Creer en el amor

Disclaimer: El mundo es de George R. R. Martin, pero los personajes son míos.

Esta historia partiipa en el I certamen de los originales del foro Alas negras, palabras negras.

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Jeremy se marcha sin hacer ruido, igual que llegó. Lleva ya demasiadas lunas en el pueblo y es el momento de que vaya a otro lugar a vender sus mercancías y a comprar otras nuevas. Barbara lo lamenta, pero no demasiado. Extrañará a Jeremy, pero no es como si ella estuviera enamorada de él.

Barbara no cree en el amor. Nunca ha creído en él, de hecho. Es difícil pensar que el amor existe cuando desde pequeña tu padre te ha dicho que debes encontrar un marido beneficioso para tu casa. Benedict, su querido hermano, sí que creía en el amor. Le encantaba contarle a Barbara historias de caballeros y doncellas y sus mayores héroes eran aquellos que habían desafiado al mundo por amor, como los reyes Jaheaerys y alisanne o aquel bufón de las canciones que se había casado con una reina. No obstante, al final Benedict se casó por conveniencia con una chica que le buscó su padre. No se amaban el día de la boda y, aunque han pasado años desde la última vez que los vio, Barbara duda que algo haya cambiado en ese sentido.

Como todas las mañanas, Barbara sirve el desayuno a los clientes de la taberna. Algunos la miran con sorpresa, como si no esperaran encontrarla allí. Quizá creyeran que se marcharía con Jeremy. Hubiera estado bien viajar por Poniente, pero ninguno de los dos quería una relación formal y realmente a Barbara le gusta su vida en Piedrasviejas, lo suficientemente lejos de casa como para que su padre no la encuentre y lo suficientemente cerca como para poder volver si decide hacerlo. Quizá lo haga cuando su padre ya no esté. Está segura de que su hermano la acogería con los brazos abiertos.

Barbara no cree en el amor, pero sí cree en el cariño. Cree en el cariño que siente por su hermano y en el que sabe que él siente por ella. Cree en lo que sintió por Jeremy, que no fue amor, pero fue algo, y en la calidez con la que todos la han acogido en Piedrasviejas.

Su vida no será nunca material de canción o de historia, pero es la que ella ha elegido y le gusta. A sus padres les horrorizaría verla servir mesas y relacionarse con gente del pueblo, pero es la vida que Barbara ha escogido y, aunque hecha de menos el lujo y la riqueza de su posición, le gusta lo que tiene ahora. En Seto de piedra hubiera vivido casada con un desconocido al que no habría tenido oportunidad de elegir y recibiendo los constantes reproches de su padre por no haber sido capaz de conquistar a ninguno de los príncipes, pero en Piedrasviejas nadie sabe nada de eso. El bebé que lleva en su vientre, ese del que no le habló a Jeremy para no complicar las cosas, sí que lo sabrá. Se lo contará llegado el momento y le dejará elegir qué hacer con la información, si quiere quedarse en Piedrasviejas o quiere ir en busca de Jeremy o si incluso quiere conocer a su familia en Seto de piedra. Respetará su decisión sea cual sea. Ella no será como su padre. Tal vez incluso su bebé pueda en un futuro creer en el amor.