Regreso al futuro, al estilo Harry Potter (1)

Por edwinguerrave

Copyright © J.K. Rowling, 1999-2008

El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como de todos los símbolos y elementos relacionados, para su adaptación cinematográfica, son propiedad de Warner Bros, 2000.

Esta historia participa en el reto: "Caminando hacia Camelot" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black, entre el 17 de julio y el 2 de septiembre de 2020.

La premisa del reto se trata de escribir historias que involucren a los personajes de la leyenda artúrica. "¡Historias inspiradas en los personajes artúricos! En la saga, Merlín es referenciado muchísimas veces, Morgana aparece en los cromos de las ranas de chocolate, ¡fueron parte del mundo mágico! Por lo tanto, los animamos a crear la historia que se les ocurra con cualquier personaje de las leyendas artúricas con la única condición de que existan en el mundo mágico de Harry Potter".

Yo me decanté en esta oportunidad por un Potterverso alternativo post-Batalla de Hogwarts, en consonancia con la línea de tiempo que formulé con "Harry Potter y la Frontera Final". (2)


En el momento que se ocultaba el sol, luego de la despedida a los caídos en la gran batalla de Hogwarts, un extraño ser, vestido con una túnica gris, báculo en su mano y paso lento, surgía del Bosque Prohibido, detallando en silencio la devastación que había sufrido el castillo milenario. Un castillo que él no había visto construirse, pero que sí había colaborado en la conformación de lo que dentro de sus muros existía: el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.


Ver la destrucción del castillo de Hogwarts le trajo un cúmulo de sensaciones. Ya le había parecido extraña la forma en que había sido extraído de su prisión en el bosque de Brocelianda,(3) mientras dormía, para materializarse nuevamente en los alrededores de lo que había sido su residencia por casi cuatro años. Eso le hizo recordar su encuentro con los cuatro fundadores del colegio.

—Es posible que la controversia entre los jóvenes Salazar y Godric los haya llevado a batallar —murmuró a medida que caminaba hacia el lago, donde algunas antorchas iluminaban el camposanto donde muchos de los fallecidos yacían. Al llegar a las primeras tumbas, y ver sus inscripciones, se sorprendió—… ¿1.998? ¿Tanto tiempo ha pasado?

Levantó su mirada, detallando todo lo que le permitía la mortecina luz del anochecer. Sin dudarlo, regresó al castillo, dispuesto a enterarse de lo que había pasado. Quizás habrían pasado mil años, o más, pero seguramente alguien sabría lo que necesitaba saber.

Miró sorprendido la destrucción, y percibió, como sólo él podía hacerlo, los remanentes de hechizos y maldiciones en las piedras; las energías que, aunque se disipaban, estaba en capacidad de interpretar, y que le decían que la batalla que había ocurrido en los terrenos y dentro del propio castillo habían arrancado del mundo de los vivos a muchos magos y otras criaturas. Al subir la escalinata hacia la entrada principal del castillo vio a una bruja de espaldas, pero no supo reconocerla. Se detuvo en seco y, desde el quicio de la gran puerta, preguntó:

—Mi señora, ¿qué ha ocurrido acá? ¿Qué ha pasado en Hogwarts?

—¿Disculpe? —preguntó la profesora McGonagall, sorprendida, al ver a aquel anciano, apoyado en su báculo, mirándola con extrañeza e interés—, ¿usted no supo lo que pasó acá?

—Emmm… Me temo que no —trató de disculparse—, vengo de tierras lejanas.

—Entiendo —suspiró McGonagall, pero sin acercarse al extraño—. Hace poco hubo una gran batalla en este castillo, entre un mago tenebroso y sus huestes contra nosotros y la gente del pueblo.

—No lo dudo, mi señora —indicó, mientras miraba los destrozos en el castillo—, me ha parecido que la gran magia que los cuatro fundadores depositaron en este castillo no dejó que cayera destruido completamente. Necesitaréis todas las manos y varitas que podáis conseguir, y estaré gustoso de apoyaros, si es posible.

—Gracias por su oferta —aceptó la directora en funciones, aunque ya ratificada, mientras fruncía el ceño—. Disculpe, señor —indicó, intentando imitar los modales del anciano—, pero usted me recuerda a alguien…

El extraño sonrió antes de responder.

—Eso sucede muchas veces, mi señora. Tienden a confundirme con otros maestros de las artes místicas, como las que se enseñan acá en este colegio. Soy Merlín de Camelot, a su servicio.

McGonagall trastabilló sorprendida cuando escuchó esas palabras.

—¿Merlín? ¡Por las barbas de Merlín! —se sorprendió cuando el aludido sonrió— ¡Oh! ¡Lo siento! ¡No quise ser ofensiva!

—No os preocupéis, mi señora…

—Minerva McGonagall, directora del colegio Hogwarts.

—Heredera de los cuatro fundadores —comentó sin pensar Merlín—, valiente, sosegada, de gran poder para las transformaciones. Como le expresé, cuente con mi brazo y mi varita para lo que requiera.

Justo en ese instante llegaron los profesores Flitwick y Sprout, para comentarle a la directora sobre algunos hallazgos en la zona norte del castillo, justamente donde las casas de Ravenclaw y Hufflepuff tenían sus salas comunes. Ambos notaron la palidez de la profesora, y cuando detallaron al extraño, también se sorprendieron.

—Buenas noches —dijo Merlin, sonriendo, para luego dirigirse al profesor Flitwick—. Su estatura no oculta la sabiduría que lo acompaña, eminente duelista y conocedor de muchísimos encantamientos. Y mi señora —sonrió al dirigirse a la profesora Sprout—, mi señora Helga no puede tener una heredera más digna de su legado, tanto en humildad como en sapiencia sobre la herbolaria.

—Es el mismísimo Merlin en persona —les dijo casi en su susurro McGonagall. El profesor Flitwick, sin embargo, le preguntó con tono suspicaz:

—Ya que parece conocer tanto de nosotros, ¿por qué no nos dice quien es usted realmente?

El anciano sonrió, suspiró, se apoyó del báculo y dijo:

—Como os ha dicho mi señora directora, soy Merlín de Camelot, llegado de una forma que aún no llego a comprender a este lugar y este momento. Si la magia quiere que esté en este momento con ustedes, por algo será.

—Si usted no lo comprende —dijo la profesora Sprout—, ¡imagínese nosotros!

—Creo que lo podremos comprender mejor si cenamos —medió McGonagall—, por favor, acompáñenme a mi despacho, allá estaremos más cómodos.

—Adelante —dijo Merlín, sonriendo mientras extendía la mano derecha en señal de darle paso libre.

En ese momento, cuando iniciaban el recorrido hacia el despacho del director, se les unió el profesor Slughorn, quien se sorprendió igualmente al ver al anciano.

—Profesor Slughorn —dijo McGonagall al recién llegado—, en excelente momento se nos une, Vamos a mi despacho con nuestro huésped.

—Un extraordinario maestro de las pociones —indicó Merlín, atrayendo la atención del recién llegado— que sabe manejar los hilos a su alrededor, no se arriesga en la línea de batalla, pero es un poderoso aliado.

—No se equivoca, ¿verdad, Horace? —le dijo el profesor Flitwick, sonriendo. Slughorn sólo bufó, encogiendo el hombro derecho.

Arribaron al despacho, el cual Merlín noto totalmente distinto al que había abandonado en su momento. Las paredes forradas con los retratos de los antiguos directores, los artilugios del anterior director "formal", Albus Dumbledore, aún dispuestos, como si Severus Snape, quien lo sucediera en la dirección durante ese último año, hubiera respetado el legado de su antiguo protector, y la percha de Fawkes aún vacía. Sobre la biblioteca, en una repisa, el Sombrero Seleccionador evidenciaba los daños que le había provocado Voldemort, pues parecía chamuscado y roto.

McGonagall les invitó a sentarse, invocando unas sillas alrededor de una mesa auxiliar, para después acercarse a la chimenea y dar unas rápidas instrucciones. Cuando regresó, suspiró al sentarse y dijo:

—Bueno, creo que la presencia de este invitado tan "especial" —señaló sutilmente a Merlín, quien sonrió al sentir las miradas de los otros tres profesores—, como es Merlín en persona, nos puede ser de muchísima ayuda en estos momentos donde debemos iniciar la reconstrucción del castillo —los presentes asintieron—. Pero creo que primero es adecuado cenar, y después conversaremos sobre el aporte que nos pueda dar, ¿les parece?

Silenciosos gestos de asentimiento le dieron pie para golpear dos veces la mesa, sobre la cual se dispusieron las diversas preparaciones, platos, copas y cubiertería. Merlín se sorprendió al ver que la cena era muy distinta a lo que usualmente había disfrutado en su primera permanencia en el castillo, pero no comentó nada hasta que, finalizados los postres, indicó:

—Excelente cena, mi señora directora; algo alejada de lo que acostumbro a comer. Entiendo que los tiempos cambian, y así he notado al ver los retratos de sus antecesores, especialmente porque han mantenido fija su atención en mí desde que llegué a este recinto.

—No lo dude —respondió el profesor Flitwick, con su voz aguda—, su presencia, además de impactante, es sorpresiva, hasta para aquellos que nos antecedieron en el colegio.

—Creo que es bueno que conversemos sobre la ayuda que el maestro Merlín nos pueda brindar —comentó la profesora McGonagall, a lo que el aludido, sonriendo, replicó:

—Directa al grano, como buena heredera del gran Godric. Noto, con mucha extrañeza debo decir, que no hay un retrato de los fundadores en esta estancia.

—No tenemos la más remota idea de cómo lucían físicamente —reconoció la profesora Sprout, algo derrotada. Flitwick, sin embargo, comentó:

—Quizás sí, de al menos una de las fundadoras; en la sala común de Ravenclaw hay un busto de Rowena, y su hija Helena aún está acá, como el fantasma de la casa.

—Y si no me equivoco —reflexiono la profesora Sprout, algo más animada—, el Fraile Gordo, nuestro fantasma, vivió en la época de los fundadores, al servicio de Helga Hufflepuff.

—Es muy probable —comentó Merlín, tomándose la barbilla—, recuerdo que la señora Helga contaba con el auxilio de un simpático fraile, encargado de las artes culinarias en este castillo. Entre ellos, y mis recuerdos, creo que puede recrearse un retrato de tan insignes personas.

—Hasta el Barón Sanguinario puede ayudar en tal empresa —dijo el profesor Slughorn, reflexivo—, es cuestión de convencerlo, aunque —bajó el tono una octava—, es una misión algo complicada. Como saben, es un fantasma muy adusto y poco dado a la conversación.

—Creo recordar de quien se trata por como lo describís —mencionó Merlín—, uno de los estudiantes más avezados del maestro Salazar, de hecho era uno de los que él mismo estaba preparando para ser incorporado como maestro; aunque nunca supe si su familia le permitiría tal honor, puesto que estaba más inmersa en el ámbito militar.

—No creo que sea solamente para hacer un retrato de los fundadores que nuestro invitado ha trascendido tiempo y espacio —reflexionó el profesor Flitwick. Los presentes le dieron la razón asintiendo en silencio, mientras un leve murmullo sobresalía de los cuadros.

—Es verdad —ratificó la profesora McGonagall—, teníamos pendiente resolver el cómo habíais llegado a nuestra época.

—Una pregunta, mi señora directora, y amigos presentes, que aún me ronda la cabeza.

—Es posible, y me permito interrumpir —se escuchó la voz de la adición más reciente a la colección de retratos de los directores de Hogwarts, el correspondiente a Albus Dumbledore—, que la magia ancestral depositada por más de mil años en este lugar, al verse afectada por todo lo que ocurrió entre ayer y hoy, intenta buscar un equilibrio; y ¿quién mejor que el mago más importante de la historia para ayudarla a recuperarse?

—Eso mismo pensé —indicó el propio Merlín—, pero, si trascendió hasta mi confinamiento para traerme hasta acá, ¿por qué no hacerlo con los fundadores, y traerlos de allende el velo?

—Quizás por eso —dijo el profesor Flitwick, ajustándose sus pequeños lentes—, porque se sabe exactamente que nuestros cuatro fundadores fallecieron, aunque nunca sepamos el paradero de sus sepulturas, mientras que de usted, Merlin, sólo se sabe que desapareció después de salir de este castillo, sin saber su paradero final.

—¡Ya va, Filius! —exclamó el profesor Slughorn, sorprendido—, ¿quieres decir que Merlín ha permanecido en una especie de éxtasis hasta hoy?, ¿Qué realmente no murió, y que a quien tenemos con nosotros es el mismísimo, en persona?

—Interesante teoría —admitió Dumbledore, sonriendo—, siempre he tenido en alta estima la sabiduría de Filius. ¿Qué piensa usted, Merlín?

—Pues —respondió luego de rascarse delante de la oreja derecha—, que no tengo pruebas, pero tampoco dudas; mi prisión en el bosque me había aislado de todo lo que ocurría a mi alrededor, así que lo que plantea el maestro Filius y ratifica en su pregunta el maestro Horace, a la luz del conocimiento que humildemente os pueda compartir, no es enrevesado o incluso imposible. Y eso responde también a la interrogante que había planteado acerca de los cuatro de Hogwarts.

—Cierto —asintió el retrato de Dumbledore—, "ninguna magia puede retornar a alguien de la muerte", recuerdo habérselo dicho a Harry Potter en algún momento; ni siquiera la magia más poderosa puede hacerlo. Quizás los nigromantes o algunos magos del norte de Hispania (4) tienen la capacidad de comunicarse con quienes han cruzado los velos, pero no pueden volverlos a la vida.

—Entonces, —terció la profesora Sprout, con su practicidad—, ¿usted ha estado por más de mil años encerrado en una prisión?

—Es una forma sencilla de decirlo, mi señora Pomona —no pasó descuidado a la profesora McGonagall que Merlín hubiera llamado a sus tres jefes de casa por el nombre—, aunque, como su merced entenderá, mucho más complicado de explicar. Mi prisión no sólo era del cuerpo, puesto que de ser así, el deterioro propio de la vida lo habría llevado a la culminación de ésta. La prisión que me retuvo hasta que fui llamado a estos terrenos era una prisión mágica, que encerraba mi cuerpo, sí, pero también mi mente y mi esencia mágica, por eso —dijo mientras se acariciaba la barba— entiendo que al ser extraído de mi confinamiento y trasladado al bosque que colinda con los terrenos de este castillo, recuperé completamente mi capacidad mágica.

—¿Y eso será permanente? —preguntó el profesor Slughorn, algo abrumado—, es decir, ¿se quedará en nuestro tiempo?

—¡Ah! —sonrió Merlín—, ¡una duda tan grande como la extensión del cielo sobre nuestras cabezas habéis planteado, mi buen Horace! Ni yo mismo, ni el conocimiento que humildemente atesoro, podrían responder a tamaña interrogante.

—Lo que me lleva a invitarles a que pensemos en un plan de acción para comenzar a recuperar el castillo de Hogwarts —intervino la profesora McGonagall, con cierta premura en la voz—, si queremos aprovechar al máximo la presencia de nuestro huésped, es conveniente que establezcamos prioridades donde cada uno de nosotros, dentro de sus capacidades y posibilidades, podamos iniciar esta recuperación de nuestro colegio.

—Considero —indicó el retrato de Dumbledore—, Minerva, que vuestro huésped puede ayudarles con cierta habitación del séptimo piso, en la cual entiendo aún persiste un Fryendfire descontrolado —los cinco magos presentes miraron extrañados al retrato del anciano director, quien sonrió mientras se ajustaba sus lentes de media luna—. Sí, Harry Potter me indicó en una conversación privada que el señor Goyle había lanzado esa maldición en la Sala que viene y va, aquella donde se guardaban los objetos perdidos o proscritos.

—Ah, así sí —asintió McGonagall, suspirando.

—¿Y qué harían ellos ahí? —preguntó extrañado Slughorn, a lo que el retrato de Dumbledore respondió:

—Tengo entendido que los señores Malfoy, Crabbe y Goyle se encontraban escondidos ahí, protegiendo cierta reliquia convertida en otra cosa, y que los señores Potter y Weasley y la señorita Granger buscaban según mis instrucciones.

—La diadema de Rowena Ravenclaw —reflexionó el profesor Flitwick, en voz baja pero audible, para después hablar más fuerte—, recuerdo que el señor Potter me consultó sobre ella en algún momento previo al inicio de la batalla.

—Por ello el alboroto de Amycus Carrow delante de la entrada de la sala común de Ravenclaw, y que su hermana Alecto estuviera escondida en ese sitio —reconoció la directora McGonagall mientras Sprout y Slughorn los veían desconcertados y Merlín sonreía en silencio—, les habían avisado que Harry Potter buscaba algo relacionado con la casa de Ravenclaw.

—Exactamente —ratificó el retrato de Dumbledore. Merlin, en tono pensativo, se aventuró a lanzar su teoría:

—Entiendo, y percibo también, que ese tal "mago tenebroso" del que me hablasteis al arribar al castillo había transformado esa y quizás otras reliquias de los Cuatro de Hogwarts en objetos contenedores de magia oscura.

—Así es, Merlin —afirmó Dumbledore—, ¿tuvo la oportunidad de oir hablar de los Horrocruxes?

Merlin afirmó en silencio, mientras el profesor Slughorn, pálido, intentaba disimularlo atuzándose los bigotes. Dumbledore, notando que los cinco presentes mantenían su atención en él, así como buena parte de los demás retratos en la oficina, siguió hablando:

—Ese "mago tenebroso", llamado Tom Riddle y conocido entre sus seguidores como Lord Voldemort, tomó algunas reliquias propias y de tres de los cuatro fundadores para crear una serie de horrocruxes, hasta un total de siete: su diario de la época estudiantil, un anillo de su familia materna, un guardapelo de Salazar Slyhterin, una copa de Helga Hufflepuff, la diadema extraviada de Rowena Ravenclaw, su propia mascota, una serpiente; y un horrocrux que nunca pensó que crearía, el propio Harry Potter.

—Dividió su alma en ocho partes —reflexionó Merlin, sorprendido como los demás en la oficina. El profesor Slughorn, aún afectado, dijo:

—Él estuvo interesado en la división de un alma en siete partes; pero es algo realmente horrible.

—La simbología del número siete —explicó el profesor Flitwick— es largamente conocida. No tengo la experticia de la profesora Vector, pero el siete siempre ha sido importante en el mundo mágico tanto como en el místico. Y usar una reliquia de cada fundador le da un factor adicional. Lo que me extraña es que no consiguiera una reliquia de Gryffindor.

—Lo intentó, Filius —dijo el retrato de Dumbledore—, pero la única reliquia que existe de Gryffindor es su espada.

—Una magnífica pieza de artesanía de los duendes —ratificó Merlín—, tuve la oportunidad de verla múltiples veces, y reconozco que era excepcional.

—Lo es, Merlín —le indicó la profesora McGonagall, señalando hacia la repisa donde se había devuelto al terminar la batalla—. Ahora entiendo porqué Voldemort llegó al estado en que llegó a la confrontación final con el señor Potter —comentó sombríamente—. Su cuerpo apenas conservaba una octava parte de su alma.

—Así es, Minerva —asintió el retrato de Dumbledore ante los cuchicheos de los demás retratos.

—Entonces —Merlín sorprendió a los demás presentes al palmear alegremente—, mi primera asignación entonces será controlar ese Fryendfire en esa habitación tan particular. Seguramente me tomará un tiempo restaurar los daños generales de dicha sala. Creo recordar que la magia que posee esa habitación es obra de mi señora Rowena, sin igual en el conocimiento de los encantamientos; intentaré emularla.

—Seguramente lo podrá resolver, Merlín —indicó el retrato de Dumbledore, a la vez que varios de los retratados asentían, a la vez que daban voces de apoyo.

—Yo me encargaré de ver el estado en que quedó el Sauce Boxeador —indicó la profesora Sprout—, me parece que fue bastante golpeado durante la batalla.

—Yo intentaré restaurar algunos pasillos de la zona norte del castillo —mencionó el profesor Flitwick—, justamente le iba a comentar, directora, que había recibido correspondencia de varios egresados, quienes se ofrecieron para ayudar con la recuperación del colegio.

—Por mi parte —suspiró el profesor Slughorn, para luego indicar—, me voy a encargar de ayudar a recuperar el área del patio central, el hall de entrada y el Gran Comedor; por lo que vi, la zona de las mazmorras no sufrió daños considerables.

—Yo debo viajar mañana temprano a Londres —reflexionó la profesora McGonagall—, debo reunirme con el Ministro de Magia para canalizar lo relativo al apoyo que el Ministerio va a dar a la restauración del castillo. Quizás conversemos también de temas relacionados con la dirección del colegio y del posible retraso del inicio del año escolar.

Con ese último comentario se levantó la reunión, y justo cuando los profesores comenzaban a moverse, la profesora Sprout, reaccionando, preguntó:

—¿Y dónde alojaremos al señor Merlin?

—No se preocupe, mi señora Pomona —sonrió el aludido—, puedo acomodarme en los linderos del bosque, cerca de la entrada sur hay una cabaña que yo mismo construí cuando visité estos terrenos; si aún está, puedo ocuparla.

—No lo creo —comentó McGonagall—, es ahora la vivienda de nuestro guardabosque, el profesor Hagrid.

—Entonces, no hay problema, puedo acomodarme en los primeros árboles del bosque.

—¡No! —saltó la profesora Sprout—, ¿cómo cree?

Merlín soltó la carcajada, sorprendiendo aún más a la molesta herbolaria.

—Exactamente así reaccionó mi señora Helga hace tanto tiempo atrás, escandalizada porque no quisiera dormir dentro del castillo. Créame, mi señora Pomona, ya estoy adaptado a pernoctar a la interperie. De hecho, mi confinamiento está, o estaba, en medio del bosque, así que no me es extraño. Eso sí le aseguro: dormir bajo un cielo estrellado como el que esta noche nos obsequia, me hará mucho bien para la empresa que me ha sido asignada para la mañana.

—Siendo así… —cedió la profesora Sprout, a regañadientes. La profesora McGonagall aprovechó para despedir a sus invitados:

—Ya aclarado ese detalle, les deseo una feliz y reparadora noche. Nos merecemos descansar. Al menos yo siento que no he dormido en una semana.

—Así es —indicó el profesor Flitwick, cediendo el paso al profesor Slughorn.

De esta manera, cada uno de los presentes en esa reunión tan particular, tenía su asignación para el siguiente día, especialmente Merlín, quien, habiéndose despedido de los profesores Sprout y Slughorn, quienes lo acompañaron hasta la escalera que iniciaba el camino hacia la cabaña de Hagrid y el bosque, reflexionaba mientras preparaba una suerte de refugio en los primeros árboles del bosque. Luego de ver finalizada su obra, se dispuso a descansar y, mirando el cielo estrellado, y ubicando varias de las estrellas reconocibles en el verano austral, se dijo:

—Esta aventura apenas está comenzando; me gustaría saber cómo terminará —al detallar las constelaciones, suspiró y pensó—: Mi visita no será muy larga, pero sí muy productiva. Pero aún no sé a ciencia cierta qué me trajo aquí y ahora, y por qué.

—Deja de preguntártelo, Merlín —oyó al viento susurrarle—, fuiste llamado a este tiempo y lugar, para que sigas tu misión, esa que dejaste al salir de este castillo hace tanto tiempo.

—¿Ayudar a la formación de nuevos usuarios de la magia?

—Ayudar a consolidar el colegio —Merlín escucho que la voz se le hacía extrañamente similar a la de Godric Gryffindor—, que nuestro legado, tu legado, siga existiendo.

—Mi legado…

Con esa frase en los labios, Merlín fue atrapado por el sueño, quien lo soltó al romper las primeras luces del amanecer.


Notas al pie:

(1) El nombre me recuerda, por supuesto, a una saga de películas "crédulas" y que por supuesto hace referencia a la trama...

(2) Y que a su vez tiene referencias a otro de mis relatos, un regalo enmarcado en el "Amigo Invisible Navideño 2015-2016" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black", y que es el regalo para seremoon: El Mago entre los magos.

(3) En este mítico bosque del sur de Inglaterra se ubican los últimos años de Merlín, y su supuesta prisión, encerrado en el tronco de un árbol o en una jaula de cristal, de acuerdo a la leyenda artúrica.

(4) De acuerdo a la muy educada y trabajada "Sorg-expansión del Potterverso", se trata de la llamada "Tradición Celta". Para más información sobre este tema, en el topic "Magia Hispanii" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black", y en el "Foro de las Expansiones", se encuentra TODO lo que quieres saber sobre las expansiones (y no te atrevías a preguntar).

Buenas noches desde San Diego, Venezuela!Una nueva experiencia al escribir, con este intento de aventura "alternativa" después de la Batalla de Hogwarts. La reaparición, por "arte de magia" de "El Mago entre los magos" en terrenos de Hogwarts nos trae muchas alternativas, que espero que se hayan ajustado al reto... Cualquier comentario, sugerencia o crítica, en el cuadrito o enlace de abajo... Salud y saludos!