DISCLAIMER: Zombie Land Saga no me pertenece y este fic es simplemente hecho para divertir a quien quiera leerlo.


2

Las cosas no pudieron salir peor.

El recital de esta tarde fue un asco, olvidaste la letra al menos unas quince veces, te chocaste con Ai unas tres y siquiera podías enfrentar al público cuando estaban alentándolas aún con las visibles fallas. La mirada de Reiko, entre preocupada y sorprendida por tu falta de coordinación, lo dijo absolutamente todo.

Para empeorar las cosas, desapareciste durante la firma de autógrafos y la sesión de fotos, estabas encerrada en el baño y te quedaste ahí durante horas, excusándote que te sentías mal. Para cuando Sakura fue a buscarte, siquiera le dijiste alguna palabra que calmara su preocupación. Apenas ella quiso preguntar algo, cortaste violentamente el tema desde la raíz, tomaste las cosas y subiste a la camioneta, con un humor de perros.

Una vez en la mansión, aguantaste los gritos de Kotaro durante una tediosa media hora y respondiste igual de violenta, con ganas de arrebatarle las gafas y verificar si de verdad tiene un problema con los ojos o sólo los usa las 24/7 por gusto.

Al final, tomaste uno de los adornos de su despacho y lo estrellaste contra la pared para que dejara de molestarte. Antes de que alguien pudiera preguntar qué carajos te sucedía, te calzaste y fuiste a caminar por la calle para despejar esos pensamientos horribles que seguían hiriéndote sin cesar.

A medida que dabas pasos y pasos, los ojos se te inundaron de lágrimas y una horrible opresión en el pecho no te dejó respirar. Terminaste frente al local de Drive in Tori, mirabas la fachada y apenas estabas por marcharte, el dueño te llamó. Por supuesto que te reconoció, eras la chica fanática que hizo grabar nuevamente el comercial, a pesar de que ya había salido todo magnífico.

Te sirvió el número uno con lechuga a un lado, tu menú favorito. Eso fue algo que te extrañó en grande; hasta recuerdas haberlo mirado de soslayo un par de veces mientras llevaba los elementos a la mesa.

Ahora mismo, te encuentras mirando hacia tus costados, sintiéndote más sola que de costumbre. Llevas los pedazos de pollo a la boca casi como si fueras un robot y te quedas ahí, durante unos cuantos minutos, sin prestar atención más que a la carne que va dorándose frente a tus ojos.

No tenías dinero para pagarle y eso quisiste decirle apenas te hizo entrar. No obstante, respondió que era un honor, ya que la propaganda fue todo un éxito.

Vuelve con un par de cervezas, algo que una Idol no debería beber y que, si Kotaro llegase a enterarse, aguantarías sus gritos hasta que decidiera devolverte a la tumba. Le convidas un poco al dueño que se ha sentado a tu lado y quedas contemplando una vez más hacia la nada, con la mente en blanco.

Transcurridas un par de horas, sales de local, agradeces el gesto y luego comienzas a caminar sin rumbo aparente. No quieres volver a la mansión, al menos no esta noche. Así que, en medio de la nada, te das el lujo de contemplar a la larga ruta con añoranza. Ágilmente, trepas por el poste para contemplar aquellos sinuosos caminos que sabes de memoria y te sientas sobre un cartel de metal.

Oyes un par de motos y sonríes al vacío, pensando que no es más que tu imaginación que juega un tonto revés. En algún momento, te parece ver cómo Reiko y tú pasan por ahí, riéndose junto a sus amigas de la banda.

Extrañas tu antigua vida y el peso de esto comienza a ser un verdadero problema.

Las chicas de FranChouChou son geniales, hermosas, simpáticas, gentiles, muy genuinas y por favor, tienen más agallas que cualquiera. Las atesoras, te has acostumbrado a su compañía, a escuchar sus risas, a despertarte con los gritos de Tae cuando persigue a alguna de ellas y a las locuras del mánager, quien ahora mismo se encuentra contemplándote desde el suelo.

De hecho, el idiota tiene los brazos cruzados, un gesto imperturbable y entiendes que no dirá nada hasta que decidas bajarte de ahí.

Eso haces, de un salto, pero en el transcurso, pierdes alguna de tus extremidades. Rápidamente, recompones las piernas y buscas el brazo que él te entrega en completo silencio. Una vez que estás nuevamente en una pieza, te incorporas del suelo y lo contemplas con un leve rubor en tus mejillas. Te da vergüenza admitir que te has comportado como una tonta frente a todo el mundo, que has lastimado susceptibilidades y que probablemente esas chicas están preocupadas porque ya deben ser las tres de la madrugada.

―Tienes ensayo mañana ―. Te espeta de manera fría.

―Lo sé.

―Están preocupadas ―. Abre la puerta para dejarte pasar ―. ¿Qué te pasa? ¿Tienes idea del lío en que puedes meterlas si sigues con estas actitudes de mierda?

"¡Cállate, sólo cállate de una puta vez, Kotaro!"

―Lo siento, no puedo ser perfecta como el resto de tus niñas. Intento adaptarme a esta nueva realidad, pero no soy tu marioneta... ¡Toda mi vida hice lo que quise!

―¡Y así es como te fue!

Kotaro frena el auto de manera brusca y te contempla al rostro. Está exasperado y tú también porque aprietas los puños con ira.

―¿Qué estás insinuando?

―Tu vida era un desastre antes de morir, ¿No? Eras una delincuente, la más terrible de todas y la más violenta; llevas más muertes a tus espaldas que cualquier policía corrupto, pero ¡Eso quedó en el pasado! ¡Aprende a vivir con el peso, zombi estúpida! ¡Tus días salvajes ya se fueron, se esfumaron, adéus!

Duele.

Duele que te lo repita con semejante saña; tu corazón aprisiona violentamente. Las lágrimas caen duramente sobre tu regazo, es que ya no tienes la voluntad de ocultarlo. Kotaro parece comprender que se ha ido a la mierda e intenta decir algo para recomponerlo. Trata de poner una mano sobre tu hombro, pero lo apartas con brusquedad y el brillo herido de sus ojos evita que insista como siempre lo hace.

―No quiero tu lástima.

Cuando vuelven a la mansión, a pesar de que ha hecho de todo para hablarte, buscas el lugar más lejano al resto de las personas con las que convives y te encierras ahí. No quieres salir, esta vez serás tú la que desea un poco de privacidad. En el fondo, lo lamentas por las chicas. La verdad es que siempre te dio asco mostrarte débil; mas, a veces, es necesario que tengas un tiempo para ti.

Desde que has despertado, ¿Cuándo fue el momento que te diste el lujo de pensar qué pasa por tu podrido cerebro?

No puedes estar detrás de ellas todo el día, no eres su jodida niñera y si bien, has asumido el rol de ser la líder, lo hiciste porque querías demostrar, a no sabes quién, que aún podías tener el control de tu vida. Claramente, jamás fue así, entiendes que Kotaro lo aceptó porque las cosas funcionarían medianamente.

Y también estás al tanto de que lo hizo porque a Sakura eso no le molestó.

Oh, sí.

"Que me llamen imbécil si no es así…"

No eres idiota respecto al tema, tienes dieciocho años y mucha más calle que todas esas chicas juntas. Si hilas fino, puedes darte una idea de que Kotaro está muy enamorado de Sakura, pero la tonta siquiera se da cuenta de lo que sucede a su alrededor. No sabes hasta qué punto ella puede corresponderle los sentimientos o si lo hace durante las noches. No obstante, tienes entendido que las Idols no pueden tener ningún tipo de relación más allá del ámbito laboral.

Por ende, el romance entre Kotaro y Sakura está más que truncado y eso, en cierta manera, te genera un cruel, egoísta e inmenso alivio.

Ya bastante chocante es entender el favoritismo del mánager por esa niña que suele ahogarse en un vaso de agua. Probablemente ustedes han sido resucitadas para acompañarla en esta travesía y les lavó el cerebro día y noche para que pensaran que era una segunda oportunidad de cumplir sus sueños.

Convertirte en una tonta Idol no era tu sueño, sino el de Sakura y siempre fue así.

Despiertas a la mañana siguiente y de sopetón, luego de escuchar un par de ruidos detrás de la puerta. Tae está intentando derribarla, gruñe desesperada para que le prestes atención. Eso es extraño, ella suele ser la que menos se comunica contigo, a pesar de que te sigue como a una fiel sombra.

No quieres que Kotaro vuelva a hacerlas trabajar extra para que paguen otro vidrio roto, así que la abres. La chica te contempla con sus ojos rojos y esa mirada perdida que te causa cierto sentimiento de ternura. La dejas pasar y vuelves a trabar la madera, para que nadie más las interrumpa.

A pesar de que anda por los treinta años, Tae se comporta como una niña pequeña que requiere constante atención y la verdad es que a ti no te molesta dársela. Ella no puede hablar, pero si lo hiciera, te atiborraría de preguntas que difícilmente podrías responderle. Sus largos brazos se enroscan en tu cuerpo y percibes que los dientes muerden y succionan la carne de tu piel. Sonríes y cierras los ojos, con un sentimiento extraño de paz, mientras tus dedos se pierden en la larga mata de cabello desordenado y limpio.

Estás quedándote dormida de nueva cuenta, cuando alguien toca gentilmente la puerta. Ese suave golpe lo puedes reconocer como que se trata de Junko, porque si fuese Ai, ya la hubiera hecho mierda. Ni hablar de Sakura, quien mágicamente no se encuentra buscándote como loca y eso, aunque sea insólito, duele muchísimo.

"Quizás no soy tan importante para ella como me gustaría, ¿No?"

Tae intenta responder con un suave gruñido y tú pones la mano sobre su boca. Haces un gesto negativo con la cabeza para que mantenga el silencio y vuelves a llevarla contra tu cuerpo con la clara intención de que siga mordiéndote.

Al cabo de unos lagos minutos, los golpes desisten y oyes los pasos que se retiran. Tae deja de morderte, se levanta, abre la puerta y sale corriendo detrás de Junko, quizás para comunicarle a su manera que necesitas un poco de privacidad. Vuelves a encerrarte y llevas la mano sobre tu cabeza. Sientes que estás a punto de enterrarte en desesperación y depresión que te presionan desde hace semanas.

No tener el control de las cosas, te está volviendo loca. Peor aún, esta nueva realidad en la que tal vez no eres tan importante para el resto como fantaseaste desde siempre, es terriblemente avasalladora.

Además de Reiko, ¿Tus amigas de Dorami te habrán llorado?

Quizás no.

Eras la capitana, te tenían respeto y se comportaban sumisamente; pasaban todo el día juntas y hasta creíste que habían conformado una familia maravillosa. No obstante, siempre existió cierta rivalidad, todas querían tener tu puesto. Si se disolvió, habrá sido porque Reiko ya no quiso seguir y eso destruyó el imperio que habían construido hasta la llegada de María.

"Aunque la niña no tiene madera para esto…"

¿Verdad?

―Saki-chan… ―te sobresaltas al oír la suave voz de Lily ―Saki-chan, soy Lily… Ábreme, por favor…

―Joder… ―cubres tu rostro, agotada por el estrés.

―Quiero estar contigo ―. Su voz se quiebra un poco y eso te genera un agudo sentimiento de culpa ―. Somos amigas, ¿No?

"Qué niña manipuladora", reflexionas ahora, con una sonrisa involuntaria.

Al abrir la puerta, te encuentras con el renacuajo que se halla acompañada de Sakura. Ambas ya se encuentran maquilladas, quizás porque les gusta verse bonitas; después de todo, Kotaro es todo un artista plástico. Al instante en que los ojos de Sakura se cruzan con los tuyos, evitas hacer algún gesto amistoso.

Te sorprendes cuando percibes cómo te abraza Lily, soltándose del brazo de la otra chica para lograrlo. La mayor de ambas visitantes no dice nada, sólo se mantiene ahí, con un gesto imperturbable y claramente decaído. Tiene ojeras casi negras, quizás no ha dormido demasiado, por lo que levantas una ceja con ironía.

―¿Qué pasa, Sakura? ¿Has tenido una larga charla nocturna con el señor sombras?

La joven centra sus ojos tribulados en tu rostro y se sonroja, ipso facto.

―¿A qué…?

―Ni te molestes.

Apartas a Lily con la mayor delicadeza posible y vuelves a encerrarte.

Planeas quedarte ahí hasta que vuelvan a convertirte en un jodido cadáver para que sigas pudriéndote en la tumba o donde fuese que estuviese tu cuerpo antes de ser reanimado de manera tan injusta.

Te sobresaltas cuando oyes cómo una enfurecida Sakura golpea la madera una y otra vez; Lily se ha marchado de ahí. Si la has hecho llorar, no te lo perdonarás.

―¡Saki-chan ábreme! ¡Ábreme! ¡ÁBREME! ―vuelve a aporrear con más intensidad, probablemente planee derribarla de una vez por todas.

Transcurridos unos diez minutos con la misma modalidad, le concedes el placer de hacer sus sueños realidad y la enfrentas a pocos centímetros de su rostro. Percibes cómo sus mejillas se sonrojan un poquito al tenerte tan cerca y, con cierto sentimiento de oscuro placer, oyes a la perfección su respiración temblorosa.

―¡Quiero que me dejes en paz! ¡Ve a hacer lo que haces con ese imbécil y déjame!

―¿Pero qué carajos estás in….?

―Por favor, ¿Te piensas que no lo sé? De verdad, ¿Me crees tan imbécil como el resto? ―estás yendo lejos y probablemente esto no tenga arreglo, pero la situación te exaspera y cuando eso sucede, las consecuencias siempre son muy negativas ―. Podré hacerme la estúpida, pero sé la relación que tienes con Kotaro. Sé que te ama más de lo que parece demostrar y que siempre ha sido así. De hecho, te trata como a su jodida princesa y a ambos les ha valido un carajo lo que podamos sentir al respecto. Ya que tienes tus recuerdos preciados, seguramente estás al tanto él tenía relación contigo desde mucho antes, ¿Verdad? ―entrecierras los ojos con claro desprecio ―. Siempre fue sobre ti, siempre se trató sobre ti, imbécil.

―Saki…

―Ahora, hazme el favor de ser una buena complaciente como siempre lo eres y déjame de molestar. No quiero saber nada de ti ni de ninguna de este estúpido grupo. Estoy harta de ser la tonta que gira alrededor de la estrellita y no, no me pongas esa cara de mosquita muerta, si sabes que todas hacemos lo mismo… ―pasas saliva, aún tienes mucho para gritarle. Joder, son cosas que guardaste desde el inicio de todo esto, hace ya casi un año ―. Lo que pasa es que algunas no tienen los ovarios para decírtelo y suelen guardárselo. Pero yo no soy así, ¡No lo soy! ― reparas brevemente en las lágrimas que ruedan por sus mejillas. Sí, que te has ido a la mismísima mierda ―. Así que, vete de una vez por todas, o ¿Es que de verdad quieres que te dé una paliza que mereces desde el día que te vi?

No es el mismo tono juguetón que siempre empleas. Esta vez, lo has dicho con tanto despecho y veneno, que logra su cometido. A pesar de que su gesto es más el de una persona que teme por su vida; el cachetazo que te da y la forma en que responde, te deja en claro que el daño probablemente sea irreparable:

―¡Te odio!

―¡No sabes cuánto lo hago yo!

Cierras la puerta violentamente y todo ese sentimiento tan negativo termina de colapsar para que prorrumpas en un llanto que a duras penas logras callar.

FIN DEL SEGUNDO CAPÍTULO


NdA: ¿Qué puedo decir? Simplemente, ¡ME ENCANTA EL DRAMA! ¿Qué imaginan que pasará en el siguiente capítulo? ¡Nos veremos pronto!