Temática: Hurt/Comfort | Humor | Happy Ending
Tiempo de la relación: 18 años (Josuke tiene 36 años y Rohan 40)
Descripción: Como toda pareja, ellos no estaba excentos de discusiones, pero el tiempo les había enseñado a tragarse el orgullo y buscar soluciones. Sin embargo, la cartera de Josuke era lo que más sufría las consecuencias.
Palabras: 2,452
PUERTA VI
—¿Quieres hacer algo hoy?
Rohan estuvo a escasos centímetros de tomar su libreta de sketches junto a su celular, cuando la pregunta de Josuke lo detuvo. Se giró para encararlo, enarcó una ceja y colocó una mano sobre la cadera en el proceso.
—Sé más específico.
—Uhm, bueno —Josuke desvió la mirada a sabiendas de que su novio detestaba los planes improvisados, pues su agenda estaba muy bien estructurada—. Ya sabes, salir a dar un paseo, ver una película, ir por un café…
—Como una cita.
—S-Sí. Básicamente —con cierto nerviosismo y las manos entrelazadas, jugueteó con sus pulgares. Sin mencionar el tenue rubor que le coloreaba el rostro.
En más de un sentido, a Rohan le asombraba ver a un hombre de más de treinta años pedir una cita como si fuera un quinceañero inseguro. ¿Cuántas veces había visto el cuadro que se pintaba frente a sí? Había perdido la cuenta.
Él se imponía sus días libres, dependiendo de la carga de trabajo y la inspiración que tuviese, por lo que solían ser aleatorios, mientras Josuke tenía fechas establecidas; como su ocupación era demandante y pesada, cada tercer día se le otorgaba un respiro. Más de una vez a Rohan le sacó de sus casillas que Josuke interrumpiera sus días libres; no obstante, los años lo acostumbraron a que eso podía pasar, por lo que evitaba programar eventos importantes en los días de descanso del novio.
—Muy bien —apenas pronunció esas palabras, pudo jurar que unas orejas imaginarias adornaron la cabeza de Josuke, a la par que una cola de perro emocionado.
«Tan simple y transparente como siempre», pensó.
—¡¿De verdad?! —Ni siquiera se molestó en ocultar su entusiasmo. Se puso en pie y no tardó en acercarse a su pareja para rodearle la cintura con las manos.
—Sí —aprovechó la cercanía para tomar una de las mejillas ajenas y apretarla cual madre regañando a su hijo, sin aplicar demasiada fuerza como para lastimarlo—. ¿Pero cuántas veces te he dicho que me avises de tus planes durante la semana, eh?
—Ah, ay —se quejó, también movió la cabeza para librarse del agarre—. ¿Qué sentido tendría hacer eso? Le quitas la diversión.
«El único que se divierte aquí eres tú», dijo Rohan para sus adentros.
Luego de varios segundos, en los que Josuke no dejó de acariciar la suave curvatura de su espalda desnuda, hizo uso de la palabra.
—¿Y bien? ¿Qué estamos esperando?
—Tú sabes muy bien qué estoy esperando —acercó su rostro al opuesto con una sutil sonrisa en los labios.
—Oh, por favor —expresó con cierto fastidio al mismo tiempo en que echaba su cuerpo hacia atrás, a sabiendas de que Josuke lo abrazaría para mantenerlo en su lugar—. Es demasiado temprano para eso.
—Dentro de unas horas dirás que es demasiado tarde.
Rohan rodó los ojos y fingió no haber escuchado nada.
—Vamos, Roh, nada te cuesta —insistió—. Además, ni siquiera dejas que te tome la mano en público, esto me ayudará a resistir la tentación.
—¡Hey! ¿Qué te he dicho sobre acortar mi nombre así? —No le gustaba, le hacía sentir como un niño pequeño.
—Si lo haces, prometo que dejo de llamarte así.
Rogan gruñó por lo bajo. Estaba de sobra decir que Josuke mentía y si accedía a su petición, seguro usaría la misma carta para obtener lo que quería en otra ocasión.
—Rohan —canturreó sobre su oído.
—¡Ah, está bien! —antes de que Josuke pudiese cantar victoria, agregó una condición—. Pero como me vuelvas a llamar así te largas a dormir a la sala por un mes.
—Sí, sí —respondió sin darle peculiar importancia.
—Bien, ahora deja te escribo la condición con Heaven's Door.
—¡¿Qué?! —Eso sí que no lo permitiría. ¡Terminaría durmiendo en el sofá más pronto de lo que imaginaba!—. No, no, no. ¿Acaso no confías en mí?
—En absoluto —comenzó a forcejear para ir por algo para escribir—. ¡Suéltame, Higashikata! Necesito ir por un bolígrafo.
—¡Ni hablar! —apegó a Rohan más a su cuerpo, limitando sus movimientos tanto como le fuera posible.
Rohan no se rendiría tan fácil, aunque no tuviera oportunidad contra los músculos de su pareja, por lo que pasaron largos minutos forcejeando.
Después de sucumbir ante la realidad, Josuke sintió como su novio dejaba caer la cabeza sobre uno de sus hombros, resignado y jadeando por el esfuerzo.
—Vamos, tampoco estoy pidiendo algo imposible —dio unas ligeras palmaditas al trasero de Rohan, como si eso sirviera para animarlo—. Sólo es un besito.
—Besito… —soltó un sonido parecido a un «tsk» antes de proseguir—. Dices eso, pero terminas metiendo tu lengua hasta mi garganta. Asqueroso aprovechado de mierda.
—¿Hah? —exclamó con un tono de indignación—. ¿Disculpa? ¿Quién es el que dice «Josuke, necesito referencias, ven aquí y haz esta pose», «Oye, quiero que uses esta ropa para dibujar bien su caída», «Quítate todo, necesito un desnudo»? ¡Te recuerdo que no me das ni un solo centavo por eso!
Rohan le tomó por el cuello de la ropa y una expresión de pocos amigos no se hizo de esperar sobre sus facciones.
—Vives en mi casa, me coges, respiras el mismo aire que yo, ¿y todavía esperas que te pague? —se acentuó más la contracción de su entrecejo—. Eres un maldito descarado.
—Ho, ho, ¿descarado yo? —no iba a dejar que ese desgraciado le echara toda la culpa—. ¡Déjame mostrarte algo que sí es descarado!
Josuke tomó las nalgas de Rohan entre sus manos, apretando y masajeando sin pudor alguno. Asimismo, plantó una mordida en el cuello opuesto, a sabiendas de lo mucho que detestaba las marcas.
Rohan no tardó en exhibir un notable sonrojo, aunque a saber si era de ira o vergüenza. Cuando logró reunir la energía necesaria, empleó cada fibra de su cuerpo en hacer espacio entre él y Josuke. Este último aceptó que sí se estaba pasando de la raya, por lo que no hizo más difícil e incómodo el momento, y se apartó unos cuantos pasos.
Rohan estaba furioso. Era fácil decirlo porque tenía rojas hasta las puntas de las orejas, tenía esos ojos de «vete al infierno, imbécil» y ni siquiera le salían palabras para expresar lo que sentía de lo mucho que intentaba regular su agitada respiración.
Intentó tomar sus calzoncillos por encima de los pantalones para acomodarlos, pues Josuke se los había introducido en los glúteos al intentar toquetear con brusquedad lo que se hallaba entre los mismos. Se encontraba más que indignado, ofendido y lo que le seguía. Ganas no le faltaban para plantarle una pesada bofetada.
Lo iba a mandar al carajo. No tenía por qué lidiar con alguien que lo tratara así.
—¡Higash…!
—¡Lo siento! ¡¿Bien?! —gritó para interrumpir a Rohan. Reconocía que había ido demasiado lejos—. Lo lamento —repitió con más calma y arrepentimiento en la voz, incluso su mirada mostraba cierta pesadumbre.
No era bueno para pedir disculpas. Ni siquiera podía ver a su pareja directo a los ojos justo en esos instantes. Con una mano se sobó la parte trasera del cuello buscando aliviar la tensión. Tan bien que había empezado el día y él lo había cagado de manera olímpica.
Al no tener nada más que agregar y para lidiar con el incómodo silencio, salió de la habitación. Iría a la cocina por un poco de té helado. Quizá eso le enfriase lo suficiente la cabeza.
Rohan se sentó sobre la cama, sin saber qué pensar con exactitud. Necesitaba quitarse el mal sabor de boca, pero no tenía ganas de bajar y toparse con Josuke. Entonces, se encaminó a paso veloz hacia el cuarto de baño. Enjuagarse el rostro debería bastar para aclararle el pensamiento.
No era la primera vez que tenían discusiones. La mayoría solían ser estúpidas y no generaban rencores, si alguien los viese a la distancia, bien podían pasar desapercibidos como un dúo cómico. Ya era como una especie de deporte para ellos. Sin embargo, en escasas, casi nulas, ocasiones, ese tipo de peleas verbales terminaban en algo más… físico; no al grado de llegar a los golpes, sino similar a lo que acababa de ocurrir y terminaban sin dirigirse la palabra un par de días, hasta que la marea se calmara por completo.
¿Cómo llegaron a ese punto?
Josuke se había portado muy bien desde la noche anterior. Inclusive tuvieron sexo previo a ir a la cama. Rohan ya sabía que tendría a Josuke encima el día siguiente apenas despertara. Así era él: estúpidamente cariñoso, razón por la cual no le riñó desde que lo tomó por la cintura. Con los años también había logrado acostumbrarse al contacto físico, al menos al que recibía de su novio. No obstante, aún era complejo el tema de expresar cariño y, a esas alturas de su relación, para Rohan, dar un beso era mucho más que un fútil acto insignificante.
¡Josuke debería estar al tanto de eso! Es decir, tocaron el tema cuando Rohan tenía treinta y pocos años. Por lo tanto, era culpa del mocoso idiota y, hablando de él, no dudó en pedirle una disculpa. Así que, cuando menos, ambos eran conscientes de quién arruinó todo.
Se recostaría hasta alcanzar la paz interior. Así como estaba, seguro empeoraría las cosas si buscaba hablar de lo sucedido y como el adulto magnífico, inteligente y responsable que era, debía hacer las cosas de forma impecable.
Al despertar de una breve siesta, Rohan revisó su celular. Casi era hora de comer. Salió de la habitación y mientras bajaba las escaleras divisó un alma miserable y atormentada en el sofá.
Josuke estaba sentado con las piernas un poco separadas. Tenía los codos y parte de los antebrazos recargados en los muslos y entre las manos sostenía un vaso de té al que se le habían derretido los hielos, aún así seguía frío.
Rohan inhaló con profundidad y lo dejó salir por la boca en silencio. Se sentó a un lado, lo suficientemente cerca para que sus piernas se rozaran. Tocó el brazo de Josuke. No recibió ninguna clase respuesta, verbal o física, así que deslizó la mano hacia el vaso, el cual retiró con lentitud. Le dio un par de sorbos a la bebida y luego la dejó sobre la mesilla que se encontraba al frente.
«Vamos, Rohan. Tú puedes», se dijo a sí mismo mientras levantaba el rostro de su amado por la barbilla. Sin meditarlo demasiado, le plantó un fino beso en la mejilla.
Eso desconcertó a Josuke, quien al fin se dignó a verlo con los ojos inundados de asombro y lo que parecía ser una pizca preocupación, pues no sabía si estaba soñando.
Rohan enarcó una ceja, lo cual era una clara señal de que esperaba una respuesta.
—E-Eh… —Josuke tragó saliva con dificultad y con las yemas de los dedos rozó la zona en la que había sido besado—. E-Esto… —sacudió la cabeza para ordenar rápido sus palabras y dejar de parecer tartamudo—. ¿Significa que me… me perdonas?
Tenía sus motivos para no dar crédito a los que percibían sus sentidos. Rohan era rencoroso y demasiado orgulloso como para hacer algo así. Además, era la primera vez que se reconciliaban tan rápido.
—A diferencia de ti —Rohan hizo una pausa para cruzar la pierna y acomodarse en una posición más sofisticada, colocando una mano sobre su pecho—, yo sí soy un adulto y no voy a dejar que las rabietas de un mocoso me arruinen el día.
—¡Genial! Sólo te tomó cuarenta años —Josuke adornó el final de la frase con una genuina sonrisa.
Un tic de molestia no tardó en saltar sobre la ceja derecha de Rohan, quien estuvo a nada de pescar a Josuke por las mejillas a modo de reprimenda; sin embargo, no fue capaz, ver a su novio alegre lograba que algo en lo profundo de su gélido corazón se contagiara de esa felicidad; por el contrario, verlo decaído y apesadumbrado lo angustiaba en cierto sentido. No sabía en qué maldito momento había ocurrido eso, pero ya no había marcha atrás.
Un quejido parecido a un «hmp» escapó de su garganta. Para no caer en provocaciones se cruzó de brazos y cerró los ojos.
«Ugh, quizá decirlo así no fue buena idea», pensó Josuke, quien buscaba hacer que su novio se animara, sin saber que ya lo había logrado.
Tal vez aún seguía molesto.
—Oye —le costaba levantar la mirada para lo que iba a decir, pero en verdad se arrepentía desde lo más profundo de su ser—, en serio lo sien…
Rohan estampó el dorso de su mano contra aquellos suaves labios para callarlo. Fue repentino, mas no brusco. Josuke no hizo más que observarlo perplejo.
—Eres el obsesionado con los besos aquí, ¿no? Puedes redimirte con eso.
Josuke lo captó de inmediato. Entrelazó sus dedos con los de Rohan y, acto seguido, besó su mano.
—Sí —la expresión en su rostro se suavizó, inclusive sus ojos lucían de un azul más claro y brillante que de costumbre.
Acercó sus labios a los opuestos, manteniendo apenas un roce superficial cuando Rohan giró el rostro.
—¡E-Eso no significa que te haya perdonado del todo! Llévame de compras, paga todo lo de la cita de hoy y sólo entonces lo consideraré.
—¡¿Que?!
El bonito ambiente se fue al demonio.
Si bien, Josuke se ponía como colegial enamorado ante la idea de salir con su pareja, pero pagar todo lo de Rohan era… era… ¡Quedaría pobre! ¡Rohan tenía unos putos gustos muy caros!
Josuke tenía dinero, parte de la herencia Joestar, ser dueño de acciones en la Fundación Speedwagon y su sueldo de policía eran lo que jamás le dejarían malparado en un aspecto económico, pero… pero… ¡Rohan ganaba bien dibujando sus monos chinos! ¿Por qué tenía que pagar todo?
—Nadie toca mi trasero gratis sin sufrir las consecuencias —aclaró con un tono amenazador—. Saca el auto. Te dejaré conducir, así que ve agradeciendo.
—Tú… —habló con malicia entre dientes y posicionó las manos a los laterales del cuello ajeno, sin tocarlo, listo para juntarlas y ahorcarlo—, eres el…
—¿Soy, qué? Josuke —lo retó a terminar la oración no sólo con el tono de voz, sino con la mirada.
«¡El diablo! Hijo de tu...», pensó y estuvo a nada de decirlo, aunque se mordió la lengua y soltó algo distinto.
—El dueño de mis quincenas —le depositó un beso fugaz sobre la frente, antes de ponerse en pie y salir a buscar las llaves del coche dando pisotones que demostraban su disgusto.
Rohan le dedicó una pícara sonrisa, una que en otras ocasiones resultaba sensual y hasta erótica, pero que en ese preciso instante le hacía hervir la sangre.
Según yo, iba a hacer un pedido, pero terminé haciendo otra cosa. (?)
Creo que nunca he escrito una pelea seria entre ellos y más o menos así me los imagino. Quise hacerlos más adultos, porque quiero pensar que maduraron juntos y que más jóvenes seguro sí pasaban días sin hablarse. x'D
