Haikyuu no me pertenece.
Feliz cumpleaños a Kuroo... por el año de 2018.
Susurros a media voz
Tsukishima estaba nervioso, y esa sensación lo irritaba. Su estado de animo durante todo el día había sido volátil, incluso un poco explosivo pues le había gritado de más a Hinata durante el entrenamiento, haciendo que todos le diera una mirada preocupada antes de que Daichi se acercara a decirle que si quería retirarse durante ese día y el siguiente, estaba bien, que lo entendían.
Era el cumpleaños de Kuroo, una fecha especial que debía pasar a su lado. Obviamente ¿no?
Pues no, para Kei no había sido tan obvio. Para él, que tenía una relación que al parecer era en serio por primera vez en su vida, viajar más de tres horas para ir a ver a su novio el día de su cumpleaños no había sido tan obvio como para otros. Y odiaba sentir esa sensación de que debió haber cumplido las expectativas o alguna mierda cliché como esa.
Ya era tarde. Muy tarde. Y aunque nunca admitiría tal cosa, sí, se arrepentía de no haber tomado un tren a Tokio para ir a ver a ese maldito gato que le movía el piso, las neuronas y prácticamente cada célula de su ser. Jodida cosa era el amor.
Ahora en su casa, recién duchado y con una terrible sensación de pesadez en el estomago, la culpa seguramente, jugaba con el celular en sus manos mientras pensaba en cómo llamarlo y comenzar la conversación sin una disculpa por seguramente ser el peor novio del mundo. Y es que por primera vez, realmente se sentía así. Y lo odiaba. Lo odiaba mucho.
Toda esa situación era por culpa de Kuroo y su maldito cumpleaños ¿no? Si debía estar enojado con alguien definitivamente era con ese maldito gato de sonrisa estúpida, labios suaves, ojos brillantes, manos amables y... joder. Kei, estás muy mal ¿lo sabías?
Dejó de pensar y finalmente marcó.
El teléfono sonó dos veces antes de que la voz de Kuroo drenara de golpe el fingido enojo que Kei estaba acumulando en su mente.
— ¡Tsukki! Que bueno que llamas, pensé que...
—Feliz cumpleaños Kuroo-san.
—Moh...— Kuroo se quedó en silencio unos segundos, su corazón se había acelerado de solo escuchar esas palabras, sin embargo había algo que le preocupaba—. Hey Kei, ¿está todo bien? No volví a saber de ti desde que comenzó tu entrenamiento y no sabía si habías llegado a casa sano y salvo. Gracias por recordarlo, me gustó mucho más escuchar tu voz diciéndolo que solo haberlo leído en tus mensajes, pero si algo anda mal, me gustaría saberlo princesa.
Tsukishima resopló, un poco indignado por la facilidad con la que Kuroo lo leía aún a través del teléfono, teniendo como única pista su tono de voz. Era totalmente injusto, pero Kei sabía que no debía tomarla contra su gato tonto aún si estaba frustrado por no haber podido irlo a ver.
—Es solo que...— comenzó, pero se quedó trabado a media oración—. Me molesta un poco el hecho de que...— y una vez más no pudo terminarla. Tragó saliva y respiró profundo, al otro lado de la línea Kuroo estaba siendo tan paciente como siempre, dándole su tiempo para que pudiera decirlo—. Perdón por no haber podido ir a verte Kuroo.
Hubo un silencio en la línea y luego una suave risa ronca que podía erizarle la piel al rubio sin ningún problema. Kei resopló, sintiéndose patético por haberse tomado la molestia de disculparse, y estaba a punto de hacérselo saber cuando la voz de Kuroo volvió a escucharse a través de la bocina.
—Kei, sabes que te amo ¿verdad?
—Si, lo sé— susurró Tsukishima, sin saber a que venía todo eso.
—Y yo sé que tú me amas.
—Lo hago.
—Lo se, Moonshine. A lo que voy con esto es que aún si no te veo hoy y te endeudas conmigo de por vida con una dotación de abrazos infinita, no voy a amarte menos, ni significa que tu me ames menos. Es, bueno, ya sabes, mi primer cumpleaños con el novio más tierno y sarcástico de la tierra, somos un tanto nuevos en esto...— y fue curioso como ambos ante esta oración enrojecieron, uno a cada lado de la línea telefónica, debido a los recuerdos de lo nuevos e inexpertos que habían sido la última vez que se habían visto ambos en Tokio, tres semanas atrás y una caja de condones nuevos después.
—Eres un gato en celo, ni siquiera puedo felicitarte sin que...
—Tú gato en celo Tsukki, tuyo. Y te encanta— lo interrumpió el mayor, sonriendo mientras se recostaba en su cama y clavaba la mirada en el techo. Los recuerdos inundaba su mente ahora, tan frescos y vividos que si cerraba los ojos, casi podría volverlo a sentir todo.
Y fue lo que hizo.
—¿Lo recuerdas? La manera en que nos besamos, tan profundo y fogoso. Tus labios se movía de una forma adictiva sobre los míos, mientras hacías un sonido encantador, como un berrinche porque estaba jugando contigo y no te dejaba profundizarlo cuando querías. Jamás imaginé que serías tan caprichoso, no sabes cómo me encantaría escucharlo otra vez... ¿podrías hacerlo para mí?
A Tsukishima se le secó la boca en cuanto escuchó la primera oración, y la sensación que lo dejó tragando en seco no hizo más que empeorar mientras el otro hablaba. Ni siquiera pudo decirle que se callara y dejará de decir cosas tan vergonzosas, pues había caído tan pronto como el otro comenzó a hablar.
— ¿No tienes palabras? No pasa nada, estabas justo igual ese día. La forma en que abrías tu boca y jadeabas mientras te quitaba la ropa y comenzaba a besar tu piel. Eres lo más delicioso que he probado nunca Tsukki. Piensa en cómo te bese, el camino húmedo que mis labios dejaron sobre tu piel, usa tus dedos— le ordenó, y sonrío totalmente satisfecho cuando escuchó al otro lado de la línea el sonido de un cierre bajando, probablemente el de la sudadera para dormir de Kei— comencé por tu cuello, pero no fui muy paciente ¿verdad? Pronto mis labios estuvieron en tus pezones, succionando el derecho mientras pellizcaba sin piedad el izquierdo. ¿Recuerdas la sensación? ¿Puedes sentirla ahora? Habla Moonshine.
—Si... puedo sentirla Kuroo-san— susurró Kei, usando su mano libre para acaricias su pecho y pellizcar los rosados y sensibles botones en su pecho, asombrado por lo similar que se sentía a cuando el mayor lo había hecho.
Tetsurō por su parte asintió satisfecho a pesar de que Tsukishima no podía verlo, y sin esperar aún más él también comenzó a desnudarse, deshaciéndose de su ropa con rapidez, tirándola al piso y concentrándose en la respiración agitada de Tsukki a través del teléfono. Casi podía volver a sentir cómo está le despeinaba los ya desordenados mechones de cabello.
— ¿Y luego que hice? ¿Lo recuerdas?
— Imposible olvidarlo...
— ¿Dónde toque?
— Tu sabes dónde Tetsurō...
—Vamos Tsukki, hazlo, tócate.
Kei tragó, tentado a negarse porque todo aquello se le estaba saliendo de las manos. Pero en la voz de Kuroo no había rastro de burla o de que todo eso fuera un juego, así que lentamente deslizó su mano libre por su abdomen, acariciando la línea que marcaba su delgadez justo en medio del torso hasta llegar a la orilla del short con el que dormía. La tela estaba tensa gracias a la manera en que su miembro resaltaba un poco, aprisionado entre su ropa interior y la pijama, dos prendas que bajó de un movimiento, suspirando cuando su falo fue libre.
Kuroo sonrío triunfal y sin mayor preámbulo tomó su propio miembro con la mano libre, ronroneando ante la agradable sensación.
—Mis dedos alrededor del pene con el color más bonito que alguna vez ha existido— ahora sí, Tsukishima se sonrojó, pues justo había elegido ese momento para envolver su miembro con la mano—, acariciando de arriba a abajo, deteniéndome en la rosada punta, lamiendo lo húmedo que te has puesto. ¿Estás goteando, no? Te encanta Tsukki, lo sé.
El aludido resopló, pero no pudo darle el efecto deseado porque justo en ese momento su dedo pulgar pasó por su glande, haciéndolo estremecer y jadear entrecortadamente.
—Justo ahí, hazlo una vez más.
Kei gimió bajito, apretando su glande una vez más sin detenerse a pensar que estaba siguiendo una orden. Se sintió increíble, y el suspiró que dejó escapar lo delató.
—Sigue el ritmo de mi voz, mientras más rápido hable más rápido podrás tocarte, pero si lo hago lento, debes hacerlo de la misma forma ¿entendido? Se un buen chico y obedece, quiero premiarte la próxima vez que te vea— le pidió con una voz ronroneante y suave como el terciopelo—. Cierra los ojos Kei, concéntrate en mi voz y en la forma en que mis dedos se deslizan sobre tu polla, cómo bajan hasta la base y suben lentamente, delineando la notable vena que se resalta en la bonita y lisa piel de tu falo, hasta llegar a la punta, donde presionan antes de volver a bajar. Yo estoy pensando en tu interior, en la manera en que tuve que dilatarte para poder penetrarte. Eres tan estrecho que seguramente nunca habría podido follarte si no te hubiera metido mis dedos antes. La manera en que tu culo se comía mi verga... joder Kei, era la sensación más alucinante que he sentido. ¿Tienes idea de lo cálido y estrecho que eres? Casi pudo sentirte alrededor de mi pene mientras me la jalo pensando en ti. ¿También lo sientes? Te masturbaba justo como ahora...— hasta ese momento su voz seguía siendo lenta, un murmullo o siseo que se escuchaba claramente en la bocina del teléfono. Y Tsukishima, sus gemidos, su respiración agitada mientras un torpe "si", "joder" o "Kuroo" salía de entre sus labios color rosa. Se escuchaba cada vez más perdido y desesperado, deseoso de acelerar el ritmo de su mano sobre su miembro.
—Kuroo-san...— gimió su nombre cuando un espasmo especialmente placentero lo recorrió de pies a cabeza.
— ¿Si princesa?
—Más.
—Moh, ¿es fue una orden?
—Cállate y ¡Ngh!
—Maldición Tsukki. Sonaste justo como cuando te penetre hasta la base, mis bolas chocando contra sus bonitas nalgas. ¿Sabes las ganas que tengo de dejarlas rojas y con las marcas de mis manos? A veces te mereces unas buenas nalgadas Moonshine— murmuró divertido antes de, finalmente, comenzar a hablar más rápido, sus palabras ms aceleradas conforme recordaba y le decía todo lo que le quería hacer— Pero no hay nada como las marcas de mis dedos en tu cadera y en tus piernas. Es imposible no aferrarse a tus delgados muslos mientras cogemos como si no hubiera un mañana. La forma en que mi pene se pierde en tu interior, o mejor dicho la forma en que tu culo lo aprieta y prácticamente lo exige cada vez que lo saco para volverlo a meter. Me encanta como gimes Tsukki, no te contengas, tienes una voz melodiosa. Es imposible contenerme contigo, tengo que hacértelo más rápido y duro, soy adicto a la forma en que gritas mi nombre... vamos Moonshine, dilo, necesito escucharlo.
—Kuroo-san...— susurró Tsukishima. No iba a soportarlo mucho más. El ritmo lento con el que había empezado fue el calentamiento necesario para volverlo loco con esa voz, sus palabras lascivas y el vaivén mas veloz que había tomado ahora.— ¡mnhh! ¡Kuroo-sa-¡ah! Ku...¡Kuroo!
—Así Kei, justo así. Continúa, rápido, tan veloz como la tercera vez que lo hicimos esa noche, con tu mejilla contra el suelo, sin fuerza en tus brazos y piernas pero con el trasero bien levantando y abierto para mí y mi verga.
—Oh por...— jadeos inteligibles, varios suspiros y, finalmente, un nombre— ¡Tetsurō! Tetsurō... Tetsu... ¡ngh!
Kuroo ronroneó satisfecho cuando escuchó su nombre y dejó de apretar la punta de su miembro para evitar correrse. La voz de Tsukki era el mejor afrodisíaco que existía, no podía resistirse a ese tono necesitado y jadeante mientas acariciaba su miembro de arriba a abajo a un ritmo rápido y experto, pues antes de finalmente haberle hecho el amor a Tsukki, había experimentado al meno seis meses de masturbaciones constantes para no perder el control un día y saltarle encima al rubio.
—Voy a... K-kuroo, me voy a...— no había forma de que Tsukishima pudiera acabar esa oración. Los espasmos de placer eran cada vez más constantes e intensos, dejándolo viendo estrellas y sintiendo como todo su cuerpo comenzaba a estremecerse.
—Hazlo princesa, córrete para mí— ronroneó Kuroo con voz ronca, sintiendo como su propio climax llegaba al escuchar a Kei gritar su nombre en el teléfono, seguido de varios gemidos que parecían un tierno lloriqueo de puro placer y finalmente varios jadeos que indicaban cómo el rubio intentaba recuperar el aliento.
—Joder...— fue Tsukishima quién rompió el silencio, sin poder creer que acababa de tener sexo telefónico.
—Es lo que vamos a hacer la próxima vez que te vea Moonshine.
—C-cállate gato en celo, esto no... yo no... no entiendo cómo pasó esto.
Kuroo rió con voz ronca y suspiró, feliz, limpiando el semen entre sus manos con la sabana de su cama.
—Kei, sabes que te amo ¿verdad?
Tsukishima resopló.
—Lo se.
—Y yo sé que tú me amas.
—Lo hago.
—Entonces gracias por el mejor regalo de cumpleaños que me dieron hoy.
Tsukishima enrojeció una vez más, pero agradeció que Kuroo no pudiera verlo. Hubo silencio unos segundos y luego la voz del de Nekoma otra vez.
—Pero eso no te salva de deberme una dotación de abrazos de por vida. ¡Feliz cumpleaños a mi!
F I N
