Capítulo 3: Hasta que la monotonía nos separe
Fue Kikyo quien, durante una cacería, le recordó a Inuyasha que los seis meses para su boda con Kagome hace un par de semanas que habían terminado. Inuyasha estaba visiblemente confundido pero Kikyo no lo dejaba acercarse de más con ella, aún recordaba lo melancólico que estuvo esos tres años mientras Kagome estuvo lejos, que iba todos los días al pozo con la esperanza de volverla a ver, para ella ese sentimiento que él tenía por Kagome era verdadero, solo que él estaba confundido, muy confundido.
Kikyo amaba a Inuyasha, lo amaba mucho, pero antes que nada se amaba más a sí misma, y su amor propio la había mantenido lejos de desear nuevamente una relación con Inuyasha, un joven que tenía el corazón dividido entre dos personas. Ella no podría tolerar estar con una persona así, por lo que prefería mantener a Inuyasha como un primer amor, y nada más que eso.
—Tienes que volver y terminar esa cabaña, Inuyasha —le recordó mientras organizaba sus flechas—. Ella te está esperando.
—Pero tú-
—Yo estaré bien, siempre hice esto sola antes de que tú estuvieras cerca.
—Pero, Kikyo-
—Vete Inuyasha, que si me dan a escoger entre tú y Kagome, sin duda la elegiría a ella.
La contundente aclaración de Kikyo y su imponente mirada intimidaron a Inuyasha al punto de hacerlo irse, ya sea por orgullo o por deber.
Así que cuando Kikyo volvió a la aldea tres días después encontró a todos atareados con los preparativos. Kagome había abandonado su ropa de sacerdotisa y había comenzado a vestir ropa de mujer soltera, siendo felicitada por las muchachas de la aldea.
—Señorita Kikyo —Rin llamó su atención con una evidente mirada de preocupación—. La señorita Kagome no está feliz, aunque sonríe y les agradece a todos parece que quiere salir huyendo de aquí.
—Lo sé, Rin, hablaré con ella. No dejes que nadie entre a la cabaña hasta que yo salga, ¿De acuerdo? —la persuadió bastante fácil. La joven asintió y nada disimulada se puso frente a la entrada abriendo ambos brazos como si fuera a dar un abrazo.
Kikyo abandonó su carcaj en la entrada, se quitó sus sandalias y la capa. Eran comienzos de otoño así que el clima estaba bastante fresco los últimos días. Encontró a Kagome sentada bebiendo algo de té, aunque lucía tranquila en su mirada se podía ver aquel caos que reinaba en su corazón.
—¿Kagome?
—¡Kikyo! ¡Ven, siéntate! —esa animosidad en ella era normal, pero no cuando se esforzaba tanto en mantenerla y así disimular su malestar.
—Kagome, no necesitas-
—¿Quieres un poco de té? Te traeré un vaso, espera aquí.
Kagome no la dejó hablar, se levantó como rayo y fue a la alacena donde Kaede guardaba los utensilios. Kikyo frunció el ceño, sabía cuándo alguien trataba de evadirla.
—Escucha Kagome-
—¿También quieres bocadillos? Puedo ir a buscarlos y-
Kikyo alzó la voz como pocas veces en la vida.
—¡Kagome! —se puso de pie y detuvo los movimientos de Kagome, la miró seriamente hasta que aquella forzada sonrisa comenzó menguar y los ojos contrarios se llenaron de lágrimas.
—¡No quiero Kikyo! —Kagome no aguantó más y se soltó en llanto, sabía que ya debía actuar como una adulta pero aún le aterraba todo—. Tengo mucho miedo, estoy tan asustada y lo único que puedo hacer es sonreír para todos...lo siento, lo siento.
—Llora Kagome, no te guardes los malos sentimientos, no seas tan dura contigo misma —Kikyo la abrazó y sirvió como pudo una taza de té para darle a Kagome—. Nunca es tarde para arrepentirse.
—No puedo arrepentirme, no cuando ya dejé todo atrás por esto, así que esto debe funcionar, Kikyo, todo el mundo espera que funcione.
Kikyo sobó la cabeza de Kagome suavemente, no era capaz de entender del todo su sentir, pero trataba de darle ánimos a su manera.
—Kagome, la felicidad de tu vida solo puedes lograrla tú, no ellos, vive para ti.
—Mi familia no me lo perdonaría.
—Nunca es tarde para arrepentirse, Kagome —repitió nuevamente, quizá no en ese momento pero esperaba que Kagome tomara en cuenta sus palabras algún día.
Inuyasha iba a entrar a la cabaña hasta que escuchó la conversación. Su corazón dio un vuelco, al parecer él no era el único confundido ahí, ni el único que sentía las expectativas de todos sobre sus hombros.
Era algo que ya sabía, Kagome había dejado a su familia atrás por ir a buscarlos nuevamente, él no podía simplemente romper ese compromiso por más confundido que estuviera, tampoco podía hacer quedar a Kagome en vergüenza ante toda la aldea al dejarla plantada. Simplemente Inuyasha se sentía sin salida, y Kagome estaba igual, así que ambos debían esforzarse para que eso funcionara, había mucha gente esperando por ellos, mucha gente que fue dejada de lado para que ellos estuvieran juntos y no podían decepcionarlos.
—Lo siento, Kagome.
Dio media vuelta y se regresó por dónde vino. Rin lo miró confundida, desde su puesto de vigilante estaba lista para no dejar entrar a Inuyasha, pero al verlo tan decaído le causó bastante dolor en incomodidad.
—No serán felices —murmuró negando con la cabeza. Ella apreciaba a ambos y le resultaba difícil tomar un bando, pero si debía tomarlo estaba segura de que apoyaría a Kagome.
—Puedes volver a tus deberes, Rin. Gracias —Kikyo salió de la cabaña, tenía el cabello revuelto y un halo de tristeza le cruzaba el rostro.
—Señorita Kikyo, ¿La señorita Kagome estará bien? —preguntó antes de irse.
—Lo estará...en su momento, por ahora déjala llorar, es bueno para su corazón que se desahogue. Y Rin, si un día te encuentras en una situación similar recuerda que lo más importante es tu felicidad, la felicidad que tú misma puedes lograr para ti. Ahora dejemos a Kagome sola un momento, mi hermana debe estar esperando tu ayuda.
—¡Es cierto, la anciana Kaede! —Rin pareció recordar algo importante. Recogió su cesto de hierbas y corrió como bólido entre los aldeanos.
—Yo también debería ser la anciana Kikyo —suspiró melancólica, la inquietud comenzaba a embargar su corazón.
I
Desde que Inuyasha había vuelto Kikyo decidió no salir por el momento a más cacerías. Ansiaba volver a su rutina, pero si quería ayudar en algo a Kagome tenía que permanecer en la aldea como un apoyo moral, y más que todo, para asegurarse de que Inuyasha no se atreviera a irse.
Una semana después los preparativos estaban listos, la boda podía comenzar y sería oficializada por su hermana Kaede.
—Kagome… —Kikyo la estaba peinando mientras Rin terminaba un arreglo de flores que Kagome en un inicio quería llevar—. Aún no es tarde.
—Lo siento Kikyo. Entiendo que te preocupes por nosotros, es solo que...no quiero sentir que abandoné a mi familia por nada, ellos no se merecen que los haya dejado solos y después me arrepienta, tú tampoco lo mereces, sé que sufriste mucho por nuestra culpa en el pasado y tampoco quiero sentir que todo eso fue en vano.
—Tú misma lo has dicho, eso es pasado. Justo ahora mi corazón duele solo de pensar que ustedes dos pueden estar cometiendo un error.
—Estoy deseando que no sea así. Además mis sentimientos por Inuyasha deben seguir ahí, tal vez si busco un poco más…
—No puede encontrar algo que ya no está, señorita Kagome —intervino Rin entregándole el arreglo de flores que serviría como ramo—. En un amor no correspondido inevitablemente uno de los dos sufrirá, pero cuando la falta de sentimientos es mutua, bueno, tan solo deseo que ambos puedan darse cuenta a tiempo antes de lastimarse el uno al otro.
Kikyo y Kagome miraron a Rin como si le hubiera crecido una segunda cabeza. La jovencita había dicho cosas más contundentes que cualquiera de ellas dos, y para peor, parecía estar pasando por una situación similar.
—Ya pasé por un amor no correspondido Rin, no te preocupes, ahora puedo manejarlo —fingió fuerza y energía levantándose de su asiento.
La ceremonia pasó como en un borrón. A pesar de haber sido hace unas horas Kagome no tenía muy claro cómo fue todo, ¡Incluso Sesshomaru estuvo ahí! ¿Cómo era eso? Había llegado con la excusa de llevarle ropa adecuada a Rin para la ocasión pero había terminado quedándose de todos modos.
Lo que más la irritaba es que nuevamente le estaba dando lecciones, ¿Qué era, su padre? Él era la persona menos indicada para hablar de sentimientos.
—Eres tan tonta que atarás tu vida a un hombre que ya no toleras para complacer a los demás —había dicho eso con un irritante tono de burla.
Kagome habría querido responderle algo pero le fue imposible, no pudo hacerlo cuando se dio cuenta que Sesshomaru había sintetizado su situación en esa simple frase.
—Hubiese querido no tener tacto alguno y decir las cosas tal cual son —intervino Kikyo para salvarla—. Pero el corazón de los humanos es frágil, así que hay que tener cuidado y amabilidad para decir cualquier cosa, y más que todo, empatía, Sesshomaru.
Wow. Kagome olvidó por un momento su precaria situación y vio cómo saltaban chispas entre ese par. Ver a dos personas tan serenas y reservadas tener un intercambio así se sintió como una bofetada. Sesshomaru había visto a Kikyo con desprecio y el sentimiento fue mutuo.
—No necesito tener en cuenta las debilidades de los humanos.
—Lo necesitas cuando tienes a una niña humana a tu cuidado. No siempre será una niña, llegará un momento donde deberás comprender su situación y tomar la mejor decisión.
¿Qué era esa tensión alrededor de esos dos? Kagaome quiso salir corriendo ya que se sentía como el mal tercio.
—No te metas en mis asuntos.
—Son mis asuntos también cuando esa niña está a mi cuidado la mayor parte del tiempo —Kikyo encaró a Sesshomaru sin miedo alguno.
—No necesito esperar nada, la decisión siempre estuvo tomada.
No podía creer que Sesshomaru tuviera la gentileza de aclarar un asunto con alguien que no fuera él mismo o alguien a quien estaba a punto de asesinar. Para variar, parecía que esos dos ya habían tenido platicas similares antes, ¿Qué tanto se perdió en tres años?
Por lo singular del intercambio de palabras fue por lo que Kagome recordaba demasiado específico ese momento, lo demás seguía siendo una maraña de recuerdos borrosos. Uno de sus supuestos días más felices y todo lo que podía recordar sobre eso había sido la pelea de su amiga y su cuñado. Hum.
Sabía que ese momento llegaría, que tendría que tener intimidad con Inuyasha y, lo más pronto posible, un bebé. Deseaba que un bebé acomodara sus vidas y los uniera, así que debía ponerse manos a la obra en esa meta.
.
.
.
.
.
.
.
.
Hola! Volví con un nuevo capítulo, curiosamente ahora que estoy más ocupada es cuando me dan más ganas de escribir, es tan triste ;-; tengo hasta el capítulo 5 escrito xD esto está tomando un rumbo bastante dramático y angustiante jajaja muchas gracias por sus comentarios, es lindo saber que les está gustando esto y son una motivación más a seguir escribiendo! Y siguiendo con la temática de amor propio he estado dándole vueltas a un fanfic que estoy escribiendo solo para mí, se trata sobre una chica (japonesa, cómo no xD) que muere y transmigra en el personaje de Kagome, pero ella ya se sabe la historia y tratará de arreglar todo si es que el Sistema así se lo permite, es básicamente la misma historia del anime pero con un personaje que ya sabe lo que ocurrirá, la idea nació después de leer muchas novelas chinas de transmigración jajajajaja tal vez si esta idea gusta lo publique, tengo un chorro de capítulos escritos, pero por el momento seguiré trabajando en este fanfic, no les prometo terminarlo este año xD pero se hará lo que se pueda, por lo que no me queda más que despedirme hasta el próximo capítulo!
