El trio dorado estaba en la tienda de campaña encantada mientras continuaban su búsqueda de los Horrocruxes.
Hermione leía sus libros aprendiendo cualquier información que pudiera serles útil en el futuro. Ron jugaba con su Desiluminador y Harry escribía una carta.
—Oye Harry, ya dinos qué y a quien estas escribiendo— dijo el pelirrojo luego de robar y restaurar las luces de la tienda por incontable vez.
—Es una declaración— respondió el niño de la profecía sin apartar la mirada del papel.
—Buena idea… también deberíamos de escribir nuestros testamentos— el sarcasmo estaba completamente unido a sus palabras.
—¡Ron!— el regaño de la única chica presente no se hizo esperar.
—Solo fue una broma Hermione— Ron intentó aplacar la ira de la pelicastaña.
Justo al momento en que sus 2 amigos terminaron su conversación, Harry terminó de escribir su carta. La dobló con cuidado antes de meterla en un sobre. Casualmente tomó su varita y comenzó a recitar diferentes hechizos sobre el mismo.
Hermione reconoció inmediatamente esos encantamientos. Eran un hechizo de protección contra las fuerzas climatológicas, un hechizo de desplazamiento automático para que la carta volara sola hacia su destino como las que utilizaban en el Ministerio de Magia, un hechizo de anti-rastreo para que nunca se sepa la ubicación del remitente y un hechizo de activación automática para que algo funcionara o se activara sin la necesidad de realizar la acción que se supone debe activarlo.
Con la curiosidad carcomiéndosela, Hermione se levantó de su cama y caminó unos cuantos pasos hasta Harry con el objetivo de resolver todas sus dudas.
Y allí lo vio.
—¿Es un vociferador?— preguntó la chica más por reacción natural que por desconocimiento, porque ella sabía identificar muy bien esas despreciables cartas.
—¿Qué cosa?— preguntó Ronald recordado su propia experiencia con esos objetos del mal.
—Si— el pelinegro respondió lacónicamente. Se levantó de su cama y tomando el sobre se dirigió a la salida.
—Debes odiar mucho a quien sea que se la estés enviando— Ron también se levantó de su cama y siguió a su mejor amigo. Hermione fue tras ellos.
—Si— fue la misma respuesta.
Ya fuera de la tienda, Harry tomo la carta con ambas manos y le susurró en voz baja el nombre del destinatario. Luego la liberó como si esta fuera una lechuza mensajera. Si el rectángulo de papel tuviera la capacidad de mover sus extremos arriba y abajo definitivamente se hubiera visto como una.
El trío dorado vio la carta elevarse hacia el cielo antes de perderse a la distancia al poco tiempo.
—Oye, aun no nos dijiste a quien iba dirigida la carta— Ron le preguntó a Harry.
—A Voldemort—
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—¡¿QUÉ?!— Hermione gritó con su cara expresando nada más que miedo.
—¡Harry! ¡¿Cómo se te ocurre hacer eso?!— Ron estaba igual o peor. Se llevó ambas manos a la cabeza.
El pelinegro se encogió de hombros antes de responder.
—En las escuelas muggles aprendí que cuando 2 ejércitos entran en guerra se envían cartas donde lo declaran de manera oficial—
Ni haciendo uso de toda su extraordinaria inteligencia Hermione fue capaz de entender por qué su amigo hizo un acto tan descabellado.
—¿Y exactamente que le escribiste?— la pelicastaña preguntó sintiendo una presión en el estómago. Sin que ella lo supiera Ronald también tuvo la misma sensación.
Esa presión se incrementó súbitamente cuando vieron a Harry mostrar una sonrisa pícara.
—Vengan adentro. Tengo una copia—
Harry llevó a sus 2 amigos hacia sus cosas y les dio un trozo de pergamino que parecía ser un borrador de la carta que él había enviado. No obstante las palabras finales y que definitivamente utilizo en la carta eran completamente visibles. Inmediatamente se pusieron a leer.
Ron y Hermione sintieron que la muerte les arrebataba el alma.
COMEDOR DE LA MANSIÓN MALFOY
Oh Voldemort, demonio impuro, repugnante pariente del diablo, secretario del mismísimo Satanas.
¿Cómo carajos te consideras el futuro del mundo mágico si no podrías matar a un Gusarajo ni enseñándole tu pálido culo?
Lo que el diablo caga, tu ejército se lo come.
Tu nunca, hijo de puta, derrotaras al ejercito de Dumbledore, los verdaderos magos de Hogwarts.
No le tenemos miedo a tus seguidores. Por aire, tierra y mar, combatiremos contra ti.
Que jodan a tu madre.
Tú, mierda seca del mundo mágico, prostituto de los muggles, alcohólico del Callejón Diagon, fornicador de bestias del bosque prohibido, recojemierda del Ministerio Magico.
Cerdo de Slytherin, mendigo de Gringotts, marica del infierno.
Pendejo de Londres, baboso de Hogwarts y un adefesio idiota ante los ojos de los fundadores y de Merlin.
Hijo de perdedores y nada de mayor importancia que una mancha de mugre en los genitales de un troll.
Meada de cerdo, culo de centauro, perro sarnoso y serpiente estrangulada.
Ve y cojete a tu propia madre.
Y esto es lo que nosotros el ejército de Dumbledore te declaramos, puerco.
Cuando acabemos contigo ni siquiera estarás criando lombrices para las lechuzas.
Y es así como concluimos esta carta sin anotar la fecha, pues ya sea en verano o invierno, otoño o primavera y cualquier día de la semana que tú puedes venir a besarnos el culo.
Firman, Harry Potter y todos los magos del ejército de Dumbledore.
Apenas un segundo después de que la última silaba fue pronunciada la carta inmediatamente se destruyó; los múltiples trozos cayeron suavemente sobre la mesa.
Un silencio sepulcral estableció su domino en esa habitación. Cada Mortifago presente detuvo su respiración y recurrieron a toda su fuerza de voluntad para no moverse ni siquiera una micra.
—¿…mi señor…?— Colagusano, por supuesto, fue el primero en hablar. A veces y solo a veces su estupidez superaba su tremenda cobardía. Girando la cabeza, miró hacia el hombre que fue declarado el terror del mundo mágico.
Lo que vio fue una imagen que lo perseguiría hasta el final de sus patéticos días.
El destinatario de la carta estaba temblando de ira pobremente contenida. Su piel extremadamente pálida fue teñida de un intenso y antinatural color rojo por su sangre hirviendo fruto de una amalgama de ira, rabia, furia y cólera.
Sus dientes rechinaban como bisagras oxidadas de la celda de un calabozo, de sus labios salía espuma a borbotones. Nunca nadie imaginó como un rostro carente de casi toda estructura facial pudiera hacer una expresión tan increíblemente enojada.
El que no debe ser nombrado se levantó de manera violenta de su asiento y sacó su varita. Los instintos de cada Mortifago les gritaron 2 cosas: escapa inmediatamente y cúbrete los oídos.
—¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHH!—
TIENDA DE CAMPAÑA DEL TRÍO DORADO (EN LA NOCHE)
Luego de leer la carta, Hermione y Ronald pasaron las siguientes horas quejándose, regañando a Harry, llorando o caminando de izquierda a derecha terriblemente asustados hasta que llegó la hora de dormir.
Justo cuando el trío dorado estaba conciliando el sueño, juraron que pudieron escuchar los residuos de un grito muy enojado proveniente de kilómetros a la distancia.
Harry sonrió, Hermione abrió los ojos aterrada y Ron volvió a llorar.
DÍA DE LA BATALLA DE HOGWARTS
Todos esperaban un ejercito de hombres vestidos con las tinieblas. Todos esperaban ser partícipes de una batalla que definiría el futuro del mundo mágico y del mundo en general. Todos estaban dispuestos a dar su vida de ser necesario.
Lo que nadie esperó es que el día de la batalla, solo un hombre en túnica negra se presentara sin un ejército a su espalda. Solo porque lo habían visto con anterioridad muchos sabían que se trataba de Voldemort, porque con esa piel tan roja mezclada con su rostro deformado y enfurecido bien pudo ser un demonio salido del infierno.
—¡HARRYYYY POTTEEEEEEEEER!— eso no fue un grito de batalla. Ese era un grito gutural furioso y maligno que pudo haber matado de miedo hasta a un Dementor —¡HARRYYYY POTTEEEEEEEEER!—
Voldemort fue el único mago oscuro presente y fue el único que se necesitó. El que no debe ser nombrado se encontraba en un estado de ira berserker que lo llevo correr y adentrarse al castillo de Hogwarts lanzado la maldición asesina a diestra y siniestra a lo que sea y a quien sea que tuviera enfrente.
Conjuró la maldición asesina con la precisión de un francotirador y la velocidad de una pistola semi-automática. En cierto momento el mortal hechizo de color verde dejó de ser lanzado de manera individual para ser emitido como una monstruosa forma de rayo láser barriendo y destruyendo las estructuras a su paso y matando a quien sea que alcanzara.
Ni siquiera se detuvo cuando su ataque mato a su peor enemigo desintegrándolo por completo. Harry Potter y el ejército de Dumbledore habían muerto hace mucho pero el mago oscuro más grande que existió continúo lanzando su rayo de la muerte por todos lados hasta que las estructuras del castillo se debilitaron y se derrumbaron sobre sí mismas.
Por un bizarro milagro, Voldemort había sobrevivido a la caída de los escombros que antes fueron Hogwarts. Pero estaba tan cansado que se recostó en el suelo y cayó dormido a los pocos segundos.
LIMBO
Cada estudiante y profesor que estuvo presente durante la "Masacre de Hogwarts" despertó repentinamente en un lugar parecido a la estación King's Cross, solo que pintada hasta el más pequeño rincón de un inmaculado color blanco.
Allí los esperaban un gran grupo de hombres y mujeres vestidos con túnicas negras. Eran los Mortifagos que fueron los primeros en ser asesinados por Voldemort cuando su locura fue desatada.
—¡HARRY!— gritaron todos los presentes con sus rostros inyectados de ira.
—Valió la pena—
Espero que lo hayan disfrutado.
Harry Potter es propiedad de (mí personalmente santificada escritora) Joanne Rowling mejor conocida como J. K. Rowling.
La carta que Harry envió está basada en la carta de la leyenda de Los Cosacos ucranianos de Zaporozhia, quienes enviaron una carta al Sultán Mehmed IV del Imperio otomano llena de insultos luego de que este último aun intentara subyugarlos luego de que los Cosacos derrotaran al ejército del Sultán.
