Capítulo Tres
Pietro había quedado fascinado con Logan desde que lo vio por primera vez conversando con su padre en el jardín. Por su condición de doncel fértil, había crecido protegido dentro de los muros de su hogar. Adoraba correr y moverse a mucha velocidad cuando estaba solo y los patios inmensos de la domus y la villa de su padre le habían brindado el espacio suficiente para hacerlo desde que era niño. Mientras su madre vivía, ella se había encargado de su educación, y después su padre le había puesto tutores para prepararlo. Pietro supo siempre que no se casaría con ningún patricio porque no había noble en Roma que deseara enlazarse y procrear con un muchacho fértil. Era una lástima, principalmente para Erik que bregaba desde su banca senatorial por la supremacía de la sangre patricia, y por eso se había aliviado cuando pudo casar a Wanda con un novio de su misma estirpe.
Ahora que Pietro conocía a su futuro marido estaba entusiasmado con la boda. Los días previos al casamiento, dejó ofrendas de juguetes suyos que conservaba de niño a los Lares frente al larario familiar. Su padre lo acompañó en cada ceremonia. El muchacho tenía mucha esperanza porque estaba convencido que al casarse enamorado sería feliz junto a Logan.
Los tres días pasaron volando y llegó la mañana estipulada para el enlace. Logan se había vestido con su traje militar portando la coraza de bronce que pronunciaba sus pectorales, la túnica púrpura, las sandalias de cuero, y la gladio ceñida a la cintura. Pietro estaba enfundado en una túnica larga hasta los tobillos y blanca como la nieve para dejar en claro su virginidad, y tenía el cabello ceñido con una diadema que dejaba caer un velo corto sobre su rostro. Al llegar junto a su novio, este se lo alzó y ambos se miraron a los ojos.
Para finalizar el rito, una matrona unió las manos de ambos apoyando una sobre la otra. Pietro tembló ligeramente al contacto con la piel de su prometido. Logan se enterneció con el gesto e instintivamente le acarició los dedos. El joven lo observó totalmente enamorado.
A continuación se dio un banquete en la domus de los Wandus. Wanda asistió con su flamante esposo y al conocerla, Logan tuvo que admitir que su hermano era más guapo. Durante esos tres días previos, el enojo se le había disminuido. Seguía ofendido con el senador pero Pietro se veía inocente y esperanzado y se notaba cuánto lo adoraba. Logan pensó que podía hacer un esfuerzo y si no llegaba nunca a enamorarse del muchacho, al menos podría quererlo.
Al atardecer terminó el banquete y la pareja de recién casados recorrió en cortejo las calles de la ciudad para salir de sus muros y dirigirse a la villa que Erik les había obsequiado. La casa de campo quedaba en la pendiente de una de las siete colinas y era un sitio espacioso, de forma rectangular, con varias edificaciones que conformaban la vivienda de la familia y otras más pequeñas para los esclavos, además de un patio amplio y un extenso jardín. Estaba rodeada de la pacífica naturaleza de colinas y bosques.
El reciente matrimonio encabezaba el cortejo y lo seguía el senador junto con Victor. Llegaron a la villa, donde los invitados degustaron de un pequeño aperitivo antes de regresar a Roma. Erik despidió a los esposos en el atrio. Saludó a Logan con cortesía y abrazó a su hijo efusivamente. Victor se despidió del joven con una educada inclinación y palmeó a su hermano, con una sonrisa satisfecha. Ya caía la noche cuando los invitados regresaron a la ciudad.
La pareja quedó sola en la villa. No tenían hambre porque el banquete los había saciado. Logan estaba cansado y quería acostarse a dormir cuanto antes; Pietro, por el contrario, se encontraba ansioso ya que esta sería su noche de bodas. El militar se despidió con un beso suave en la mejilla del muchacho para dirigirse a su dormitorio.
El joven lo detuvo, confundido.
─ ¿Dormiremos separados?
Logan se encogió de hombros.
─Cada uno tiene su habitación y tengo entendido que prepararon ya la mía con mis pertenencias. Seguro que hicieron lo mismo con la tuya.
─ Ya sé que tenemos habitaciones separadas pero, ¿no habrá noche de bodas? ─preguntó Pietro con ingenua curiosidad.
El militar quedó sorprendido. No había imaginado que el jovencito pudiera estar esperando eso, él ni siquiera lo había pensado ya que creía que pasarían un tiempo conociéndose antes de consumar el matrimonio. Pero la inquietud del muchacho cambiaba la perspectiva.
Pietro lo miró a los ojos con ansiedad. Logan le apoyó las manos sobre los hombros e inclinó un poco la cabeza. El joven entreabrió los labios y cerró los ojos. Nadie lo había besado antes pero había aprendido en láminas de la biblioteca de su padre cómo se besaban dos amantes enamorados. El visigodo apretó su boca contra la del muchacho, que soltó un ligero suspiro ahogado por los labios cubiertos. Logan lo apretó contra sí. La piel de Pietro olía a especias dulces, tal vez eran los perfumes con que lo habían bañado para la ceremonia, o quizás era su propio aroma. De cualquier forma, esta fragancia lo encendió y presionó más los labios para intensificar el beso. El joven estaba asustado porque lo poco que sabía lo había aprendido en dibujos. Titubeó y al notar su confusión, Logan se separó rápidamente. Iba a despedirse pero otra vez Pietro lo detuvo sujetándolo del brazo. El muchacho tenía cierto miedo, más que miedo incertidumbre, y sin embargo deseaba hacerle frente para consumar el enlace. Por la espontaneidad del beso se daba cuenta de que el militar ya había amado otras veces.
─ ¿Estuviste con muchas mujeres u hombres? ─ preguntó para romper el hielo. Era la primera vez que lo tuteaba porque comenzaba a entrar en confianza.
Logan quedó asombrado.
─No… sí, he estado con muchas mujeres y algunos hombres ─ suspiró. Sentía que el joven deseaba que tuvieran relaciones esa misma noche pero algo le decía que no estaba preparado todavía. Lo tomó de la mano y se sentaron juntos en un "subsellium" que había en un rincón.
Pietro se sentó apoyando las manos sobre sus rodillas. Se mordió el labio. Seguía confundido y ansioso.
─Supongo que no quieres hacerlo.
─No es eso ─ negó Logan rápidamente. Lo observó de la cabeza a sus pies y admitió que su joven esposo era más que apetecible ─. Es solo que no quiero lastimarte.
─ ¿Es necesario que me lastimes para consumar? ─ inquirió con inocencia. En las láminas, los amantes no parecían sufrir sino gozar.
─No se trata de eso sino que una vez que lo hagas dejarás de ser virgen.
─Esa es la idea del matrimonio, ¿cierto?
Logan rio.
─Tienes razón ─ aceptó.
Pietro bajó la cabeza.
─Pero si no quieres hacerlo, o hay alguien a quien lastimarías si lo haces conmigo…
─ ¿Qué dices? ─ dejó de reír.
El joven alzó la cabeza para mirarlo de frente.
─Soy virgen y joven pero no ingenuo ─ aseveró con determinación ─. Mi padre y tu hermano arreglaron este casamiento y si tal vez tenías otro amor, he leído que a veces casan a las personas contra su voluntad, o sea, contra su verdadero amor.
─No es mi caso ─ confesó Logan serio y decidido. Se mordió el labio y se dio cuenta de que era su propio miedo el que le estaba impidiendo completar el enlace. Pietro no parecía temer sino que estaba a la expectativa. Podían ir despacio y si el muchacho se arrepentía, se detendrían. Lo besó otra vez y lo abrazó de la espalda. El joven lo imitó.
Logan era un hombre ardiente, un guerrero entrenado para la pasión por la batalla, la sangre y la violencia. También era un amante fogoso y aunque nunca se había enamorado con la entrega con la que recitaba Catulo, sabía encontrar y causar placer. Enseguida su miembro se excitó y cargó a Pietro en brazos para llevarlo hasta la cama del muchacho. Lo depositó boca arriba y se encargó de desnudarlo. El joven alzó los brazos para que le pasara la túnica por el cuello. Logan se apartó de la cama porque su uniforme militar le llevaría más tiempo quitárselo. Pietro se sentó en el borde para desatarse las sandalias.
Los dos quedaron desnudos: el cuerpo fornido y bronceado de Logan contrarrestaba con el níveo y esbelto de su esposo. El visigodo se metió en la cama y gateó hasta el joven. Despacio, entre besos y caricias, se entregaron el uno al otro. Pietro experimentó un placer que no había sentido antes. Era más intenso y gozoso que el que describían las láminas. Logan había yacido antes con gente experimentada y era la primera vez que una persona virgen se entregaba a él. Fue deleitante sentir su propio goce mientras percibía cómo el otro descubría las sensaciones nuevas.
Alcanzaron el orgasmo. Logan retiró su miembro del interior del joven y se acostó boca arriba a su lado. Meloso, Pietro se acomodó sobre sus pectorales.
El visigodo tembló débilmente porque lo sorprendió que el muchacho se tomara tal atrevimiento, fue un gesto dulce. Finalmente le apoyó la mano sobre la cabeza y el muchacho cerró los ojos con la mejilla apoyada sobre su pecho y una sonrisa.
Logan miró hacia el techo con un suspiro. No quería enamorarse y su esposo, con su candor, le estaba provocando algo extraño que no podía dilucidar.
Por la ventana se veía la luna llena coronando un cielo estrellado. Era su primera noche de casados y habían consumado el enlace.
Continuará
