IVX
-¿Esta consiente de que lo que se habló aquí nadie debe saberlo?-pregunto el hombre de cabellera negra, la niña con mirada seria asintió, observo al hombre detenidamente esperando que hiciera algo.
-por favor…-susurro la Ravenclaw, el pocicionista tardo unos segundo, parecía pelear internamente con la decisión que iba a tomar. Saco su varita y murmuro un hechizo, una tenue capa de luz azul rodeo a la niña, pronto esta desapareció y la pequeña agradeció mientras se encaminaba a la puerta.
Salieron de la oficina y la guio hasta la entrada de su sala común, Dan dio la respuesta al acertijo, abrió muy poco la puerta, deteniéndose justo cuando escucharon el carraspeo detrás de ellos. Filius observo a la niña, y con aun asentimiento de cabeza ella entro a la sala común.
-¿Debo de preocuparme del comportamiento de mi cuervo, Severus?
-Quizás deberíamos hablarlo en tu despacho Filius-el hombrecito asintió y se fueron alejando del pasillo.
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Augusto Prince se encontraba sentado en su cómodo sillón enfrente de su chimenea, a un lado de él encima de la mesita se podían apreciar varios papeles amontonados, uno de ellos destacaba por la firma que se iluminaba tenuemente en letras doradas.
No despego su vista en ningún momento de las llamas que bailaban, tenía mucho en su mente. En primera el hecho de educar a su Bisnieto para que en el futuro se volviera el Lord de la familia Prince, en segunda evitar que su nieto Severus mandara lejos a Tobías, en tercera y que juro no dejarlo en segundo plano, era la cuestiona total de Lucius Mercuri.
Aunque sanguíneamente Lucius fuera un Malfoy, seguía siendo un hijo no reconocido en su totalidad, aparte de que Tiberius seguía siendo el Lord de la familia Malfoy, eso ayudaba a evitar que Lucius Malfoy pidiera la custodia.
Desde que el rubio se entero había llamado a sus abogados solo para que estos se toparan con un arsenal inmenso de abogados de todos los países por parte del Lord, se había acordado darle la custodia y tutelaje en su totalidad al Lord Augusto Prince, por seguridad ahora Annette y Concepción vivirían en su mansión, y el niño ahora pasaba a ser Lucius Antoni Lionel Prince Malfoy Mercuri. Un título pesado para los hombros de un niño de solo 11 años, pero todos estuvieron de acuerdo que sería lo mejor para él.
Lucius-padre- había estado furioso por eso, pero sus abogados no pudieron hacer nada y tampoco quería meter un juicio porque sabía que los medios de comunicación escarbarían en la historia y expondrían su amorío con una mujer que no era su esposa, y conociendo a Rita-esa mujer desesperante- descubriría lo el cómo fue concebido Lucius Antoni.
Había otra cosa que le preocupaba, el hecho de que Lucius Antoni fuera un elemental solo empeoraba las cosas, no es que fuera algo malo, pero él era consciente de la profecía de los 4 elementales. Él también tenía a sus propios espías en el ministerio, lo cual le ayudaba mucho a saber cómo estaba siendo controlado el ministerio.
Se había sentido frustrado cuando descubrió que Albus se enfrascara en un solo niño para ser el salvador del mundo mágico, más aun siendo este un bebé. Pero ahora con los elementales…
Suspiro, Tobías era un elemental del agua, Aurora le había dicho que desde su nacimiento cosas raras pasaban cuando su hijo estaba cerca de algún charco o fuente de agua.
Esta se detenía o burbujeaba según el estado de ánimo del pelinegro, al revisar su tapete familiar y hacer unas pruebas todo quedo confirmado. Ambos niños, considerados por ellos mismos como hermanos, eran maestros elementales. Según por lo que se enteró del suceso de Halloween era obvio que un elemental del Aire se encontraba entre esos jóvenes prefectos o niños de primero.
Debía apresurarse a encontrarlo y alejarlo de las manos de Albus, guiarlo en el buen camino. Solo así evitaría una catástrofe.
-¿El amo desea algo más de Zizus?-pregunto la criatura con elegancia, se veía que era un elfo ya entrado en años. Augusto negó con la cabeza y le ordenó retirarle. El elfo asintió y con un pop desapareció.
-Aire y Tierra… ¿quiénes serán…?
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-Nunca había actuado así, seguramente alguien la amenazo o algo por el estilo
-Magnus cálmate, ella solo esta… bueno ella es quien se alejó de nosotros…-contesto el pelinegro viendo como Dan Baker comía hasta el otro extremo de la mesa.
Ya estaban a una semana de salir de la escuela y pasara unas agradables vacaciones navideñas con su familia. Dan había estado actuando extraño desde la noche en que Harry se integró al grupo. Ni si quiera Magnus podía sacarle platica.
-¡Ni siquiera está comiendo! ¡Solo mueve la comida con el tenedor!-hablo más fuerte el hermano de la joven, preocupado del comportamiento de ella.-en definitiva fue una mala idea que Potter se nos uniera
El tono mordaz hizo que el nombrado diera un pequeño salto del asiento, Hermione protesto al igual que los demás.
-¡No puedes culpar a Harry por lo que le pasa a Dan! ¡Ella es quien decidió darnos la espalda!-Magnus volteo a ver a la Gryffindor, su mirada fiera haciendo que esta se sorprendiera por completo. No era común verlo así de molesto.
-Dan tiene razón, ¡Potter fue el primero en darte la espalda! ¡Lo defiendes más que a Dan! ¡Quien fue la primera en darte una mano amigable sin importarle la diferencia de casas!
-Magnus…-la castaña bajo la mirada, las palabras del niño le habían dolido. Miro con pena a Harry y este igual. El ojiverde se recrimino, sintiéndose una plaga en medio de ellos. Sabía que Magnus tenía razón en enojarse con él, no se había ganado el integrarse como corresponde. Fue Baker quien protegió a Hermione de los excesos de Ron.
Se levantó de la mesa y salió del comedor, tenía que estar solo y pensar, gracias a Merlín era viernes.
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La oji-bicolor a diferencia de lo que sus compañeros pensaban, no estaba deprimida y sintiendo lastima por ella. Pensaba, más específicamente en todo lo que la profesora McGonagall le había contado.
Su teoría era cierta, Albus Dumbledore era un maldito bastardo que buscaba matarla a ella, a su hermano y a sus amigos… a claro y a San Potter. Pero porque y también a ellos, bueno era lógico que quiera matarla a ella y al ojiverde, ¿pero a sus amigos?
No lo permitiría, debía hacerse más fuerte, saber que era la maldita cosa que se ocultaba en el castillo, Dumbledore lo usaba como señuelo seguramente para que Potter y Voldemort se enfrentaran. Aunque no le gustaba admitirlo debía protegerlo.
Hermione le tenía cariño al mocoso y era obvio que los demás también, suspiro, maldita moral y sus consecuencias.
Al menos tenía una pista, había logrado que la profesora sacara a relucir lo de Nicolás Flamel, claro que fue muy divertido ver como esta se quedaba en shock luego de haberla confundido en una discusión sin sentido hasta que estallara, típica Gryffindor. El profesor Snape volvió a lanzarle el hechizo para resguardar secretos, justamente para que no le sucediera lo mismo que a su querida profesora de transformaciones.
-"por eso el vejete no la hizo hacer pacto, para que fuera ella la que le diera tal información a Harry…"-pensó la Ravenclaw con detenimiento.
No podía decirles a los chicos, debía esperar a que ellos mismos lo descubrieran. Solo necesitaba tiempo y pronto todos estarían en la misma página y con la misma misión… o bueno casi la misma misión.
