Pedido de: ClaulizaRechoa

Temática: Hurt/Comfort | Ligero Fluff

Tiempo de la relación: 1 año (Josuke tiene 19 y Rohan 23)

Descripción: Cada vez era más frecuente que al abrir la puerta Rohan se topara con esa sonrisa de idiota tan característica de Josuke; no obstante, el día que encontró una expresión distinta, algo en su interior estrujó su corazón.

Palabras: 1289


PUERTA IX

El fastidio de Rohan se volvía cada vez más notorio ante el hecho de abrir la puerta y observar más tupé que cabeza; abrir y chocar con unos ojos azules tan claros y brillantes como el maldito cielo; abrir y terminar cegado por una estúpida sonrisa de adolescente enamorado; abrir y percibir cierta calidez en lo profundo de su gélido e imperturbable pecho, al reconocer que quien estaba del otro lado no era nada más ni nada menos que su novio.

Siempre que observaba al muchacho a la distancia desde la ventana antes de bajar a recibirlo, en su cabeza saltaba una imagen que tenía grabada con fuego en la mente. Sin embargo, ese día fue la excepción.

En cuanto la madera que los separaba fue removida, Rohan se topó con una mejilla hinchada, un labio partido, una expresión de pesadez y algunos cabellos salidos de lugar. El paisaje de fondo era gris y una fría ventisca se coló hacia el interior de su hogar.

«Esto es ridículo» pensó con ironía. ¿Es que el día funcionaba con el estado de ánimo de ese patán o algo similar?

Un ambiente animado, soleado y hasta caricaturesco acompañaba el aura del muchacho cuando llegaba feliz a verlo mientras que, ahora que lucía consternado y abatido, el cielo exhibía matices de grises a negros.

¿Qué seguía? ¿Que Josuke echara a llorar y que cayera una tormenta por ello? ¿Acaso era una jodida princesa Disney?

Estuvo a punto de preguntarle si los animalitos de la pradera se colaban a su habitación para hacer limpieza, pero se contuvo y lo máximo que logró fue dejar que un suspiro cansado abandonara sus labios.

—Entra —agregó con la monotonía de costumbre mientras se hacía a un lado.

Josuke asintió en silencio y, por primera vez desde que pisó esa casa, se sintió un poco inseguro acerca de hacia dónde debía dar el siguiente paso.

Hacía un par de horas se envolvió en una pelea significante; no fiera o de lo contrario tendría más indicios de ello en su cuerpo. Al inicio dudó sobre si debía acudir a su madre, quien seguro le regañaría durante el proceso de curación y no tenía muchas ganas de pisar una clínica en soledad. Por alguna difícil e incomprensible razón, deseó ver a Rohan; no hablar con él o molestarlo como de costumbre, tan sólo buscaba de su silenciosa y desinteresada compañía.

—Esto... —no sabía por dónde comenzar, mas sus palabras fueron calladas cuando Rohan le tomó por la muñeca y tiró de él para arrastrarlo a la sala.

Una vez allí, fue empujado hacia uno de los sillones, lo cual, le obligó a tomar asiento de la manera menos amable posible.

—Escúchame bien, Josuke —habló, como si estuviera a punto de reprenderlo, con una mano sobre la cintura y la otra señalándole—. Seré tu novio —aún le costaba trabajo decir esa palabra con naturalidad—, pero no una enfermera particular, así que espero que esto no se repita de nuevo.

Dicho esto, vio a Rohan perderse escaleras arriba a paso veloz, sin siquiera esperar por una explicación. Cuando este regresó, traía un pequeño botiquín entre manos. Lo colocó sobre la mesilla de piso frente a Josuke y luego se encaminó a la cocina para buscar un recipiente y llenarlo con agua.

Rohan humedeció un pañuelo y lo pasó con cuidado por el rostro de Josuke para deshacerse de los remanentes de sangre seca y suciedad. No había demasiado por hacer. En los labios aplicó un bálsamo para hidratarlos y sobre la mejilla esparció un ungüento antiinflamatorio. Acto seguido, se limpió las manos y cerró el botiquín.

—Seré benévolo. Ve pensando en lo que vas a decir —agregó con una impresión amenazante—. Puedes agradecerme más tarde.

Entonces regresó a la cocina, donde calentó la leche necesaria para fundir una tableta de chocolate. Una bebida así quedaba perfecta con el frío clima que decidió azotar esa tarde.

Vertió el contenido en una taza y dio un pequeño sorbo luego de dar el primer paso y casi derramar el contenido. Sin pensarlo demasiado, regresó con Josuke, sentándose a su lado, a escasos centímetros de que sus rodillas se rozaran.

—¿Y bien? —preguntó, tomando un trago de su chocolate caliente.

—¿No eres mi enfermera, pero sí mi terapeuta?

—Jódete.

Josuke esbozó una débil y triste sonrisa, sin mirar a su amado como en otras ocasiones. La verdad es que no tenía muchas ganas de hablar. Al momento, vio a Rohan colocar la taza sobre una de sus piernas, aunque no la soltó hasta alcanzar la mano de Josuke para hacer que éste la sostuviera. El chico buscó los bonitos ojos esmeralda de su pareja, sin el atrevimiento necesario para preguntar por ese gesto.

Tomó la taza con ambas manos y se perdió en la superficie del líquido. Luego de unos instantes, llevó el recipiente con cuidado a sus labios. Con pequeños sorbos, como un niño con miedo a quemarse, deleitó su sentido del gusto con esa dulce bebida.

No era la primera vez que ocurría, era raro, sí; no obstante, Rohan era capaz de tener atenciones similares para con él. Le hacía dudar sobre si en verdad era un bastardo frígido sin alma, porque podía ser atento, pero su mirar y su voz se mostraban tan desinteresados como de costumbre.

—A decir verdad... —rompió el silencio. No era el tipo de chico que solía agobiar a otros con sus problemas, aunque algo en esa situación lo impulsó a hablar—, puede que haya peleado con Okuyasu.

—Hmm.

—Sólo un poco.

Para Rohan, escuchar eso sí que era inusual. A su parecer, ambos eran lo suficientemente idiotas como para ser capaces de conectar algún golpe.

—Fue algo muy estúpido —continuó—. Seguro que todo se resolverá mañana.

No se atacaron con el objetivo de matarse, tampoco usaron sus Stands. No pasó de ser una pelea de niños que se les salió de las manos. Sabía que no era gran cosa, tan sólo estaba dando demasiadas vueltas al asunto y aunque el mangaka no hiciera comentarios al respecto, de alguna manera sintió un gran alivio después de contárselo.

Rohan notó que los hombros de su pareja se relajaron después de eso. Asimismo, aprovechó que Josuke dejó una mano libre para colocar encima la propia. Fue el muchacho quien aprovechó la acción para entrelazar sus dedos con suavidad.

—Ya veo —su fuerte no eran las palabras de consuelo, ni las demostraciones de afecto en general. No obstante, supo que había hecho lo justo y necesario cuando los hombros de Josuke se relajaron al igual que su expresión.

Quizá resultó trivial e insignificante, sin embargo, ejecutó cada detalle a consciencia. Podía parecer poca cosa, pero para alguien con nula inteligencia emocional y un año de noviazgo encima, aquello representaba un gran avance. Le sorprendía haber llegado tan lejos.

—¿Puedo quedarme esta noche? —preguntó Josuke, ahora que se hallaba más tranquilo. Le alegraba haber tomado la decisión de visitar esa casa.

—Sólo si te encargas del desayuno mañana —respondió después de meditarlo varios segundos.

—Me parece bien —si levantarse temprano para preparar algo de comer era el precio a pagar por dormir abrazadito a su amado, claro que estaba dispuesto a ello. ¡Era una ganga!

Rohan no sabía qué tan rápido o lento avanzaba su relación; por lo que observaba podía concluir que era un buen ritmo. Josuke nunca lo presionó ni se quejó al respecto, es más, respetaba sus decisiones y le daba su espacio, incluso si eso significaba llevar el contacto físico al mínimo en varias ocasiones.

El rostro de su chico se veía un tanto relajado ahora; ya mostraba cierta alegría de nuevo. Por ridículo que sonara, también se había enamorado de esa estúpida sonrisa.


La idea tras este capítulo fue "una situación donde Rohan consienta a Josuke por sobre su orgullo" y, no sé, me parece que algo así sucedería. Rohan puede ser un buen novio cuando quiere, pese a que no consienta cada capricho del Josuke.