Capítulo 2: No rompas tu promesa
Inuyasha cumplió su palabra, o al menos lo intentó durante el primer mes, después volvió a tardar nuevamente un par de semanas en volver y Kikyo no podía más que deshacerse en disculpas, sin embargo ella no podía parar sus constantes viajes, era lo único que daba sentido a su vida en esos momentos, ayudar a los demás y no sentirse en deuda por vivir de almas ajenas, Kagome lo entendía y por eso jamás le había reclamado algo a ella.
Después de ese mes la cosas en lugar de mejorar solo habían empeorado, Inuyasha, aunque en la aldea, seguía pasando tiempo con Kikyo quien a veces incluso debía esconderse en alguna barrera sagrada para que Inuyasha no la encontrara. Se la pasaba tras ella para que no escapara sola en sus viajes, y eso molestaba a Kagome, la cual le reclamaba y eso ocasionaba distintas peleas en la pareja.
—De acuerdo Inuyasha, haz lo que quieras —así fue como dió por terminada esa última pelea, tomó su cesto y fue al inicio del bosque, recolectar hierbas e identificarlas siempre la relajaba, aunque sin mentir ella preferiría un buen baño caliente.
Empezó a insultar y maldecir a Inuyasha en voz baja, refunfuñando para ella misma mientras arrancaba con coraje una planta.
—Kagome —una voz a sus espaldas la hizo voltear tan rápido que cayó de trasero al suelo, tirando su cesto de paso.
—Joven Koga —saludó apenada por la situación en que la encontró. Era verdad, Koga no sabía que ella había vuelto, sin duda en esos tres años también la había echado de menos.
—¡No puedo creer que estés aquí nuevamente! —la efusividad y emoción con que dijo aquello solo se vio opacado por el emocional abrazo que le brindó, levantándola del suelo, de paso.
—Volví hace unos cuatros meses, estoy viviendo en la aldea —comentó bastante risueña por el reencuentro, después miró su cesto y se agachó para recoger las plantas desperdigadas.
—Me hubiera encantado estar aquí para cuándo lo hiciste —Koga se agachó a su lado para ayudarla, la sonrisa bobalicona en su rostro parecía no querer borrarse nunca.
—¿Qué has hecho en este tiempo? Al parecer todos hicieron su vida mientras me fui —soltó el comentario al aire, volviendo a tener esa sensación de desapego.
—No mucho, he seguido guiando al clan con mano dura desde entonces. Adquirimos nuevos territorios y nos hemos mantenido fuertes. Un día te llevaré para que conozcas el lugar donde ahora vivimos, es hermoso —dijo con orgullo palmeando su pecho, lo que logró sacar una risilla de Kagome—. No habías reído sinceramente desde hace un rato, Kagome —reconoció Koga cambiando su semblante a uno más serio—. ¿A ti cómo te ha ido? —pregungó dirigiendo sus intensos ojos azules a los de ella.
Kagome se sintió descubierta y expuesta, así que puso su mejor sonrisa y respondió.
—Muy bien, la anciana Kaede y Kikyo me están enseñando más cómo ser una sacerdotisa, y...en unos meses me caso con Inuyasha —mantuvo aquella falsa sonrisa brillante con la intención de que Koga no notara su falsedad, y si la notaba daba igual, sus amigos también se habían dado cuenta pero preferían seguirle el juego.
—¿Y por qué no luces nada feliz al decir eso? Siento que llorarás en cualquier momento —comentó Koga poniendo gentilmente una mano sobre la cabeza de Kagome.
Su sonrisa tembló y los ojos se le aguaron echándose a llorar sin poder contenerse más, ni siquiera había podido hablar con Sango debido a que siempre parecía atareada con sus hijos.
Para qué mentir, Koga se asustó al verla llorar de aquella manera, ya la había visto así de desconsolada antes pero siempre estaba ese perrucho de Inuyasha para consolarla, así que se sentía inseguro y torpe sobre qué hacer al respecto.
—Ese imbécil de Inuyasha, ¿Qué hizo ahora? —así que solo pudo hacer lo que mejor se le daba: golpear a la fuente de dolor de Kagome, en este caso, Inuyasha. Pasó con torpeza su mano tratando de peinar el cabello de Kagome para consolarla, sin mucho resultado realmente.
Así estuvieron un rato, ella lloraba mientras él en silencio acariciaba su cabello para reconfortarla.
Pasados unos minutos, o quizá horas, Kagome dejó de hipar y talló su rostro donde aún quedaban marcas de lágrimas secas. Se avergonzó de su posible aspecto y trató de no ver a Koga a la cara.
—No te avergüences, es normal que el dolor deje marcas —el comentario de Koga fue acompañado de sus manos torpes tratando de limpiar la cara de Kagome, quién solo enrojeció de vergüenza.
—Lamento que me hayas visto así, joven Koga —se disculpó ella apenada, muy apenada, ni siquiera Sango la había visto así de descompuesta en esos días.
—¿Así cómo? ¿Tan sincera? —aquel lado bruto y con poco tacto que tenía el joven lobo sacó una sonrisa en ella, quien se puso de pie y palmeó sus faldas para sacarse el polvo de encima.
—¡Kagome! —escuchó a lo lejos la voz de la anciana Kaede, sin duda preocupada porque ya tenía rato que Kagome había salido y aún no regresaba.
—¡Ya voy anciana Kaede! —dijo en voz alta haciendo un cono con sus manos—. Debo irme joven Koga, nos vemos —se despidió.
—Tal vez mañana venga, tengo...unos asuntos con un clan por aquí cerca, tendré mucho tiempo libre para que me cuentes sobre estas lunas que has estado lejos —ofreció Koga pasando una mano por su nuca, lucía algo nervioso al proponer aquello.
—Si, por supuesto, llega a la aldea, nos vemos mañana —asintió Kagome alcanzando a despedirse con la mano.
Koga también emprendió la ida con una sonrisa boba en el rostro con ganas de dar saltos por ahí, y al mismo tiempo unas inmensas ganas de golpear a Inuyasha, lo que pasara primero.
IV
Tal como prometió Koga fue al día siguiente, Kaede se asustó al verlo entrar a su cabaña pero volvió a respirar tranquila cuando vio que Kagome fue a recibirlo.
Kaede negó con una sonrisa, sabía que algo así pasaría algún día viendo el comportamiento que estaba teniendo Inuyasha, no le diría nada a Kagome, pero si ella buscaba consejo sin duda le diría su punto de vista. Salió de la cabaña y los dejó conversando.
Resultó que Koga se había convertido en el más joven líder del clan de lobos, se habían unido a ellos otros tres clanes más que habían perdido a sus jefes a manos de Naraku, por lo que habían buscando en él a ese líder que tanta falta les hacía. Ahora vivían en un valle no muy lejos de la aldea, con un río, cuevas diversas y mucha vegetación a su alrededor.
Koga no entendió mucho de lo que Kagome le contaba, eso de escuelas, preparatorias y universidades le parecían estar en otro idioma, solo entendió que su deseo de volver a verlos fue lo que activó de nuevo el pozo llevándola de regreso al pasado hasta terminar en ese momento.
—Y ahora, como verás, la situación no es muy diferente a como era hace años —la sonrisa de nostalgia que puso Kagome al decir aquello no dejaba lugar a dudas: estaba realmente deprimida.
Koga no supo qué decir, insultar a Inuyasha tampoco sería efectivo y golpearlo mucho menos, ¡El muy desgraciado ni siquiera estaba! Echó a andar el hámster en su cabeza y se le prendió el foco.
—¿Quieres ver nuestros nuevos dominios? —propuso con una sonrisa ladina, de esas que dejaban ver un poco de su colmillo, luciendo inusualmente coqueto y hasta tierno.
Kagome sonrió un poco hasta que asintió. Dejó que Koga la tomara en brazos y la llevara a toda prisa hasta ese lugar, el cual resultó ser todo un enseño.
—¡No dijiste que fuera tan hermoso! —recriminó en broma una vez que puso los pies en el suelo. El agua cristalina que caía de una cascada, los árboles grandes y frondosas y el pasto verde creciendo bajo sus pies eran sin duda encantadores
—No soy de palabras tan delicadas —una mueca rara se formó en el rostro de Koga al decir eso.
—¡Señora Kagome! ¡Qué gusto volver a verla! —ah, ¿Cómo olvidarse de Ginta y Hakaku? Los adorables y fieles seguidores de Koga, quienes con verdadero gusto saludaron a Kagome con entusiasmo.
Le dieron un breve recorrido por el lugar, mostrándole aquellos sitios que podrían llegar a gustarle más por las flores o la vista.
—Ah, ya sabíamos que Koga se había bañado especialmente con devoción hoy por una buena razón —comentó Ginta despreocupadamente, al instante sintió un golpe en su cabeza y a Koga lazándole una mirada asesina.
Aquella escena logró hacer reír una vez más a Kagome, quién sentía que estaba teniendo un día libre de todas sus preocupaciones, y estaba agradecida con ellos por haberla sacado de aquella rutina.
La hora de marcharse fue indicada por la puesta de sol, así que Koga llevó a Kagome hasta la entrada de la aldea, prometiendo volver al día siguiente.
Y así fue, al día siguiente, y al siguiente, Koga siguió yendo a visitarla, le llevaba flores o le contaba alguna anécdota graciosa de sus visitas a sus demás dominios, o de cómo sus dos fieles seguidores a veces se perdían tratando de seguirle el paso. Nada de eso fue pasado desapercibido por Sango y Miroku, quienes ya comenzaban a darse una idea de lo que pasaba.
Finalmente se cumplieron dos semanas e Inuyasha y Kikyo volvían de su viaje, la sacerdotisa como era usual miró con disculpas a Kagome entrando de paso a la cabaña, se veía algo despeinada y su ropa un poco sucia y rota, sin duda una buena pelea con algún demonio.
—Nos tomaron por sorpresa, eran muchos —contó Inuyasha con arrogancia—, pero no los suficientes para ganarnos, que ilusos.
Kagome no le reclamó nada, ni siquiera sintió su ausencia debido a que pasaba la gran mayoría del día con Koga y sus acompañantes, así que solo se limitó a escuchar aquellas hazañas en silencio. Inuyasha paró en seco y comenzó a oler el aire, se fue acercando cada vez más hasta que llegó con Kagome.
—Kagome, huele a ese apestoso lobo rabioso —se quejó como niño pequeño haciendo un berrinche.
Sango y Miroku se tensaron al escuchar aquello, intercalando miradas entre ellos y luego mirando a Kagome que parecía muy despreocupada.
—Si, resulta que Koga tiene nuevos dominios por aquí cerca y han pasado a verme —dijo sin mentir, pero tampoco diciendo todo completo, estaba segura de que Inuyasha armaría un show si se enterara.
—Era cuestión de tiempo antes que se enteraran que estabas de vuelta —fue el comentario vago y al azar que tiró Inuyasha, se puso de pie y caminó a la cabaña que ya casi estaba terminada, había tardado tanto en construirla debido a sus constantes salidas y la prolongación de estas.
Al matrimonio de Sango y Miroku les sorprendió la tranquilidad con que Inuyasha se había tomado aquello, también el como Kagome había evitado decirle que en realidad Koga iba casi todos los días, durante todo el día, a verla, y que sólo en unas cuantas ocasiones habían estado acompañados por Ginta y Hakaku.
Si algo más llegaba a pasar ahí estaban seguros de que sería culpa de Inuyasha, el cual aún vacilaba de un lado a otro sin decidirse del todo como quería hacer ver a todos.
Kagome sonrió para sí misma un par de días después cuando vio de nuevo a Inuyasha alistar sus cosas listo para partir de nuevo. Ahí iba, otra vez y sin remordimiento, a romper aquella promesa que le había hecho. ¿En qué momento Inuyasha se iba a dar cuenta de que ya habían pasado aquellos seis meses en que iban a casarse?
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Ya tenía rato que no venía por aquí jajaja los estudios para el examen de admisión y el trabajo me tienen muy ocupada, pero al fin he traído un nuevo capítulo! No se se asusten, no planeó que esto sea un Kagome x Koga (o quién sabe, si los personajes se prestan tal vez y sí jajaja) tampoco esperen un final del todo feliz, y fuera de las parejas canónicas del manga y el anime, no habrá más (fans del SesshRin no esperen nada de mí jajaja) y como dije antes, siempre quise que Kagaome se diera cuenta que había ciertas cosillas con Inuyasha que no le iban a traer mucha felicidad que digamos, y que ella misma debía amarse a sí misma antes de ofrecer amor a alguien más, y bueno, aquí está el resultado de mis divagaciones! Espero que está actualización les guste, también vi un par de comentarios por aquí que me animaron a actualizar jajaja así que chicas, este capítulo es para ustedes. Cuídense mucho, lavense sus manitas y no salgan si no deben hacerlo, nos vemos en la próxima actualización!
