Hola a todos. Espero que estén bien y seguros en sus casas, compartiendo con la familia o seres queridos. Aquí les traigo, luego de mil años, un nuevo fanfic que espero disfruten.
Disclaimer
Todos los derechos de localizaciones y personajes pertenecientes al universo de Sonic the Hedgehog son propiedad de Sonic Team y SEGA. La historia, sin embargo, si es de mi propiedad.
Memorias de una vida casi olvidada
Capítulo 01: Reviviendo el pasado
Sin parar de revolver por aquí y por allá en la bodega de su base, el regordete científico y mente maestra con un IQ de 300: el Doctor Eggman ideaba que nuevo plan siniestro y vil cometería esta vez (destruir ciudades, esclavizar criaturas inocentes; muchas ideas, muchas variaciones, un sinfín de posibilidades).
Observando los viejos y simples planes de antaño, añoraba los viejos tiempos en que ninguna fuerza de este mundo se le igualaba. Los encuentros con la organización militar G.U.N no eran más que una simple distracción, porque enfrentarlos era como si un buque de guerra se enfrentara a un barco de pesquero (ellos eran el barco hediendo a pescado). Se divertía ver como él mundo se aterrorizaba con su presencia y hasta llegaban a adorarlo como digno emperador.
Más estos placeres desaparecieron hacía ya casi cinco años desde que un pequeño erizo azul de 11 años comenzó a destruir cada una de sus viles maquinaciones. Los badniks no le eran un problema, los robots más sofisticados terminaban hechos trizas; hasta las deidades más poderosas, capaces de partir el mundo en pedazos, caían ante su habilidad.
Y con cada enfrentamiento, más y más aliados se unían a él; un pequeño ejército rebelde contra su poder. Lentamente se volvía una burla donde quiera que fuera. Le temían, más sabían que un héroe lo derrotaría antes que él día terminara. Hay veces que le gustaría que la leyenda de Solaris fuese real, para alterar el tiempo a su antojo. Terriblemente sus investigaciones en Soleanna solo demostraron que la llama que mantenía cautiva a la criatura en su altar fue apagada mucho tiempo atrás por desconocidos cuyos rostros jamás fueron vistos.
Pero esto no era suficiente para derrotar su espíritu. Es más, lo elevaba; la llama se encendía hasta volverse tan caliente como el centro de la Tierra. Con cada derrota un nuevo truco sacaría; una nueva fortaleza mejoraría; no se detendría hasta ver a su némesis derrotado y bajo tierra.
— ¡Doctor, doctor! — llamó un sin número de veces Orbot, sacándolo de su pensamiento profundo.
— ¡¿Qué quieres?! — Gritó exasperado apretujando al robot ovalado.
Aborrecía que, en medio de sus estados pensativos donde las ideas y visiones fluían en su mente, fuera interrumpido (aunque se tratase de una emergencia).
— Doctor, ¿quién es este pequeño amiguito? — Indagó Orbot, mostrándole un pequeño robot con forma piramidal que había sacado de una de las cajas guardas. Eggman arrebató de las manos al pequeño robot y lo inspeccionó hasta que presionó la cámara que fungía como un ojo en una de sus caras, y a la vez como un interruptor de encendido, y este se activó al instante.
El pequeño robot bajó de la palma de Eggman. Miró a todos lados, caminando con sus delgadas patas de un lado a otro. Cubot trató de atraparlo, pero falló en el intento. Volvió sobre sus pasos y caminó hasta la mesa y miró al doctor. Su ojo se enfocaba y desenfocaba, como si analizara detenidamente los rasgos hasta que dijo:
— Amo, Kintobor. Ha pasado tiempo desde mi última activación. — Expresó con un tono robótico arcaico (como los robots que aparecían en películas viejas de ciencia ficción de blanco y negro).
— ¿Kintobor? — Cubot parecía confundido ante dicho nombre. — Su nombre es Doctor Eggman anteriormente conocido como el Dr. Ivo Robotnik. — Exclamó, tratando de corregir al pequeño robot piramidal.
— Negativo. Mi base de datos lo tiene registrado como Amo Kintobor. Antiguo Joven estudiante de la Preparatoria The World High School. Integrante parcial de los clubes de química, computación e investigación biológica. Promedio de notas: Entre A- y B-. Último día activo: fecha del baile escolar de graduación; pareja de baile e interés…
Antes de continuar, el pequeño robot fue apagado. El Doctor Eggman no soportó escuchar esto; quería destruirlo, pero su mano dudada en coger el martillo a su lado y hacerlo añicos.
— Doctor, ¿todo lo que dijo eso robot anticuado es verdad? — Preguntó Orbot ante esta nueva información que no aparecían en ninguna de sus bases de datos.
— Hay mucho de mí que nadie conoce. Y es mejor dejarlo así. — Dijo Eggman, caminando hacia las puertas mecánicas que llevaban a su dormitorio principal.
— Somos sus fieles sirvientes. ¿No merecemos un poco de respuesta? — Exclamó Cubot.
— Lo que merecen es que les formatee las memorias por oír esto. — Frías palabras, y una mirada irradiara de ira por parte del Doctor petrificaron a los asistentes.
De haber tenido un alma en sus cuerpos metálicos ambos hubieran experimentado de primera mano que sentían los seres vivos ante el terror absoluto. Presas a punto de ser devorados por sus depredadores podía compararse este temor.
Sin embargo, no hizo represalias. No volvió con ellos; no los desmanteló ni borró los minutos de conversación. Solo esperó que las puertas metálicas se abrieran para irse.
Así como el resto de la fábrica, en su dormitorio era notable la presencia de muchos instrumentos y herramientas científicas; en sus sueños planeaba nuevas invenciones que al despertar no podía darse el lujo de correr hasta su laboratorio para diseñarlas. De la mesa tomó destornilladores he hizo al pequeño robot una serie de actualizaciones en sus conexiones para utilizarse en su computadora de última tecnología.
Y ahí se quedó fijo, mirando la pantalla de forma pensativa. Todas las memorias almacenadas en el robot traían a él los suyos propios; memorias de una era donde aún no era el ruin y vil ser que todos conocen ahora. No, era una época que marcó parte del carácter que ahora tiene. Fue el inicio de una nueva y diferente vida.
P.O.V Ivo Robotnik
Lo odio. Odio esto. Odio mi destino. Yo, un genio sin igual, encargado de grandes creaciones, estar en esta horrible preparatoria mundana de una ciudad mundana cuyo nombre ni siquiera merece aparecer en los mapas geográficos.
Pero los abogados de la compañía jugaron sucio. Aprovecharon un descuido de mi parte para ganar poder; mi poder. No fue mi culpa lo que pasó, fue de ellos por no seguir mis instrucciones. Tal vez mi actuar debió ser distinto cuando me vi frente a sus familias. Reaccionar a lo contrario que hice, fingiendo simpatía y dolor, hasta llorar para parecer más sentimental; pero no. Aquí estoy atrapado por mantenerme fiel a como soy.
Veo a muchos chicos y chicas, caminando por los pasillos. Hablando y compartiendo momentos íntimos, preparándose para las clases por venir. Sonríen, charlan banalidades, se besan, abrazan, ríen; esto no es lo mío. Siento náuseas y si no voy a otra parte no dudaré en vomitar.
— ¡Quítate, gordinflón!
De un empujo, detrás de mí un estudiante de aspecto grande, pelirrojo, grueso, bien corpulento como un gorila me apartó de su camino. Me miró de reojo y soltó un gruñido de indiferencia. Apretaba sus puños como si el solo estar frente a él fuera una excusa más que suficiente para atacarme. ¿Tal vez era mi aspecto regordete que le asqueaba? Pues, no es mi culpa que mi fisonomía sea así.
— ¿Qué está pasando aquí? — Llegó de pronto un profesor, un poco caricaturesco, con apariencia similar al doctor Einstein: pelo gris, bigote y de estatura baja.
— Nada profesor. Solo le doy una bienvenida al nuevo estudiante. — Mintió con descaro, cambiando su mirada furtiva a una cálida.
El profesor no pareció creerse el teatro, pero tampoco lo recriminó. Solo tocó su hombro y lo alejó de mí, sonriéndole. Se interesaba más por él victimario que la víctima este señor. Ni palabras de aliento ni ayuda. Nada.
— No olvides tus prácticas, Tress. La temporada de futbol está por comenzar y nuestro jugador estrella debe estar en forma. — Le dijo, sonriéndole.
Todos siguieron su camino, pero este gorila me miró furtivo una vez más antes de continuar. Era ignorado nuevamente hasta que sentí alguien a mi lado levantando mis cosas.
— Discúlpalo. Tress es un tonto con todos, pero en el fondo puede ser agradable si llegas a conocerlo. — Palabras dulces salían de aquella chica pelirroja y ojos avellana. — Me llamo July. July Samson.
Entregó mis libros y yo los recibí mostrando algo de cortesía.
— Iv…— Apunto de decirle mi nombre, una letra más y todo se hubiera ido al demonio. — Ovi. Ovi Kintobor.
— Es un gusto, Ovi. — Sonrió ante mi nombre. Creía que reiría como lo hicieron los idiotas que me lo dieron, pero no fue así. Por el contrario, de aguantar las risas, lo ocultaba muy bien. — Estas son las clases obligatorias asignadas de este año y aquí tienes un mapa para que encuentres los salones correspondientes.
Sacó de su mochila una lista y me la entregó. Lo tomé un poco a la defensiva.
— Pareces que ya venías preparada para recibirme.
— El director me contó de un nuevo alumno uniéndose al año escolar. Me pidió que te recibiera por ser una de las mejores estudiantes. — Afirmó ante mi desconfianza, sonriendo.
Caminamos por el lugar unos cuantos minutos, enseñándome lo básico de la preparatoria. Charló de cosas que como: ¿por qué entraba a casi un mes después del inicio escolar? ¿estaría listo para las clases? ¿dónde venía anteriormente?
Ante cada pregunta improvisé con una historia de mí viajando por él mundo con mi familia por negocios y que todo lo aprendía en casa porque con el continuo viaje no podía adaptarme mucho tiempo en escuelas (un poco de verdad entre mentira ayudaría a hacer más creíble mi historia). A ella le fue suficiente escuchar esto y, antes de irse, mencionó:
— Otra cosa, si deseas, puedes unirte a los clubes que tiene la academia. Eso ayudará a tener buen historial para entrar a la universidad. — Su vibra estaba llena de alegría, confianza y amabilidad. Era todo lo contrario a mí. La única virtud a su favor era el olor que expedía de su cabello. Un dulce aroma a químicos como el etanol, alcoholes y otros.
Asentí y, con el sonido del timbre resonando, ella y yo tomamos caminos separados.
Los días comenzaron a pasar. Vivir estas clases mundanas; ciencias básicas que leía para irme a la cama cuando era un niño pequeño; todo esto era un desperdicio de mi intelecto. Cada segundo aquí las ideas de nuevos proyectos, trabajos, invenciones, descubrimientos; todo esto se esfumaban en el aire. Si la vida después de la muerte existe de verdad, este sería mi infierno personal (cosa que ya era).
— B- es una calificación injustificada teniendo en cuenta que resolví todos ejercicios. — Expliqué ante mi profesor de física quien, aún todo correcto, me dio una nota baja.
— La metodología no fue la enseñada en clases. Es obvio que le pagaste a alguien para resolver los ejercicios, pero probarlo solo me dará un dolor de cabeza. Así que no pidas más y ve a tu siguiente clase.
Caminé por los pasillos murmurando luego de salir de esa clase. Yo, pagando para resolver simples ecuaciones diferenciales. Jo, un juego de niños para mí. Debería ser yo quien de clases a todas estas mentes primitivas. Tal vez con mi ayuda ellos serían capaces de ganar algún reconocimiento por mejorar sus notas en tiempo excesivamente rápido.
Atrapado en mi irritación por mis injustas notas, golpeé a alguien sin querer.
— Idiota. Esa era mi tarea. — Dijo el mismo chico pelirrojo (Tress si no me equivocaba).
Miré la maqueta casi destrozada en el piso. Eran modelos atómicos de combinaciones de reacciones químicas.
— ¿Para qué grado? ¿El Jardín de niños? — No pude evitar decir ante un trabajo tan básico.
Insultado por mi comentario, sostuvo con fuerza el cuello de mi camisa. Preparó el puño para atacarme y, con su musculatura, no sería difícil imaginar que uno o dos dientes saldrían volando de mi dentadura.
Un grito fuerte lo detuvo y lo hizo retroceder. Era el director quien, como el resto, miró ese bravucón.
— Destruyó mi trabajo de ciencias. — Se defendió Tress, tomando lo poco que quedaba.
Suspiró el director y, levantando la mano, evitó que hablara para defenderme. Me tomó del brazo y me alejó de todos. Ordenó que continuaran, a menos que una semana en detención fuese lo que buscaban.
Ya en su oficina, su cara de desaprobación se hizo más evidente.
— Te aceptamos en nuestra preparatoria para que mantuvieras un perfil bajo. Lo que haces puede atraer miradas indeseadas y eso los lleve a descubrir quién eres en realidad. — Explicó con tono serio. — Solo queremos lo mejor para ti.
Apreté mis puños ante esta falsedad salida de su boca.
— No. — Contrarié. — Me aceptaron porque les pagaron bien para tenerme aquí hasta que cumpla la mayoría de edad y tome control nuevamente de la empresa de mi familia. Les pagaron para no dejar libre todo mi glorioso ingenio. Libre cambiando al mundo.
— Joven Ivo Robotnik, si de verdad fuera un genio como dices ¿cómo explicas los múltiples accidentes? — Dio un golpe bajo a mi ego, haciéndome quedar callado. — Vas a ir a detención después de clases por el día de hoy, y no quiero verte aquí nuevamente.
Salí sin decir nada. Ya habría un momento en que lo encararía y este me suplicaría piedad. Pero debía esperar.
Mis bocetos de pequeños robots tontos me calmaban, más ahora que tenía que estar en detención un par de horas. Estos bocetos cada día los diseñaba, borraba, mejoraba y le agregaba más y más. El mejor ingeniero era la naturaleza, pero con un poco de esfuerzo humano ese mundo podía evolucionar astronómicamente. Un mundo de metal y maquinas.
— Eh, tonto. — Oí una voz a mi lado, sacándome de mi trance.
— ¿Me hablas a mí? — Pregunté confundido.
Esta chica con tintes de ser alguien rebelde, con su cabello castaño cortado hasta un poco más abajo de sus orejas, con una blusa corta que dejaba su ombligo y su pircing al descubierto, así como con mangas y unos jeans agujereados en varias partes, soltó risas.
— No, le hablo al fantasma que yace a tu lado. — Dijo con burla. — Él no volverá hasta el final de su turno.
Esto último lo dijo en señal que quien se supone debe vigilarnos había abandonado la sala (vaya dedicación por el personal docente). Solo estábamos nosotros dos.
— Entonces cállate y déjame a mí hacer lo mío.
Ella se paró y caminó hacia posición. Ojeó lo que hacía antes de decir:
— Bonitos bocetos. La robótica debe ser tu pasión.
— ¿Que te hizo pensar eso? — Devolví a su comentario.
— Cualquiera que viera esos diseños pensaría que solo dibujas animalitos raros, pero por su aspecto y las indicaciones que marcas a los lados son obviamente una versión de robots.
Quedé levemente impresionado con la observación que daba a mis bocetos. Todos los que los veían no sabían que diseñaba, me preguntaban y solo les ignoraba. Ella, por el contrario, ¿tienen buen ojo para esto?
— Sea el caso, ¿qué quieres?
Sonriendo de oreja a oreja, como si esperara que le preguntara esto, sacó algo de su mochila y espació el contenido por todo mi pupitre.
— Te ofrezco un trato. Te vendo unas fotos de mis compañeras cambiándose en los vestidores por una módica cuota. ¿Qué dices?
Observé las fotos y en todas se hallaban chicas lindas (lindas en los estándares que se ven en las revistad de publicidad). Algunas con la toalla puesta, pero con sus cuerpos húmedos; otras semi desnudas del ombligo para arriba. Todas las fotos compartían la peculiaridad que sus rostros se encontraban algo difuminados. Quien las vieran podían reconocerlas, pero a la vez negar que se trataban de una persona especifica sin pruebas.
Luego de ver su "mercancía" gruñí ante esto y la miré asqueado.
— Son solo fotos. No tengo interés en cosas como esas. Muéstraselas a algún tonto puberto cuyas hormonas necesiten un estímulo visual tan vago para sentirse excitado.
Ante mi obvia negativa, recogió las fotos, organizó con cuidado y las guardó nuevamente en su mochila. Soltó varias risas mientras regresaba a su propio pupitre y ponía los pies encima de ella.
— Rara forma para decir que eres gay. — Expresó no dejando de reír.
La punta de mi lápiz perforó uno de mis bocetos, al mismo tiempo que este estuvo a punto de quebrase por la presión que ejercía mi mano.
— Solo afirmo que se necesita más que eso para hacerme pensar en el sexo opuesto. Mi mente solo está enfocada en mis proyectos.
Alcé la voz, parándome de mi asiento y señalándola con el dedo, furioso. Como le había dicho, mi interés por las mujeres no superaba al de mis creaciones. Tendría tiempo de sobre ya de adulto para complacer cualquier impulso carnal.
Ella rascó un poco su barbilla y luego chasqueó los dedos. Volvió a levantarse, caminó unos cuantos pasos hacia mí, quedando de frente. Se levantó la blusa corta junto con su brasier, dejando sus senos expuestos.
— Tócalas. — Expresó ella.
Tenía conocimientos de la anatomía humana gracias a enciclopedias que eran un tesoro por ser primeras ediciones de médicos famosos y que coleccionistas pagarían una fortuna por tenerlas; pero dichos senos verlas en persona me dejó en un estado pensativo. Sentí sus manos tomar las mías y como lo llevó hacia ella. La calidez momentánea mientras estrujaba esas glándulas me era algo nuevo. Quería seguir explorándolas un poco. Explorar esta nueva faceta que…
Y ahí me di cuenta de lo idiota fui. Percatándome de su trampa las solté y di un paso atrás.
— Ahora me debes 20 dólares. — Informó orgullosa de atrapar a un incauto poniendo en orden sus prendas de vestir. — Las fotos cuestan 5, ver mis senos cuestan 10, tocarlas 20 y acariciarlas por 10 minutos 25. — Dio los precios de sus servicios como si yo aún sintiera interés alguno en continuar con futuras transacciones. — No olvides mi paga mañana, o te golpearé.
No contesté. Solo me senté y continué con lo mío.
— Hablo enserio. Patearé tu trasero tanto que no podrás sentarte por varios días. — Agitó el puño, amenazante.
— Tendrás tu dinero mañana. — Dije, calmándola.
Ella acomodó su cabeza en el pupitre y comenzó a dormirse. Era alguien rara.
— ¡Tonto, aquí! — Dijo ella, encontrándomela al día siguiente.
Esa chica loca llamó a la entrada de la cafetería, recostada a un lado de las puertas. Sonría, feliz de verme (o mejor de saber que pronto le pagaría por su estafa).
— No me llames así. — Exigí al estar cerca.
— Nunca me dijiste tu nombre. — Indicó ella.
— Y no planeo hacerlo. — Afirmé. Ella no era nadie importante, así que no era mi deber ni su incumbencia saber mi nombre.
Alzó los hombros en señal de desinterés y alargó la mano, esperando su pago.
— Ten. — Entregué un billete de 50.
Acarició el billete con sus ojos brillando al notar su alta denominación. Lo olió buscando captar su esencia y, de no estar allí, no me sorprendería que lo besara.
— Dame mi vuelto. — Pedí, mostrando ahora yo la palma de la mano.
— No. — Lo guardó en la cartera.
— He dicho que me des mi vuelto.
Exigí apretando la mandíbula. Ella solo sonrió con malicia, acercando su cara.
— Tengo que pagar unas cosas y esos 30 dólares me serán muy útiles. — Declaró feliz. — Imagina que es una inversión. Puedes volver conmigo y hacer los mismo que hicimos ayer.
Se fue feliz, casi saltando de alegría (actitud que realmente no le quedaba con su apariencia). Giró y me giñó el ojo señalando con el dedo hacia sus senos. Realmente creía que la buscaría otro día por ese "servicio".
Perder el dinero no me molestaba, sino que encontraba en poder de ella era lo que me sacaba de casillas. Por segunda vez me estafaba. De no estar en la escuela, saltaría para tomar lo que es mío devuelta y la estrangularía (lo suficiente para alejarla, pero no mucho para hacerle daño); más la advertencia del director nunca dejaba de hacer eco en mi cabeza. Podría perder todo ante un escándalo. Usarían este desliz en mi contra para quitarme más control. ¡No puedo permitirlo!
Soltando un suspiro de derrota (por ahora), entré a la cafetería para alimentarme antes del comienzo de las demás clases. Mi intelecto necesitaba las suficientes calorías para que este no se desvaneciera. Tal vez comía de más, pero mi cerebro era más importante que la grasa que se acumulaba en mi abdomen.
Todo iba bien, hasta que ese patán Tress me vio sentado casi al fondo de las mesas. Derramó toda su bandeja encima de mí después comprarla y caminar hasta donde yo estaba. No le importó en lo más minino la presencia de los profesores; solo dejó caer su comida fingiendo haber sufrido un tropezón.
Esas risas y burlas de muchos estudiantes, señalándome y llamando a otros para que vieran mi situación, July, la chica que me recibió hace pocos días, trató de ir hacia mí. Bastó una mirada del patán para que la única persona dispuesta a ayudarme se rindiera con temor, agachando la cabeza y dándome la espalda.
Ahí fue cuando la ira envolvía mi cuerpo. Neandertal, cliché de los bravucones de las escuelas, personaje tonto que molestaba al más "débil"; me fastidiaba su actitud de creerse mucho solo por pertenecer a un equipo. Como un rey; rey de una escuela asquerosa y mediocre. Era menos que eso. Una basura cuya gloria se acabaría pronto y su ego sufriría al dar mi golpe.
No volví a las ultimas clases. No extrañarían mi presencia; pensaran que me oculté de vergüenza, más por el contrario, verían de lo que era capaz una mente iluminada con la vibra de venganza. Salí de allí y ubicándome hallé la venta de piezas electrónicas más cercana.
Compré las piezas necesarias y pagué de más para usar su taller sin que me hicieran preguntas, ni revisaran lo que creara. Soldé cada pieza con rapidez, pero con delicadeza e introduje en él los circuitos para el correcto funcionamiento. Tomé mi portátil para finalizar y programé un software básico desde cero, suficiente para lograr mi objetivo.
Con su forma piramidal, mi nuevo robot estaba finalizado. Otra creación, algo simplona pero necesaria, yacía en mi mano.
— Bienvenido a este mundo, Pirbot.
— Listo para servir, amo. ¿Cuál será mi primera orden?
— Oh, ya pronto lo sabrás.
Se sentía tan bien tener el destino de alguien más en la palma de su mano.
Afuera del estacionamiento, saqué a Pirbot de mi mochila. Tomé mi ordenador y su señal se sincronizó con este. Todo parecía en orden, exceptuando una estática que emergía de vez en vez mientras mostraba su transmisión visual. Todos estos detalles lo atribuí al haberlo crearlo en el transcurso de 1 hora con esos componentes baratos de la tienda de electrónicos.
— Eso es. — Me dije a mí mismo (este pensamiento pronto se desvelaría que no era así).
Esperé la salida de ese idiota bravucón. Tuve suerte que no era día de entrenamiento futbol americano y lo vi caminar hacia su auto deportivo Mustang, que besó y abrazó como si fuese su mujer (ahí no lo recriminé. Hay cosas que he hecho que amo como propias más que a las personas mismas). Pirbot siguió mis órdenes y corrió hasta él, se ubicó bajó el motor; todo esto mientras yo veía a través del ordenador. Podría ser pequeño, pero era muy ágil este pequeñín.
July apareció de la nada, caminando con rapidez y golpeando la ventanilla del conductor. Tress salió de su auto y comenzaron a discutir; gracias a la señal y micrófono de Pirbot, oí como ella le recriminaba lo que me hizo, y que estuvo muy mal; que no era la primera vez que le hacía bully a jóvenes que se veían vulnerables o que no llenaban sus estándares atléticos. Él le dijo que todo esto podían discutirlo en otro lugar, así que la invitaba a entrar a su auto. Con tan poca información, me era difícil deducir que tipo de relación tenían estos dos (amorosa, amistad, quien sabe).
Dudé en detener a mi robot al ver de nuevo la preocupación de esta chica hacia mí, un desconocido en su vida. Si se subía, el mismo destino que le preparaba Tress lo sufriría July. Lo pensé por unos segundos, pero dejé que este continuara. Que ahora me defendiera no cambiaba nada; pudo enfrentarlo hace unas horas en el almuerzo y tal vez mi ego se hubiera calmado; pero el no hacerlo fue lo que me trajo al aquí y al ahora. Tendría que vivir con las consecuencias de sus acciones.
Discutieron un minuto más de otras cosas que no me molesté en escuchar mientras mi robot descomponía los frenos de forma apresurada y salía del auto sin ser visto. Ella se cansó de una discusión que no llevaría a nada y se alejó, enojada mientras él le sacaba el dedo del medio.
Tress entró a su auto y encendió su motor. Aceleró de golpe casi llevándose a varios estudiantes, quienes gritaban furiosos. Cuando se diera cuenta que no tenía frenos trataría de salir de la calle chocando contra algún poste, y eso le arruinaría su vida de jugador estrella. Pero él siguió adelante, esquivando los autos como un demente, pero no arecía que fuese por causa mía. Al primer semáforo lo pasó teniendo la señal en rojo sin disminuir la velocidad, sacando la mano y despidiéndose de compañeros de equipo que iban en una camioneta y respetaban la señal de tránsito. Ya llegando al segundo, comenzó a zigzaguear, tal vez en un intento de desacelerar al percatarse que los frenos no funcionaban. Para su desgracia, un camión pasó a gran velocidad apenas hubo el cambio de luces de roja a verde, a su favor, y se llevó por delante al auto deportivo.
— No era lo que esperaba. — Fue el pensamiento que rondó toda mi basta mente.
Hasta donde podía alcanzarme la señal de Pirbot, le ordené acercarse al accidente de forma sigilosa, subiendo a uno de los pequeños edificios de los lados. Su cámara se enfocó donde terminó el auto destrozado. Parte de la puerta del conductor estaba hecha añicos, dificultando a la multitud poder ayudarlo. Lo sacaron y respiraba con pesar; desde su posición los huesos de su brazo izquierdo y pierna izquierda estaban hechas trizas al recibir el mayor impacto del camión.
Ordené a mi creación volver a mi posición. Había visto más que suficiente. Mi venganza superó mis expectativas. No solo arruiné su carrera como jugador de futbol; destruí su vida (si es que aún le quedaba una).
— Hijo de…— Oí a mis espaldas. — Lo mataste.
Giré y me encontré con esa loca estafadora.
— No sé de qué hablas. — Expresé fingiendo confusión.
Traté de irme, alejarme. Era imposible que supiera lo que hice. Nunca estuvo aquí y de estarlo, ¿por qué seria yo el primer sospechoso? ¿pensará que lo hice por la escena del almuerzo que provocó Tress hacia mí?
Tomó mi brazo y me volteó para que notara como en la pantalla de su Tablet de marca económica mostraba la vista aun activa de Pirbot. La estática que aparecía era por su culpa. Vio todo lo que hice. Cada movimiento y orden fue escuchada desde el principio a fin por ella.
Era un tonto. Cree tan rápido el sistema operativo que alguien aprovechó las vulnerabilidades del software; y este alguien era ella, la loca estafadora. Estaba perdido, a menos que…
— Era un tonto. No te culpo por lo que hiciste. — Dijo como si el panorama fuera de lo más normal.
— Acabo de mandar a ese chico al hospital. Tendrá suerte si puede comer solo.
Sin reaccionar, ella regresaba la grabación en su Tablet hasta dejarla congelada en Tress completamente herido.
— Oye, no soy quien para juzgar. — Exclamó. — Mi vida también es una mierda. Una mierda muy enorme.
¿Qué estaba tratando de hacer? ¿A dónde quería llegar contándome ese aspecto de su vida? ¿buscaba que leyera entre líneas y descubriera cuál era su deseo?
— Dinero. Si lo que deseas es dinero, yo puedo dártelo. — Dije lo más obvio en estos casos.
— Tentador, tentador; pero no. Quiero algo de mayor valor. — Dijo en rima, comenzando a sacarme un dolor de cabeza.
— Dime que es y te lo daré. — Exigí sin ya no poder esperar.
— Un favor. Cuando te llame, sea el día que sea, tendrás que hacer lo que te ordene sin negarte a decir no. — Informó con una leve sonrisa.
— Yo te destruiría si estuviera en tu posición. — Le dije, apretando los dientes.
Aún con esta amenaza que podría hacerla enojar y ponerla en mi contra, ella sonrió aún más.
— Me agradas. — Alargó su mano. — Mallory Grace.
Presentándose formalmente, miré esa mano esperando que la estrechara. Sin opciones factibles, lo mejor era continuar hasta descubrir cómo salirme de este apuro de forma desapercibida.
— Ovi Kintobor. — Me presenté, estrechándole la mano.
— Creo que tú y yo nos llevaremos bien de ahora en adelante. — Dijo Mallory con un brillo en los ojos.
FIN DEL CAPÍTULO 01
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Bueno, ya ha pasado mucho tiempo desde que actualicé o publiqué algo. Así que espero que esta historia sea de su agrado.
Tuve esta idea de publicar sobre la vida de Eggman cuando él era joven, y antes de ser el vil doctor que todos amamos; pero nunca la escribía porque no sabía qué camino seguir de las muchas ideas que tenía para la historia. Ahora, bien, aún tengo que decidir cómo se desarrollará algunas partes, más ya tengo definido las más importantes.
Trataré de no dejar abandonada esta historia (como muchas) porque busco que no sea mayor de 5 capítulos, así para enfocarme mejor.
En fin. No duden en dejar sus Reviews para dar sus opiniones y traerle mejores capítulos a futuro.
Sin nada más que decir, hasta la próxima. ;D
