Disclaimer: Inuyasha pertenece a Eumiko Takanashi, yo solo tomo el universo y a los personajes para bobear un rato.

Capítulo 1: Quiero volver a verte

Había sido una pelea difícil, Naraku murió llevándose consigo aquel halo de temor que aún rondaba entre ellos. La perla de Shikon se destruyó, tal como había deseado Kagome. Aquel día había sido caótico y nebuloso, incluso tenía solo pequeños destellos de recuerdos.

No supo qué más pasó después de haber terminado con todo el problema, el pozo la había llevado de vuelta a su época y arrancado a Inuyasha de su lado y ahora estaba sellado, y temía que eso fuera por siempre.

Tan solo a tres años de aquel día aún soñaba con sus amigos de la época antigua, los echaba tanto de menos que a veces se sentaba al lado de su ventana y miraba embelesada el árbol sagrado, quién sabe, quizá un día de esos aquel árbol se dignara a llevar su mensaje a sus amigos, aquel mensaje que contenía añoranza y cariño.

Por los pelos entró a la preparatoria que quería en aquellas épocas, no se arrepentía de irse cada dos por tres y dejar tirados sus estudios, después de todo gracias a esos grandes sacrificios muchos se habían salvado de las garras de Naraku y la perla, entre ellos Kikyo y Kohaku.

Estaba por terminar la preparatoria, ya estaba realizando los papeleos necesarios para entrar a la universidad y eso la tenía vuelta un manojo de ansiedad y nervios. Al menos sabía que estando en ese proceso no iba a tener cabeza para entristecerse y divagar en sus recuerdos.

El día después de la graduación fue a sentarse pegando su espalda al árbol sagrado, rutina diaria que seguía religiosamente. Miró durante un breve momento la marca que había dejado Inuyasha en él y sintió el escosor en sus ojos, hace mucho que ya no lloraba, solo añoraba algo que sabía no iba a volver.

Se decidió a ir por última vez al pozo y después pedirle a Sota que la ayudara a cerrarlo, llenarlo de tierra y clausurar ese sitio donde estaba, solo la hacía ilusionarse en vano.

Bajó las escaleras y reposó sus manos en el bordo, delineó la madera y dejó que, aunque sea por última vez, sus lágrimas salieran libres por su rostro cayendo al fondo de ese oscuro lugar. Cerró los ojos y al abrirlos sintió la brisa fresca y limpia que en sus memorias aún vivía, miró con asombro que dentro del pozo podía verse el cielo claro y despejado que tanto añoraba.

—¿Kagome? —preguntó su madre tras ella. Kagome la miró con los ojos llenos de lágrimas, su labio temblaba y no podía soltar el borde del pozo.

Una pequeña y significativa charla con su madre bastó para decidirse, volvería a la época antigua, volvería con aquellos a los que no podía olvidar, aún si eso significaba dejar atrás a su familia.

—Ve, hija, sé feliz —le sonrió su madre aguantando las lágrimas, sin duda quería que esa última imagen que tuviera su hija de ella fuese sonriendo y no llorando.

Kagome no lo pensó más y se lanzó al pozo tras darle un fuerte y sentido abrazo a su madre. Aquella luz lejana en sus memorias volvía a envolverla nuevamente llevándola de vuelta aquel lugar al cual tanto deseaba volver.

Estando del otro lado sintió la tierra del pozo y alzó la mirada, aquel cielo despejado y limpio le dió la bienvenida. Comenzó a trepar ayudada de la enredadera que siempre había estado ahí hasta que una mano se asomó desde la entrada. Podría reconocer esas manchas rojas y esas garras donde sea, en cualquier lugar y en cualquier situación. Se sujetó con fuerza y fue alzada sin problema fuera del pozo.

Los brillantes y añorados ojos de Inuyasha fueron todo lo que quiso ver al salir del pozo. Él la miró de vuelta con tanto anhelo que creyó estar viendo a sus propios ojos en ellos.

—Estoy de vuelta, Inuyasha —dijo con una sonrisa temblorosa, el llanto le iba a ganar, no podía creer que nuevamente estaba ahí con él, sosteniendo su mano como en los viejos tiempos.

Inuyasha la ayudó a bajar y la estrechó fuertemente entre sus brazos, una sensación de calidez llenó su corazón cuando correspondió el abrazo.

Caminaron en un silencio grato tomados de la mano hasta la aldea, ninguno quería apresurar el paso para así poder disfrutar un poco más de la compañía del otro.

Llegaron primero a la casa de la anciana Kaede, quién salió a recibirlos dejando caer la cesta que llevaba en sus manos.

—¡Kagome! —exclamó sonriendo con sorpresa, detrás de ella salió Kikyo quien la vio de la misma forma, fue hasta ella y le tomó las manos sin ser tan emocional como los demás.

—Kagome, me alegra tanto verte de nuevo —dijo Kikyo sinceramente, mostrando apenas una pequeña sonrisa.

—A mí también Kikyo, me alegra estar de vuelta —Kagome no era tan seria ni formal, así que sin pensar demasiado le brindó un abrazo afectivo a Kikyo, quién, tomada por sorpresa, solo abrió los ojos sin poder corresponder a tiempo.

I

Ahora Kagome vivía con las otras dos sacerdotisas, quienes la entrenaban y enseñaban todo lo que fuese necesario, pues a pesar de que la perla de Shikon había sido destruida junto a Naraku, aún había demonios rondando los alrededores y causando destrozos en las aldeas.

Desde hace algunos días atrás Inuyasha se había puesto a construir una pequeña cabaña a la entrada de la aldea, allá donde era más tranquilo y el flujo de aldeanos era más bien poco. Con curiosidad tanto Kagome como Kikyo iban de vez en cuando a espiarlo, bastante insistentes en saber si tenía pensado instalarse definitivamente en la aldea.

Inuyasha nunca respondía, volteaba molesto y con un ligero sonrojo. Las dos mujeres se veían entre sí y se reían de él.

En ese lapso de tiempo, poco menos de dos meses, Kagome y Kikyo se habían vuelto bastante cercanas, y la relación que ambas tenían con Inuyasha era extraña, muy extraña, no estaban en plan romántico, pero a veces él se quedaba hasta tarde platicando con Kagome sobre esos tres años o con Kikyo sobre el pasado, puesto que en ese tiempo se habían vuelto a contentar después de todo lo sufrido.

Kagome no interfería en eso, aparte de ver a Inuyasha de nuevo también lo había hecho por sus amigos, los cuales apenas se asomaban a visitarla ya que la labor de padres exigía su tiempo todo el día.

Sin embargo un día Inuyasha la citó en un claro del bosque, específicamente en el árbol sagrado, cerca del pozo pero a la vez algo retirado.

—¿Sucede algo Inuyasha? —preguntó Kagome cuando llegó y lo vio caminar en círculos como león enjaulado.

Inuyasha emitió un gruñido, signo de que estaba desesperado. Kagome iba a preguntar de nuevo cuando él, sorpresivamente, la tomó de las manos y la miró a la ojos con tal intensidad que hizo que contuviera el aliento.

—Kagome, cásate conmigo —no había vacilación ni duda en la mirada de Inuyasha, quién se mantenía a la expectativa frunciendo el ceño sin soltar sus manos.

Un caos de emociones cruzó el corazón de Kagome hasta que finalmente le dió el sí lanzándose a su cuello en un abrazo. Inuyasha la alzó del suelo y le dió un par de vueltas antes de dejarla en suelo nuevamente.

—Ni siquiera hacía falta que preguntaras —sonrió ella antes de pararse en puntas y darle un beso a Inuyasha.

II

Habían pactado la ceremonia para dentro de seis meses, aunque Inuyasha lucía algo desesperado por hacerlo pronto Kagome había sugerido esperar un tiempo prudente, que Inuyasha terminara de construir la cabaña y que se hicieran de algunas cosillas como ropa, utensilios y muebles. Inuyasha terminó por ceder, por supuesto. Kagome seguiría viviendo con Kikyo y Kaede hasta que la boda se realizara, según había ordenado Kaede, después de todo estaba mal visto que vivieran como pareja sin estar en matrimonio.

—¿Estás ansiosa? Sin duda debes estarlo —preguntó una tarde Kikyo mientras ella y Kagome habían salido al bosque a buscar algunas plantas para unas medicinas.

—Ansiosa no, nerviosa, bastante —admitió Kagome dejando la cesta de lado. Miró a Kikyo un poco más seria y volvió a tomar la palabra—. Kikyo, sé sincera conmigo por favor, ¿No te molesta? Es decir, creo que aún amas a Inuyasha…

—Y lo amo, Kagome. Pero él y yo ya no podemos estar juntos, y aunque pudiéramos y tú no estuvieras yo seguiría sin querer estar con él. Es complicado tomando en cuenta que lo amo, pero no deseo estar a su lado como pareja —explicó Kikyo tranquilamente dejando su cesta también, fue a recargarse al lado de Kagome y volvió a hablar—. Estuve tres años aquí, y en ningún momento le di señales de querer estar a su lado de ese modo, y él tampoco lo hizo conmigo. Él te ama, Kagome, te escogió y quiere pasar su vida a tu lado. Yo apoyo eso y me hace muy feliz verlos juntos, no dejes que la inseguridad reine en tu corazón —recomendóal final tomando sus manos y mirándola a los ojos, quería transmitirle toda su confianza.

—Así lo haré, Kikyo. Lo haré muy feliz y de paso seré feliz yo también —aseguró y como siempre sendo su costumbre se lanzó en un abrazo con ella.

III

Eso habían dicho, y aunque Kikyo alegaba que podía ir a sus misiones completamente sola Inuyasha se negaba a dejarla ir sin "protección", así que Kagome pasaba largas temporadas sola en la aldea, a veces días y a veces semanas, y cada vez que volvían Kikyo se disculpaba con ella, de todas formas Kagome sabía que la culpable no era Kikyo, si no Inuyasha, quién aún se sentía con la responsabilidad de cuidar a su antiguo amor y velar por su bienestar.

Sus amigos comenzaban a darse cuenta pero nadie comentaba nada, solo era algo entre ella y Kikyo, la cual se la pasaba incluso tratando de salir a escondidas de la aldea para que Inuyasha no la siguiera, siendo todo en vano tomando en cuenta el olfato y la velocidad del medio demonio.

La gota que derramó el caso ocurrió durante una de las visitas de Sesshomaru a la aldea, el cual iba a visitar a sus protegidas como lo hacía cada semana.

—Patetitco, es tu compañero y siempre se va tras aquella sacerdotisa —comentó cínicamente el hermano de Inuyasha, quizá era su forma de vengarse de aquella vez en que le gritó "cuñado".

—Señor Sesshomaru, eso es bastante cruel —comentó Yuu, aquella muchacha que cuidaba de Rin en la aldea.

—Amo Sesshomaru, hará sentir mal a la señorita Kagome —añadió Rin también, ambas desaprobando las palabras crueles del demonio, quién para no perder la costumbre, decidió ignorarlos y seguir su camino después de haberse desquitado de aquella "humillación".

Kagome frunció el ceño y apretó los puños, furiosa por tener que escuchar la verdad precisamente de la persona más apática e indiferente del mundo.

Se puso de pie y decidió que hablaría sobre eso con Inuyasha. Quizá en un pasado ya habían hablado sobre el tema de Kikyo, ella había aceptado todo y había estado dispuesta a estar a su lado a pesar de eso, sin embargo hace años ellos no habían estado a punto de casarse, las cosas ahora eran diferentes y ella deseaba que le dieran su lugar como la prometida y futura esposa de Inuyasha.

Tuvo que esperar tres días más hasta que Inuyasha se dignó a aparecer con Kikyo en su espalda, la cual le dedicó una mirada de entera disculpa. Kagome negó, sabía que no era culpa de Kikyo.

Esperó a que su amiga sacerdotisa se retirara a su cabaña para descansar y así tomar a Inuyasha y llevarlo a un sitio apartado de la aldea.

—Oye Kagome, si querias darme una buena bienvenida hubiera estado bien una comida caliente —se quejó Inuyasha creyendo que Kagome tenía otros planes.

La muchacha frunció el ceño y lo miró con seriedad.

—Quiero hablar contigo de algo muy importante —inició, inhaló hondo para poder hablar de forma moderada—. Inuyasha, ¿Tú y yo somos prometidos, verdad?

—Si, ¿A qué viene esa pregunta? —Inuyasha incluso ladeó la cabeza viéndola con extrañeza—. ¿Te sientes bien? —preocupado puso una mano sobre su frente y la de ella para comparar.

—No es eso Inuyasha —negó Kagome retirando su mano pero reteniéndola entre sus manos—. Inuyasha, pasas mucho tiempo fuera de la aldea y tampoco me permites acompañarlos, me haces sentir tan fuera de lugar…

Antes esa declaración Inuyasha alzó las cejas y miró embobado a Kagome, ¿Fuera de lugar?

—Me refiero a que desde que volví solo te he visto durante un corto tiempo, casi siempre estás fuera cazando monstruos con Kikyo, y créeme, no me molesta que salgas con ella para acompañarla en sus misiones, lo que me molesta es que te vayas durante mucho tiempo. Yo te he extrañado por tres años, y ahora que volví te sigo extrañando ya que de igual forma sigo sin poder verte.

Inuyasha tragó grueso y volteó a otro lado, sintiéndose culpable.

—Tú sabes que no puedo dejarla salir sola, la última vez que lo hice ella terminó muriendo —el tono de voz que utilizó fue bajito y dolido, quizá se encontraba rememorando aquellos tristes tiempos.

—Lo sé, no te digo que dejes de acompañarla, solo que no tardes tanto, o en todo caso me dejes acompañarlos también —ofreció como alternativa.

—De eso nada, es peligroso Kagome, no quiero exponerte —él negó de inmediato, frunciendo el ceño.

—Entonces no tardes tanto.

—Trataré de volver más rápido, te lo prometo —aseguró regalándole un beso.

—Confío en ti, Inuyasha.

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No pues hola (?) Espero que les guste esta historia, con mucho cariño para ustedes, veremos a una Kagome aplicando el Love yourself, la amiga se va a dar cuenta, oh sí, y no sólo ella. Digamos que mi propósito es dejar a Inuyasha como el perro de las dos tortas, pero con cariño 3

¡Bye!