
Tiempo de la relación: 12 años (Josuke tiene 30 y Rohan 34)
Descripción: Rohan tiene técnicas muy peculiares para conseguir lo que desea y Josuke simplemente no le puede negar nada.
Palabras: 2817
PUERTA V
Como todas las tardes al finalizar su ronda de patrullaje, Josuke ordenó una malteada de fresa para llevar en la cafetería de costumbre. No podía beberla en el local dado que aún faltaban un par de horas para hacer el relevo.
Hacía años que no ocurría nada sobrenatural en Morioh, hablando en cuestión de delincuencia, porque en una ciudad con usuarios de Stand por doquier, las cosas extrañas siempre se hallaban a la vuelta de la esquina. No obstante, lo que creyó que terminaría como un día tranquilo, se arruinó al divisar un auto deportivo rojo correr a velocidades únicamente permitidas para conejillos de indias del motociclismo extremo.
Bebió la malteada como si se tratase de agua y se colocó el casco mientras montaba su moto para ir en persecución del maldito lunático con el cual vivía y cuyas placas sabía de memoria. Luego de varios minutos, llegaron a un campo despejado por donde no correría ni un alma por más perdida que estuviese, hasta que a Rohan se le ocurrió bajar la velocidad y detenerse a un lado de la carretera.
Josuke bajó del vehículo, al igual que su pareja, dejó el protector de la cabeza colgando del manubrio y se acercó al otro con una papeleta de infracciones en mano.
—No sé qué a demonios juegas —dijo un tanto molesto y desconcertado—, pero el hecho de que tengamos una relación no te librará de la infracción.
—Oh, por favor —giró los ojos y se cruzó de brazos antes de proseguir—. ¿Te recuerdo que alguien hurtó mi moto hace años y también condujo como loco por todo el pueblo?
—Iba apenas sobre los setenta kilómetros, Rohan —una media sonrisa se formó en sus facciones ante el recuerdo, igual terminó de redactar la multa y se la tendió al susodicho—. Y te la regresé sana, salva y hasta con más gasolina de la que tenía.
Rohan miró el papel y después a su pareja con la monotonía de costumbre.
—Si no planeas tomarla, la llevaré a casa de todas formas y te quitaré la placa —al finalizar, Crazy Diamond arrancó dicho objeto, reparando el resto del auto en el proceso.
Rohan negó con cierta decepción en el rostro y suspiró.
—Tan aburrido como siempre.
Entonces se acercó lo suficiente para quedar a escasos centímetros de Josuke, colocó las manos sobre los laterales de los muslos ajenos y con natural sensualidad comenzó a deslizarlas hacia las ingles.
—Ro-Rohan —tragó saliva para ocultar el nerviosismo, no así el rubor de su rostro—, basta...
—Puedes sacar provecho de la situación —susurró con toda la maldad y las dobles intenciones que albergaba dentro de sí. Masajeó con descaro la entrepierna de su amante, de quien escuchó apenas un quejido ahogado antes de ser detenido por las muñecas.
—No. Estoy trabajando —inquirió con un tono a duras penas serio.
Rohan llevó las manos a rodear el cuello contrario y con un refinado contoneo cerró la distancia entre sus cuerpos.
—Las cosas están en la parte trasera del auto —susurró en su oído.
A Josuke se le erizó la piel a causa de la excitación que esas palabras le produjeron. Por mero instinto acarició la cintura y la espalda baja de su novio. Depositó una serie de besos sobre la piel del cuello. Su autocontrol parecía irse al carajo ante la más leve insinuación de sexo por parte de Rohan. Ese hombre era un dios hecho de mismísima ambrosía y Josuke un simple mortal que sucumbía ante la tentación.
Más de fuerza que de gana y por un arrebato mental. Josuke tomó a Rohan por los hombros y se obligó a separarse a la par en que cerraba los ojos para no ceder ante los encantos innatos de quien se convertiría en su marido años más tarde.
—No puedo —parecía que lo decía para sí mismo—. A-Aún si aceptara, debo volver para firmar el registro de salida y si me ven desaliñado y… Uhm… —tocó los labios ajenos con el pulgar, el cual miró preocupado luego de notar el color verde del que se tiñó un poco a causa del pintalabios que solía usar su pareja de vez en vez.
—Bueno, no necesitas quitarte el uniforme —obtuvo una mirada curiosa a manera de interrogante, así que continuó—. Sólo debes aflojar un poco tus pantalones y —cortó sus palabras para quitarse los guantes; abrió la puerta trasera del auto y se sacó la gabardina verde de corte extravagante, luego, lanzó las prendas sobre asiento—…el resto te lo puedes imaginar.
Josuke miró de arriba abajo ese esbelto cuerpo que conseguía arrebatarle la cordura en cada ocasión. Mordió con suavidad su labio inferior intentando reprimirse. Se sentía nervioso e incapaz de decidir.
De forma muy conveniente a Rohan se le cayó el celular en uno de los tapetes interiores, por lo que no dudó en girar sobre sus talones y agacharse para recogerlo. Josuke ladeó el rostro, como quien busca ver debajo de una falda; terminó por estirar una mano para dar un buen apretón a uno de los glúteos ajenos. Su pareja se incorporó y de manera mañosa le tomó por la muñeca para hacer que su tacto llegara hasta la entrepierna, donde contenía los inicios de una erección bajo los pantalones.
—¿Piensas dejarme así, Higashikata Josuke? —al pronunciar su nombre, ladeó el rostro para ver al otro por encima del hombro.
Sus ojos lucían amenazantes, quizá coquetos, pero Josuke sabía que dar un paso en falso ahora sería peligroso. En su lugar, llevó la mirada hacia cada extremo de la carretera. Nadie pasaría a esa hora, ni después, eso lo sabía de sobra. Era como si Rohan hubiese escogido ese lugar a propósi… ¡Oh! Todo comenzó a cobrar sentido en ese instante.
«Eres un maldito zorro» dijo para sus adentros, al tiempo en que una media sonrisa lujuriosa permitió el avistamiento de los dientes.
Puso una mano sobre aquellos cabellos teñidos de cierta coloración verdosa y empujó a su pareja como quien mete un delincuente a la patrulla. Le quitó las botas con impaciencia, la misma con la que acostó a Rohan y se colocó sobre él, cerrando la puerta en el proceso.
Le devoró la boca en el acto. No podía tener sexo sin robarle un beso apasionado como mínimo. Es decir, tenía sentimientos, no era un animal.
—No seré suave —anunció al separarse.
—¿Quién esperaba que lo fueras? —respondió con sarcasmo mientras le retiraba los restos de labial con los pulgares.
Encendido por la situación y con un poco de dificultad a causa el espacio, le sacó los pantalones a Rohan casi de un tirón. Le dio la vuelta y lo levantó por la cadera, topándose con un botón plástico que simulaba un cristal amatista, en forma de corazón, asomándose entre las perfectas y redondas nalgas de su novio. Se trataba de un plug anal que Rohan se colocaba durante raras ocasiones cuando buscaba mantener la dilatación.
No dudó en morder uno de los glúteos. Sobre la marca resultante dio golpecito antes de amasar todo el músculo que logró abarcar con la mano. Apenas obtuvo un débil quejido a modo de réplica.
—Vaya, vaya. Vienes preparado —comentó, antes de repartir un par de besos por la nuca y el cuello de su amante. Tomó el plug y tiró con lentitud. Al estar por retirarlo completamente, lo introdujo de nuevo y repitió un par de veces—. ¿Algo que decir?
—Maldita sea, deja de jugar y ya sácalo.
Josuke rió con cierta malicia al escuchar la desesperación de su novio y para no hacerlo enojar demasiado, separó los glúteos con los pulgares y dirigió su rostro justo al centro, repartiendo lamidas con movimientos circulares. Sentir como Rohan se contraía de forma irregular junto a suspiros entrecortados, hacía que su propio pene reclamase tomar el lugar de su lengua.
Retiró por completo su cinturón, así la hebilla no incomodaría a Rohan. Se desabrochó los pantalones y los bajó un poco, extrayendo su endurecido y necesitado miembro. Dejó la faena de lado, acaparó el lubricante que se hallaba sobre el portavaso y esparció el contenido por todo su falo con movimientos propios de masturbación.
—¿Dónde están los condo…?
—Los olvidé —interrumpió.
Josuke sabía cuánto odiaba Rohan que se corriera dentro, por lo que se atrevió a preguntar.
—¿En dónde quieres que termine?
—Como me ensucies el auto, te mato —por algo había colocado su gabardina sobre el asiento; la lavaría después, limpiar su propio semen no representaba problema alguno, en cuanto a Josuke… Por esta vez lo dejaría venirse en su interior. Era un placer culposo, aunque jamás lo exteriorizaría.
—¿Entonces cómo…?
—¡Sólo hazlo!
En el pasado, Josuke habría entablado un debate mental consigo mismo al no saber cómo proceder, pero a esas alturas de la relación callar y obedecer siempre le salvaba el pellejo. No iría en contra de los caprichos momentáneos de su amado y tampoco esperaría a que entrara en razón sobre lo que decía o se arrepentiría y eso resultaría catastrófico.
Dejó caer un chorro de lubricante en el trasero de su pareja y aprovechó para restregar el pene por aquella zona para humedecerlo más. En cuestión de movimientos, introdujo con facilidad y de golpe toda la extensión de su miembro.
No sentía estrecho a Rohan. Al no recibir ninguna clase de reclamo, lo sostuvo con firmeza de la cadera y comenzó a penetrarlo de forma ruda, casi salvaje. Le había advertido que sería así.
Rohan apretó la tela bajo sus manos y cerró los ojos. Seguro que Josuke daría con su próstata y lograría hacer que eyaculara sin estímulos adicionales. La verdad, le tenía más fe a su verga que a él. Su hombre no era en absoluto delicado una vez que conseguía alborotarlo y orillarlo a ese extremo, por lo que suplicarle que se detuviera sería una pérdida de saliva; sin embargo, Rohan buscaba todo lo contrario. Entre más violento, mejor. Se preparó en casa para ese momento y lo hizo con ayuda de un dildo. Todo estaba saliendo según lo planeado; ya podría eliminar de su lista de fetiches sexuales el hacer que Josuke se lo cogiera con el uniforme de policía puesto y el hacerlo dentro del auto. Aunque tal vez podría repetir lo último en alguna ocasión que lo amerite.
Josuke supo que dio con el punto P de Rohan apenas lo escuchó gemir, él tendía a jadear y suspirar, sólo dejaba salir su voz cuando se sentía extasiado; más que gemidos largos y exagerados, típicos de película porno, los de su pareja eran cortos y continuos como pequeños gimoteos.
Apretó la piel bajo sus manos, resultado del placer que se sentía. No sólo él lo disfrutaba, también su novio, lo cual siempre era su objetivo cada vez que mantenían relaciones; además, si Rohan terminaba satisfecho, existía la posibilidad de tuvieran sexo más a menudo. Era un ganar-ganar desde su punto de vista.
Para Rohan, alcanzar el clímax fue efímero e intenso. De no ser sostenido con fuerza por la cadera, seguro se hubiese desplomado sobre el asiento. No podía controlar su respiración de manera adecuada y también recibía un sobreestímulo.
—Josuke… Maldita sea…
Una parte de él quería que se detuviera de una buena vez mientras otra deseaba mantener las piernas abiertas para darle gusto a su amante; quizá haría lo segundo, después de todo, le había cumplido sus fetiches sin siquiera saberlo.
Podía escuchar con claridad los jadeos y gruñidos de Josuke, sus uñas encajarse en la piel de sus caderas. La fuerza con la que era penetrado era un tanto descomunal. Su pareja solía ser más considerado, seguro que lo excitó más de la cuenta, porque sólo en ocasiones afines se comportaba de ese modo. El sonido de los golpes producidos por el choque de ambas pieles inundaba sus oídos, inclusive percibía el rebote del auto estacionado.
Josuke cerró los ojos y eyaculó mientras apretaba los ojos. Era consciente del bochorno que ahogaba su cuerpo a causa del éxtasis. Su respiración estaba descontrolada, como cuando seguía una intensa rutina de ejercicio, y juraba que tras un descanso de unos quince minutos, podría follarse a Rohan otra vez. Sí, eso haría. Después de registrar su salida y llegar a casa, tendrían sexo otra vez, pero no sería tan condescendiente con su novio como para llevarlo a la comodidad de la cama. ¿Dónde sería bueno hacerlo? Tal vez en la ducha o frente al enorme espejo del vestidor. Total, el día siguiente estaba de descanso, por lo que podría atender a su excéntrico y vengativo mangaka todo el día.
De nueva cuenta besó el cuello ajeno, la nuca y hasta estiró un poco el crop top para llegar a uno de los hombros. Moría de ganas por devorar su boca, pero ese maldito labial escandaloso... ¡Ah! Lo haría en casa como era debido.
—Hn, Josuke —se quejó, sin oponerse al contacto—, ya sácalo… —le resultaba incómodo tener al otro invadiendo su cuerpo después de terminar. No conseguía acostumbrarse.
—No hasta que me pidas una disculpa por interrumpir mi trabajo —susurró cerca de su oído.
—¿Hah? —¡Ni loco!—. Te va a pedir disculpas tu puta mad… —un sonoro y poco masculino grito que escapó de su garganta hizo que cortara la frase.
El jodido Josuke aprovechó continuar duro para embestirlo como represalia. Escuchó un ruido metálico a sus espaldas. El cerebro le reaccionó tarde a causa del agotamiento físico y la poca lucidez. En un movimiento rápido sus manos fueron esposadas tras la espalda. Pese a que intentó forcejear, Josuke lo mantuvo sometido en la misma posición: el pecho y la cabeza abajo, la cadera arriba.
—¿Pero qué demonios crees que haces?
Josuke esbozó una risa maliciosa, salió de su interior y se acomodó los pantalones. Una parte de Crazy Diamond retuvo a Rohan, quien no dejaba de resistirse.
Buscó el plug con la mirada y lo encontró cerca de las rodillas ajenas. Por cualquier cosa, lo limpió con el interior de la gabardina de Rohan y le dejó caer un poco de lubricante. Decidió apoyarlo contra el ano de su pareja y presionó para introducirlo, cosa que no supuso mayor problema por lo que acababan de hacer. Lo sacó con lentitud y luego lo metió, repitiendo varias veces.
—¡¿Qué carajo…?! ¡Higashikata Josuke!
«Lograste encabronar a Rohan. Pierdes tres puntos de disciplina, pero ganas dos de satisfacción». Un letrero al más puro estilo de Pokémon saltó en su mente.
—¡Detente de una buena vez, imbécil!
—¿No te gusta? —la respuesta era obvia al ver al otro temblar y retorcerse en el proceso.
Antes de obtener una respuesta, dejó quieto el plug, sólo la base en forma de joya-corazón asomaba entre las nalgas su amante.
—No te lo quites —dijo a modo de advertencia—. Sería una pena que el semen manchara tu preciada ropa interior de marca, ¿no crees?
Rohan no agregó nada. Era un buen argumento.
—También te sugiero no quitártelo en casa —continuó—. Aún te traigo ganas.
A Rohan se le erizó la piel. Sabía lo que significaba.
—Oh —sonrió, no se dejaría intimidar—. ¿Y si me niego? ¿Qué harás, Josuke? ¿Eres tan ingenuo para pensar que planeo obedecerte? Ya quisieras.
—Sabía que dirías eso —tiró de la cadena que unía las esposas, sin la intención de lastimarlo—. Por eso no las pienso dejar en el locker de la estación. Será un buen detalle que conozcan la casa. Quizá hasta te sorprendas del uso que pueden tener.
—Enfermo pervertido —ese chico jamás dejaría de sorprenderlo con su ingenio—. ¿Ahora tienes esos fetiches?
«No realmente» pensó.
—Podría ser interesante probarlo —aunque eso fue lo que salió de su boca.
Luego de calmarse, Josuke liberó a Rohan y salió del auto, casi echado a patadas, para que su pareja se acomodase la ropa; en verdad quería ayudar, pero el espacio era muy angosto y Rohan dijo que estorbaba.
Josuke se arregló bien el uniforme, aún así Rohan le dio una vueltecita para cerciorarse de los detalles.
—Te escolto —dijo Josuke, depositó un beso sobre la mejilla opuesta e ignoró la réplica de su novio. Bien sabía que ese maldito auto era cómodo a más no poder y le preocupaba que Rohan fuese a salir de la carretera. No lo notaba tan cansado como para dormir en el acto, pero mejor prevenir.
En cuanto llegaron a casa, el auto aparcó y Josuke siguió de largo hacia la estación donde debía entregar el vehículo.
A saber qué le había picado a Rohan para estar de buen humor ese día, pero lo agradecía. Terminar su labor siempre era gratificante, no tanto porque podía descansar, sino porque tocaba "molestar" a cierto manga excéntrico; en realidad, sólo se colgaba de él para darle mimos; no obstante, con lo que le esperaba esta vez, no tuvo más opción que salir a toda prisa, sin olvidar las esposas, por supuesto.
