Pedido de: BellPSJ

Temática: Romance | Primera cita

Tiempo de la relación: Un par de meses (Josuke tiene 18 y Rohan 22)

Descripción: Josuke y Rohan tenían definiciones muy distintas de la palabra "amor". Sólo el tiempo podría encargarse de que se comprendieran.

Palabras: 2868


PUERTA XII

—¿Qué quieres? Estoy ocupado.

Aquellas fueron las palabras más dulces y románticas que Rohan dirigió al primer novio que había tenido en su vida. Abrió la puerta lo suficiente para que su cuerpo se notara, mas no dejó a Josuke ingresar. Estaba trabajando en su manga y quería aprovechar la bomba de inspiración que asaltó su cuerpo esa mañana. Sin más, cruzó los brazos y recargó un hombro contra el marco de madera.

—Yo también me alegro de verte —dijo Josuke entre dientes, con algo de fastidio, pues él llegó con una sonrisa en el rostro, una que las frías palabras de Rohan se encargaron de borrar.

Se aclaró la garganta y llevó una mano a la parte trasera de su cuello, intentando buscar la manera correcta de expresar lo que inundó sus pensamientos esa última semana.

—Verás —habló un nerviosismo poco marcado, no sabía cómo tratar ciertos temas con el desquiciado que tenía al frente—, llevamos un par de meses saliendo (me cuesta creerlo aún) y se me ocurrió que, quizá, tú y yo podríamos… Ya sabes, salir por ahí, dar una vuelta y así.

Rohan enarcó una ceja.

—¿Me estás pidiendo una cita?

En ocasiones le sacaba de quicio que el chico no fuera directo. Odiaba tener que leer entre líneas.

Los ojos azules de Josuke parecieron aclararse con un brillo que mezclaba la inquietud y la felicidad. Ni siquiera hizo la propuesta como era debido, pero ya sentía el revoloteo de decenas de mariposas recorriendo sus entrañas. Un leve rubor en sus mejillas coloreó su semblante. ¿Qué debía decir ahora?

«Ah, demonios». Estaba emocionado, pero su pareja tenía una cara entre estoica y de hartazgo, como siempre. Un paso en falso y lo mandaría al demonio, aunque tampoco aseguraba que ese tipo de cosas fueran del agrado del otro.

—S-Sí —tartamudeó, era la primera vez que se animaba a pedir algo así—. Es decir… ¡Sí! —Finalizó con una reverencia más o menos formal, pues la expresión poco satisfactoria de Rohan lo puso alerta y no quería ser rechazado.

Seguido se divertía con Okuyasu, yendo de un lado a otro por todo el pueblo, en determinadas ocasiones se llegaron a topar con Yukako y Koichi, es cierto que ellos tenían más libertad para andar por ahí tomados de la mano; Josuke no le dio mucha importancia al inicio, aunque al llevar cuatro meses de novio con Rohan, una sensación de inquietud no dejó de asaltarlo, sin falta, cada fin de semana para invitarlo a salir.

—¿Y cuándo sería la dichosa cita? —Rohan se llevó una mano a la cadera, recargando su peso en una de sus rodillas.

—¿Eh? —Josuke se irguió. Antes que sonar como pregunta, su expresión se originó por el asombro—. Hm… Estaba pensando en este sábado.

Rohan llevó su mano libre hacia la barbilla. Repasó la lista mental que una versión suya en miniatura se encargó de redactar en el escritorio del subconsciente. No tenía ningún pendiente para entonces.

—¿A dónde planeas llevarme?

Josuke enmudeció un par de segundos. ¿Acaso había aceptado?

—Aclaro una cosa —agregó, antes de que el otro respondiera—: aún no he dicho que quiero salir contigo, es sólo que no pienso desperdiciar mi valioso fin de semana. —Era el único momento que dedicaba para relajarse.

«¡Qué miedo!» dijo Josuke para sus adentros. Era como si le leyera el pensamiento.

—Se me ocurría que podríamos… —¡Mierda! ¿Qué debía decir ahora?—. Tal vez, uh… —Sin duda alguna no podía sacarlo a tomar un café en Arabia. ¿Qué demonios captaría la atención de su excéntrico novio?—. Ya-Ya sabes… ir a esos lugares que…

Elevó la mirada al cielo para buscar ayuda divina y la bajó varias veces por si alguien en el infierno decidía susurrarle la respuesta correcta así perdiera su alma en el proceso.

—No tienes ni la menor idea, ¿cierto? —habló Rohan. Por más que ese chico intentase poner en uso su cerebro, ya era demasiado tarde; estaba permanentemente atrofiado por tantos años sin quitarle la envoltura.

—La verdad es que no creí llegar tan lejos —soltó sin rodeos, junto a una sonrisa bobalicona.

Parecía ser hora de tirar sus esfuerzos a la basura.

Un suspiro cansado escapó de los labios de Rohan, a la vez en que relajaba los hombros.

—Muy bien —¿Qué podía perder? Cuando menos debía tener una cita antes de cumplir los treinta. No sería tan malo, algo podría sacar de provecho—. Pero más te vale no hacer de la experiencia algo de lo que me arrepienta.

En esos instantes, Josuke comenzó a sacar sus esfuerzos de la basura. Los enmarcaría en una pared. No podía creer lo que acababa de escuchar.

—Eso significa que…

—Nos vemos este sábado —dictó Rohan, listo para dar media vuelta.

—¿En dónde quieres que te recoja? —preguntó con rapidez, asomando la cabeza por el resquicio de la puerta.

—En la estación, frente al reloj —respondió mientras colocaba una mano sobre la frente ajena para empujar su cabeza con todo y pompadour antes de cerrar.

Si el muchacho tuviese auto o moto, bien podía pedirle que lo viera en su casa y que lo dejara allí mismo al anochecer, pero se trataba de un estudiante medio lastimero (limitado por su madre para que no derrochara en estupideces), que no tenía más que un par de yenes en el bolsillo; como mucho, le alcanzaría para un chicle.

Junto a ese último pensamiento, una idea preocupante saltó en su cabeza. Abrió la puerta de golpe y bajó los tres escaloncitos de su entrada casi de un salto. Josuke giró sobre sus talones al escuchar el ruido y en pocos segundos tuvo un Rohan con una expresión iracunda amenazándolo sin reparo.

—Te advierto una cosa, pedazo de delincuente. Si esta es otra de tus sucias artimañas para sacarme dinero, haré que te arrepientas por el resto de tu miserable vida. ¿Comprendes? —cada tanto pinchaba los pectorales opuestos con el índice, como si eso diera más peso a sus palabras.

Josuke levantó las manos a la altura del pecho, como quien es asaltado.

—Oye, tranquilo, viejo —se habría ofendido de que Rohan pensara así de él, de no ser porque tenía antecedentes que justificaban ese comportamiento—. ¿Es que no puedes dejar atrás ese incidente? Quiero pasar un buen rato con mi novio. Eso es todo.

Rohan no terminaba de tragarse el cuento, es más, ni siquiera sabía cómo se lió con Josuke para convertirse en pareja en primer lugar. Meses antes buscó jugarle una broma con ese asunto, pero el tiro le salió por la culata cuando descubrió que Josuke sí tenía sentimientos por él. Por alguna mística razón, con el transcurso de las semanas se le perdieron las ganas de contarle la verdad. Una parte de sí ansiaba seguir adelante tanto como fuera posible.

Posó la vista en la mano que, en algún punto, decidió recargarse sobre el pecho del chico y la retiró como si nada hubiese ocurrido. Dio media vuelta para regresar a su casa y antes de que otra cosa ocurriera, habló una vez más.

—Te quiero puntual. A las diez. Llegas un minuto tarde y ya me habré largado, ¿entendiste? Además, no te quiero ver en mi casa más tarde si eso sucede.

Josuke se mantuvo firme e incrédulo durante el tiempo que le tomó a su pareja lanzar su última sentencia antes de meterse a su lujosa madriguera hecho una fiera. A decir verdad, desde que se conocieron no había un sólo día que pudiese comprender lo que tenía Rohan dentro de esa cabeza tan alborotada. ¿Sería por la edad? Cuatro años de diferencia no eran la gran cosa. No obstante, sus sentimientos parecían ir cada vez más rápido en una violenta montaña rusa de emociones desde que salía con el pedazo de loco del que se había enamorado.

Siempre imaginó que tener novio sería como en las series y películas: romántico, cargado de sonrisas, buenos momentos y una que otra cursilería, pero Rohan era todo menos eso. Bueno, sí que su relación estaba cargada de emociones, muchas de ellas orillarían a cualquiera a cometer homicidio, pero eran "emociones" a fin de cuentas.

Ocasiones como la de recién le hacían dudar sobre si lo suyo funcionaría a la larga, pero no quería juzgar a Rohan sin darle una oportunidad. Lo hizo varias veces en el pasado, no obstante, en el camino descubrió que a Rohan le costaba expresar muchas cosas y cuando al fin hallaba la manera de hacerlo, era tan directo que resultaba doloroso (no siempre). Esta vez, por ejemplo, fue él quien propuso el lugar y la hora para verse; si hubiese estado en contra de todo ello, ni siquiera se hubiera tomado la molestia. Lo que indicaba que no todo era tan malo. Quizá esa cita les ayudaría a entenderse mejor.


El día tan esperado (por Josuke) llegó en un abrir y cerrar de ojos. Suerte que tenía suficiente dinero ahorrado, de lo contrario se hubiera abrazado a las piernas de su madre para que le soltara un billetito o dos.

De forma casual se colocó una playera de manga corta con cuello en "v" de un color turquesa que se degradaba a blanco, unos pantalones de mezclilla negros y unos botines del mismo color. Se puso guapo y su madre aprovechó para molestarlo, preguntando a quién iba a ver tan galán, porque hasta perfumado estaba.

Llegó cerca de diez minutos antes de la hora indicada al lugar pactado. Por los nervios, las manos le sudaban en respuesta; después de todo, se trataba de su primera cita y no había manuales escritos para triunfar en eso.

—Veo que llegaste puntual, Josuke —habló Rohan, quien se acercó a paso lento con las manos en los bolsillos.

El chico intentó no hacer evidente su emoción, así que una gigantesca sonrisa, digna del idiota enamorado más grande del planeta, se hizo presente en sus facciones.

—Rohan-sensei —aún le costaba saber cómo debía dirigirse a él—. Sabes, hay un zoológico por aquí cerca, no sé si ya lo hayas visitado.

Rohan no respondió, claro que había ido. Se paseaba por ahí cuando necesitaba referencias de ciertos animales y no las hallaba en las enciclopedias de su casa.

—Cerca hay un restaurante que me gusta por sus malteadas —agregó—, así que podríamos pasar ahí primero si no has desayunado.

—Suena bien —encogió los hombros restándole importancia. Nada fuera de lo cliché.

Quizá podría aprovechar ese día para despejar la mente, o eso creyó, hasta que sintió una de las manos de Josuke tomar la suya para dar el primer paso. No dudó en zafarse del contacto alejando el brazo en un brusco arrebato. Su pareja volteó a verlo con una clara confusión en el rostro, por lo que se vio en la necesidad de aclarar algunas cosas.

—No me tomes de la mano en público —añadió en tono seco, casi hosco, truncando de tajo las buenas intenciones del otro—. Tampoco hagas nada sugerente. ¿Es que careces de sentido común?

—Oh, yo… —dejó escapar una risa angustiosa al toparse con los ojos esmeralda que tanto le gustaban y al divisar que exhibían cierta molestia, se desanimó; intentó no hacerlo demasiado evidente—. E-Entiendo. Me dejé llevar un poco.

—Contrólate.

A Rohan no podía importarle menos la opinión de basuras inferiores; sin embargo, tenía una imagen que mantener y cuando paseaba por lugares concurridos solía toparse con uno que otro fan de su trabajo. Si alguien llegaba a tomarle una foto o se corría la voz de que el magnífico Rohan Kishibe era gay (cosa que no era), la popularidad de su manga podría verse afectada. Odiaba admitirlo, pero Japón era ese tipo de sociedad homófoba; la única manera de evitarlo, de manera parcial, sería volviéndose un mangaka de temática yaoi, pero ese no era su objetivo en la vida y no lo modificaría sólo para cumplirle los caprichos a un sujeto con el que no tenía idea de cuánto iba a durar. Seguro que en algún momento el muchacho se aburría de mantener una relación con él y terminaban por lo sano.

De ese momento en adelante, Josuke no supo cómo actuar. El desayuno fue silencioso y en el zoológico fue Rohan quien hizo plática; se dedicó a soltar datos curiosos sobre animales mientras su amado no hacía más que preguntar como un niño pequeño.

El punto de inflexión fue cuando se dirigieron al cine y en la oscuridad de la sala Josuke se atrevió, una vez más, a tomar la mano de Rohan, quien incluso entrelazó sus dedos.

El humor del chico mejoró de manera exponencial. Así supo que no hizo enojar a su pareja en la mañana, por lo que poco a poco comenzó a soltarse más y a tomar ciertas libertades que hasta ese momento sólo tuvo con Koichi y Okuyasu.

Por extraño que pareciese, una tienda Gucci fue su Cupido. Ambos descubrieron tener en común un gran sentido por la moda. Es más, Josuke se emocionó como mocoso en juguetería cuando Rohan lo arrojó a los probadores con varias prendas y comentarios del estilo: «pruébate esto», «ahora esto», «colócate el conjunto anterior con estos zapatos», «a ver, date una vuelta».

Pasaron las horas y salieron de esa tienda con varias bolsas en mano, la mayoría de Rohan, casi todas cargadas por Josuke, quien igual se compró un conjunto elegido por el novio que lo dejó en la pobreza, pero luciendo fabuloso. La pasó de maravilla. Nunca antes se había divertido tanto comprando ropa.

Su última parada fue una heladería. De ese punto en adelante caminaron hacia la casa del mangaka, donde se despidieron justo en la entrada.

—Bueno, te felicito por no arruinar el día —Rohan fue el primero en romper el silencio mientras recibía sus compras—. Te doy un siete de calificación.

—¿Quién rayos le da calificación a una cita? ¡No soy parte de las empresas que te rentan novio, sabes! —no estaba molesto, sólo sorprendido de la clase de comentarios aleatorios que salían de la boca de su loco favorito.

—Si ganas más dinero y te cambias el peinado podría subir la nota a nueve.

—¡¿Qué demonios estás diciendo de mi cabello, maldito?! —lo tomo por el cuello de la ropa y lo atrajo hacia sí para echarle bronca.

—¡Destapa bien tus oídos! No pongas en mi boca cosas que no he dicho —dejó caer un pequeño manotazo contra la extremidad opuesta para que lo soltara.

—¡Eres un…! —antes de terminar la frase, tomó a Rohan bajo el brazo y comenzó a alborotar su sedosa cabellera, era la primera vez que la tocaba y decidió no ser agresivo sólo para deleitar el tacto.

—¡Ah, vete de una buena vez! —gritó Rohan, logrando escapar del agarre con el peinado deshecho y la bandana de su cabeza fuera de lugar. Dispuesto a no forcejear más, cerró la puerta en el acto, dejando a su novio satisfecho del otro lado.

Intentó acomodarse el cabello, pero pronto se daría una ducha para ir más relajado a la cama, ¿así que para qué se esforzaba? Usó lo de su peinado como pretexto para enojarse, mas lo que en verdad le irritó fue que Josuke no tomase una actitud más galante al dejarlo en su casa.

«Ese pedazo de idiota...» le arruinó su cita de telenovela justo al final, pero no le dejaría salirse con la suya.

Antes de que fuera demasiado tarde, abrió la puerta de nuevo, bajó los escalones de la entrada y se acercó a Josuke. Lo tomó del rostro y no dudó en estampar sus labios contra los opuestos.

El muchacho abrió los ojos en sorpresa y las pequeñas personitas que vivían en el interior de su cabeza manteniendo todo en orden, parecieron colapsar en ese preciso instante.

—Voy a creer que no fuiste capaz de darme ni un maldito beso en todo el día —Rohan gruñó por lo bajo al separarse.

Josuke estuvo a punto de replicar con algo ingenioso, pero su pareja fue más hábil y volvió a unir sus labios. Esta vez, logró reaccionar y rodeó la cintura ajena con ambas manos.

Era su primer beso.

Con el corazón desbocado se dejó llevar. Saboreó de manera inexperta una boca que moría por probar; su lengua, su calor, su saliva. Tuvo que pegar a Rohan por completo a su cuerpo para sentirlo y saber que no estaba soñando.

Por primera vez, desde que comenzaron a salir, se sentía tan lleno, tan correspondido. Rohan no podía estar haciendo eso sólo para jugarle una broma, la forma en que lo besaba no podía ser parte de una cruel broma, la manera en la que se lanzó contra su rostro era prueba suficiente de que sus sentimientos eran mutuos.

En esos instantes comprendió que la idea del amor que él tenía podía ser sustancialmente distinta de la de Rohan, pero estaba cien por ciento seguro de que entre ellos había algo magnífico que poco a poco comenzaría a tomar forma. El resto era cuestión de paciencia y del como lograran comprenderse.