Temática: Ligero fluff

Tiempo de la relación: 5 años (Josuke tiene 23 y Rohan 27)

Descripción: ¿En qué momento la confianza comenzó a volverse mutua? Ninguno tenía la respuesta, sin embargo, jamás se habían sentido tan seguros al compartir el sueño con alguien.

Palabras: 869


PUERTA XIV

Pasar tiempo con Rohan era algo que Josuke se permitía poco. Debía viajar a Tokio para asistir a su último año de universidad y por cada seis meses disponía de un corto periodo vacacional, el cual, pasaba en Morioh, ya sea junto a su madre, sus amigos o su novio. A decir verdad, fue una relación difícil de mantener al inicio. Rohan tenía un limitado tiempo para él y no hablaban seguido. Las vacaciones eran caóticas; a duras penas mantenían una adecuada vida como pareja; no obstante, con todas sus limitaciones y desacuerdos, que muy a su manera intentaban mejorar, consiguieron comprenderse el uno al otro. En un bajo porcentaje, sí, pero era un avance.

Cierto día, Josuke se plantó a la puerta de la casa de su amado, quien tenía ojeras tamaño mapache y casi lo echa a patadas, pues tenía una fecha límite encima para entregar su manuscrito. Como en cada ocasión, Josuke se las apañó para quedarse; sin molestar, sin hablar, llevando algunas tazas de café a donde Rohan trabajaba. No era lo que esperaba, pero estaba satisfecho. En otras épocas Rohan habría recurrido a Heaven's Door para hacer que no volviera hasta la siguiente primavera. Concluir que se había ablandado era un error, tan sólo se adecuó a vivir con un tumor benigno llamado Higashikata Josuke.

El nombrado, por su parte, se acostó en un sofá cercano a leer una de las tantas revistas de moda que reposaban en el librero. Siempre estaban actualizadas y eso le venía de maravilla, pues la universidad lo ocupaba lo suficiente como para no prender el televisor durante varias semanas.

Después de unas horas, Rohan terminó su nuevo capítulo. Tomó la taza de café sobre su escritorio, le dio un sorbo y descubrió que necesitaba calentarse en el horno de microondas; sin embargo, tras girar la mirada, se topó a un Josuke, sin zapatos, recostado en el sofá. Decidió dejar de lado la taza y tomar la manta que reposaba en la silla y que hacía unos instantes cobijó sus piernas. Se la echó a los hombros y se acercó a su querido delincuente.

—¿Terminaste? —preguntó Josuke, dejando la revista de lado e incorporándose sobre su asiento.

Sin mediar una sola palabra, Rohan actuó en respuesta. Le puso las manos sobre el pecho y lo acostó de nuevo, esta vez, acomodándose encima con el rostro de lado sobre el pecho ajeno.

El sofá no era tan amplio como para soportarlos en una posición adecuada, a lo que Josuke tuvo que bajar una pierna, todo para que el cuerpo de Rohan cupiera a la perfección.

No se quejó. Moría de ganas por hacer algo con Rohan; ver una película, salir por un postre, ir al centro comercial, cocinar un rato, lo que fuese, mas ver a su amado en ese estado de cansancio y desvelo aplacó sus ánimos. Con un brazo rodeó la cintura ajena mientras que la mano opuesta se limitó a repartir un suave masaje sobre los hombros y la espalda.

—Buen trabajo —un susurro cargado de ternura emergió de sus labios antes de depositar un beso sobre esos sedosos y suaves cabellos que desprendían un aroma frutal a causa de la ducha que tomó horas atrás.

Tras un par de minutos, la mano de Rohan, que se aferró al hombro contrario, resbaló y terminó flotando. En ese preciso instante Josuke cayó en cuenta de que su excéntrico y hermoso ególatra se hallaba dormido. Con sumo cuidado se incorporó con este en brazos, listo para llevarlo a la cama. Lo normal hubiera sido dejarlo allí y volver al día siguiente, ahora sí, para tener una cita en forma. No obstante, para Josuke era la oportunidad entre el millón. En contadas ocasiones, fuera de aquellas en las que tenían sexo, se quedaba a dormir con él. Era difícil de explicar, pero cada fibra de cuerpo lo empujaba a meterse a la cama y pasar la noche en su compañía. El corazón le latía con fuerza y decenas de mariposas revolotearon en su estómago ante esa idea.

Sin perder más tiempo, se dirigió a la planta baja, desde donde llamó a su madre con el teléfono de la casa. Avisó que se quedaría en casa de un "amigo". Al desear buenas noches y colgar, sintió un nudo en la garganta. Quizá, al día siguiente, también debían discutir el asunto sobre contarle lo suyo a su madre. Quería imaginar que lo que había entre Rohan y él iba a durar muchos años más. En algún momento debían contárselo a Tomoko, aunque Josuke lo postergó a más no poder ante el temor de la reacción de su mamá. Tal vez ella esperaba que su único hijo formara una familia bonita y le diera nietos, pero él estaba, bueno, con otro hombre… A su juicio, era un tema delicado y en definitiva debía hablarlo con Rohan.

Se dio unas palmaditas en las mejillas para despertar y subió de dos en dos los escalones para volver al cuarto de su pareja. Lo mejor que podía hacer era no pensarlo demasiado por el momento. Dejaría que su cuerpo se relajara en compañía de la persona a quien dedicaba cada suspiro; embriagarse con su esencia, compartir su calor, aferrarse al momento. Eso era todo lo que necesitaba.