Temática: Romance | Comedia | Ligero Fluff | Super Soft Bondage
Tiempo de la relación: 5 años (Josuke tiene 23 y Rohan 27)
Descripción: El día en que Josuke se graduaba de la universidad había llegado. Rohan no estuvo a su lado, no porque no le importase, tan sólo no tenía idea de cómo lidiar con el primer gran logro de su pareja.
Palabras: 5330
PUERTA VIII
Josuke concluyó la universidad a los veintitrés años. Tomoko estuvo al borde de las lágrimas cuando vio a su querido retoño recibir su certificado en la ceremonia de graduación. Tenían que celebrarlo apenas volvieran a Morioh, por lo que no dudó en contactar a sus amigos para hacer una pequeña fiesta en casa. A Josuke le sorprendió ver inclusive a Tonio allí, quien, a modo de regalo, se hizo cargo de los bocadillos junto a Okuyasu, su aprendiz en chef.
Aunque toda la gente que lo apreciaba y le había visto madurar estaba presente, se desanimó al no ver a Rohan por ningún lado, no recibió ni una sola llamada de su parte, ni siquiera un mensaje. De inmediato se preguntó si se hallaba de viaje y no le había avisado. Decidió consultarlo con Koichi, pero este le comentó que no había salido del pueblo en un tiempo.
Josuke sabía que Rohan no era un hombre afecto a las fiestas, a ninguna reunión con más de dos o tres personas en general, así que entendió el por qué no había asistido. El estudiar en Tokio le permitía verlo cada seis meses, más o menos, y pese a que lo estaba pasando muy bien con todos, una parte de sí se inquietaba ante el deseo de estar con él. Es decir, era su novio, con quien ya contaba cinco años de relación; cuando menos esperaba tenerlo cerca en eventos importantes, aunque quizá para Rohan una graduación no era la gran cosa. Era difícil saber la clase de consideraciones que ese excéntrico mangaka tenía en la cabeza.
En fin, dejaría de darle demasiadas vueltas al asunto. Por experiencia aprendió que no debía sacar conclusiones apresuradas, mucho menos cuando el imprevisible Rohan estaba implicado. Lo mejor sería hablarlo, así que lo buscaría a la mañana siguiente.
Apenas abrió los ojos, se duchó, vistió y desayunó con una rapidez impresionante. Su madre le dijo que le dolería el estómago si comía tan deprisa, pero a Josuke no le importó y salió disparado en dirección al hogar de la única persona que le dedicaba fortuitos suspiros cuando se encontraba en algún receso.
Tocó la puerta con impaciencia. Acto seguido, tomó una gran bocanada de aire y lo dejó salir lentamente para tranquilizarse. Moría de ganas por tomar a su amado entre sus brazos, aunque recordaba lo que éste opinaba respecto al contacto físico excesivo. Habían estado trabajando en ello.
Por su parte, Rohan estuvo a un lado de la ventana desde que amaneció. Supo por Koichi de la fiesta, al igual que la graduación, Josuke le mandó cientos de mensajes de texto desde hacía tiempo sobre ese hecho. Lo primero que hacía su chico apenas pisaba Morioh, si no era muy noche, era aparecer en su casa y con esa idea en mente fue que se mantuvo a la espera. Apenas lo divisó a la distancia, bajó las escaleras y esperó cerca de la puerta a que tocara. Claro que abrió al instante, sorprendiendo a un Josuke tomando oxígeno y causando que casi cediera a la hiperventilación por la sorpresa.
Por más que el muchacho tratase de ocultarlo, la enorme y emocionada sonrisa, el brillo de esos intensos ojos azules y una cola de perro imaginaria que se agitaba casi como si fuera real, delataban por completo todo lo que sentía.
—Ya estás aquí —dijo Rohan, con calma, como si no lo hubiese esperado con impaciencia—. ¿Por cuánto tiempo será esta vez? —¿Tendría que volver a Tokio? ¿Haría alguna especie de pasantía? ¿En qué lugar buscaría trabajo? Ansiaba hacer tantas preguntas, pero debía demostrar que él sí era un adulto y, por lo tanto, sí era capaz de controlarse.
—Espero que por mucho tiempo —respondió, mientras el otro le dejaba entrar—. Ahora que cumplo con todos los requisitos, quiero aplicar para el cuerpo de policía de Morioh.
—¿Serás como tu abuelo? —A esas alturas ya se encontraba al tanto de la historia.
—¡Sí! Seré mucho mejor.
A Rohan le gustaba mucho esa pasión y energía que el mocoso desbordaba, la cual, parecía acrecentarse con los años. Pensar que al inicio le resultaba agobiante y ahora le levantaba el ánimo.
—Ya veo —agregó tan monótono como siempre—. Espera aquí —le indicó señalando la sala, antes de encaminarse escaleras arriba—. No tardo.
Josuke asintió, tomando asiento sobre uno de los sillones. Entrelazó los dedos y dejó que su mirada vagara por el interior de la casa, en un intento por permanecer tranquilo y no perseguir a Rohan, evidenciando lo mucho que anhelaba estar a su lado.
Rohan bajó con una caja de madera mediana, grabada en un estilo barroco, semejante a donde las señoras ricas de las películas guardaban alhajas y se la tendió al otro sin palabras de por medio.
El rostro de Josuke expresó un asombro mudo y con cierto toque infantil. No tenía un moño, pero ¿sería ese su regalo? ¿Significaba que Rohan era consciente de lo que acontecía esos días? ¿No sería alguna clase de broma, verdad?
Tragó saliva.
—Gracias —dijo casi a modo de susurro. No podía creerlo. Reposó la caja sobre sus piernas y no dejó de analizar las líneas curvas y el garigoleo del grabado.
—¿No lo abrirás? —cuestionó Rohan, recargando las manos a cada lado de la cadera.
Pasó horas intentando dar con el regalo apropiado. Lo de menos era que el delincuente ese destapara el presente para lograr entretenerse y vanagloriarse con su reacción.
—U-Uhm —asintió Josuke, con un tenue rubor coloreando sus mejillas a causa de la emoción.
Al remover la tapa encontró una caja más pequeña dentro. Al tacto se sentía como el cuero. La abrió con cuidado, topándose con unos aretes. Tenían la forma de un diamante y el contorno lo decoraban, precisamente, pequeños diamantes. Al centro de ellos había una «J» de zafiro y todo se sostenía en una placa de oro.
La boca de Josuke se entreabrió, dejando escapar un jadeo que se escuchó como un «woah». Le tomó varios instantes hacerse a la idea de que estaba recibiendo algo así, porque de ser joyas de verdad, a él le habrían costado un ojo de la… ¡Momento! Era Rohan quien se lo estaba obsequiando, por lo que existía una inmensa probabilidad de que fueran…
—¿So-Son genuinas? —tartamudeó, a la par en que volteaba a ver a su novio.
Rohan sonrió para sus adentros al grabar en su memoria el rostro tan maravillado del muchacho, era como ver a un niño recibiendo lo más inimaginable y que sólo había concebido en lo profundo de sus sueños.
—Por supuesto —se cruzó de brazos, enarcando una ceja para darse altivez—. ¿Creíste que yo, el gran Kishibe Rohan, sería capaz de regalar imitaciones? ¿Por quién me tomas?
Josuke dejó el presente sobre el sofá. En un abrir y cerrar de ojos, se puso en pie y le saltó encima a Rohan, estrujándolo en un fuerte abrazo. Por la inercia habrían caído al suelo, suerte que Crazy Diamond fue materializado para evitar que eso ocurriese.
—Rohan —fue lo único que escapó de los labios del chico con la mayor calidez que albergaba dentro de sí. Tan sólo quería decir su nombre y tenerlo cerca. No había palabras de agradecimiento que encajaran con la situación, por lo que dejaría que su cuerpo se encargase del resto.
—Me-Me vas a romper las costillas —añadió el nombrado en un hilo de voz que anunciaba lo mucho que le costaba respirar.
—Siempre te puedo arreglar con Crazy Diamond —agregó con cierta burla, mas sin romper el encanto y la fantasía del momento.
—¡Higashik…! —no pudo terminar el reclamo, pues fue soltado y lo primero que hizo fue respirar como quien escapa de un profundo estanque—. No vuelvas a hacer eso —amenazó con el entrecejo fruncido, una vez recuperó el aliento y se tranquilizó un poco.
—Entonces…
Al ser incapaz de contener mucho más tiempo sus emociones, Josuke tomó a su novio por la cintura con un brazo, atrayéndolo con el objetivo de desaparecer el espacio que había entre ellos.
Rohan previó que su chico le robaría un par de besos, por lo que se hallaba mentalmente preparado. Casi de inmediato ambos se fundieron en el anhelado contacto, sintiendo la humedad y la calidez de una lengua ajena, demostrando lo mucho que se echaron de menos.
Rohan pasó los brazos por encima de los hombros de Josuke y se puso de puntitas para estar más cómodo con la posición. A saber en qué maldito momento ocurrió, pero Josuke había crecido otros cinco centímetros desde que lo conoció. Ahora ya alcanzaba el metro noventa de estatura y eso le molestaba en ocasiones.
Por su parte, Josuke no dejó de acariciar la cintura expuesta de su pareja. Adoraba lo suave que éste resultaba al tacto, inclusive decidió ser más atrevido e introdujo las manos bajo el crop top para deleitarse con la piel que cubría la espalda.
Transcurridos algunos minutos, alejó sus labios para no agobiar demasiado a su pareja, pues sabía que besarlo con intensidad apenas se encontraban hacía que éste buscara algo de espacio después. Sin embargo, no podía contenerse. Se hallaba al borde de la euforia y por un simple detalle… ¡Demonios! Sólo Rohan conseguía ponerlo así.
Le besó la mejilla con cariño y con lentas caricias propinadas por sus labios comenzó a bajar hacia el cuello, hasta ser incapaz de atarse con su autocontrol, pues repartió lamidas y sutiles mordidas que no dejarían marca.
Rohan se estremeció. Sabía cómo acabaría todo eso.
—Sé que te resultará más repentino ahora que en otras ocasiones, pero… —buscó los ojos de su pareja, esperando que éstos transmitieran lo que con palabras no podía—. ¿Podemos ir a la cama?
Rohan sonrió con satisfacción y arrogancia, pese a que por dentro algo se había agitado con fiereza al escuchar esa voz fogosa e irresistible que Josuke alteraba de manera inconsciente cuando intentaba seducirlo.
—Oh, ¿tan desesperado estás? —agregó gallardo mientras depositaba un par de besos bajo la mandíbula opuesta—. De no ser por la cara de emoción que tenías antes, habría pensado que venías sólo por eso.
—Estos últimos meses han sido una locura. —Terminar una tesis, arreglar el papeleo para graduarse, hablar con su madre y coexistir con la agitada vida de ciudad le exigieron a gritos un Rohan. Necesitaba recargarse o descargarse, dependiendo del ángulo en que se mirase.
Con todo el descaro del mundo, Rohan bajó una mano hacia la entrepierna ajena y una sonrisa ladina no se hizo de esperar cuando decidió masajear aquella zona.
—Mira que ponerte tan duro sólo con un beso.
Quizá había algo de malicia en sus palabras, mas a Josuke no le importó en absoluto.
—Es… Es la edad —titubeó, soportando la tortura de que Rohan lo toqueteara por encima de la ropa. Era sofocante. Alguna fuerza divina debía restringirlo en esos instantes, porque si de él dependiera, ya habría arrojado al otro al sofá para arrancarle la ropa y devorarlo allí mismo.
—Bien, llévame arriba —ordenó. No estaría mal complacer un poquito a su chico, al menos por esta vez, como complemento de su regalo de graduación.
Ni bien dijo esto, Josuke se lo echó al hombro y corrió hacia la habitación. En otra ocasión Rohan se hubiese molestado, pero dada la situación, le pareció hilarante lo ansioso que debía estar su pareja como para olvidar que no le gustaba ser cargado.
Invocó a Heaven's Door para tomar el regalo de Josuke y llevarlo junto con ellos.
—No hace falta que me bajes en la cama —agregó Rohan—, tengo que ir a prepararme.
Un quejido a modo de reproche escapó de la garganta de Josuke. Cada segundo que pasaba incrementaba sus ganas por hundirse dentro del cuerpo de su amante y Rohan se tomaba demasiado tiempo dilatándose. A ese paso rompería la puerta y se le iría encima.
—Yo te preparo —apresuró a decir. Sólo una vez Rohan le había dejado hacer tal cosa y fue en un cumpleaños en el que le dijo a Josuke que podía volverlo loco si se lo proponía.
—Por supuesto que no —le había costado muchísimo trabajo acostumbrarse al contacto físico, aún más a tener sexo. Dejar que fuera todo el camino junto a él estaba fuera de discusión.
—Anda —una vez dentro del cuarto, bajó a Rohan y por la cintura lo volvió a acercar a su cuerpo—. Sólo por hoy. Prometo hacer lo que me digas —casi por instinto y necesidad, comenzó a besar el cuello ajeno, esperando que cediera.
—He dicho que no, Higashikata —puso las manos sobre los hombros contrarios y buscó crear espacio para que lo soltara.
Josuke pasó de tener la ventaja a equilibrarse sobre una cuerda floja. Cualquier paso en falso y perdería por completo la oportunidad que le había sido dada.
Rápido. Tenía que pensar con la cabeza de arriba.
—Ah… Entonces puedo verte.
Bueno, lo logró a medias. Eso llamó un poco la atención de Rohan, quien se mantuvo en silencio esperando una explicación.
—Puedo tocarme mientras espero a que estés listo. Así podrás verme también. ¡También me puedes tocar! —su mirada exhibía una completa sinceridad, al igual que una desesperada lujuria y quizá dijo demasiado, porque la expresión de duda en la cara de su pareja fue evidente—. S-Si quieres… —agregó apenado. Quizá había ido demasiado lejos.
Rohan se sostuvo el mentón con una mano. Nunca habían probado algo así y no sonaba mal. Parecía interesante. No quería admitirlo, pero adoraba ver a Josuke tan hambriento e impaciente; podía hacerlo a su antojo cuando se hallaba así.
—Está bien.
Antes de que el chico cantara victoria, el mangaka interrumpió.
—Pero con una condición.
—Hn —Josuke se estremeció. Las condiciones de su novio siempre lo dejaban mal parado. No obstante, a duras penas pensaba con claridad, por lo que asintió sin más preámbulos.
—Si quieres verme tendrás que estar maniatado.
—¿Qué?
—Es eso o nada. Escoge —no tenía mucho que perder con el experimento. Además, conocía bien a Josuke o, cuando menos, lo suficiente para saber que en ese estado le iba a costar mantenerse quieto, sólo tocándose, cuando tenía tantas ganas de sexo.
—¡Ah! —exclamó con frustración, a sabiendas de que estaba cavando su propia tumba—. ¡Está bien! ¡Acepto!
Rohan hizo que Heaven's Door se acercara lo suficiente para tomar el presente y entregárselo de nueva cuenta.
—Póntelos en lo que voy por las cosas.
El muchacho obedeció. Se sentó sobre la cama y se cambió con fascinación los aretes, de igual modo se sacó el calzado. Cuando Rohan regresó a la habitación con una cajita de preservativos y lubricante, el chico lucía hasta elegante con semejantes adornos. Llamaban la atención por el brillo, pero no eran grandes.
Rohan esbozó una pequeña sonrisa mientras caminaba hacia él con un contoneo sutil, pero coqueto. Digno de una pasarela.
—Bien, parece que por primera vez en la vida te has ganado un halago mío —le tomó el mentón al chico para observar mejor su rostro—: te quedan bien.
—Gracias —no era el cumplido que esperaba, pero estaba satisfecho.
—Dame tu cinturón —arrojó al colchón lo que tenía en las manos y extendió la palma hacia Josuke, quien se levantó para hacer lo que su pareja le pidió.
Dudó un poco al dejarle tener dicho objeto, pero ya era muy tarde para retractarse.
—Date la vuelta.
«Ah, demonios» pensó. Había comenzado a ponerse nervioso.
Rohan lo despojó de su chaqueta para dejarlo sólo con la playera. Sabía que más tarde se acaloraría demasiado, así que estaba siendo benévolo.
—Pon las manos atrás.
El muchacho juntó las muñecas tras la espalda, como quien adopta una posición militar de descanso. Entonces, Rohan procedió a atarle las manos. Por cualquier cosa, se quitó su propio cinturón e hizo otro nudo casi a la altura de los codos.
—Seguridad extra —añadió, a sabiendas de que su amado protestaría—. Ahora, sube a la cama.
Mientras Josuke hacía su esfuerzo por sentarse al centro, Rohan se deshizo de sus pantalones, calzoncillos, zapatos y calcetines antes de subir y posicionarse frente a Josuke a una distancia prudente. Se hallaba semierecto, confiaba en que la preparación le ayudaría a endurecerse por completo.
Vertió lubricante en su mano derecha e hizo de lado la botella. Colocó la mano izquierda sobre el colchón como soporte y echó el cuerpo un poco hacia atrás, a la par en la que separaba las piernas.
Josuke tragó saliva con dificultad al tener semejante visión para su deleite.
Rohan llevó un dedo hacia su ano, masajeando la superficie con movimientos circulares hasta relajarse lo suficiente para introducirlo. Sin importar las veces que lo había hecho, siempre le resultaba raro dar inicio a todo eso.
A esas alturas, acostumbrarse a uno solo era fácil, por lo que no demoró en verter más lubricante e introducir el segundo. Ahogó un quejido en lo profundo de su garganta. Hacer eso era un poco vergonzoso.
—Rohan…
Escuchó a Josuke hablar entre jadeos. Cuando elevó los ojos, se topó con una mirada azul en llamas, deseosa. Se notaba a leguas que moría por devorarlo.
—¿Te gusta lo que ves? —preguntó sagaz, separando un poco más las piernas.
Josuke se humedeció los labios con la lengua.
—Eres un completo pervertido.
Ni siquiera tenía palabras para rebatir.
—Rohan… Afloja mis pantalones —pronunció en un tono de súplica. Sabía de sobra que no podía usar a Crazy Diamond, por alguna razón a Rohan le arruinaba el ambiente ver a los Stands.
—Hmm. ¿Por qué debería?
—Tú me ataste.
—¿Y?
—...Por favor —imploró—. Duele —la posición hacía que la tela presionara contra su entrepierna y lo que tenía al frente no le ayudaba a mantenerse tranquilo.
Rohan dejó de lado la labor de dilatarse y se acercó al otro para susurrarle al oído.
—Convénceme.
Después, tiró hacia arriba la bandana de su cabeza, se retiró los pendientes con forma de pluma fuente y se sacó el crop top como quien hace un sensual striptease. Acto seguido señaló su pecho, los pezones, para ser específicos.
—Si quieres que te ayude con lo que tienes entre las piernas, gánate mi favor.
—Eres un… —sonrió, siguiéndole el juego—, maldito aprovechado…
—Si no te gusta puedes sufrir otro poco —cuando finalizó la frase, su pareja ya había acercado el rostro a su pecho. Primero dio un par de besos justo sobre el esternón y poco a poco se dirigió a uno de los pezones, el cual lamió con suavidad. Dejó a su lengua trazar movimientos circulares, justo antes de cerrar sus labios, succionar con algo de fuerza y repetir.
Rohan soltó un suspiro complacido y mientras su chico hacía tan buen trabajo, él llevó de nuevo dos dedos hacia su trasero, continuando con la dilatación.
Con el tiempo, Josuke pasó del pezón izquierdo al derecho, no podía dejar a su quisquilloso amante desatendido y, en cierta medida, eso le ayudaba a desquitar el deseo que hervía en su interior.
Al hallarse satisfecho, Rohan empujó a Josuke sin malas intenciones, como para indicar que era suficiente.
—Bien hecho —le susurró sobre los labios, robándole un beso, a la par en que le desabrochaba los pantalones, justo para liberar su gran e hinchado miembro de esa prisión de tela.
Lo que resonaba en la habitación eran los jadeos pesados y exaltados de Josuke, quien reclamaba oxígeno como si hubiese corrido un maratón. Hizo presión en los brazos, buscando liberarse con pura fuerza bruta y Rohan respondió la acción con una sonrisa ladina.
Retomó la posición inicial. Agregó más lubricante y con una lentitud casi tortuosa introdujo un tercer dedo. Juntó un poco las piernas a causa de un escalofrío. Josuke ladeó el rostro para tener una mejor vista y se mordió el labio inferior intentando contenerse. La fuerza fue tal, que un hilo de sangre se deslizó hacia sus comisuras.
Un gruñido molesto y cargado de éxtasis llamó de nuevo la atención de Rohan. En el instante que sus ojos se encontraron, Josuke elaboró otra petición.
—Tócame.
Una nueva mueca artera curvó los labios de Rohan.
—Convénceme.
Esta vez no señaló nada.
El chico fijó las pupilas sobre la erección de su pareja y sin pensarlo demasiado bajó su rostro hacia el pene de su amante, el cual no dudó en lamer desde la base hacia la punta. Rohan tuvo que retirar la mano para darle más espacio y libertad.
«Tan desesperado estás, ¿huh?» dijo para sus adentros. Si hacía un buen trabajo no tendría de otra más que masturbarlo, tal y como le había pedido.
Al llegar a la punta, Josuke engulló la porción del glande, succionando con fuerza y masajeando la carne dentro de su boca con la lengua. Un suspiro placentero de su pareja fue lo único que necesitó escuchar para saber que lo estaba haciendo bien. La primera vez que lo intentó había recibido un sermón que lo hizo sentir como buzón de quejas y sugerencias; no obstante, el deseo de complacer a su amado era mayor, por lo que no escatimaba en hundir la cabeza entre las piernas de su novio cada que este le daba la oportunidad. No debía ser suave ni demasiado rudo, tampoco podía permitir que sus dientes rozaran su virilidad. Él nunca había recibido sexo oral, aunque le gustaría. Sin embargo, estaba bien así, lo que menos quería era forzar a Rohan a participar en situaciones que le hicieran sentir incómodo.
Luego de unos momentos introdujo aún más el miembro de su pareja. Al no tener libertad de movimiento, le costaba meter y sacar el pene de su boca, mas Rohan pareció notarlo, ya que fue él quien dio inicio a un suave vaivén. Josuke agradeció para sus adentros y se concentró en los momentos adecuados para respirar, además de en los que debía hacer presión y liberar.
Rohan se apartó en el momento en que correrse en la boca de su amante le pareció una opción tentadora. Josuke se incorporó, quedando sentado sobre sus rodillas.
—Bien… —añadió Rohan intentando calmar su agitada respiración—. Te has vuelto muy bueno con eso.
—¿Qué te impidió venirte en mi boca entonces?
Al no escuchar respuesta y distinguir un minúsculo sonrojo en el rostro de su amante, habló con picardía.
—Oh, ya veo. Quieres terminar cuando te folle. ¿Desde cuándo eres tan goloso, Rohan?
—Dios, cállate de una buena vez —de nueva cuenta reclamó los labios de Josuke con los propios, importándole poco la felación que esa misma boca acababa de ofrecerle.
Claro que deseaba venirse siendo penetrado, pero jamás lo diría en voz alta. En su lugar, empapó su trasero con lubricante, le dio la espalda a Josuke y se acercó tanto como pudo de esa forma. Restregaría el pene del chico entre sus nalgas. Se lo había ganado con tan buen servicio.
Josuke emitió un gemido placentero al percibir su falo haciendo fricción con el lugar en el que quería adentrarse como animal en celo.
—Rohan, eres un... —tenía que silenciar sus palabras, pues el éxtasis no le dejaba pensar con claridad—. Demonios… Ah.
De un momento a otro, la cordura de Rohan se fue el carajo. Se penetró con el miembro de su pareja y en lugar de bajar en pausas como hacía cuando lo montaba, dejó que su cuerpo se sentara con un deslizamiento suave y constante.
Colocó las manos sobre las sábanas y con un sutil meneo de caderas, tomó más placer de su amante.
Josuke sintió desfallecer en el acto. ¡Por fin! Su atormentado pene estaba recibiendo algo de atención y qué forma de recibirla. Una oleada salvaje de sensaciones acrecentó el calor de su cuerpo, empezando por la zona en la que su cuerpo se unía con el opuesto. Ver a su miembro desaparecer dentro del cuerpo de su pareja era toda una experiencia. Demasiado erótico para su mente y más de lo que su corazón podía soportar, pero no tan erótico como cuando gozaba de las expresiones que su novio era capaz de ofrecer.
Tras un par de movimientos, Rohan se detuvo en seco. No soportaba más esa posición. Era humillante, por lo que se separó de Josuke y dio la vuelta para montarlo de frente.
—Te extrañé —dijo, mientras Rohan se sentaba de nuevo sobre su miembro.
—Maldita sea, Josuke.
No tardaron nada en unirse de nuevo en un hambriento y apasionado beso. Rohan, inclusive desató uno de los cinturones, aunque se detuvo en aflojar el siguiente dado que se hallaba cerca del clímax y quería disfrutarlo tanto como le fuera posible.
Encajó las uñas sobre los hombros ajenos al momento de venirse. El vaivén de sus caderas se tornó irregular y pausado. Respirar de manera correcta le resultaba imposible, es más, se abrazó del cuerpo de Josuke al ser su único punto de equilibrio, lo cual le permitió esconder el rostro bajo el de su pareja.
Josuke no dijo nada al percibir el semen de su amante manchar su abdomen, por si eso no fuera suficiente, las contracciones irregulares sobre su pene le hicieron cerciorarse de que Rohan había culminado. Con mucho trabajo, las manos cansadas y trémulas de éste último terminaron de aflojar el cinturón restante, por lo que Josuke logró liberarse. Algunas de sus articulaciones le reclamaron la falta de movimiento y tenía marcas rojizas en algunas zonas, lo cual, a Rohan le pareció sexy.
Josuke acostó a Rohan y se posicionó sobre él, arrebatándole varios suspiros en el proceso. Comenzó a moverse con lentitud, a sabiendas de que su novio recibiría un sobreestímulo pronto.
—Puede que te resulte un poco brusco —avisó a la par en que entrelazaba las manos con las opuestas—, pero terminaré rápido.
Rohan sintió un violento escalofrío recorrer su cuerpo cuando el muchacho comenzó a penetrarlo. Sabía que sería rudo. Cuando más violentas y veloces eran las embestidas que recibía, menos tiempo tardaba Josuke para venirse, este también era el caso de Rohan, de no ser porque ya había terminado.
—Y de nuevo, los jodidos condones de adorno, ¿verdad? —reclamó, como si eso le ayudara a distraerse.
—A mí no me culpes. Me dejaste maniatado —se excusó, pese a que esta vez no había sido su culpa.
—J-Josuke… —hizo presión en las manos, como una manera de protestar.
—Lo sé, lo sé. Aguanta un poco más, estoy cerca.
No es como si disfrutara ver a su pareja volviéndose loco (sí, sí que lo hacía); bueno, no del todo, pues desconocía si eso dolía. Rohan nunca le había mencionado nada al respecto y la única vez que quiso tratar el tema, este lo ignoró de manera olímpica. Seguro que no era tan malo, pues si en verdad no pudiera soportarlo, lo estaría quitando de encima a golpes y amenazas, o inclusive con Heaven's Door involucrado.
—¡Mierda, Rohan! —era el éxtasis hablando por él—. Si pudieras… Ah, se siente tan bien. ¿También puedes sentirlo? La forma en la que tu cuerpo me succiona, como si pidiera más… ¿La sientes, verdad?
¡Pero claro que lo sentía! Era lo que ocurría cada que Josuke estimulaba su próstata. Era como si ansiara más, como si necesitara más. Era adictivo y difícil de explicar. No sabía si dolía o lo gozaba, si le gustaba o lo odiaba; se sentía en un limbo entre el placer y el sufrimiento, como tocar el cielo y el infierno a la vez.
En algún punto, la forma en la que era penetrado cambió por una más intensa y arrítmica, inclusive pausada en ocasiones. Estaba tan perdido en sus pensamientos que no notó el momento exacto en el que Josuke se vino dentro de él y pese a que todo resultado magnífico e inigualable, también era un alivio finalizar la sesión de ese día.
Josuke salió de su cuerpo para dejarlo descansar, no así se separó de él. Quería tener a Rohan cerca, compartir su calor, acompañar su respiración y sus latidos.
—Rohan.
—¿Hm?
—Hay que hacerlo otra vez.
—¡Estás loco, Higashikata!
Josuke dejó escapar una inocente risita mientras envolvía con sus fuertes brazos el cuerpo de su amante que intentaba huir.
—Era broma —canturreó, colocándose casi encima del otro para inmovilizarlo.
Rohan masculló algo, quizá lo maldijo por lo bajo. A saber. Todo le parecían buenos deseos por parte de éste, aunque no muchas veces fuera así.
—Oye —Josuke ayudó a Rohan a dar la vuelta, para lograr abrazarlo de frente—. ¿Puedo quedarme?
—Como quieras —respondió con indiferencia, cerrando los ojos para evitar sonrojarse ante la mirada de su pareja. En ese punto de su relación, debía hallarse ahogado en rabia y cólera para sacarlo de su casa a patadas. Ya no tenía la voluntad necesaria para negarle muchas cosas, mas no podía dejar que Josuke se enterase de ello.
El nombrado esbozó una sonrisa que Rohan no pudo ver. Entonces le depositó un beso en la frente y procedió a acurrucarle contra su pecho, así podría acariciarlo y repartir otros mimos.
—Oh, Josuke —antes de rendirse ante Morfeo, Rohan se separó, aunque no de manera brusca—, tengo algo más para ti.
Aquellas palabras hicieron que la cola de perro imaginaria del chico se agitara otra vez.
Rohan se encaminó a gatas hacia un extremo de la cama y estiró la mano para abrir uno de los cajones de su buró, del cual extrajo un objeto metálico que colocó sobre el pecho de Josuke. Acto seguido se acostó de lado, dándole la espalda. No estaba mentalmente preparado para la reacción que tendría el mocoso.
Fue entonces que Josuke decidió tomar el objeto.
«¿Una llave?» pensó con inusual extrañeza.
—¿Me estás dando una llave?
—Sí.
—¿Y qué se supone que debo abrir con ella? —¿Acaso Rohan habrá ideado entretenerlo con un juego de acertijos que lo harían llegar a su siguiente obsequio?
—Una puerta.
—¿Qué puerta?
—La de aquí.
—¿Pero cuál de todas?
Esta vez no recibió respuesta.
—Rohan, Rohan, Rohan-sensei —le llamó repetidas veces, además tocó con insistencia su espalda, pero nada.
«Una puerta...» Luego de varios minutos de cavilación, sus adormecidas neuronas entretejieron una conclusión más o menos lógica. ¿Acaso no tenía esa llave una forma similar a la que Rohan le dejaba a Koichi cada que se iba de viaje por si llegaba a haber algún problema en su ausencia?
—Esta llave… ¿Es de tu casa? ¿Esta casa?
Lo único que Josuke notó fue como las orejas de su novio se tornaron rojizas. ¡Significaba que había dado en el clavo!
Una sonrisa cálida, genuina y cargada de sentimientos ablandó sus facciones. Depositó un besito sobre uno de los hombros de su amado y le abrazó en esa misma posición.
Rohan relajó los hombros. Parecía que Josuke se había hecho una idea de lo que simbolizaba esa llave.
—Vaya, vaya —habló el chico—, quién diría que te gustaría tanto coger conmigo como para darme libre acceso ahora.
¡Idea equivocada!
Casi como una señal de alerta, Rohan se giró para enmendar sus errores, pero Josuke fue más rápido y no dejó que le arrebatara su último presente.
—¡Dame esa llave!
—¿Hah? ¿No se supone que era un regalo?
—¡No más!
Rohan intentó por todos los medios posibles recuperar lo que nunca debió dar. Tal vez había sido demasiado pronto hacer ese tipo de cosas con el idiota de Josuke.
—¡Devuélveme esa maldita llave!
—¡No! ¡Es mía!
—¡Higashikata Josuke!
Claro que Josuke entendía lo que se ocultaba tras ese pequeño detalle. Simbolizaba la confianza y, aunque Rohan no lo dijera, el cariño que había logrado brindarle en el transcurso de su relación.
Cinco años marcaban apenas un inicio, mas para Rohan, quien nunca había tenido ningún vínculo similar, era tiempo suficiente para dejar que ese chico comenzara a formar parte de su vida.
Pese a tener sus discusiones y arrebatos, Josuke estaba cien por ciento seguro que nunca se enamoraría de alguien como lo había hecho de Rohan, quien, muy a su manera, logró hallar a la persona con quien deseaba pasar largas noches y eternos días.
Sentí que sería muy Rohan el darle un detalle (caro, porque #Rohan xD) y que Josuke terminase súper emocionado al punto de no poder contenerse. Mi HC es que Rohan no es precisamente bueno con las palabras ni el contacto físico, por lo que recurre a situaciones así de vez en cuando para demostrar como se siente y siempre compraría algo que encaje con su delincuente favorito. 💕
Por cierto, este capítulo no iba a ser NSFW/R18, pero en algún punto todo se me fue de las manos. Lo siento. XDDD
