Declaimer: Haikyuu no me pertenece, yo hago esto sin fines de lucro porque nadie en su sano juicio me pagaría.


HEAT

Akaashi lo sabía, Kuroo lo sabía, incluso el muy atolondrado Bokuto lo sabía. Tsukishima estaba a nada de entrar en su celo.

El dulce olor a fresa que inundaba cada rincón del departamento universitario donde vivían, era la pista más obvia, su pequeña fiebre por las noches o la manera en que prácticamente se le pegaba toda la noche a quien compartiera cama con él ese día, fueron los siguientes síntomas más notorios y, finalmente, la forma en que buscaba más contacto que de costumbre con cualquiera de los tres.

Tanto el búho, la lechuza y el gato, estaban de acuerdo en que había que sacarlo del edificio universitario antes de que toda esa bomba de hormonas y feromonas explotara dentro de esas cuatro paredes. Kei merecía toda la privacidad posible en esa etapa, sobre todo cuando tenía a tres novios deseosos de estar ahí cuando el rubio finalmente se abandonara al calor del celo. Por eso...

— ¿Un onsen? — preguntó Kei, confundido. Se removió un poco sobre el regazo de Kuroo para girarse a ver a Keiji, quien solo asintió en respuesta a su mirada interrogante — ¿Aguas termales? — volvió a preguntar, olvidándose finalmente del cuello de Tetsuro, dejándolo ya con bastantes marcas.

— ¡Así es! — exclamó Bokuto, queriendo participar de alguna manera en la conversación.

—Hay uno muy cerca de aquí —continuó explicándole Kuroo mientras sus manos se paseaban lento por la espalda de Kei — Iremos en el auto de Bokuto mañana temprano y volveremos el domingo en la noche.

—Si pero, ¿Por qué?

—Porque podemos — respondió Akaashi con un tono confiado que hacía a Tsukishima temblar.

El rubio volteó a verlo y Keiji extendió los brazos hacia él; en cualquier otra ocasión Kei se habría hecho del rogar, fingiendo ir hasta él de mala gana mientras refunfuñaba un poco. Ahora no tardó ni dos segundos en gatear sobre el sillón desde Kuroo hasta Akaashi, acomodándose sobre él, una pierna a cada lado, mientras se apegaba y enterraba la cara en el cuello ajeno.

Kuroo se quejó por haber perdido la atención del rubio, pero Bokuto lo silenció con un sonoro beso antes de unirse también a sus novios, buscando un lugar en el sillón, recargándose sobre Kuroo mientras una de sus manos acariciaba la pierna derecha de Tsukishima.

Gracias al dulce aroma de Keiji, Tsukishima se olvidó de hacer más preguntas con respecto a ese inesperado viaje. Últimamente le costaba concentrarse en algo que no fueran los dos idiotas y el ángel con los que vivía, así que esta vez no fue la excepción. Su mente pronto se perdió en el cuello de Keiji, en las manos sobre su cintura y las caricias sobre sus piernas.

Esa noche Bokuto ganó el poder dormir en la cama de Kei, por lo que también le tocó despertarlo a primera hora a punta de besos y caricias en su despeinado cabello rubio de recién levantado. El búho sabía la difícil tarea que tenía en manos esa mañana, pero no iba a decepcionar a Kuroo y Akaashi, quienes confiaban en él para sacar de la cama a un muy dormilón Tsukishima.

El rubio gruñó y se aferró a él, le pasó una pierna encima y buscó esconder su rostro contra el musculoso pecho de Bokuto. Este lo rodeó por la cintura y con cuidado lo levantó hasta dejarlo sentado, aun así Kei recargó su cara sobre el hombro del mayor y suspiró contra la piel de su cuello, causándole una pequeña risa a Koutarou.

Bokuto continuó dándole suaves besos y lentas caricias, sin saber que eso sólo relajaba más al rubio para que pudiera continuar durmiendo. Unos minutos después Kuroo y Akaashi entraron a la habitación, riendo bajo porque de alguna forma Tsukishima se las había arreglado para quedar recostado sobre Bokuto, impidiéndole levantarse también. Koutarou les mando una mirada de auxilio.

Silenciosamente Kuroo se acercó, tenía una enorme sonrisa de burla en sus labios mientras se agachaba sobre la cama para tomar a Tsukishima en brazos, cargándolo con cuidado estilo princesa mientras el rubio se acomodaba sobre su pecho y seguía durmiendo. Bokuto daba una imagen de derrota total, por lo que Keiji se acercó a consolarlo.

—Tranquilo, no eres el único que ha fallado despertando a Kei — le acarició la mejilla y le plantó un suave beso de buenos días — Ya está todo listo, sólo cámbiate, cepíllate los dientes y podremos irnos. Kuroo ya subió todo al auto, sólo faltan ustedes dos.

—Y ya tengo a uno listo — añadió el gato, quien en esos momentos se encargaba de tapar el cuerpo de su bella durmiente con una manta de dinosaurios que Kei solía esconder entre sus cajones. El clima dentro del departamento era cálido y agradable, pero afuera el sol apenas y comenzaba a salir en una fresca mañana de finales de verano. Había pesadas nubes de lluvia muy cerca, así que tal vez les tocaría ver algún arcoíris mientras conducían al onsen.

Bokuto asintió y se levantó con energía, se estiró y acomodó la ropa que Tsukishima había desacomodado mientras dormían. Había una erección matutina entre sus shorts, razón por la que río ligeramente avergonzado.

—Yo me encargo de eso —murmuró Akaashi mientras relamía sus labios y se acercaba a él. Bokuto sonrió contento y Kuroo resopló, un poco celoso porque en cambio él tenia entre los brazos a un rubio dormido, aunque tampoco es que fuera quejarse, Keiji ya había atendido su propia erección matutina más temprano esa mañana.

Mientras Akaashi succionada sin pudor alguno el miembro de Bokuto, haciendo ruidos lascivos que se le unían a los roncos gemidos del mayor, Kuroo arrullaba distraídamente a Kei, quien comenzaba a moverse un poco entre sus brazos, inquieto por tantas feromonas en el aire. Por suerte la felación terminó pronto, con un Bokuto que se clavó hasta el fondo de la boca de Akaashi para descargar su semilla ahí.

Keiji tragó con calma, lamiendo sus labios para asegurarse de que ninguna gota escapó. Bokuto, ante esa provocativa imagen, se inclinó a besar con rudeza los saldos labios del menor antes de finalmente alejarse e ir a alistarse lo más rápido que pudo.

Quince minutos después ya todos habían salido del departamento en dirección al estacionamiento. Kuroo había sido relevado por Bokuto, quien ahora cargaba a Tsukishima con suma facilidad mientras le acariciaba la espalda, intentando no molestarlo con sus pasos.

—Parece un bebé —había dicho Akaashi en el elevador mientras acomodaba la manta alrededor del rubio para que el frio aire del exterior no fuera a molestarlo.

—Es nuestra culpa —río Bokuto en un susurro, o lo que intentó que fuera un susurro, pues aun así sonó bastante alto.

Kuroo asintió.

—Lo mimamos demasiado.
Kei suspiró entre sueños, acurrucándose aún más si es que era posible sobre el cuerpo de Bokuto, soltando un pequeño sonido que les derritió a todos el corazón.

—Es imposible no hacerlo — finalizó Akaashi y todos estuvieron de acuerdo.

Al llegar al auto Akaashi ganó el asiento de atrás, así que le tocó que sus piernas fueran la almohada de Tsukishima, quien quedó recostado en el resto del asiento. Kuroo se subió al del copiloto y Bokuto condujo, después de todo el vehículo era de él.

Fue un viaje sumamente tranquilo; debido a la hora el tráfico era mínimo, e incluso la carretera iba prácticamente vacía. Cuando empezó a llover fue que finalmente Tsukishima se levantó, abriendo los ojos lentamente después de que sus parpados temblaron. Las gotas de lluvia en la ventana fueron lo primero que reconoció a pesar de la falta de sus lentes, luego Akaashi, que iba viendo la carretera a través del cristal.

—Buenos días, Kei— le susurró Keiji junto a una sonrisa dulce en cuanto notó la mirada del rubio sobre él.

Eso alertó a Kuroo y Bokuto, quienes finalmente rompieron el pacífico silencio en el que habían ido viajando hasta el momento.

—Buenos días, princesa — le saludó Kuroo, girándose un poco en el asiento de enfrente para verlo y sonreírle con esa gatuna sonrisa que siempre le daba.

— ¡Hey, hey! ¡Tsukki! — Exclamó Bokuto, ya que no podía voltear a verlo — ¿Dormiste bien? —preguntó después, un poco nervioso por la respuesta del rubio, pues era importante para él.

Kei se levantó y talló sus ojos, miró a su alrededor un poco desubicado, y ni siquiera se molestó en preguntar por qué demonios no estaba en su cama. Tomó sus lentes cuando Akaashi se los tendió y luego finalmente respondió:

—Como nunca.

Koutarou sonrió triunfal, Kuroo fingió indignación, y Akaashi sólo sonrió. En momentos así podía notar como alguien tan cerrado y frío como Tsukishima podría alterar el mundo de tres personas que prácticamente tenía a sus pies.

La lluvia continuó el resto del camino, parando un poco cinco minutos antes de que llegaran a su destino. La música ahora sonaba por las bocinas del carro, toda cortesía de una de las tantas listas de reproducción que el rubio tenía. Akaashi le había dado una cajita de leche de fresa para que no tuviera el estómago vacío, asegurándole después que ellos tres ya se habían tomado la suya mientras él dormía, sonrojándose un poco cuando Kuroo añadió con voz burlona que el dulce Keiji había tomado incluso más leche que esa.

Al llegar al lugar Bokuto y Kuroo bajaron todo mientras Akaashi y Tsukishima iban a pedir las habitaciones. A pesar del clima lluvioso Kei se sentía acalorado, ansioso. Pero aún era lo suficientemente dueño de sí mismo para no lanzarse sobre los labios de Keiji en ese mismo instante. Sólo se consoló con tomar su mano y acariciar el dorso con el pulgar de forma distraída mientras buscaba a Bokuto y Kuroo con la mirada.

Por suerte las habitaciones que les dieron estaban conectadas, solo separadas por una puerta corrediza que se encargaron de abrir en cuanto se quedaron solos en la habitación. Minutos después llegaron los dos mayores, solo para encontrarse como Tsukishima tenía a Keiji contra uno de los tatamis del suelo, devorando su boca con ansias y cierta desesperación.

Kuroo río un poco, deteniendo a Bokuto quien ya se acercaba a ellos.

—Disfruta un poco la vista — le indicó con una tranquilidad que apenas y sentía, suprimiendo también sus propias ansias de saltarles encima.

Bokuto hizo un sonido de desesperación, pero asintió y se dedicó a mirar la forma en que el rubio y el pelinegro se besaban. Había pasión de por medio, hambre de los labios del otro. Había manos que se perdían por debajo de la ropa y la muy nublada mirada de Tsukishima, oscurecida por un deseo que no podía controlar. Pronto los labios del rubio bajaron al cuello de Keiji, donde mordió con suavidad antes de usar sus manos para comenzar a abrir su ropa. El sentirse observado sólo lo hacía querer más, sólo lo hacía desear que vieran como el dulce cuerpo de Akaashi quedaba desnudo bajo él.

Kuroo por otro lado analizaba la situación mientras veía cada vez más de la piel de Akaashi. Tsukishima normalmente nunca se mostraba tan dominante, pero ahora estaba descubriendo otra faceta de él gracias al celo. Aun así las ganas de provocar a ambos chicos continuaba creciendo en su interior, ambos estaban calientes y listos para comenzar a follar en cualquier momento, sería una pena que alguien los interrumpiera ¿verdad?

Susurró su plan a Bokuto y este no pudo evitar sonreír antes de asentir, obediente. Akaashi les miró desde su lugar, presintiendo que algo peligroso se avecinaba con esos dos. No alcanzo a decir nada porque fue Kuroo quien habló en seguida.

—Aw, Tsukki que amable eres —le dijo mientras se acercaba y tomaba al rubio de la cintura para alejarlo del pelinegro. Lo levantó con facilidad y lo recargó contra su cuerpo, comenzando a frotarse un poco contra él para no recibir ninguna queja. Akaashi por su parte suspiró ante la pérdida, sin embargo Bokuto llegó también a levantarlo y a continuar desnudándolo con sus dedos expertos. — Estabas ayudando a Keiji a ponerse su yukata ¿verdad, princesa? Pero para eso, primero debemos ponerte la tuya.

Tsukishima no atinó a contestar nada, su celo estaba ahí y todo en lo que podía centrarse era en las caricias que Kuroo tan amablemente le daba. Poco a poco su ropa fue desapareciendo hasta que quedo en ropa interior, sin embargo frente a él estaba Akaashi totalmente desnudo. La boca se le hizo agua cuando vio su miembro orgullosamente erecto frente a él. Quiso acercarse a tomarlo entre sus labios, pero Tetsuro lo detuvo una vez más.

—Aún no, Kei — susurró contra su oído antes de darle una mirada y un asentimiento de cabeza a Bokuto, quien sonrió mientras volvía a mover el cuerpo de Keiji, mismo que se había mantenido estimulando durante ese tiempo.

Con cuidado lo dejó a cuatro, encargándose de levantar ese bonito trasero que aún tenía la marca de una mordida en su lechosa piel. Pronto sus dedos se hicieron espacio en su interior, moviéndose inquietos en busca de dilatarlo lo suficiente para poder entrar. Akaashi por su parte no podía alejar la mirada de la mancha de humedad en la ropa interior negra de Tsukishima, misma que resaltaba su erección debajo de la tela. Finalmente no se resistió más y lo alcanzó, justo como Kuroo había planeado, para terminar de desnudarlo y llevar el miembro de su tercer novio a su boca, gimiendo ante el sabor y la forma en que justo en ese momento Bokuto comenzó a penetrarlo con suavidad.

Tsukishima jadeó en respuesta, abriendo las piernas para él mientras dejaba caer su cabeza hacia atrás, sobre el hombro de Kuroo, quien admiró la escena frente a él fascinado, sintiéndose totalmente duro.

Bokuto no pudo contenerse más, tomo la cintura de Akaashi y comenzó a penetrarlo con un ritmo característico de él, rápido y profundo. Keiji gimió alto alrededor del miembro de Kei, quien se estremeció y apretó su entrada alrededor del digito que Tetsuro había comenzado a meter.

Por un momento todos se movieron con una sincronización envidiable, dándose placer los unos a los otros, entre roces, penetraciones y la forma tan deliciosa en que Kei se retorcía y se pegaba contra Kuroo, apresando su miembro contra su pálida espalda.

Tsukishima fue el primero en correrse, apretando los dedos alrededor del cabello de Akaashi para descargar toda su simiente en su boca, cerrando sus paredes internas en tiernos espasmos alrededor de los dedos de Kuroo, quien deseó estar en su interior ahora mismo. Akaashi tragó sin dudarlo ni un segundo, gimiendo al sentir como segundos después le seguía Bokuto, llenando su interior con su dulce esencia, misma que escurrió un poco por los bordes de su entrada pues Koutarou jamás dejaba de empujarse en su interior hasta que terminaba de correrse.

Luego todos se quedaron quietos un segundo, Keiji pensó que la primera ronda había terminado, pero supo que se había equivocado cuando Bokuto salió de su interior, le dejó algunos besos y caricias en la espalda antes de acercarse a Tsukishima, a quien levantó con sumo cuidado para comenzar a besar sus labios con una delicadeza poco común en él. Kuroo por su parte se acercó a él, quitándose de un movimiento el pants junto con su ropa interior antes de ponerlo boca arriba sobre el tatami, como en un inicio había estado, para posicionarse entre sus piernas y penetrarlo de una estocada.

Akaashi boqueó en busca de aire, casi desfalleciendo ante esa perfecta primera estocada. Kuroo se movió un poco contra él en diferentes ángulos hasta que finalmente encontró el punto que había estado buscando, uno que Bokuto había evitado a conciencia para que no alcanzara su orgasmo tan rápido. Keiji gimió y Kei río entre los brazos de Bokuto, quien se acercaba con él y lo dejaba cerca de Akaashi para que de ahí pudiera acomodarse y comenzar a chupar los dos rosados botones que había en su pecho.

Los labios de Tsukishima se cerraron sobre el pezón más cercano, Kuroo se empujó con fuerza en su interior, rozando su próstata en cada estocada, y Bokuto se puso tras Tsukishima para comenzar a lamer y besar el rosado y tierno anillo de músculos que era su entrada.

Akaashi se sentía cerca, el semen de Bokuto se movía en su interior ante cada penetración, Tsukishima mimaba su pecho como un gatito hambriento y el sonido de los labios de Koutarou contra la piel del rubio eran una placentera sinfonía. Arqueó ligeramente la espalda, comenzando a entregarse al orgasmo, cuando sintió una mano alrededor de su miembro que se lo impedía.
Miró hacia arriba con cierta desesperación, encontrándose con el rostro de Kuroo que le miraba con los ojos perdidos en un mar de placer.

—Juntos —alcanzó a leer los labios de Tetsuro antes de cerrar los ojos y suspirar. A conciencia apretó su trasero, jadeando por lo grande que Kuroo repentinamente se sintió.

Kuroo gruñó por lo bajo y se enterró profundamente en él antes de vaciar toda su semilla en el interior de Akaashi, misma que se mezcló con la de Bokuto. Su mano por otra parte soltó el miembro de su novio, quien no necesito más estimulación para correrse, manchando la mano de Kuroo, su vientre y la mejilla de Tsukishima con los perlados hilos de semen que salieron de su miembro.

Akaashi suspiró satisfecho, riendo un poco cuando vio a Kei tomar algo de su semen, embarrándolo sobre la tetilla que había estado mordiendo y chupando todo ese tiempo antes de volver a meterla a su boca para lamerlo de ahí, suspirando inconscientemente por lo mucho que le gustaba. Keiji solo le acarició el rubio cabello en respuesta, dejándose hacer por el sensual rubio que gemía contra su pecho gracias a la forma en que Bokuto continuaba comiéndole el...

—Volvió a correrse — dijo de pronto, sorprendido al ver el semen escurrir desde la punta del miembro de Tsukki hasta el tatami.

—Está en su celo, puede hacerlo toda las veces que se lo provoquemos — asintió Kuroo, comenzando a salir lentamente del interior de Akaashi.

Bokuto salió de detrás de Tsukishima con una sonrisa orgullosa por haberle dado ese orgasmo sólo con su lengua y sus dedos. Y tanto Kuroo como Keiji desistieron de bajarle los humos al decirle que habían sido ellos los que habían acostumbrado al cuerpo de Kei a correrse sin necesidad de tocar su miembro. Le dejaron disfrutar el sabor de la victoria mientras ambos se levantaban y limpiaban un poco, Tsukishima por su parte respiraba ligeramente agitado, pero después de dos orgasmos podía volver a pensar un poco.

—Por eso me trajeron aquí, trio de pervertidos — acusó con voz desinteresada, como si hablara de la lluvia y no de todo el sexo que posiblemente tendría durante esos dos días.

Kuroo sólo sonrió y se acercó a él, ayudándolo a levantarse antes de tenderle la suave Yukata blanca con estampado de olas que le tocaba.

—Es tu primer celo con nosotros Tsukki, había que hacer algo para dejarte una buena primera impresión — le explicó mientras le ayudaba a amarrar la cinta alrededor de su cintura con un nudo muy flojo.

—Además te vez muy lindo en yukata — añadió Keiji, pasándole unas getas simples para estar dentro del recinto.

— ¡Y Akaashi se ve increíble rodeado de aguas termales! ¡Ya lo veras! — exclamó Bokuto poco después, acercándose para abrazar a Keiji por la espalda.

Kei sólo suspiro y negó suavemente con la cabeza. No sabía que tan buena idea era todo eso. Sí, en el fondo apreciaba el gesto y seguro se divertirían estando ahí, pero Kuroo ya lo había dicho, estaba en su celo y, a pesar de que momentáneamente estaba calmado, no sabía cuánto tiempo duraría antes de volver a sentir como el calor de su cuerpo lo consumía todo. Era consciente de que había muchos fetiches de por medio juntando los gustos de todos, pero que él supiera, a ninguno le gustaba ser visto follando por alguien que no fuera parte de esa relación. Y estaba a punto de decirles que definitivamente no iba a entregarse a ninguno de ellos frente a la vista de algún desconocido que también estuviera dentro del agua, cuando escuchó el suave tintineo de unas llaves que Akaashi estaba guardando en el cintillo que iba con su yukata color azul.

Keiji sintió la mirada de Kei, sonriendo al notar su confusión. Se acercó a él y le besó.

—Eres tan adorable — se burló con voz suave segundos después, haciendo que el rubio frunciera el ceño — Mientras estabas ocupado buscando a Kuroo y Bokuto, pedí algún cuarto privado en el que pudieras nadar. Tienes el cuerpo lleno de marcas que todos te hemos hecho, si alguien lo viera pensaría que te maltratamos o algo, y sería una situación bastante incomoda el tener que explicar que son marcas que inevitablemente se dan mientras te hacemos el amor.

Tsukishima enrojeció contra su voluntad mientras Kuroo y Bokuto rieron. Akaashi sólo sonrió, pues aquella había sido su venganza por la forma en que gimió mientras Kei se encargaba de estimular su pecho.

—Como sea —farfulló Kei mientras se giraba y salía de la habitación, sin embargo no tenía ni la más mínima idea de a dónde dirigirse. Luego regresó sobre sus pasos —. Creo que mejor me quedo en aquí.
Bokuto río y gritó vitoreando alegre cuando fue Kuroo quien prácticamente se echó al rubio sobre el hombro para llevarlo así al lugar que Keiji los guiaría. Kei se quejó para ser olímpicamente ignorado, recibiendo una nalgada por parte del búho y un suave beso en los labios por parte de la lechuza cuando ambos pasaron al lado del gato y él. Kuroo por su parte masajeó desvergonzadamente su trasero y sus piernas mientras seguían a los otros dos.

—Pervertido, —le dijo a Tetsuro, quien respondió con metiendo la mano debajo de la yukata del rubio para darle una sonora nalgada.

No tardaron mucho, después de todo, las aguas termales eran parte del hotel en el que se quedaban. Akaashi uso la llave para abrir lo que era un recinto privado. Había una pequeña sala con piso de madera, los colchones de los sillones parecían rellenos con plumas, esponjosos y suaves. Después otro cuarto con tatami y un kotatsu para días fríos como ese, y finalmente al fondo en lo que sería el jardín estaban las aguas termales, el vapor que despendían era notorio aún desde la entrada. Tsukishima por supuesto no vio nada de eso, todo su campo de visión se limitaba al suelo y las piernas de Kuroo cubiertas por la vestimenta típica japonesa.

Suspiró, jadeando poco después cuando su novio se dignó a bajarlo sobre uno de los sillones. Eran tan cómodos como parecían.

Bokuto nada más vio el agua y no tardó en desabrocharse la yukata antes de prácticamente lanzarse en un clavado muy mal efectuado, gritando en cuanto su cabeza salió a la superficie.

— ¡CALIENTEEE!

Kuroo río con su estrepitosa risa, Akaashi solo negó suavemente con la cabeza y Kei sonrió burlón, tragándose cualquier comentario mordaz solo porque ese fue el momento que Akaashi eligió para también comenzar a desvestirse, todo con una sensualidad que solo él podía lograr. No fue sorpresa para nadie que todas las miradas se centraran en él, Bokuto con la boca abierta mientras Kuroo se sentaba sobre uno de los sillones y le observaba como si estuviera viendo una porno. Kei se perdió en la suave piel de su espalda y en su pecho, cuyos tiernos botones aún estaba rojos y erectos.

Cuando estuvo totalmente desnudo se giró hacia Kei y Tetsuro, sin molestarse en cubrir ni un centímetro de su anatomía.

— ¿No van a venir?

Ambos bloqueadores asintieron y Keiji sonrió satisfecho al sentir como con algo tan simple prácticamente había traído a flote el celo de Kei una vez más. De pronto toda la habitación se llenó de un delicioso olor a fresas y las feromonas que Tsukishima soltó fueron como una bomba que los alteró a todos.

Kuroo era quien estaba más cerca, así que fue él quien prácticamente le arrancó la delgada yukata antes de asaltar sus labios y cargarlo, haciendo que Tsukishima le enredara las piernas alrededor de la cadera durante el corto camino hasta las aguas termales. El plan era bajarlo y jugar un poco con su sensible cuerpo antes de hacerle el amor hasta causarle desfallecer, sin embargo teniéndolo ahí, con su entrada al alcance de su miembro abriéndose prácticamente para él, simplemente no pudo resistirse.

—Bro, ayúdame— le pidió a Bokuto, quien más o menos entendió la petición, caminando hasta la orilla donde Kuroo comenzaba a meterse al agua; el búho tomó el miembro de su novio y mejor amigo para estimularlo un poco antes de levantarlo y acomodarlo en la entrada de Tsukishima, quien gimió ante la sensación.

Kuroo gruñó por lo bajo, dejando caer un poco el delgado cuerpo de Kei sobre su extensión, jadeando ante el placer que lo embargó al sentir como el interior del rubio se apretaba alrededor de su miembro. Cuidando no salir del perfecto cuerpo de Tsukishima, continuó caminando hasta que el agua caliente los cubrió, suspirando de gusto pues realmente no había sentido lo frío que estaba el lluvioso día hasta que sintió la calidez.

Ni siquiera había terminado de acomodarse en el agua cuando Kei aprovechó el leve vaivén de sus pasos para auto penetrarse con el miembro de Kuroo. Se sentía increíble la forma en que el agua caliente le ayudaba a sacar y meter el falo, haciéndolo suspirar contra el cuello ajeno. Bokuto se acercó a ellos, deteniendo la cadera de Kei con las manos.

— ¿Te gusta, Moonshine? — preguntó a su oído, resistiendo con facilidad el intento del rubio por seguirse moviendo— Pídelo por favor— le dijo en un tono dominante que salía a la luz cuando las hormonas del celo de alguno de sus novios le hacían excitarse. Las de Tsukishima no era la excepción.

Kei gimoteó como toda respuesta, buscó a Keiji con la mirada en busca de ayuda, encontrándose con que este aún no se metía al agua. El pelinegro estaba sentado a la orilla, con las piernas en el agua, desnudo y etéreo en su lugar, como si no hiciera ni un poco de frío a pesar de su piel erizada. Aun así, su miembro que estaba erecto gracias a las caricias que él mismo se daba, resaltando entre sus piernas. A Tsukishima se le hizo agua la boca, deseoso de finalmente meterlo en su boca.

—Kuroo...— murmuró en tono suplicante.

El aludido gimió por la forma en que Kei apretó el tierno anillo de músculos que tenía como entrada alrededor de la punta de su miembro, enviando corrientes de placer por todo su cuerpo. Puso los ojos en blanco un segundo antes de ceder a las exigencias el rubio consentido.

—Lo que la princesa pida— respondió antes de soltar las manos de Bokuto de la cintura de Tsukishima, volviendo a sentarlo completamente sobre su pene mientras lo alejaba un poco para poder mirarlo, dándole un suave beso a pesar de que empujaba suavemente su cadera contra él en suaves estocadas. — ¿Qué es lo que quieres?

—A Keiji— pidió Kei en un suave susurro, — y a Bokuto.

Kuroo asintió y se acercó a la esbelta figura de Akaashi mientras Bokuto los seguía después de escuchar su nombre. Tsukishima no despegó los ojos de su novio más tranquilo mientras se acercaba, dándole una mirada nublada de placer y deseo. Keiji le sonrió en respuesta con una tranquilidad que no sentía, pero que aparentaba para seguir pareciendo cool a los ojos del menor.

Cuando estuvieron lo suficientemente cerca Kuroo se recargó contra el borde en el que Akaashi estaba sentado, permitiéndole a Tsukishima alcanzar el miembro de este con sus manos y labios, acariciándolo con adoración antes de meterlo a su boca con gula. Keiji gimió y Kei sonrió alrededor del glande ante ese sonido.

Bokuto observó la escena con emoción mal contenida, deleitándose con las reacciones de Akaashi a pesar de que se sentía ligeramente excluido. En cualquier otro momento ya se habría deprimido, pero ahora las dulces feromonas de Kei lo mantenían atento y excitado, deseoso de participar.

No dudo a la hora de acercarse a Kuroo y Tsukishima, acariciando su pene bajo el agua para mantenerlo erecto, como si la escena frente a él no fuera un estimulante lo suficientemente fuerte.

— ¿Crees que aguante? — preguntó con voz ronca mientras acercaba su miembro a la entrada ya penetrada de Kei.

—Lo averiguaremos— respondió Kuroo entrecortadamente, deteniendo el movimiento de su cadera para permitirle a Bokuto el poder acomodarse. Él continuaba sosteniendo el delgado cuerpo de Tsukishima, teniéndolo de frente sin haber salido ni un segundo de su interior desde que lo penetró por primera vez ese día; Ahora su miembro sería acompañado por el de Bokuto, penetrando al rubio desde ambos lados, con Koutarou haciéndolo por atrás, pegado a la espalda de Kei.

Kuroo gimió al unísono con Tsukishima, quien sacó el miembro de Akaashi de su boca para pedirles que no lo hicieran; sin embargó todo se quedó en un jadeo, siendo incapaz de hilar cualquier oración por muy pequeña que fuera mientras sentía la punta del pene de Bokuto abriéndose paso en su interior. La mente, la vista, el razonamiento, todo se le nubló mientras poco a poco ambos falos se acomodaban dentro de su cuerpo. Akaashi le acarició las mejillas con cariño, intentando relajarlo con su dulce toque. Él mejor que nadie sabía que ambos miembros podían ser mucho en un inició, pero también sabía que Tsukishima podría con ellos sin problema una vez que se hubiera acostumbrado.

Kei encajó las uñas en la espalda de Kuroo, dejando marcas rojas que arderían al día siguiente pero que en ese momento se sentían endemoniadamente bien. Bokuto terminó de entrar y se quedó quieto unos segundos, dejando que el rubio se acostumbrara a ambos falos mientras Akaashi finalmente entraba al agua, suspirando por el calor antes de acercarse a Kei y besarlo con suavidad.

—Respira Kei— le recordó mientras acariciaba su cabello con una dulzura que discordaba un poco con la situación actual.

Kei tomó aire y la sacó en un audible gemido, mismo que los dos mayores tomaron como señal para comenzar a moverse con una lentitud tortuosa. El interior de Kei se apretó en seguida alrededor de ambos y es que, aunque dolía, de alguna u otra forma el punto dulce en su interior siempre ese veía tocado por alguno de los dos miembros.

Pronto los suaves quejidos que Tsukishima llegó a soltar se convirtieron en altos gemidos, incapaz de sobrellevar la inmensa cantidad de placer que le invadió de forma callada y digna. Sus mejillas sonrojadas y la forma en que sus ojos se cristalizaban eran la muestra perfecta de lo mucho que estaba disfrutando. Akaashi casi tenía ganas de ir por su celular para tomarle una foto.

Cuando Kei dio los indicios de estar a punto de correrse Kuroo se detuvo y con ello también lo hizo Bokuto. Tsukishima sollozo al instante, sintiéndolos salir de su interior. Akaashi les miro confundido, pero no dijo nada y sólo los siguió afuera de las cálidas aguas termales.

La lluvia había vuelto con más fuerza, y a pesar de que en el agua caliente no se sentía, lo mejor era salir de ahí antes de terminar enfermos, sobre todo por Kei. Su cuerpo estaba demasiado caliente, aunque seguro él ni siquiera había notado las gotas de agua fría sobre su piel.

Kuroo lo dejó con cuidado sobre el colchón antes de volver a penetrarlo de golpe, poniéndolo de lado y levantando una de las largas piernas de Tsukishima para ponerla sobre su hombro. La profundidad con la que lo penetro hizo que el rubio pusiera los ojos en blanco antes de correrse, alcanzando un orgasmo súbito y repentino que le dejó sin aliento y viendo estrellas.

Kuroo gimió ante la nueva presión que su miembro experimento, y tuvo que cantar un villancico en su cabeza para no culminar en ese mismo instante. Quería disfrutarlo un poco más, después de todo ahora Keiji besaba los húmedos y rojos labios de Kei, impidiéndole regular su respiración entre ese hambriento beso que casi exigía toda la concentración del rubio. El pelinegro tenía toda la cadera y glúteos levantados, una clara invitación que Bokuto no dudó en tomar.

El mayor de todos se enterró de una estocada en el interior de Akaashi, quien comenzó a gemir contra los labios de Tsukishima.

Pronto la habitación se llenó de gemidos, jadeos y roncos gruñidos, creando una lasciva sinfonía ambientada por el golpeteo de sus pieles. Kei y Keiji tenían un algo de que, si escuchaban al otro gemir, entonces ellos gemían más fuerte, creando una obscena competencia de sonidos no aptos para menores de edad. Bokuto y Kuroo la amaban, sobre todo porque muchas veces traspasaba las paredes de una habitación.

—No puedo más— le avisó Kuroo, sintiendo como el agradable cosquilleo del clímax se extendía bajo su piel.

—Lléname— le pidió Kei en un suave susurró que discordaba completamente con los gemidos que había estado soltando contra los labios de Akaashi.

Pero Kuroo no se hizo del rogar, cerró los ojos y se dejó arrastrar al placer del orgasmo, descargando toda su semilla en el estrecho agujero que Tsukishima le entregaba con tantas ganas. Se quedó quieto y vació su leche (como Akaashi y Tsukki muy amablemente le decían al semen) dentro del rubio, teniendo una idea en cuanto su mente se aclaró.

— ¿Quieres más? — le preguntó con dulzura mal disimulada, acariciando la pierna que antes había sujetado con tal fuerza como para dejar la huella de sus dedos sobre la pálida pie.

Tsukishima no respondió, pero no recibir una negativa rotunda normalmente significaba un si en lenguaje de rubios tsunderes. Kuroo miró a Keiji y Koutarou, y ellos supieron que hacer.

En ningún momento Bokuto salió del interior de Akaashi, sólo lo cargó con cuidado para ponerlo frente a Tsukishima, en el lugar donde Kuroo anteriormente había estado.

—Mira —canturreó Tetsuro mientras se acomodaba junto a Tsukishima. Sus manos en seguida fueron a parar al pecho del rubio, especialmente a las rozadas tetillas que comenzó a acariciar. —, está listo y dilatado para ti, Keiji. Mira cómo se contrae mientras espera a que entres.

Akaashi tragó en seco, tomó su falo y lo dirigió a la entrada de Tsukishima, quien suspiro bajito ante la nueva penetración. No pasaron ni dos segundos de eso antes de que Bokuto comenzara a moverse una vez más, incapaz de contenerse por el morbo que le dio al ver como el miembro de Akaashi sacaba un poco del semen de Kuroo.

Fue él quien llevó el control de la situación, sonriendo al ver como el falo de Tsukishima estaba una vez más erecto, descansando sobre su vientre. Quiso tocarlo, mimarlo, llenarlo de caricias como Kuroo hacía con el pecho de Kei, sin embargo también encontraba una hermosura efímera en la manera en que el menor normalmente alcanzaba el orgasmo sin ser estimulado en el miembro. Muy pocos lo lograban y Kei era uno de ellos.

Ese pensamiento le alentó a acelerar sus movimientos, enterrándose una y otra vez contra Akaashi sin tregua alguna, tomándolo de la cintura mientras besaba y mordía la parte trasera de su cuello. Para él la única persona más bella que Tsukishima era Keiji. Y juntos simplemente eran una bomba de sensualidad y belleza. Más cuando ambos respiraban agitados y jadeaban de manera entrecortada.

Keiji estaba cerca del orgasmo, podía sentirlo por la manera en que se apretaba alrededor de su miembro. Tsukishima estaba sobre estimulado, cualquier toque se sentía demasiado intenso, por eso a nadie le sorprendió cuando ambos se corrieron al mismo tiempo. Los dos gimieron dulcemente al unísono mientras el rubio volvía a ser llenado con la semilla de Keiji, los finos hilos de su propio semen quedaron sobre su abdomen, brillantes y tentadores.

Los ojos de Kei se cerraban, estaba exhausto y no resistiría más. Sin embargo aún no había terminado. Faltaba Bokuto, quien no tardo en salir del interior de Akaashi con cuidado, dándole un suave beso al pelinegro antes de recostarlo al otro lado de Kei para finalmente posicionarse entre las piernas del rubio y penetrarlo de golpe, como le encantaba hacer.

—Estoy cerca, Moonshine. — le prometió el búho.

Tsukishima gimió al instante, incapaz de negarse porque, aunque jamás lo diría, el miembro de Bokuto era su favorito. Él solo necesitaba penetrarlo para casi hacerlo correrse. Kuroo era el que se movía mejor, y a Akaashi solo había que verlo para tener un orgasmo visual. Aun así, con Kuroo y Keiji besándose sobre él mientras ambos le acariciaban la piel, y Bokuto follándolo con toda su fuerza, Kei supo que no llegaría consciente hasta el final.

Apretó su interior a conciencia y gimoteó alto, se aferró a las sabanas y arqueó su espalda. Bokuto le miró encantado, encajándose hasta el fondo con facilidad gracias al lubricante que Kuroo y Akaashi ya habían dejado en él. Le penetró con fuerza y rapidez, suspirando su nombre mientras finalmente él también alcanzaba el tan ansiado orgasmo, penetrándolo una y otra vez mientras se corría con fuerza en su interior, mezclando su semilla con la de sus otros dos amantes.

Todos se detuvieron por un instante, Kei no pudo mantenerse despierto más tiempo y se dejó llevar a la paz de la inconciencia. A pesar de eso los mimos comenzaron.

Con cuidado Keiji limpió el cuerpo de Kei con una toalla caliente, Kuroo fue a conectar el kotatsu para acomodar al rubio ahí y Bokuto lo llevó, cargándolo como cuando estuvo dormido esa mañana.

Le pusieron su yukata antes de meterlo bajo la cálida mesa, siendo Kuroo quien esta vez ganó el poder acostarse a su lado para cuidarlo y mimarlo mientras despertaba.

Al menos quince minutos después Tsukishima abrió los ojos, sintiéndose aun totalmente exhausto. Kuroo lo besó con dulzura y lo acurrucó contra su cuerpo antes de comenzar a arrullarlo para que continuara descansando. Akaashi le hizo tomar un poco de agua y una pastilla para el dolor, mientras Bokuto se disculpaba por haber sido algo rudo.

Kei estaba por decirle que estaba bien y que no había sido nada, pero calló ante la promesa de un pastel de fresa como compensación, aceptando el trato después de fingir pensarlo un poco.

—Cuando despiertes aquí estará— prometió Bokuto mientras acomodaba frenéticamente un mechón de pelo que Tsukishima tenía cerca de la mejilla, ese gesto era su idea de mimos para pedir perdón.

Akaashi lo detuvo, comenzando a besarlo para calmar su ansiedad mientras Kei sólo les sonreía sin darse cuenta, adormilado y feliz. Pronto volvió a caer entre los brazos de Morfeo, y todos decidieron que cada vez que Tsukishima entrara en su celo, un onsen era a donde debían ir.


FIN