—Hay distintos tipos de fortalezas, Hina —La gran Sakura Ogami comentaba con mucha tranquilidad mientras leía una de las novelas que Toko había escrito para ella.

Era de un joven guerrero que padecía cáncer y, tenía que enfrentarse a distintas batallas para poder prevalecer y no dejarse vencer ante las circunstancias.

La forma en que la Novelista detallaba todo era arte ante los ojos de la joven dama de cabello blanco.

Tan blanco y puro como la nieve, y a su vez éste le daba una apariencia que podía asimilarse a las heladas ventiscas de invierno... tan amenazador.

Se hallaba junto con Aoi en la habitación de la joven nadadora. Nada les gustaba más que estar en paz, en un lugar donde sabían que lo único que reinaría sería la tranquilidad.

—Me gustaría ser como tú, Sakura —Aoi comía unas donas de chocolate con glaseado y chispas de colores.

—Gracias, Hina... aunque también a mí me gustaría ser como... tú... —Ogami estaba muy apenada —Perdona... es una grosería que siempre que intento decir algo... me quedo callada... verás.

La mujer gigante suspiró. Su respiración por un momento se agitó hasta que Aoi la tomó de las manos.

—No, Sakura... nada que puedas hacer tú me incomodaría o sería una falta de respeto... o signifique que careces de educación. Toma tu tiempo.

La sonrisa de Asahina tranquilizaba a Ogami. La señorita de músculos pronunciados le sonrió en respuesta.

—Sí... admiro mucho la facilidad con la que puedes hablar. No tienes miedo a las masas... y tampoco temes al momento de dar tu opinión. Tú... tienes tantas cosas de las cuales carezco —Sakura se sinceró. Ésto hizo sentir mal a Aoi quien acarició las palmas de su amiga.

—Muchas gracias, Sakura... pero... estás equivocada —La chica atleta parecía muy tranquila con esa afirmación.

Ésto fue todo lo contrario para la artista marcial, pues no esperaba dicha respuesta.

—Es fácil ir por ahí con una sonrisa, pero es complicado aceptar que hay un problema. Sakura, la gente está muriendo... lo único que trato de hacer es dar todo de mí ¿Sabes? —Aoi se apartó, parándose de la cama para tomar una silla y sentarse sobre ella, quedando frente a frente con Sakura.

—¡Imposible! Tú eres la única persona que motiva a los demás a hacer algo... ¿Por qué tuviste que mentirme así, Hina? —Sakura se sentía traicionada como amiga. —Si hubiera sabido que la chica que me ayuda a cocinar deliciosos platillos todos los días y que sabe perfectamente cómo prepararme mis bebidas de proteína.. si la chica que nos motiva a realizar actividades físicas y hace que el tiempo vuele...

—Basta, Sakura...

—¡Hubiera hecho las cosas mejor si hubiera sabido cómo te sentías! El cómo realmente te sentías...

—Por ésto quería ocultarlo... las muertes de todos ellos han dejado una huella profunda en mí...

—Hina...

—Sakura... si hago todo ésto es porque quiero que cada día sea vivido al máximo aún si las condiciones no son las mejores... no quiero demostrarle a los demás que ésto de verdad me duele —La joven castaña secó sus lágrimas con las mangas de su chaqueta roja.

Sakura no se lo pensó.

Colocó con cuidado sobre la cama la novela que Toko escribió, se puso de pie y fue directo a abrazar a su amiga.

—Yo te protegeré. Aún si me llevo la vida en ello.

—¡No!

Aoi negó esa posibilidad.

—¡No quiero que mueras! No sé qué haría sin tí... no sé cómo podría vivir si no estás conmigo... ¡No te vas a morir, Sakura!

—¿Sabes por qué hablé de las fortalezas, Hina?

—Sakura...

—Hina, si hay algo que admiro... no envidio, ADMIRO de tí es tu capacidad de afrontar ésto. El simple hecho de que abras los ojos y tengas algo listo para hacer, y que tengas el deseo de hacerlo... significa mucho, más de lo que te imaginas.

—¿Qué haré cuando no estés aquí? —La morena empezó a preguntar esas cosas que jamás creyó expulsar de su boca.

—Vivirás. Vas a vivir por mí. No importa lo que pase... siempre debes esperar al mañana y vivir por los que queden atrás —Sakura estaba muy segura con su posición. Secó con sus manos las lágrimas de su amiga y le sonrió.

Sonrisas era lo único que podía brindarle más allá de un largo abrazo.

—¿Y cuando ya no pueda más?

Sakura esperaba ese tipo de preguntas, considerando el estado de Aoi y cómo solía comportarse.

—Cuando no puedas más... vas a levantarte, cierra tus manos lo más fuerte que puedas, te abalanzas y con tus puños vas a golpear a la vida lo más duro que puedas... golpéala hasta que tus nudillos sangren, porque así ella sabrá que dos pueden jugar ese juego —Sakura incluso tronó los dedos de sus manos para reafirmar su postura. —Nada te impide usar tus miedos y debilidades como un saco de boxeo si éstos te están destruyendo.

—Soy débil, Sakura... mis emociones me dominan. Salto a conclusiones aceleradas, soy una malcriada agresiva y a veces ni siquiera pienso lo que digo porque lo hago por impulso...

—Entonces trabajaremos en eso... y para llegar a ese punto necesitaremos ayuda de esto —Sakura tomó una dona de glaseado y decorado rosado.

—¿Una dona?

—No es cualquier dona —Ogami quería que Aoi viera más allá.

Más allá de lo que podía imaginar.

—Esta dona es la representación de todo lo que amas, de quien eres y quienes te quieren. Para afrontar lo que viene vas a necesitar de ésta dona.

—¿De una dona... o de todas estas donas?

Aoi tomó una caja con varias donas de distintos colores.

—Todas las que necesites. Las donas lo son todo... recuerdos, memorias, momentos, gente, experiencias... debes aferrarte a las donas cuando las cosas empeoren. Nada va a mejorar si no te lo propones.

—¿Pero no sería egoísta? No... ¿No sería egoísta aferrarme a todo ésto? ¿Qué pasará cuando las donas... solo empeoren las cosas?

—Significa que habrás madurado, y cuando toques fondo... es porque te habrás cansado de escarbar. Además... sé perfectamente qué va a asegurarme que saldrás viva de ésto y que afrontarás al futuro con la frente en alto.

Sakura había encontrado lo que necesitaba para animar a Aoi.

—Prométeme que vas a ser fuerte, más fuerte de lo que soy yo si algo me sucede.

—Sakura...

—¡Prométeme que lo harás! Quiero que nuestra promesa sea tu motivo para continuar aún si las donas no parecen funcionar.

Le tomó tiempo a la nadadora el decidir.

No era algo que dijera con un simple "sí" o algo que aceptara en cuestión de segundos.

—Te daré tiempo para que lo reflexiones. ¿Por qué no descansamos? Ha sido un día muy agotador.

—Espero que esta conversación no cambie las cosas entre nosotras. No... no acostumbro a hacer este tipo de cosas.

—Tranquila, Hina.

Mientras ambas se acostaron, Sakura veía dormir a su amiga. Acomodaba sus cabellos y conforme más la veía, estaba aún más segura de lo que iba a realizar.

Lo daría todo por Aoi.

—Aún si me llevo la vida en ello.