Disclaimer: ZLS ni su franquicia me pertenecen. ¡Paz!


3

―Si no abres la puerta, te daré la paliza de tu vida y no soy como el resto, yo amenazo y cumplo.

Esa frase te deja bastante sorprendida y, con una incrédula sonrisa, te incorporas para responderle. Inocentemente, crees que quizás pueda comprenderte un poco más que tus otras compañeras. Durante un brevísimo momento, tus ojos se centran en aquellos rojizos de la ex estrella Idol. Empero, desplomas tus tontas fantasías al notar que tiene los brazos cruzados y que su gesto es el preludio para avisarte que no anda de muy buen humor.

Antes de que puedas decir algo para defenderte, su mano impacta contra tu mejilla y prácticamente te quita la cabeza del torso. No puedes siquiera bloquear el resto del ataque, Ai cierra la puerta de una patada, busca la cabeza que el cuerpo también intenta hallar sin éxito y la pone otra vez en su lugar.

Ni Yuugiri golpea tan fuerte como esa chica.

―¿Qué caraj…?

―¡Eres imbécil o qué, Saki Nikaido?

Es la primera vez que la ves tan enojada contigo. Aunque no era tu intención sacarla de las casillas; sí que se encuentra molesta. Toma tus brazos de sopetón y te zarandea un par de veces. Su mano vuelve a impactar sobre tu otra mejilla en una moción que te duele hasta el infinito y el más allá, aunque se trata más bien de índole espiritual.

―Perdón…

―Escúchame, Saki, ¡Óyeme bien! ¿Te piensas que yo no extraño a mis amigas? ¿Te piensas que no quisiera reunirme con mi antigua banda? ¿Qué crees? ¡También lo perdí todo! También me gustaría estar con ellas, pero no me queda otra que seguir… ―traga sus lágrimas con un valor inquebrantable y luego te sonríe de manera rota ― joder, deja de ser tan caprichosa. Es lo que nos toca vivir, aunque estemos muertas, ¿No? Tú misma lo has dicho más de una vez, hay que mirar hacia adelante y no flaquear más, imbécil… ¿O eres de las que predica, pero no lo pone en práctica?

-¡Deja de insultarme!

En respuesta, ella se queda callada un largo rato, sorprendida por tu estado.

-¡Hasta que no te disculpes con el resto, no lo haré, estúpida! No eres la única y original que llora todas las noches por ver a las personas que has perdido y…

-No me busques, Ai…

-Ni tú a mí.

Se enfrentan de manera intimidatoria.

Los ojos de Ai jamás expresaron tanto enojo y frialdad como ahora y tú te encuentras demasiado picada como para dar brazo a torcer. Buscas algo con qué golpearla y devolverle aquellos injustificados cachetazos, aunque se adelanta y te agarra de los brazos con una fuerza descomunal. Forcejea durante unos cuantos minutos, aun cuando no deja de llorar. Lo sabes, claro que estás al tanto de lo mucho que le dolió perder a sus amigas de la manera en que lo hizo. El rayo no la mató enseguida, sino que transcurrieron varios minutos antes de que su cuerpo no resistiera ante semejante impacto; lo contó en una de esas largas noches que...

Súbitamente, su rostro queda a unos centímetros del tuyo, la respiración agitada y la manera en que te contempla, te sobrecogen un poco. Nunca ha pasado algo así, más allá de las veces que se mete en tu futón por temor a las tormentas. Durante esas extrañas y larguísimas noches, tus dedos recorren su menuda espalda, a veces acaricias los cabellos cortitos o exploran la suave piel de su nuca; sus respiraciones chocan de vez en cuando y, en respuesta, tu corazón suele latir de una manera estrambótica, tanto que saldría de tu estúpido pecho si fueras Lily.

―Pero ¿Quién te crees que…?

―Demuéstrame que eres la capitana del Dorami. Demuéstrame que eres la líder de este grupo o no te respetaré ―susurra con una cadencia intimidatoria.

―No es que quisiera seguir en este grupo de mierda. –ignoras su más que dolida mirada; las lágrimas aún no dejan de caer de su rostro ―Yo no pedí que me despertaran, Ai...

―Pues… ¿Qué crees, Miss Imbécil? ¡Ninguna de nosotras lo hizo!

Cierras el pico de una vez por todas y la vuelves a contemplar.

Continúa llorando y, a pesar de que sabes cuánto odia verse débil frente a sus amigas, está desnudando su alma como tú lo has hecho. Ai es una persona de fuertes convicciones y actitudes muy avasallantes; así que, si se encuentra visiblemente destrozada, es porque le tocaste una vena muy íntima.

Estás a punto de disculparte por haber ido tan lejos con tus enfurruñamientos; mas tus mejillas se calientan al instante en que comprendes el significado humano sobre la manera en que mira tu boca. Siempre habías sospechado que tiene cierta inclinación por las mujeres como tú, pero esto es…

-¿Qué? ¿Ahora quieres besarme?

"¿Qué estoy diciendo?" Te reprochas, avergonzada "¿Qué fue ese impulso?"

No obstante, tus incriminatorios pensamientos se cortan al obtener una clarísima respuesta de voz temblorosa.

―Ganas no me faltan.

Tragas pesado.

Tu parte racional grita que debes apartarte y decirle que es una estúpida broma de mal gusto, pero tu boca se mueve nuevamente por arte de magia y la insólita propuesta escala velozmente.

―Hazlo. Hazlo de una vez, si tienes los ovarios para eso.

Siquiera hizo falta que volvieras a repetírselo.

Tomándote desprevenida, sus labios impactan con fiereza sobre los tuyos y te empuja contra las vacías cajas de sus uniformes de presentación que hacen un ruido descomunal. Trastabillas sobre los talones, caes de espaldas al piso y, como ella te mantiene unida a sus manos, hace lo mismo. El impacto contra tu cabeza es duro, pero no deja de besarte con una cadencia que nunca habías experimentado.

Para tu enorme sorpresa, suspiras su nombre de manera apagada.

Con cierta extrañeza, puedes percibir que no es muy experta en el tema. Su boca se mueve torpemente sobre la tuya, mientras los dedos buscan los bordes de la chaqueta para acercarte aún más de lo que ya se encuentran. A pesar de que no lo necesitas, intentas respirar entre los besos y, para mejorar a tu pobre autoestima destruida, logras tomar el ritmo que impone y doblar la intensidad.

Con extremo placer, puedes oír cómo gimotea cuando lames su labio inferior. Deja de tironear la chaqueta y pone las manos sobre el piso de madera para seguir liderando el encuentro.

A pesar de tu larga lista encuentros sexuales, estás segura de que nunca te invadió este alarmante e intenso cosquilleo cuando alguien se sienta sobre tus caderas y los dedos despeinan tus cabellos con cierto dejo de desesperación. Sus lágrimas continúan mojando tu mejilla, te sientes del asco por haberla lastimado de esa forma; pero todos esos pensamientos se trasmutan a un audible suspiro al instante en que una de sus piernas abre las tuyas para empujar deliciosamente el centro de tu anatomía.

La contemplas sin hilar dos pensamientos coherentes; comprendes muy bien lo que pretende. Pese que deberías negarte, flexionas las piernas para dejarle mayor espacio; te encuentras oscuramente complacida ante el hecho de que aprendió a dominar tus sentidos con una rapidez sobrecogedora. Ai no da tregua, se mueve en un suave vaivén contra ti; su piel, generalmente helada, hierve y te erizas apenas su lengua se hace espacio en tu boca. Su fiera mirada contempla atentamente a cada una de tus reacciones y las mejillas se te colorean aún más. El calor que envuelve esta habitación te ahoga, el espacio entre sus cuerpos se ha vuelto tan ínfimo y sus movimientos se te antojan tan deliciosos; que un sonoro quejido nace desde lo más recóndito de tu garganta.

La extraña sensación en tus entrañas amenaza con enloquecerte, la virulenta adicción que te produce el beso se vuelve agobiante, clavas los dedos en su espalda casi por instinto y, con un tímido gesto, permites que sus dedos te acaricien para levantar la falda y, así, su rodilla impacte duramente contra tu intimidad.

Ai suspira y sonríe triunfal al sentirte húmeda. Sus ojos se vuelven hambrientos, las mejillas están encendidas y ya no llora. Sus manos buscan los bordes de tu camisa para desabrocharla y tú has metido las tuyas debajo de su ropa con el fin de acariciar ese cuerpo que más de un pensamiento obsceno te arrancó durante aquellas noches que prefieres enterrar bajo la alfombra.

Si no haces algo, estarás a punto de perder el control y, si ya la has cagado con Sakura, no quieres dimensionar a qué extremo lo harás con Mizuno.

En algún corto momento de lucidez, la apartas con un seco empujón, respiras agitada y apenas puedes poner tus pensamientos en orden. Ella te contempla de igual manera, se limpia los labios con la manga de la camisa que se encuentra bastante desacomodada. Sus mejillas se han ruborizado levemente y aparta la mirada sintiéndose tan avergonzada como tú.

―Olvida esto ―. Susurra, con un hilo de voz.

―¿Por qué? ¿Te avergüenza que quieras cogerme? ―ríes entre dientes con una amargura impresionante. No es la primera vez que una chica dice eso luego de haber tenido un encuentro de índole sexual contigo ―. ¿No tienes los ovarios de aceptar que te caliento?

―No es eso.

―¿Entonces…?

Incrédula, observas cómo se incorpora y se dirige lentamente hacia la puerta, sobándose el brazo derecho que presenta un rasguño.

―Porque no soy la única persona que te ha visto con otros ojos dentro de este grupo y no quiero decepcionarla… Es mi amiga tal como tú ―. Frunce el entrecejo, claramente molesta consigo misma ―. Te espero al ensayo en quince minutos. Si no te veo, vendré aquí o donde sea que estés y te juro que desearás seguir pudriéndote en el agujero donde te encontrabas.

―¿Qué demonios acabas de…?

―Ensayo. Ahora. ¡Mueve tu trasero, Nikaido o te lo llenaré a patadas!

―Pero ¿Qué carajos es todo este escándalo? ―el mánager acaba de hacer su gran presentación estelar, dejándote sin palabras para contrarrestar semejante discusión.

Ai finalmente se ha marchado, llevándoselo puesto.

Él te contempla desde su estatura y frunce los labios. Hasta puedes imaginarte cómo te desprecia bajo esos anteojos negros, si es que tiene ojos.

―Nada de tu incumbencia.

―Escuché todo ―. Sudas frío y lo enfrentas a pesar de que esperas la reprimenda del siglo ―. Todo, desde lo que le gritaste a Sakura hasta lo que pasó con Ai.

―¿Con qué derecho…?

―Quiero que te guardes todo el orgullo, levantes ese jodido culo y vayas al ensayo. No aceptaré un no por respuesta, Saki ―. A pesar de que parece realmente enojado, te levanta del suelo con gentileza ―. El grupo no existe sin ti. Todos y cada uno de sus miembros son importantes, ¿Entiendes?

―Ay, por favor…

―¡Saki! ―vuelve a llamarte la atención, tomándote de la barbilla; gesto que te recordó al primer día que se conocieron ―. No sé con qué derecho te crees de decir todo lo que dijiste, pero por más que te hayas dado cuenta de ciertas cosas, no es algo que tengas que estar ventilando por todos los pasillos. Ni se te ocurra decirlo en los ensayos y menos que menos, en los conciertos.

―¿O sino qué…? ―lo apartas con un leve empujón.

―El regalo que te compré a pedido de Sakura se romperá.

―¿A qué mierda te refieres?

Con una sonrisita orgullosa, muestra un pequeño dispositivo que bien reconoces. Frunces el entrecejo, absolutamente sorprendida antes de que tus mejillas se coloreen con una lentitud exasperante.

―¿Te gusta? ―antes de que puedas alcanzarlo, abusa un poco de su gran estatura lo levanta a una distancia que no llegas ―. Ve al ensayo, cumple tu papel de líder y te lo daré. Caso contrario, terminará en la basura.

―¡No es tu regalo! ¡Es el de Sakura!

―Oh, ¿Y tanto te gusta ella?

―¿Qué carajos estás diciendo…? ―apenas puedes articular con las mejillas rojas de la vergüenza

―Te gusta ella y retozas sexualmente con otra compañera de trabajo, ¡Qué interesante forma de gustar que tienes!

―¡Cállate!

―¡Te recuerdo que las relaciones entre los miembros es un tabú, zombi estúpida!

―No te metas en donde no te corresponde, idiota…

―¿No me importa? ¡Por supuesto que lo hace!

―Sólo te importa lo que le pasa a Sakura y siempre fue así. No quieres que nos relacionemos con las personas que amamos en vida, pero tú sí puedes…

―¡Ustedes son las que salvarán Saga y tus actitudes de princesita sólo están empeorando las cosas...! ¿Entiendes que, si ambas estuviesen en otra unidad y las encontrasen a punto de tener sexo, Ai sería inmediatamente humillada en público? ¡Deja de pensar sólo en ti por una vez en tu puta vida!

―¿Cómo te atreves…?

Las palabras se te atascan en la garganta junto a una extraña urgencia de llorar.

―A no ser que se trate de una foto o una promoción tonta del grupo, ese tipo de contacto está más que…

"¡Deja de hablar como si me conocieras!"

―¡No me sermonees y dámelo!

Nope, lo compré con mi dinero.

―¡Dinero que nosotras ganamos para ti, imbécil!

Antes de que vuelvas a saltar o darle una piña en el estómago, te atrapa en un abrazo asfixiante que resuena tus jodidas articulaciones. Pese a que se siente algo incómodo, puesto que es lo que esperabas de Ai y no de él; no puedes dejar de percibirte muy reconfortada.

Te sientes la imbécil del siglo.

Has hecho una patética escena de celos porque él supuestamente está con Sakura. Siquiera puedes poner en orden lo que sientes por esa chica y por Ai. Menos que menos, logras olvidar tu pasado con Reiko.

Lo único innegable aquí es lo mucho que te quiere ese extraño y misterioso hombre. Por supuesto que se da a su estrafalaria manera de ser.

Las peleas quedan dormidas en un cajón cuando te aferras a su chaqueta. Sonríes un poco cuando sientes las suaves caricias en tu cabello y, antes de que se defienda, logras hacer una llave para derribarlo al suelo. Te carcajeas triunfalmente y logras arrebatarle el dispositivo. Haces un gesto petulante y él, en respuesta, se ríe entre dientes, antes de que lo ayudes a incorporarse.

―¿Te sientes mejor? ―susurra Kotaro, de manera capciosamente cariñosa ―. ¿Dejarás de enfurruñarte porque no puedes estar con el amor de tu vida? ¿Los tratos gentiles que te da Ai-chan son suficientes para ti?

―Cierra el culo.

Limpiándote la ropa, caminas directo hasta la sala de ensayo, sintiéndote mucho mejor que hace dos días.

Aún la estantería sigue tambaleando, pero ha sido un shock de energía positiva.

Una que hace tiempo, no sentías.

―Por cierto, Saki ―. Te detiene antes de que salgas de la mansión.

―¿Qué pasa? ―preguntas de manera bastante insolente y poniendo las manos sobre tus caderas ―¿Algo más para refregarme?

―Sakura y yo sólo somos compañeros dentro de un mismo barco.

―¿A qué...?

―Ella decidió su propio camino hace tiempo y no soy quién para interponerme entre sus deseos personales y lo que me gustaría, ¿Entiendes lo que estoy diciéndote, zombi estúpida?

Claro que lo haces, pero aún te causa un poco de escozor admitirlo en voz alta. No puedes dejar de sentirte bastante irónica por todo lo sucedido.

¿Qué es lo que realmente quieres?

―¿A qué viene eso? ―espetas jactanciosamente, aunque no puedes evitar que una pequeña sonrisa se dibuje en tus labios ―. ¿Otras de tus ideas descabelladas?

―Sakura jamás corresponderá a mis sentimientos y si lo hiciera, ya es bastante popular como para arriesgarse a tener algo conmigo, ¿Así o más claro?

―¿Qué estás insinuándome? ―le das la espalda ―. No me gusta Sakura…

―Claro… ―percibes la clara ironía de su voz ―. Aún lo hace Reiko, ¿Verdad?

Tu gesto rápidamente se vuelve nostálgico y algo aprieta tu pecho con una saña impresionante. A pesar de que tus ojos se llenan de lágrimas una vez más, logras sacar aquella tristeza que te está carcomiendo desde hace días. Expugnas a la culpable que hizo estallar la bomba cuando menos lo esperabas.

―Sólo puedo acercarme a ella siendo una Idol, ¿Verdad? ―pronuncias haciendo un ruidito con la boca de pura desaprobación ―. Se vería terriblemente mal que una mujer casada y con una hija, se relacionara con una adolescente.

―Saki…

―Y, por cierto, Kotaro… ―pones las manos detrás de tu cabeza y suspiras, antes de seguir caminando ―-. Reiko también eligió su vida y no me encuentro en ella desde mucho antes de que muriera. Así que, te aseguro que no estás solo en esta. Ambos nos encontramos en el mismo barco de mierda desde siempre…

―¿Y Ai?

―Eso no es de tu incumbencia.

Finalmente, te marchas dejándolo con las palabras en la boca.

FIN DEL TERCER CAPÍTULO


NdA: ¡Llegué al tercer capítulo! Espero que les guste, que lo disfruten y que los haya tomado por sorpresa. ¿Qué les ha parecido? ¿Se lo esperaban?