XI
11 años antes…
En una comunidad Muggle, donde la magia son trucos para engañar a la mente, se ubicaba una casa en específico para cierto mago.
No era una casa que destacara por ser inmensa, la razón de ser especifica era por sus habitantes, más específicos la mujer que vivía en ella. Si mirabas con atención en ese día otoñal, la residencia podría parecer por desocupada. Nadie podría imaginarse que por alguna fuerza mágica gritos de auxilio, provenían de la habitación de la mujer.
Si entrabas a la casa podías ver las obvias muestras de una lucha, de algo tratando de sostenerse de la barandilla inútilmente pues esta mostraba un rastro de sangre. El pasillo igual mostraba la delgada línea de sangre, hasta llegar a una puerta cerrada. Todo indicaría que se escucharían forcejeos… pero no era así.
El grito era amortiguado por las paredes, sus manos estaban sujetadas de alguna manera que no comprendía, se sentía sucia, destrozada. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas, su labio sangraba producto de la fuerte bofetada que le propino su agresor, el dolor de ser partida a la mitad se intensificaba.
Rogaba porque todo terminara, la respiración forzada del hombre la tenía justo en el cuello, las embestidas se volvieron salvajes, frenéticas. Ninguno fue consiente que la puerta fue abierta, y unos ojos en estado de shock veían toda la escena.
Por fin cuando llego al éxtasis, el hombre rubio miro hacia la puerta con una sonrisa de satisfacción.
-¡ERES UNA MALDITA PERRA!-grito el sujeto de la puerta
-JONATHAN!-los ojos de la mujer se abrían inmensamente, no encontraba más palabras. Su agresor salió de ella con el sutil sonido de fluidos mezclados. Ya podía levantarse, quiso explicar todo, pero el rubio la tomo entre sus brazos con la misma sonrisa hablo fuerte y claro.
-¿Pero querida, no habías dicho que él no llegaría hasta mañana?
La mujer dejo escapar un chillido, su agresor había llevado una mano a su parte más íntima, con la punta de los dedos empezó a introducirlos haciendo que ese sonido morboso fuera escuchado claramente. El hombre de la puerta salió corriendo, llego hasta la puerta, tomo la maleta que había dejado al entrar a la casa y se fue. La mujer no pudo decir nada pues nuevamente el rubio la penetraba, sus lágrimas y gritos fueron escuchados solamente por las paredes, nadie fue e salvarle, y su prometido no regreso.
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Pocos días después de la violación, la joven estaba acostada en su vieja habitación, su mirada estaba perdida, se notaba lo poco que dormida y comía, las ojeras negras por debajo de sus ojos solo la hacían ver más enferma.
La gente hablaba de ella, Jonathan –su prometido- había contado que encontró a la zorra de su novia con otro hombre en su cama, claro que altero algunos hechos como que la mujer estaba feliz de haberle visto en el umbral de la puerta, y mientras ella seguía fornicando con el hombre le propuso unirse.
-"Oh, pobre Jonathan"- decían la gente
-"Quien diría que Annette fuese esa clase de mujer"
-"nunca me agrado"
-"yo escuche que la vieron entraba a un bar y coqueteaba descaradamente con dos hombre"
Los rumores cada vez se intensificaban, ya no salía de casa, las miradas acusadoras, llenas de sospecha, todo eso lastimaba. Día a día la gente hablaba del tema, era como si lo demás hubiese dejado de importar, solo ella era el centro de atención y de la mala forma. Pero fue peor cuando después de casi un mes, al intentar suicidarse en la bañera, el doctor le dio el aviso de que tenía ya 1 mes de gestación.
-no lo quiero-susurro la joven, su madre un mujer delgada y empezando a usan bastón miro a su hija con tristeza. La joven toco su vientre, un vida nacía dentro de ella, un vida que ella no deseaba, no… ese bebé solo era un bastardo producto de lo que ella sufrió, no lo quería… no lo quería… bebé no debe nacer.
-¡NO LO QUIERO! ¡NO ES MAS QUE UN BASTARDO! ¡NO QUIERO TENERLO! ¡QUIERO QUE ME LO QUITEN! ¡EXIJO UN ABORTO!
-Señorita Mercuri, en su estado actual, desnutrida y baja de peso; hacer un aborto sería perjudicial para su salud.
-¡NO ME IMPORTA! ¡NO LO QUIERO! ¡NO LO QUIERO! ¡NO LO QUIERO!-la joven empezó a llorar y moverse frenética en la cama, el doctor tuvo que llamar a su enfermera para que ayudara a inyectarle un tranquilizante.
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8 meses y 4 semanas después, un pequeño lloraba en la sala de maternidad, una pequeña mota de pelo rubia se apreciaba en su cabeza. Un varón de 2kgramos, con pulmones fuertes, nacido de forma natural. La joven lo veía desde el ventanal, estaba en una silla de redas, a poco metros las otras madres junto a sus respetivas parejas tomaban fotos de sus recién nacido.
-Solo míralo Anne… un muy apuesto varón… Hola bebé…-la nombrada deseaba no tener algo que ver con ese bastardo producto de la violación. Cuando fue dada de alta, la joven se negó a tener al bebe en su habitación, la medre no protesto, pero si le dejo en claro que debía de alimentarle a sus respectivas horas y cuidar de él como corresponde.
-Es tu hijo… ni siquiera le has puesto un nombre-la mujer mayor miro a su nieto con tristeza, el pequeño no tenía culpa alguna y su madre lo odiaba.
-¡ese mocoso… no es mi hijo! Lo mejor hubiera sido abortarlo… además no te encariñes… recuerda que dentro de poco vendrá esa mujer de servicios de adopción
-Anne…
-¡NADA MADRE! ¡NO QUIERO A ESE BASTARDO!-dicho eso se fue a su cuarto, grito hizo que le infante llorar.
-Ya mi pequeño… mami solo está algo cansada, veras que dentro de poco se le pasara… no llores mi niño, tu abuela te cuida
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Muchas familias desean aun recién nacido, pero pocos podían darse el lujo de pasar por toda la papelería que eso con lleva, la mujer de servicios adoptivos había pedido que conservaran al niño hasta encontrar a una familia adecuada. La joven madre asintió con obvio fastidio, no soportaba al niño por nada del mundo. Le daba de comer tarde, y nunca lo bañaba, cuando lloraba le gritaba y lo sacudía.
-¡QUE SEA LA ULTIMAVES QUE TE VEA HACERLE ESO! ¡NO ME IMPORTA SI NO TE AGRADA! ¡ES UN PEQUEÑO QUE MERECE PROTECCION!-le grito su madre cuando vio que la joven hundía al niño en la bañera.
-¡YA TE DIJE QE ESE MOCOSO NO ES MAS QUE UN BASTARDO! ¡DEBERIA ESTAR MUERTO!
-¡ANNETTE MERCURI TE PROHIBO DECIR ESO! ¡TE LO JURO! ¡VUELVES A LASTIMAR DE ALGUNA FORMA A MI NIETO Y NO ME CONTENDRE EN LLAMAR A LA POLICIA!
Desde ese día la cosas en la casa estaban más tranquila, Annette se ocupaba de manera robótica del niño y luego lo olvidaba, Consuelo era quien mimaba al pequeño, lo hacia reír y le contaba cuentos, ella lo bañaba pues no confiaba en su hija.
El niño ya tenía 1 mes, Consuelo Mercuri salió temprano esa mañana pues tenía un juego de canasta con sus amigas. Annette se quedó cuidando a "la cosa" como acabo nombrándolo. Termino de amamantarlo y acostarlo en la cuna cuando escucho que tocaban la puerta.
Bajo lentamente las escaleras, los golpes se volvieron frenéticos, algo dentro de ella le decía que no abriera. Que subiera y se encerrara. Se detuvo al mismo tiempo que los golpes. Entonces sintió un frio recorrerle toda la espalda y lo único que cruzo por su mente fue…
-el bebé…-corrió a escaleras arriba, la puerta de la entrada exploto dejando a la vista a un encapuchado con mascara plateada. Annette cerró la puerta y tomo al niño que estaba en la cuna, lo aferro a su pecho mientras el infante se quejaba y empezaba a lloriquear.
-silencio…puede oírnos…por favor…guarda silencio-suplicaba la mujer, oía los pasos del intruso mientras subía las escaleras y se detenía enfrente de la puerta del cuarto.
El recuerdo del incidente 9 meses atrás regreso a su mente, miro al niño el cual seguía gimoteando, era pequeño. Por primera vez lo veía con detenimiento, era demasiado pequeño…un niño… un ser frágil que no podía defenderse solo. La puerta fue tumbada, el hombre se abrió paso con un extraña varita de madera hizo un simple movimiento con la muñeca y la lanzo a la pared, Annette se aseguró se recibir el golpe para que nada lastimara al niño.
Se había golpeado la cabeza, como pudo se sentó en el suelo, no dejaba de sostener al infante. El encapucho se acercó, tenía un aura temible. Se arrodillo hasta quedar a la altura de la lastimada mujer y le arrebato el niño de las manos. El infante empezó a llorar, el sujeto se levantó y apunto el objeto justo a la altura de la frente del menor.
Fue entonces cuando sus ojos se abrieron de par en par, ella lo amaba. No importaba el cómo llego al mundo, ese bebé era suyo. Ella debía cuidarlo, protegerlo y no permitir que nadie lo lastimara. El llano de su ahora reconocido hijo de intensificaba. El hombre murmuraba algo en latín y formaba símbolos en la frente del pequeño lastimándolo en el proceso.
-no lo toques…-susurro la mujer
-¿Qué?-pregunto el sujeto deteniéndose, la mujer levanto la mirada, ya no había miedo, había determinación, había furia, había enojo y coraje. El sujeto sintió que algo malo pasaría, apunto el objeto a la mujer y retrocedió un par de pasos.
Annette se levantó, era pequeño… él era SU pequeño…
-es el mío… no quiero que lo toques… es mío… ¡MI HIJO!-se lanzó al hombre tratando de golpearlo, nuevamente sintió que era empujada a la pared. El sujeto la apunto con la varita y una luz verde empezó a salir de la punta del objeto.
- ¡AVADA...! -fuese lo que fuse que decía no termino de pronunciarlo, Annette juraba haber visto un chispazo y pronto el sujeto era una antorcha humana. Soltó al niño por la sorpresa pero este en vez de caer de forma violenta floto hasta los brazos de su madre.
Annette no lo pensó dos veces y salió corriendo con su hijo en brazos. Cuando estuvo a salvo en la calle, se giró para ver la casa la cual se prendía en llamas rápidamente. El niño seguía llorando fuertemente. No fue consiente del extraño símbolo que brillo y se hundía hasta desaparecer en la piel del niño.
-BUAAAAAA
-no llores…mami está aquí…-el infante seguía llorando- escúchame pequeño…estoy aquí. Mami te cuidara…-el llanto empezó a disminuir, ojos del pequeño rubio se abrieron un poco-como lo escuchas…mamá esta aquí… y no dejare que nadie te lastime…
El niño dejo ver sus curiosos ojos vi colores, la mujer sonrió, el niño dejo escapar una risa. Por primera vez Annette Mercuri no veía al pequeño como un bastardo, por primera vez lo veía por lo que era, su hijo, su razón para olvidar y dejar atrás el dolor y criar a ese pequeño como un hombre de bien.
-tu llevaras el nombre de tu… padre… pero tu… tu serás bueno, porque yo sé que tienes un corazón puro... Tu eres mi hijo… mi Lucius…
El niño sonrió y empezó a reír, madre e hijo habían hecho un pacto una completamente consiente de la responsabilidad de cuidar a un niño, y el otro por el simple hecho de tener la inocencia que un infante puede tener hacia su progenitora.
